miércoles, diciembre 31

INTERSTELLAR

Interstellar es la nueva propuesta de Christopher Nolan, que pasa a día de hoy, con sus controversias y todo, como uno de los directores más interesantes de seguir en el panorama hollywoodiense. La verdad es que el director británico no ha dado punta sin hilo y tiene una carrera tan meteórica como acertada, con pocos o ningún paso en falso en su haber. Y sí, cuando uno funciona de esta manera hay multitudes esperando que se la estrelle, pero a día de hoy Nolan ha llegado impoluto a la meta. Todas sus películas son de una calidad notable, tanto tocando el tema thriller con el que empezó, la ciencia ficción de manera notable, y dando con la trilogía del murciélago un impulso dramático al enfoque de las películas de superhéroes.
 Interstellar va a ser otra aproximación a la Ciencia Ficción de manera notable. Si en Inception la sugerente mitología creada para la ocasión iba a dar juego para crear un blockbuster rotundo, ahora Nolan y su hermano se acerca a la Ciencia Ficción pero en su vertiente más dura y realista. La premisa es hacer una historia de Ciencia Ficción plausible (para ello se contrató a uno de los físicos más prestigiosos en el campo) que la mayoría de las cosas que pasen tengan su base científica. Así nos encontramos con agujeros de gusanos, dilatación temporal o problemas gravitatorios en el argumento. Asuntos que no son fáciles de lidiar para los no entendidos.
Aquí es donde Nolan es un genio. Es un narrador prodigioso. Lo es porque el tipo es capaz de plasmarte en pantalla conceptos y momentos que parecen sacados de un rompecabezas y explicarlos con una claridad meridiana. De ahí supongo que le vendrá la fama que recalca y sobrescribe mucho a Nolan, pero vamos, que este tío ha sido capaz de narrar una película totalmente al revés, o intercalar tres fases de sueño en el que el tiempo pasa de manera diferente en cada uno, y conseguir que el espectador no se pierda a poco que sepa estar atento. Es de un mérito innegable. Pero si es un gran narrador también es por su capacidad de “vendernos motos”, que queda patente en muchas de sus películas e Interstellar no va a ser una excepción. La verdad es que adorna tanto, de manera tan precisa y consiguiendo escenas tan espectaculares y bien resueltas que muchas veces te dejas llevar por la misma, cuando a poco que te pongas a pensar hay miles de incongruencias en momentos claves de la misma. Seguramente la tercera peli de Batman se lleve la palma en este sentido (hay páginas enteras dedicadas a la misma) pero de Interstellar tampoco nos vamos a librar al respecto. De todas maneras es algo que habla bien del director. Si nos tragamos dobladas perogulladas sin sentido es porque el hombre ha sabido arrastrarnos hacia donde él ha querido.
 Interstellar se diferencia claramente en tres partes. Empieza presentándonos la parte postapocalíptica, que la verdad funciona. Es cierto que no ofrece la certeza que la humanidad se está extinguiendo, pero uno ya está harto de esas películas en que la sociedad ha sido destruida y hemos vuelto a la barbarie. Pues no. Aquí la gente intenta seguir con su vida y solo pequeños detalles (el polvo, los maizales, la necesidad de granjeros frente a estudiantes…) nos abocan hacia una extinción irrevocable. Nolan consigue transmitirnos imágenes de enorme belleza con esa América profunda de grandes campos, pero a la vez ofrece algunas escenas intrascendentes, especialmente la de la persecución de un dron que no aporta nada más que metraje, del que veremos no va precisamente falto la cinta.
 Lo más importante para la película aquí es explicar la relación del exastronauta Cooper, cínico con el sistema actual, y su hija Murph, a la postre los dos protagonistas de la película. Y aquí empiezan los trucos de guión en exceso de Nolan. Nos mete así de sopetón la existencia de un “fantasma” en su habitación que mueve libros y juega con el polvo y pretende que no le demos importancia a una situación tan relevante, que ya adivinamos capital para el desenlace final. Peca un poco del pecado Shyamalayan: pierde coherencia la narración a favor de un impacto a posteriori. No contento con esto, de manera harto patillera será “el fantasma” quien dé las pistas para que convenientemente Cooper encuentre sin aparente dificultad la Nasa, a su antiguo profesor Brand y se le asigne la misión más importante de salvar la humanidad, así, sin paños calientes. Que ya va siendo hora de que la peli despegue, pero con el tiempo que te has tomado para otras cosas a lo mejor hacía falta aquí para que no pareciese todo tan precipitado.
 Tras el dolor de dejar a su familia, y la demostración que Nolan también sabe rodar para emocionarnos, nos metemos de lleno en la segunda parte de la película, la más vistosa y espectacular, y donde Nolan nos demuestra todas sus dotes. Nuevamente nos explica con claridad meridiana el plan de rescate de la humanidad de buscar mundos alternativos para emigrar, a los mismos, a sus tripulantes (con especial atención a los robots y sus simpáticas personalidades) y las peculiaridades espaciotemporales. Es innegable la facilidad que tiene este director para darnos información relevante sin perder el ritmo, a la par de dejarnos algunas imágenes impactantes. La Endurance en el espacio y los agujeros de gusano nos deja momentos de tremenda belleza (a la que ayuda una épica música de Hans Zimmer brutal), al igual que la idiosincrasia de los planetas que se nos presenta
. El primero de ellos, con unas olas gigantes tan espectaculares como poco creibles viendo la profundidad de la superficie, trae consigo la relatividad temporal que va a ser impactante en la película. Por su aproximación al campo gravitatorio de un agujero negro provoca una dilatación temporal de una hora cada siete años. En la superficie, y por una estúpida metedura de pata de la doctora Brand se verán ralentizados y a la postre serán veintitrés años los que habrán perdido en ese planeta. Momento de impacto brutal solo en el concepto, que se convierte en uno de los mejores momentos de la cinta, cuando Cooper decide revisar todas las grabaciones de los últimos años de sus hijos. Y McConaughey, que hasta entonces ni fu ni fa, demuestra que sigue en estado de gracia, conmoviéndonos con todas las reacciones posibles al ver pasar (y perderse) toda la vida de su hijo, y finalmente descubrir como su hija Murph ha perdido la fe en su hijo desaparecido. Momentazo tremendo, conmovedor, tan grande que nos hace incluso olvidar la absurdez que el tipo de la nave haya estado la friolera de dieciséis años sin noticias de los supervivientes y siga esperándolos tranquilamente.
 Con Murphy con las facciones de Jessica Chastain se bifurca la trama. Por una parte los astronautas deben elegir cuál será el segundo planeta elegido, que a pesar del alegato de la doctora Brand por el amor (notable Anne Hataway cuando se pone triste) será el del afamado doctor Mann. Por otra la hija de Cooper ha entrado a trabajar para su mentor. En verdad la película pega algún bajón en esta parte. Lo que pasa en la Tierra a la postre no está siendo relevante. Debería serlo la confesión del doctor Brand, sobre que la humanidad está condenada sin remedio, pero la verdad es que a esa hora quien más quien menos ya lo veía venir, además que la escena de la muerte, por muy buen actor que sea Michael Caine (frase redundante donde las haya) no acaba de estar bien resuelta por la reiterativa idea de sacar un machacón poema sobre la muerte. Y por su parte el Planeta del Doctor Mann tiene problemas. Yo entiendo la justificación cobarde del doctor de mentir para que vengan a buscarle, pero de ahí a pasar a comportarse como un psicópata contra sus salvadores… en fin, que se nota la necesidad de meter tensión e incluso escena de acción en ese tramo de la película sin venir demasiado a cuento.
Con la huída de este planeta y la tensa escena para volver a la Endurance nos abocamos hacia la tercera parte de la cinta, con el sacrificio de Cooper a favor que la doctora Brand pueda ser impulsada hacia el planeta que ella deseaba ir. Dejo constancia que a mí esto me saca de la película. Si has mantenido alzada la bandera de la verosimilitud durante toda la cinta, pues lo siento, no puedes llegar al clímax con tu protagonista sobreviviendo al tirón gravitatorio en un agujero negro. (Sí, ya he escuchado ideas a posteriori para dar una explicación, pero ninguna de ellas está explicada en la película) En fin, hay que seguir porque si no te pierdes dentro del teseracto, el momento más complicado de la película. O sea, seres pentadimensionales atravesando tiempo y espacio para hacer llegar un mensaje a seres tridimensionales en sí, el lugar que ya habíamos adivinado desde el principio que sería importante en la resolución.
 De nuevo Nolan vuelve a salir airoso para que no nos perdamos ante semejante concepto, aunque evidentemente la idea tiene unas incronguencias de tomo y lomo a poco que pienses. Ya no hablo de la imposible paradoja temporal, que debes aceptar si no desmontas toda la película. Pero una vez que quieres indagar en el plan de los otros/nosotros para llegar precisamente a ese momento… pues no, no tiene ni una pizca de sentido nada por lo que ha tenido que pasar el protagonista para dejar un mensaje morse en las agujas del minutero de un reloj que la protagonista había abandonado durante veinte años (¡!) Casi nada. Como buen marionetista Nolan consigue que no nos hagamos estas preguntas en base de subir el sentimentalismo de la escena y recalcar el mensaje de la película, que el amor es lo único que traspasa el tiempo y el espacio. Que habrá a quien le parezca ñoño y hortera, pero a mí la verdad es que han conseguido transmitirmelo.
O casi, porque el epílogo está a punto de cargarse todo lo realizado con una de las reuniones más anticlimáticas de la historia del cine. Tras setenta años deseando ver a su hija, ésta le despacha en apenas dos minutos y “venga, que yo tengo aquí a mi familia” tu coge un XWing jet y vete a buscar a Brand que estará allí solita.
Así que hay que sacar las conclusiones. Interstellar es una película imponente, espectacular y a la vez intima cuando debe serlo, con un pulso narrativo considerable y con una factura perfecta. Unas interpretaciones remarcables, una música excelente, una fotografía atrayente. Vamos, una película donde todo funciona a la perfección. Las pegas que le podemos (debemos) poner están en los trucos de guión que no para de sacarse de la manga el director y que, una vez advertidos, vislumbramos más que otras veces. Y sí, existen y son bastantes incongruentes(ay, si fuéramos tan exigentes con todos como con Nolan…), pero la verdad es que no somos conscientes de ellos mientras estamos atrapados en la película. Y eso Nolan lo hace como nadie.