Para entender la forma actual de hacer cómics hoy en día es necesario hacer un repaso hacia Ultimates, que ha sido el paradigma de toda una forma de hacer cómics que empezó con The Autorithy y ya anda pervertida con Civil War y engendros semejantes. Estamos hablando por supuesto del cómic entendido como gran superproducción con presupuestos ilimitados y un desarrollo de guión más cercano a las películas hollywoodienses que al cómic superheroico habitual (eso cuando no está escrito directamente para la traslación a la gran pantalla)
En medio de todas estas obras nos encontramos con el inefable Mark Millar, que parece que últimamente nos lo encontramos hasta en la sopa. De Millar ya he hablado tantas veces que me repito. Basta decir que yo simplemente le llamo el guionista blockbuster: Apoyado siempre por un dibujante estrella hace historias sin excesiva originalidad y buscando la espectacularidad y el artificio, acompañado de algún diálogo meritorio y diversión asegurada. Millar bascula entre ser un guionista bueno, un guionista que se limita a darle al público lo que quiere, o un guionista que le gusta tocarnos las narices. Durante los ultimates habrá tiempo para todo.
Si en algo es listo Millar es en buscarse dibujantes decisivos para cada proyecto. Vamos que si su carrera hubiese ido acompañado habitualmente por Ron Lim o autores similares quizás hoy no sería una estrella. Pero con Quitely en Authority, los Dodson en Spiderman, Greg Land en U4F, Romita en Lobezno o McNiven en la Civil War todo proyecto parece mejor de lo que es. Y qué decir si a estos sumamos el de Brian Hitch en Ultimates. Hitch tiene el 105% de culpa del éxito de los vengadores definitivos, pues su trabajo realmente es de un nivel difícilmente alcanzable. No nos engañemos: Hitch es actualmente el dibujante más espectacular que hay, pero no entendiendo espectacular como algo peyorativo como en los tiempos de Jim Lee. A la espectacularidad y la gran escala que dibuja Hitch hay que sumarle un más que correcto uso de la narrativa, especialmente buenas en sus coreografías de combates, un buen hacer de las expresiones, detallismo en todos sus dibujos y varios momentos de quitar el aliento. Gracias a la referencia fotográfica se ha alejado definitivamente de la alargada sombra de Alan Davis que parecía le iba a seguir siempre, pero no es esclavo de las fotografías (Greg, te estoy mirando a ti) sino que sabe llevar el dibujo al plano secuencial. Realmente es difícil encontrarle defectos a Brian Hitch, más allá de su enorme pasotismo ante los plazos de entrega. Y es justo reconocerlo, gran aportación tiene también la mejor colorista de Marvel en este momento, Laura Martin que es una gran creadora de atmósfera y que gusta de darle a cada secuencia un tono diferente.
Así empiezan los Ultimates, con la idea básica de lanzar los Vengadores en el universo Ultimate (y un probable paso a ser una franquicia hollywoodiense a medio plazo) Ya hoy en día no creo que nadie hable de que el universo ultímate es un tratamiento más realista y tal… es sencillamente un tratamiento más moderno y más peliculero. Ni uno solo de los personajes de los Ultimates se portan de manera real, o coherente, al menos tanto como lo haría Bruce Willis en una película de Michael Bay. Los personajes están convenientemente exagerados al extremo hasta hacerlos unidimensionales: Así Tony Stark no pierde oportunidad de echarse un trago en cuanto tiene oportunidad, Hank Pym hace las veces de tipo odioso y arrogante hasta niveles desmesurados, Bruce Banner es directamente un neurótico peligroso al que todo el mundo, especialmente Betty Ross, trata de manera inhumana, y Janet solo está para decir frases graciosas. Vamos que todo el grupo es una panda de tipos cínicos, descreídos, chulos con una réplica ingeniosa que decirse unos a otros. Quizás lo único relevante de todos ellos es la original idea de hacer un Thor antisistema (aunque luego el tema se desaproveche sobremanera) o la vuelta del Capitán América (el puñetero Millar cuando quiere sabe tocarnos la fibra)
Así que siguiendo los parámetros de los bombazos veraniegos todo la primera saga de Ultimates es simplemente una presentación de todos los personajes importantes, con los que que deberíamos empatizar por sus actitud o pose, cuando más bien pasa lo contrario y esperando que pase algo. Porque en los primeros números de la serie no pasa absolutamente nada, más allá de la reunión de los “Vengadores” a manos de Samuel L. Furia. Vamos que si no fuese por algunos motivos ajenos al argumento principal (momentos quitaalientos de Hitch como la escena de la segunda guerra mundial, o la primera aparición del Hombre gigante, y escenas divertidas como el casting de los ultimates) la cosa se iría haciendo tediosa. Precisamente uno de los originales leitmotivs de la serie es que ellos mismos no tienen nada que resolver y solo por eso Bruce Banner decide convertirse en Hulk. Sí, es un poco rocambolesco y más si para eso se ha tenido que tratar a Bruce de cualquier manera excepto como se haría con un ser humano. Porque aquí vienen los problemas: Cuando empiezan la acción es cuando Mark Millar se desata. Es cuando empieza a dejarse llevar por las tonterías pretendidamente divertidas que solo te hacen poner fuera de situación. Supongo que al guionista inglés le debe parecer superjocoso ver a la Masa querer aplastar a Freddie Prinze Jr. (¿Alguien se acuerda hoy día de este actor, por cierto?) gritando “Hulk Hetero” o a la Avispa enseñándole las tetas durante una batalla, pero no dejan de ser maneras ridículas de llamar la atención de la manera más vulgar, e incluso siendo directamente irreverente con un personaje como el Capitán América, al que Millar no puede dejar de maltratarlo. Esa patada que le da el Capi a Bruce Banner al final del primer volumen es significativo de lo que son estos ultimates, y lo malo es que lo que en su tiempo nos pareció injustificable ha quedado ya como simple anécdota antelo que acontecerá el personaje más adelante.
El segundo volumen de los Ultimates sigue por los mismos derroteros que el anterior, pero acentuando los aspectos negativos aún más. Es todo aún más exagerado que en la primera saga, y se pierde bastante del espíritu de la serie con una idea demasiado exagerada para los parámetros que estaba teniendo la serie: La irrupción de una invasión alienígena, los Chitauri (emparentados con los Skrulls por su metaformismo) que fueron los que estaban detrás de la II Guerra Mundial (¡!) Sí, ese es el grado de sofisticación de Millar. El holocausto solo fue cosa de unos alienígenas que eran muy malos. Si nadie se da cuenta de cuán mala es esta idea tiene un problema. Y como viene siendo habitual tras esto no hay nada debajo. Nuevos personajes, que nos retrotaen al clásico número 16 de los Vengadores, pero que no dejan de ser más gente con tiempo para hacer muestras de cinismo y chulería. ¿Eso son los héroes para ti Mark? Y como subargumento el tener al Capitán América barriendo la calle con la cara de Hank Pym porque… pues porque el Capi ultímate es un broncas simple y llanamente.
Si hay una verdad para definir los Ultimates es “Están bien hasta que empiezan los piños” Lastimosamente en el segundo volumen los piños empiezan demasiado pronto. ¿Cómo quejarse con los dibujos de Brian Hitch? Pues el problema es que no hay nada detrás. Los ultimates son una peli de acción desmedida, con Brian hitch como un director notable (aunque en las escena de las oficinas Chitauri sablee sin rubor a Matrix, otra muestra de artificio sin trasfondo) Parece claro que el mensaje es “no pienses y disfruta del espectáculo.” Lo único que nos saca de la apatía de escenas de acción y más acción es, además del dibujo de Hitch las ganas de tocarnos las narices de Millar, que no se las puede aguantar. Siempre consigue superarse el muchacho y no tiene bastante con hacer de Jarvis una “loca peligrosa” pegarle un tiro en la cabeza al malo, o que Hulk se lo termine comiendo (porque le ha llamado mariquita, además. Y luego tienen que recoger sus excrementos y mantenerlos separados, ¡qué jocoso eres Mark!) No, tenemos que aguantar al Capitán América y la frase de la década “¿Crees que esta A significa Francia?” ¿Por qué hace esto Millar? Está claro que no necesita de esas llamadas de atención burdas y sin sentido. A mí me gana el Millar sutil y de pequeños detalles, como el Capi mirando la bandera, su reunión con Bucky y Gail o el final del tercer volumen. Pero siempre se decanta por la manera más fácil de llamar la atención, provocando al personal. Si hasta él mismo se chotea de su frase en el epílogo de la saga. En fin.
Si la primera saga responde a la presentación de una saga de acción, y la segunda a una película de acción descerebrada, en el tercer volumen tenemos, por fin, el intento de hacer una película de acción inteligente. Millar por una vez tiene algo que contar con estos Ultimates: el hecho de que los Ultimates suponen un desequilibrio geopolítico en el mundo extremo, y es una crítica real a la política intervencionista de los EEUU. Además el hecho de que éste sea el último volumen de la pareja Millar/Hitch beneficia a la saga, pues se dedica a cerrar cabos sueltos como la ejecución de Banner, como causa de la primera saga, o la ambigüedad sobre la divinidad de Thor, cosa bastante difícil de lidiar teniendo en cuenta que le hemos visto teletransportar a un ejército entero contra los Chitauri. Millar sale airoso y lo hace de diez. EL hermano de Thor nos cuenta la verdad sobre él: que en verdad es un enfermo que se escapó de un psiquiátrico y se hizo con el Martillo que estaba en fase de pruebas. ¿Pero quién es el hermano de Thor? No es otro que el Dios de las mentiras, así que la veracidad sigue quedando en entredicho.
Ésta es solo una pequeña muestra de lo bien que construye Millar esta saga, donde todos los cabos sueltos durante el par de años anteriores van cayendo uno junto a otro (la ejecución de Banner, el papel de la viuda negra, la “redención” de Hank Pym) hilando, sin prisa pero sin pausa, la trama sobre un traidor en el seno de los Ultimates. Incluso las fantasmadas made in Millar no molestan tanto cuando nos está contando algo realmente interesante. La trama se perfila a un ritmo acertado que nos va acercando a un clímax importante con todos los Ultimates cayendo como fichas de domino: Primero Hulk ejecutado (se le supone), luego Thor neutralizado, el siguiente ataque es a Ojo de Halcón y la caída del Capitán América. Finalmente se descubre la identidad del traidor de los Ultimates (acertada) y… aquí se tuerce todo. Porque todo lo bien que se hizo durante los ocho primeros números solo nos lleva… a otra escena de acción espectacular. Fuera las sutilezas. Todo el buen plan llevado a cabo termina con una entrada “a saco” de unos convenientes Amos del mal, para cargarse literalmente todo Washington (¿os acordáis lo que decíamos de los piños?) y es una maldita lástima, porque estábamos viviendo con diferencia los mejores momentos de los Ultimates hasta que llega el contrataque de los héroes, todo muy bien ejecutado y tal, pero volvemos a caer en los recursos fáciles y peliculeros (¿Ojo de Halcón matando a sus captores arrancándose las uñas? ¡Venga ya! ¿Hulk vuelve de no sé donde para ayudar a los “amigos” que le drogaron y le dejaron junto a una bomba atómica?) De nuevo Millar se deja llevar por sus instintos y declina la saga hacia el final espectacular, con todos los buenos pateando el culo y barriendo el suelo con los que hasta ahora parecían invencibles amos del mal. Y nosotros debemos jalear, contentos con el resultado, pasando de cosas como el lanzamiento al alimón de Ojo de Halcón y Hulk del escudo del Capi (¡Puntería + fuerza. Dos en uno!) O ver de nuevo al Capitán América ejecutando a un enemigo, a pesar de que Millar se había empeñado en que empatizáramos con su causa. Porque todo el mensaje subyacente bajo estos Ultimate 2, lo de la crítica intervencionista de EEUU y tal, queda de nuevo ahogado por las explosiones y luchas hasta el final, incluso contra las hordas de Loki (otra sutileza descarriada) y hurras de victoria de los Ultimates, que al fin y al cabo es lo que Millar cree que le pedimos. Pues no Mark.
Y hasta aquí los Ultimates. Porque la parejita M&H ha decidido hacerse fantástica y sus substitutos son tan diametralmente opuestos que no los quiero ni en pintura. Loeb (“que me diga el dibujante que quiere dibujar y yo pongo las letras”) Y Madureira (que no habrá dibujado treinta cómics en los últimos diez años) serán los encargados de mantener la franquicia en lo más alto, aunque a mí, antes y después de ver las previas, ya me han visto la verdad. Nos quedaremos con la obra de Millar e Hitch como un tomo unitario, y no tengo dudas de que con el paso de los años estos Ultimates aparecerán como el cómic emblemático de la presente década. De en qué lugar deja eso la media de calidad de la década ya depende de cada uno.
En medio de todas estas obras nos encontramos con el inefable Mark Millar, que parece que últimamente nos lo encontramos hasta en la sopa. De Millar ya he hablado tantas veces que me repito. Basta decir que yo simplemente le llamo el guionista blockbuster: Apoyado siempre por un dibujante estrella hace historias sin excesiva originalidad y buscando la espectacularidad y el artificio, acompañado de algún diálogo meritorio y diversión asegurada. Millar bascula entre ser un guionista bueno, un guionista que se limita a darle al público lo que quiere, o un guionista que le gusta tocarnos las narices. Durante los ultimates habrá tiempo para todo.
Si en algo es listo Millar es en buscarse dibujantes decisivos para cada proyecto. Vamos que si su carrera hubiese ido acompañado habitualmente por Ron Lim o autores similares quizás hoy no sería una estrella. Pero con Quitely en Authority, los Dodson en Spiderman, Greg Land en U4F, Romita en Lobezno o McNiven en la Civil War todo proyecto parece mejor de lo que es. Y qué decir si a estos sumamos el de Brian Hitch en Ultimates. Hitch tiene el 105% de culpa del éxito de los vengadores definitivos, pues su trabajo realmente es de un nivel difícilmente alcanzable. No nos engañemos: Hitch es actualmente el dibujante más espectacular que hay, pero no entendiendo espectacular como algo peyorativo como en los tiempos de Jim Lee. A la espectacularidad y la gran escala que dibuja Hitch hay que sumarle un más que correcto uso de la narrativa, especialmente buenas en sus coreografías de combates, un buen hacer de las expresiones, detallismo en todos sus dibujos y varios momentos de quitar el aliento. Gracias a la referencia fotográfica se ha alejado definitivamente de la alargada sombra de Alan Davis que parecía le iba a seguir siempre, pero no es esclavo de las fotografías (Greg, te estoy mirando a ti) sino que sabe llevar el dibujo al plano secuencial. Realmente es difícil encontrarle defectos a Brian Hitch, más allá de su enorme pasotismo ante los plazos de entrega. Y es justo reconocerlo, gran aportación tiene también la mejor colorista de Marvel en este momento, Laura Martin que es una gran creadora de atmósfera y que gusta de darle a cada secuencia un tono diferente.
Así empiezan los Ultimates, con la idea básica de lanzar los Vengadores en el universo Ultimate (y un probable paso a ser una franquicia hollywoodiense a medio plazo) Ya hoy en día no creo que nadie hable de que el universo ultímate es un tratamiento más realista y tal… es sencillamente un tratamiento más moderno y más peliculero. Ni uno solo de los personajes de los Ultimates se portan de manera real, o coherente, al menos tanto como lo haría Bruce Willis en una película de Michael Bay. Los personajes están convenientemente exagerados al extremo hasta hacerlos unidimensionales: Así Tony Stark no pierde oportunidad de echarse un trago en cuanto tiene oportunidad, Hank Pym hace las veces de tipo odioso y arrogante hasta niveles desmesurados, Bruce Banner es directamente un neurótico peligroso al que todo el mundo, especialmente Betty Ross, trata de manera inhumana, y Janet solo está para decir frases graciosas. Vamos que todo el grupo es una panda de tipos cínicos, descreídos, chulos con una réplica ingeniosa que decirse unos a otros. Quizás lo único relevante de todos ellos es la original idea de hacer un Thor antisistema (aunque luego el tema se desaproveche sobremanera) o la vuelta del Capitán América (el puñetero Millar cuando quiere sabe tocarnos la fibra)
Así que siguiendo los parámetros de los bombazos veraniegos todo la primera saga de Ultimates es simplemente una presentación de todos los personajes importantes, con los que que deberíamos empatizar por sus actitud o pose, cuando más bien pasa lo contrario y esperando que pase algo. Porque en los primeros números de la serie no pasa absolutamente nada, más allá de la reunión de los “Vengadores” a manos de Samuel L. Furia. Vamos que si no fuese por algunos motivos ajenos al argumento principal (momentos quitaalientos de Hitch como la escena de la segunda guerra mundial, o la primera aparición del Hombre gigante, y escenas divertidas como el casting de los ultimates) la cosa se iría haciendo tediosa. Precisamente uno de los originales leitmotivs de la serie es que ellos mismos no tienen nada que resolver y solo por eso Bruce Banner decide convertirse en Hulk. Sí, es un poco rocambolesco y más si para eso se ha tenido que tratar a Bruce de cualquier manera excepto como se haría con un ser humano. Porque aquí vienen los problemas: Cuando empiezan la acción es cuando Mark Millar se desata. Es cuando empieza a dejarse llevar por las tonterías pretendidamente divertidas que solo te hacen poner fuera de situación. Supongo que al guionista inglés le debe parecer superjocoso ver a la Masa querer aplastar a Freddie Prinze Jr. (¿Alguien se acuerda hoy día de este actor, por cierto?) gritando “Hulk Hetero” o a la Avispa enseñándole las tetas durante una batalla, pero no dejan de ser maneras ridículas de llamar la atención de la manera más vulgar, e incluso siendo directamente irreverente con un personaje como el Capitán América, al que Millar no puede dejar de maltratarlo. Esa patada que le da el Capi a Bruce Banner al final del primer volumen es significativo de lo que son estos ultimates, y lo malo es que lo que en su tiempo nos pareció injustificable ha quedado ya como simple anécdota antelo que acontecerá el personaje más adelante.
El segundo volumen de los Ultimates sigue por los mismos derroteros que el anterior, pero acentuando los aspectos negativos aún más. Es todo aún más exagerado que en la primera saga, y se pierde bastante del espíritu de la serie con una idea demasiado exagerada para los parámetros que estaba teniendo la serie: La irrupción de una invasión alienígena, los Chitauri (emparentados con los Skrulls por su metaformismo) que fueron los que estaban detrás de la II Guerra Mundial (¡!) Sí, ese es el grado de sofisticación de Millar. El holocausto solo fue cosa de unos alienígenas que eran muy malos. Si nadie se da cuenta de cuán mala es esta idea tiene un problema. Y como viene siendo habitual tras esto no hay nada debajo. Nuevos personajes, que nos retrotaen al clásico número 16 de los Vengadores, pero que no dejan de ser más gente con tiempo para hacer muestras de cinismo y chulería. ¿Eso son los héroes para ti Mark? Y como subargumento el tener al Capitán América barriendo la calle con la cara de Hank Pym porque… pues porque el Capi ultímate es un broncas simple y llanamente.
Si hay una verdad para definir los Ultimates es “Están bien hasta que empiezan los piños” Lastimosamente en el segundo volumen los piños empiezan demasiado pronto. ¿Cómo quejarse con los dibujos de Brian Hitch? Pues el problema es que no hay nada detrás. Los ultimates son una peli de acción desmedida, con Brian hitch como un director notable (aunque en las escena de las oficinas Chitauri sablee sin rubor a Matrix, otra muestra de artificio sin trasfondo) Parece claro que el mensaje es “no pienses y disfruta del espectáculo.” Lo único que nos saca de la apatía de escenas de acción y más acción es, además del dibujo de Hitch las ganas de tocarnos las narices de Millar, que no se las puede aguantar. Siempre consigue superarse el muchacho y no tiene bastante con hacer de Jarvis una “loca peligrosa” pegarle un tiro en la cabeza al malo, o que Hulk se lo termine comiendo (porque le ha llamado mariquita, además. Y luego tienen que recoger sus excrementos y mantenerlos separados, ¡qué jocoso eres Mark!) No, tenemos que aguantar al Capitán América y la frase de la década “¿Crees que esta A significa Francia?” ¿Por qué hace esto Millar? Está claro que no necesita de esas llamadas de atención burdas y sin sentido. A mí me gana el Millar sutil y de pequeños detalles, como el Capi mirando la bandera, su reunión con Bucky y Gail o el final del tercer volumen. Pero siempre se decanta por la manera más fácil de llamar la atención, provocando al personal. Si hasta él mismo se chotea de su frase en el epílogo de la saga. En fin.
Si la primera saga responde a la presentación de una saga de acción, y la segunda a una película de acción descerebrada, en el tercer volumen tenemos, por fin, el intento de hacer una película de acción inteligente. Millar por una vez tiene algo que contar con estos Ultimates: el hecho de que los Ultimates suponen un desequilibrio geopolítico en el mundo extremo, y es una crítica real a la política intervencionista de los EEUU. Además el hecho de que éste sea el último volumen de la pareja Millar/Hitch beneficia a la saga, pues se dedica a cerrar cabos sueltos como la ejecución de Banner, como causa de la primera saga, o la ambigüedad sobre la divinidad de Thor, cosa bastante difícil de lidiar teniendo en cuenta que le hemos visto teletransportar a un ejército entero contra los Chitauri. Millar sale airoso y lo hace de diez. EL hermano de Thor nos cuenta la verdad sobre él: que en verdad es un enfermo que se escapó de un psiquiátrico y se hizo con el Martillo que estaba en fase de pruebas. ¿Pero quién es el hermano de Thor? No es otro que el Dios de las mentiras, así que la veracidad sigue quedando en entredicho.
Ésta es solo una pequeña muestra de lo bien que construye Millar esta saga, donde todos los cabos sueltos durante el par de años anteriores van cayendo uno junto a otro (la ejecución de Banner, el papel de la viuda negra, la “redención” de Hank Pym) hilando, sin prisa pero sin pausa, la trama sobre un traidor en el seno de los Ultimates. Incluso las fantasmadas made in Millar no molestan tanto cuando nos está contando algo realmente interesante. La trama se perfila a un ritmo acertado que nos va acercando a un clímax importante con todos los Ultimates cayendo como fichas de domino: Primero Hulk ejecutado (se le supone), luego Thor neutralizado, el siguiente ataque es a Ojo de Halcón y la caída del Capitán América. Finalmente se descubre la identidad del traidor de los Ultimates (acertada) y… aquí se tuerce todo. Porque todo lo bien que se hizo durante los ocho primeros números solo nos lleva… a otra escena de acción espectacular. Fuera las sutilezas. Todo el buen plan llevado a cabo termina con una entrada “a saco” de unos convenientes Amos del mal, para cargarse literalmente todo Washington (¿os acordáis lo que decíamos de los piños?) y es una maldita lástima, porque estábamos viviendo con diferencia los mejores momentos de los Ultimates hasta que llega el contrataque de los héroes, todo muy bien ejecutado y tal, pero volvemos a caer en los recursos fáciles y peliculeros (¿Ojo de Halcón matando a sus captores arrancándose las uñas? ¡Venga ya! ¿Hulk vuelve de no sé donde para ayudar a los “amigos” que le drogaron y le dejaron junto a una bomba atómica?) De nuevo Millar se deja llevar por sus instintos y declina la saga hacia el final espectacular, con todos los buenos pateando el culo y barriendo el suelo con los que hasta ahora parecían invencibles amos del mal. Y nosotros debemos jalear, contentos con el resultado, pasando de cosas como el lanzamiento al alimón de Ojo de Halcón y Hulk del escudo del Capi (¡Puntería + fuerza. Dos en uno!) O ver de nuevo al Capitán América ejecutando a un enemigo, a pesar de que Millar se había empeñado en que empatizáramos con su causa. Porque todo el mensaje subyacente bajo estos Ultimate 2, lo de la crítica intervencionista de EEUU y tal, queda de nuevo ahogado por las explosiones y luchas hasta el final, incluso contra las hordas de Loki (otra sutileza descarriada) y hurras de victoria de los Ultimates, que al fin y al cabo es lo que Millar cree que le pedimos. Pues no Mark.
Y hasta aquí los Ultimates. Porque la parejita M&H ha decidido hacerse fantástica y sus substitutos son tan diametralmente opuestos que no los quiero ni en pintura. Loeb (“que me diga el dibujante que quiere dibujar y yo pongo las letras”) Y Madureira (que no habrá dibujado treinta cómics en los últimos diez años) serán los encargados de mantener la franquicia en lo más alto, aunque a mí, antes y después de ver las previas, ya me han visto la verdad. Nos quedaremos con la obra de Millar e Hitch como un tomo unitario, y no tengo dudas de que con el paso de los años estos Ultimates aparecerán como el cómic emblemático de la presente década. De en qué lugar deja eso la media de calidad de la década ya depende de cada uno.