La interminable etapa de Hickman llegaba a su fin, fiel a su estilo: dejando decepciones anticlimáticas en todos los desenlaces abiertos desde hace infinidad de tiempo y con un carácter antiépìco y enciclopédico que rozaba el aburrimiento. Marvel se había puesto las pilas y había tirado por el mejor camino. Su nuevo evento, Marvel Now, va a ser mucho más significativo que hasta ahora. Coger sus mejores autores y ponerlos en sus mejores series. Así, se movió la coctelera para rescatar a gente como Waid, Bendis se encargará de los mutantes y Hickman de los Vengadores. Con el baile de autores llegará Matt Fraction a los Cuatro Fantásticos.
No he leído mucho de Fraction, pero suponía un soplo de aire fresco que de verdad necesitaba la serie después de Hickman. Fraction iba a dotar desde el principio un tono más distendido, más de space opera, más Cuatro Fantásticos. Y el ritmo de la colección también es mucho más agradable. Para ello suma sin duda la elección del dibujante, Mark Bagley. Bagley es un caso curioso, pues yo no sé cómo ha terminado convirtiéndose en una estrella, cuando no pasa por ser más que un dibujante resultón y sólido. El Sal Buscema de la primera década. Porque sus limitaciones son bastantes obvias: dibujos angulosos, caras intercambiables y escasez de imaginación. Evidentemente una narrativa sólida y sobre todo un ritmo non stop del que hace gala en todos sus trabajos le convierten en más bueno que malo (amén de su profesionalidad para no faltar ningún mes) Añadir también dos aciertos, como su cambio en dibujar a la Cosa (en anteriores trabajos la dibujaba realmente mal) y el entintado de Mark Farmer que redondea sus habituales ángulos y que acerca el acabado final a Alan Davis. Con todo esto se llega a vislumbrar con ilusión la llegada del nuevo equipo creativo.
Fraction empieza con un macguffin que va a durar toda su etapa: Reed Richards descubre que las células alteradas de su cuerpo por los rayos cósmicos están empezando a descomponerse e intentará encontrar una solución a través de un viaje por el tiempo y el espacio. Se trata de una excusa para tener a la familia fantástica de viaje espacial lo cual es atractivo. Das cancha al espíritu aventurero y descubridor de los 4F, a la vez que recalcas el carácter familiar, y tienes tábula rasa para poder hacer historias de ciencia ficción pura. Ésa es la intención inicial de Fraction y podía ser prometedora, pero algo falla. Falla la magia.
Los primeros números pues presentan eso, números autoconclusivo, donde los Cuatro Fantásticos llegan a un planeta nuevo y descubren su idiosincrasia (un planeta cebo para un carnívoro gigante, alienígenas que veneran a unas pinturas rupestres que representan los Cuatro Fantásticos) y luego serán sustituidas por el mismo sistema pero a través del tiempo (descubriendo a extraterrestres en la Antigua Roma o en la declaración de la independencia, o viajando tanto al Big Bang como al Big Crunch) Y son premisas que pueden ser interesantes y originales, aunque tengan que lidiar con el “Byrne ya estuvo aquí” en varias ideas. El problema es el desarrollo de los mismos. Nos cuenta cosas transcendentes y propuestas originales, pero sin ningún tipo de sentido de la maravilla. Como quien les está viendo hacer la compra. En ningún momento consiguen emocionarnos, levantar expectación o vivir con sensación de peligro. Son escasas las ocasiones en que consiguen llamar nuestra atención. El prisionero en el Big Bang lo consigue, porque es homenaje a Kirby, hasta que nos damos cuenta que el prisionero era el mismo Blastaar y el homenaje se convierte en plagio. La ilusión por la premisa se disuelve rápido.
Igual pasa si nos acercamos a la caracterización de los personajes. Con el Back on the Basicks que imprime Fraction deberíamos estar contentos porque reconocemos las personalidades de los mismos. Pero ya está. Más planos no pueden ser. Reed tomando decisiones unilaterales (otra vez) , Sue desconfiando de él pero siguiéndole hasta el final (otra vez) Johnny volviendo a ser el irresponsable que le hace bromas a Ben (otra vez) Cero interés, lo siento. La novedad la tendrían que dar los chicos fantásticos, que se llevan para acompañarlos en el peligroso viaje, pero la verdad, ni fu ni fa. Además de que sus edades están más indefinidas que nunca Franklin es un deus ex machina con patas que se utiliza cuando se acuerdan de él. Valeria pasa como una niña resabiada que le pasa la mano por la cara a su padre incluso (¡!)
Al único que parece que le pone un mínimo de interés Fraction es a Ben Grimm, que aparece arisco y retraído sin motivo aparente en principio. Tampoco es la más original de las interpretaciones y los diálogos en su boca dan vergüenza ajena (esos tontacos…), pero bueno, nos deja el par de números más destacados de la etapa. En el que viaja a la calle Yancy de los años treinta para defender a los vecinos de los extorsionadores de la época y en especial, el número de la Universidad con el Doctor Muerte. Grimm se autoculpabiliza del fallo en la máquina del Doctor Muerte. Se consigue introducir a Grimm en la ecuación del pasado del origen de Muerte sin ser anatema y, a la postre, se llega a una conclusión importante: Muerte no es consecuencia de los errores de Ben, ni siquiera de obviar los avisos de Reed. Muerte ya existía en el carácter de Victor y a la postre era inevitable que de una manera u otra terminase volviéndose en el genio megalómano.
Este número de todas maneras se queda como espejismo en el desierto. Porque desierto es lo que nos vamos a seguir encontrando después de esto. Más de lo mismo. Fraction parece escribir con el piloto automático. Ni siquiera parece estar disfrutando de la colección. Es el momento de compararlo con la otra colección de la franquicia. En Fundación Futuro se ve todo el ingenio e inteligencia que se le suponía al guionista. No sé, aunque me imagino, que Allred metió mano en el tono de la colección. Porque de una premisa algo estúpida (buscar unos suplentes durante el viaje, como si fuese la primera vez que abandonan la tierra los 4F) consigue hacer muy disfrutables a la troupe de niños que se sacó Hickman, con Bentley 23 a la cabeza por supuesto. Si escribes mejor a Scott Lang que a Reed Richards… es que no estás haciendo bien tu trabajo.
Así siguen las cosas, con la serie languideciendo en la apatía. Terroristas temporales y la llegada del Johnny del futuro no nos sacan del desarrollo planísimo. Las consecuencias de la enfermedad degenerativa que se suponen que tendrían que ser preocupantes y terribles, terminan pareciendo hasta ridículas (esa Sue sin controlar su invisibilidad… pésimo trabajo de Bagley) El primero en abandonar el barco va a ser Mark Farmer y doy fe que se nota. Porque llega el veterano Rubinstein y a partir de ahí todo parecido que nos querían vender a Alan Davis es pura quimera. Con un mal acabado se vislumbra las limitaciones que tiene Bagley, por mucho que lo hubiesen vendido como estrella. Aún así lo terminaremos echando de menos, porque el equipo creativo titular se va a largar a la francesa.
Fraction, que ya digo que no da la sensación en ningún momento que está disfrutando de la colección, empieza a poner excusas de tener mucho trabajo para ir desvinculándose poco a poco de la colección. Precisamente en su última saga, que va a rallar la vergüenza ajena. Nos presenta la realidad alternativa de donde viene el Johnny del futuro, donde han atacado la alianza de Muerte, Kang y Annihilus. Tres villanos de los que aliarse parece un contrasentido, pero ya no vamos a buscar sentido común en los últimos números. Llega Kesel (por favor no lo juzguen por estos números) para intentar cerrar este desaguisado. Llegan a esta realidad alternativa y resulta que esta enfermedad degenerativa era una especie de baliza mandada de estos Cuatro Fantásticos para que viniesen en su rescate. Llega allí, le curamos y ya está. Así se soluciona el problema principal de la temporada. Bien.
Aún queda lo peor. No es el suplente de Bagley, otro que abandona el barco, un tal Ienco que es dibujante malo de verdad. Cero espectacularidad, soso en el diseño de página, limitado en perspectiva y estático en movimientos. El encargado de dibujar el final épico (ejem) con Muerte el Conquistador Aniquilador. Muerte de manera evidente traiciona a sus aliados para hacerse con el poder de ambos y se amalgama con ellos de una manera harto ridícula. El enfrentamiento final ante semejante engendro, con ideas peregrinas y un dibujante bastante limitado pues… olvidable. Como ha terminado siendo toda la etapa.
Y así estamos. En el mismo sitio de siempre desde Heroes Return. Puedo hablar sobre seguro si digo que en dos años nadie será capaz de acordarse de ninguna idea, aportación o capítulo de este año y medio. Y son ya demasiadas etapas en los Cuatro Fantásticos que pasan sin pena ni gloria por la colección. De verdad, que en Marvel traten a los Cuatro Fantásticos como se merecen, y que los autores que lleguen aquí se pongan las pilas, aporten enfoques interesantes y dignos y hagan honor a donde están: en el cómic más grande del mundo.