domingo, abril 25

LOS DOS FANTASTICOS

Sus Nombres brillan entre luces de neón y los dedos se cruzan ¿podrán ellos?... no, no quiero comparar la emblemática etapa de Byrne con la pareja Millar & Hitch, pero sí es cierto que se trata a todas luces del equipo creativo más deseado de la industria, después de crear durante más de tres años su obra capital, The Ultimates. Asi que hay que reconocer que el fandom esperaba con creciente expectación su próximo trabajo y el hecho de que eligiesen de manera sorpresiva a los Cuatro Fantásticos auguraba una etapa importante, aunque sea a nivel de ventas.
Aquí he de hacer un inciso para lanzar una puya. Y es que la razón principal de que la expectación no fuese aún mayor era que venía con fecha de caducidad. Millar en particular, pero hoy día toda la industria en general entienden sus etapas como temporadas. Es decir, un añito y me voy en busca de otro proyecto estrella. Que contado al ritmo narrativo de la actualidad, equivales a tener tres ideas. Así es difícil calar hondo en los personajes y dejar huella, y ciertamente imposible que haya una continuidad real en la colección. (Bendis será todo lo criticado que merece en sus Vengadores, pero guste o no lleva seis o siete años con los Heroes más Poderosos de la Tierra y ha dejado un sello distinguible en la colección)
En mi caso no voy a negar que entre tantos oropeles con el que se esperaba la nueva etapa yo mantenía ceja escéptica. He hablado tanto de Millar por estos lares que supongo que la gente ya conoce que su trabajo me deja atisbos de luces sí, pero salpicada por varias sombras ineludibles: Buenas ideas normalmente que terminan desarrolladas de la manera más fácil posible. Interés por golpes efectistas a corto plazo, aunque terminen siendo una mala idea. Gusto por hacerse el gamberro para llamar la atención. Y enormes agujeros de guión tapados por buenos diálogos y escenas molonas, y acompañándose de dibujantes espectaculares en el que Hitch, reconozcámoslo, es el paradigma.
La primera saga de sus 4F va a ser fiel reflejo de lo que estamos tratando. Millar sabe donde se mete y la idea es “muy 4F” Un concepto más grande que la vida. Alissa Moy (que pasa de inmediato a convertirse en una chica made in Millar, pero viniendo de ser una chica made in Claremont casi es una mejora) Pues eso Alyssa y su marido tienen el proyecto de crear una réplica exacta de la Tierra, para cuando nuestro planeta haga chooooof. Ciertamente éstas son las ideas que podemos conectar con los Cuatro fantásticos. Pero luego como siempre encontramos soluciones que indignan. En cuanto aparece “Capi” como la única arma defensiva del nuevo mundo se ve a la legua que va a causar problemas, en el sentido literal del término. Además, muy del gusto del guionista escocés nos quiere epatar con el aura de invencibilidad de su nueva creación. Resulta que se ha cargado fuera de pantalla a todos los superhéroes de Marvel (nada de simulacros de vida como uno podía suponer. A los de verdad) y todo eso para que a la postre se presente Reed Richards con un plagio de Mazinger Z (que además se llama Antigalactus) y lo liquida ¡de un puñetazo! La sensación queda bastante ridícula, la verdad.
Si hay que destacar que el nivel podría ir a mucho peor si Millar no se hubiese limitado en otras de sus marcas de fábrica. Al menos esta vez respeta a unos personajes tan emblemáticos como los 4F y no tiene la necesidad de enfangarlos con alguna historia rocambolesca para llamar la atención o de hacerlos muchos más molones. Sue y Reed tienen una buena dinámica de pareja y sus personajes son reconocibles. Especialmente acertada es la historia de la Cosa, con su nueva pareja, Debbie, una historia muy agradable que resalta la ternura de la Cosa (mal que nos pese ya hemos perdido para siempre el lado trágico de la Cosa) aunque la relación deba ir de manera precipitada por lo corto de la etapa. Además millar profundiza en la familia y le da importancia real a los niños, más allá de ser sujetos amenazados, con un giro para Valeria, que aunque no hubiese sido el que yo hubiese escogido, al menos la convierte en personaje. El único con el que no da en el clavo es con el pobre Johnny Storm que lo convierte, él mismo lo dice, en el Paris Hilton de los superhéroes. Básicamente en un niñato consentido irresponsable que tiene su propio reality y se acuesta con supervillanas. Muy sofisticado, Mark.
Precisamente a consecuencia de esta última relación (de manera algo rebuscada y a la postre bastante ilógica) derivará la siguiente etapa, la muerte de la mujer invisible (hablando de llamar la atención) Y donde hacen gala el grupo de los nuevos defensores que aceptémoslo, tienen el mismo carisma que una acelga cocida.
Esta saga vuelve a caer en los mismos errores que la anterior. La facilidad con que este grupo puede secuestrar al Doctor Muerte sin que los 4F puedan evitarlo, vencer a Johnny o cargarse a Galactus (¡!) palidece cuando en “la hora de la tortas” el contraataque fantástico termina con ellos con facilidad pasmosa. Además irrita el ecologismo barato del que hace gala el escocés y que sobrepasa el calificativo de simplón. “Creamos un mundo sin que haya armas” “la Tierra se muere y teleportamos a todos sus habitantes al pasado” Hasta un niño de doce años se daría cuenta de los problemas subyacentes. La historia se salva por la revelación de Valeria y su niñera, que le da sentido al llamativo nombre de la historia, y la combinación con la Otra Tierra (aunque haya tenido que hacer trampa con la motivaciones del marido de ALissa Moy) Eso sí, el Spinn off de los defensores se lo va a tragar quien yo sé.
Lo que quizás uno esperaba menos era que el que no estuviese al 100% sea Bryan Hitch. Hitch hace una cambio de estilo para parecer más fresco (y más rápido que falta le hace al muchacho) pero esto repercute en su contra. No es que vuelva a sus inicios Davisianos, porque mantiene todas sus marcas de fábrica, como la narrativa cinemascope, el diseño a gran escala o los grandes primeros planos, pero claro, su dibujo se basa en la perfección y si pierde definición el resultado final nos deja un sabor agridulce. Sigue siendo bueno, nadie lo duda pero está varios escalones por debajo del dibujante de Ultimates, que se debía considerar con justicia el artista del momento. Además irán pululando multitud de entintadores por la serie para que se ajusten al nuevo trazo impreciso de Hitch, con resultados dispares y que penalizan la homogeneidad artística de la serie.
Seguramente lo peor dibujado por Hitch en mucho tiempo lo encontramos en esa especie de intermedio que la serie se toma en Escocia (no por casualidad) que aunque en principio no lo parezca también sigue siendo una historia muy 4F. Millar aprovecha el descanso para profundizar en la relación de La Cosa y Debbie, y mantener una buena dinámica entre Valeria y Franklin. Además la familia Richards del viejo continente está arraigada a antiguas costumbres, con lo que el contraste con los sofisticados cuatro Fantásticos es muy positivo y hay incluso un atisbo de disparidad entre el mundo científico y el religioso. Todo muy bonito sí, hasta que llega la salida fácil de Millar, y tenemos que aguantar que el idílico mundo rural que nos cautivaba en verdad se debe a un pacto con un demonio Lovecraftiano que había hecho todo el pueblo, con lo que acabamos el debate de manera rotunda.
A partir de aquí nos vamos directamente a la saga final de la pareja, que han venido cocinando desde la muerte de la mujer invisible. Los maestros de Muerte. Víctor Von Muerte viene anunciando desde su captura la llegada de aquel que se lo enseñó todo. Como siempre las escenas de presentación del Marqués de muerte y sus acólitos son chulas a rabiar. Otra cosa no, pero para levantar expectación Millar es el número uno. Como siempre pasándose tres pueblos, eso sí. EL Marqués de muerte se dedica a ir dimensión por dimensión destruyendo planetas sin aparente dificultad. Hasta aparece un Vigilante liquidado. Y la manera en la que se presenta ante Muerte, le explica cuánto le ha defraudado y acaba con las esperanzas de Víctor también están resueltas de manera deslumbrante, pero algo falla. Porque conociéndonos a Millar no podemos evitar leer la saga con la sensación de “la van a cagar al final” Porque evidentemente han puesto al Marqués de Muerte a un nivel tan grande, que se va a tener que hacer un bajón para terminar con él.
Y sí, la expectación, y las escenas son buenas y muy buenas, sí. Pero una vez que profundizamos en el tema empezamos a ver los problemas. Porque el añadir un Palpatine a la mitología del Doctor Muerte no solo es nulo, sino que es más bien negativo. No es difícil imaginarse a Victor Von Muerte atravesando dimensiones en busca del definitivo dominio de las artes oscuras. Pero sí lo es cuando conoces al Marqués de Muerte y resulta que es simplemente el mayor sádico que se haya encontrado. Lo único que tiene es ser malo malo y malo. Y eso lo puedes hacer con cualquiera menos con el Doctor Muerte que si algo le diferencia y le hace único es su profundidad como personaje. Vamos, es que escribir a Muerte ordenando la muerte del primer latveriano que deje de aplaudirle o autodefiniéndose como un supervillano es no conocer nada al personaje.
El final de la saga (ya sin Hitch, pero con Inmonnen a los lápices. Y la verdad es que el tío se luce. Es que este tío me tiene ganado. Lo mismo dibuja a lo Davis, a lo Simonson, a lo dibujo animado, a lo Bagley o a lo Hitch que nunca desmerece) termina en todos los tópicos esperados. Una reunión sin sentido de todos los 4F de otras dimensiones para cargarse a los de la nuestra. Una unión de todos contra el marqués de muerte, que misteriosamente ya no puede cargarse a los 4f con la facilidad con la que se iba cargando planetas. Y finalmente la revelación esperada del acólito que no pintaba nada hasta que descubrimos que era el verdadero Muerte.
Como suele ser habitual la historia principal nos deja un poco chafados, pero se salva con la resolución de la boda entre Debbie y la Cosa. A mi me gustaría que hubiese sido una historia con continuidad para después de Millar, pero bueno, como era de esperar Mark cierra la trama de manera bastante meritoria, con una idea bastante buena para cortar con su novia y que deja a todas luces la emotividad de Ben. Como siempre Millar nos conquista más con las pequeñas cosas, como la pedida de Ben, la cita en el pasado entre Reed o Sue, o las conversaciones entre Reed y su hija. Vamos, todo lo que no le toque desarrollar demasiado.
Hasta aquí la etapa de Millar & Hitch, que evidentemente no ha estado a la altura de sus Ultimates pero que ha resultado un trabajo bastante más estimulante que lo que los pesimistas podíamos pensar, y mejor que otros de Millar, pues ha demostrado tener más respeto por Reed y compañía que por otros personajes que ha tocado.