La saga Millenium es el evento literario que más ruido ha producido desde el Código da Vinci. Todo el affaire de Stieg Larsson ha producido la más impagable campaña de marketing creada, y ha convertido a la saga sueca en una incontestable franquicia mediática. A saber, Stieg Larsson, un joven periodista, acaba de vender su primer libro y ni corto ni perezoso le comenta a su mujer que acaba de firmar el contrato que les hará millonarios. Con tres de los diez libros de los que consistiría la saga, y recién publicado el primero Larsson fallece trágicamente de un ataque al corazón, dejando además su obra en mano de los malvados editores que le niegan el pan a la viuda que tan solemne promesa recibió.
Como se ve la historia de Larsson es tan o más interesante que los libros que produce y ha colaborado en hacer un producto comercial de primer orden. Justo es mirar si todo lo que hay debajo es puro humo, y ciertamente ha cosas rescatables tras tanto bombo y platillo. En una posición bastante snob solemos estar demasiado pendientes de las cifras de ventas para preparar la crítica a una obra. Un Bestseller no puede tener calidad. Frase tremenda para demostrar nuestra superioridad intelectual o cultural ante el resto del vulgo, aborregado, influenciado por las campañas de marketing de turno. Si un libro vende es porque no tiene personalidad, es simple y busca contentar a todo el mundo. Que el libro más leído de la historia sea el Quijote y el más vendido del último siglo sea 100 años de soledad no va a hacer cambiar nuestros planteamientos.
A ver, tras tanta ironía hay algo de razón. Hay libros que tiene estilo bestseller: capítulos cortos, modo de escritura simple, profusión de diálogos y prosa cinematográfica, buscando hacer amena la lectura para el lector (¿Cuándo ser ameno ha pasado a ser un defecto?) Lo importante es que tras estos parámetros haya una personalidad de escritor y una historia atrayente que contar. Y creo que en este caso ambas acepciones se cumplen. Empezando por los estrafalarios títulos de sus libros, Larsson crea una atípica serie negra donde los protagonistas son un periodista y una chica rara. El éxito de esta serie cae al 99% en Lisbeth Salander, sin duda el mejor personaje de Millenium y uno de los personajes más carismáticos creados en el presente milenio. Salander es con diferencia el personaje por el que será recordado Larsson porque la verdad es que es un caramelo: Una chica enclenque, antisocial, antisistema, cuasi autista en sus relaciones sociales, pero a la vez la más brillante investigadora, con memoria fotográfica, capacidad de hackear cualquier ordenador y un talento innato para rastrear y recabar toda la información necesaria. Además Salander no sigue los parámetros de nadie, sea su jefe, sus amigos o la ley. Ella tiene una idea de la moral muy personal, y se considera adecuada para llevarla a cabo, a pesar que sea en acciones en contra de la ley. Pero tomarse la justicia por su mano, con violencia si la situación lo requiere, va a ser comportamiento usual en Salander, en especial en defensa de las mujeres.
El otro personaje donde recae el peso de la saga es Michael Blomqvist y no hay que echarle demasiada imaginación para imaginármelo como alter ego del propio Larsson. Un periodista de izquierdas, capaz de desentraña asuntos oscuros de los grandes financieros del país y extremadamente ortodoxo en su profesión y en sus principios. Vamos, la similitud es tal que yo iría con cuidado de ser la mujer de Larsson, viendo la relación libertal de Blomqvist con su redactora jefe, Erika Berger.
A Larsson la verdad es que en no pocas ocasiones su lado periodista gana a su lado novelista y se nota en ciertos movimientos peculiares que enriquecen el libro más allá de los tópicos detectivescos. La búsqueda de información suele ser un trabajo arduo y complicado, la revelación de una fuente es un anatema y otorga a la prensa escrita un poder excesivo. Millenium pasa a ser la revista que todos queríamos tener: Crítica con los poderosos, explotando temas jugos y con una popularidad en la calle prodigiosa. Esta vertiente tan periodística se hace notar incluso en la trama del primer libro, el capital Los hombres que no amaban a las mujeres. Blomqvist, tras caer en desgracia por inmiscuirse en los trapos sucios de un Mario Conde escandinavo, recibe el curioso encargo de resolver una desaparición de hace 35 años. Huelga decir que para ello será más importante tirar de hemerotecas que en detalles detectivescos. Pierde mucho tiempo en presentarnos a toda la familia Vanger, sin que ninguno tenga el más mínimo interés a excepción del excéntrico patriarca. El interés radica especialmente en cómo encontrar pistas de algo que pasó hace tanto tiempo. Revisar fotos de la desparecida Harriet Vanger y seguir en la medida de lo posible todos los movimientos de ese día.
No nos engañemos. El epicentro de la saga es siempre Lisbeth Salander. El problema de este primer libro es que la pequeña protagonista no tiene presencia en la trama hasta la página 350, y de eso se resiente el libro. Sí, ha estado pululando por ahí anteriormente, investigando primero a Blomqvist y luego con su particular historia con su protector social, el repelente Nils Bjurman. Y aunque su historia, como es habitual en Salander, tiene más garra ésta es independiente absolutamente de de la historia principal, por lo que el interés de Salander termina perdiendo cuerpo. Por eso al final el caso Vanger no es tan importante como se cree. Sí, se precipita desde el momento en que Salander se incorpora con su particular estilo a la investigación. Pero la identidad del culpable era más o menos esperada (¿Quién será el asesino de mujeres judías en una familia de nazis?) Sí es más impactante el verdadero paradero de Harriet Vanger o la manera de hacer justicia de Salander. Eso sí, la historia romántica entre los dos protagonistas parece un pegote innecesario y un larguísimo epílogo cerrando el caso Wenestrom (¿le interesaba a alguien a estas alturas?) vuelve a dejar el climax por los suelos.
Pero Larsson al menos parece haber aprendido la lección. Para el siguiente libro, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, sabe exactamente cual es su punto fuerte y la pequeña Salander pasa a ser la protagonista absoluta de la sesión. Una primera parte que aporta nada a la trama y poco a lo que sabemos de nuestra chica asocial preferida, y sobretodo un pretítulos que nos deja en ascuas hasta las siguientes 500 páginas son la carta de presentación. El hecho que Larsson haya cimentado su éxito en Lisbest no significa que tenga que estar omnipresente. Uno de los mejores logros del libro es que consigue enlazar el caso de Millenium con Lisbeth de manera abrupta y natural a la vez. Las investigaciones de Dag Svensson y Mia Johansson sobre el tráfico de mujeres del este es un caso muy Millenium y la manera en que Salander entra en la historia también es fluida (es un caso por el que Lisbeth haría lo posible) hasta encontrarse con el inesperado asesinato.
A partir de aquí vivimos los mejores momentos de la saga. Es la demostración palpable de que la importancia de Salander está más allá de su presencia. Con su desaparición, que conlleva de inmediato pasar a ser la principal sospechosa, vamos a estar más de 200 páginas sin que aparezca la protagonista y aún así la saga sube enteros porque sigue dedicada plenamente a ella. E inesperadamente Larsson va a hacer un trabajo formidable con los secundarios que buscan a Lisbeth. Igual que no había conseguido hacer interesante a nadie de la familia Vanger en el primer libro ahora los distintos grupos que se crean para encontrar el paradero de la Salander tiene todos personajes interesantes y bien definidos. Miriam Wu, Dragan Armanskij, Herny Cortez, Dag Svenson, Paulo Roberto. Todos los secundarios tienen momentos de lucimientos espectacular, y sobre todo la gran revelación es el grupo de policías de Bublanski, Sonja Mondig o Hans Fate, con su historia a lo The Wire muy conseguida.
Por supuesto Lisbeth no es la causante de los homicidios, y su vuelta a las páginas sirve para precipitar la acción y la resolución. La manera en que el misterioso Zala está incrustada en el caso de Svensson es algo estrambótica, pero su parentesco con Salander nos agarra fuertemente hasta el final del libro. A posteriori nos vamos a quejar de la manera más sencilla que Blomqvist consigue la información de Zalachenko (se lo explica la única persona del pasado de Lisbeth en que confía. Pues vaya) y sobretodo que las acciones del exespía ruso referentes al traffiking no deberían haber sido posibles si es una persona de la importancia tan capital como nos van a vender en la Reina en el palacio de las corrientes del aire. Pero mientras seguimos a la pequeña sueca a la granja de su padre por primera vez estamos metidos de tal manera en la saga que lo perdonamos todo.
Además Larsson está gustándose cada vez más. Su prosa gana en contenido y tiene especial dedicación en lo que yo llamo “acción analítica”. Lejos de limitarse a la narración cinematográfica Larsson gusta jugar con el tempo, y especialmente en las escenas de acción se para en descripciones frías, objetivas y analíticas que enlentecen el momento, como la explicación de la enfemedad de Nieminen durante su combate de boxeo, o el brillante momento en que Zalachenko le dispara una bala en la cabeza, con todo un párrafo dedicado al trayecto de la bala por su cabeza. La venganza final volviendo de la tumba de Lisbeth, y Blomqvist encontrándola semimuerta puede que no sea un cliffhanger real (nadie se va a creer que Lisbeth está muerta) pero mantiene la intensidad de libro en el punto más álgido
La reina en los palacios de las corrientes del aire (hablando de títulos estrafalarios) es la continuación natural del camino que había cogido la saga en el segundo libro. El planteamiento se limita a continuar las consecuencias lógicas de “…un bidón de gasolina” Salander sigue viva con una bala en la cabeza, por lo que la acción empezará y se prolongará en un hospital. Igualmente se convirtió en una amenaza nacional, por lo que su juicio pasará a ser una evento público de primer orden. Y Zalachenko también va a salir vivo, lo que va a suponer un problema para todos aquellos que han querido tapar su existencia. La primera parte del libro estará dedicada en especial a la sección. Los hombres que sabían de la existencia de Alexander Zalachenko y habían hecho lo posible por mantenerlo como un secreto de estado. Desde luego, si Zalachenko es un peligro institucional tan grave como nos hacen creer parece mentira que le hayan dejado jugar con prostitutas rusas todos estos años (incluso tener una familia y niñas, en el pasado) Parece obvio que la impactante decisión de cargarse a Zala deberían haberla tomado unos cuantos años antes, porque parecía claro que el espía ruso les iba a causar problemas antes y después.
El tercer libro es de los que yo llamo “Historia de una escena” O sea, todo el libro se lo pasan esperando la escena capital, que es el juicio a Lisbeth Salander. Hasta allí, pues nada relevante debe pasar. En definitiva tampoco hacen falta conseguir más pruebas o conocer más hechos relevantes de los que el lector ya conoce del pasado de Salander. Y el problema es que Blomqvist, Salander y los suyos tienen todas las cartas ganadoras. Desde el mismo punto en que La Sección piensa que se ha deshecho de todos los informes de Salander del 91, pero quedaba una copia por destruir, se acaba todas las posibilidades de los enemigos de la pareja protagonistas. El resto es rellenar páginas, con nuevos personajes que se esfuerzan en parecer amistosos como el doctor Johansson o Monica Figuerola. Acompañado además por un subtrama de Erika Berger que es un poco sosa y no tiene relación alguna con la saga que se está contando. Todo además se ve acentuado porque es la historia con diferencia en que Lisbeth tiene el papel más pasivo.
Cuando llega la escena que todos estábamos esperando es… decepcionante. Es una pena con el cuidado y atención en el detalle que ha tenido Larsson en el mundo periodístico, caiga en la más caricaturesca visión posible de un juicio: Personajes hablando cuando no deben, pruebas sacadas desde debajo de la manga, imposibles giros de última hora, enervantes locuciones de abogados… solo faltaba golpes al martillo y algún personaje histriónico gritando protesto para que pareciese cualquier telefilm barato. Con Zala fuera de combate el archienemigo de Salander debía haber sido Peter Teleborian, el maligno psiquiatra que había tratado a Salander en su momento. El cara a cara es de lo menos estimulante, porque la abogada Gianinni tiene todas las de ganar, documentación en mano, vídeos de violación incluida. Al final el momento es tan grotesco que hasta le tiene que cargar con fotos de pornografía infantil para que quede claro lo malo malosos que son todos los que han conspirado contra Salander, y ésta puede quedar libre.
Sólo quedaba un cabo suelto por atar, y Salander se topará y se vengará de su medio hermano, Niederman para cerrar la saga por completo. Incluso su estimulante relación de amor-odio con Blomqvist llega a una entente final, por lo que si no sabíamos si Larsson en verdad tenía pensado seguir la Saga desde un punto y aparte o era el final definitivo para Salander y la revista Millenium. Una afección coronaria nos privará de saberlo, aunque el tirón de esta serie ha sido espectacular. Nos deja un irregular punto de partida, una muy estimulante segunda parte y una decepción como desenlace. Pero sobre todo un personaje muy a tener en cuenta . Echaremos en falta más historias de la pequeña Lisbeth Salander.