Pues cuando en Marvel anunciaron sus proyectos hasta la esperada Guerra del infinito no todo
parecía de color de rosa. Tras haber sacado punta a los grandes nombres de la
compañía que aún seguían en su poder, era el turno de secundarios sin tanta
repercusión. Películas sobre el Doctor Extraño, Antman o Los Guardianes de la
Galaxia eran una incógnita absoluta. Y por supuesto en este grupito hemos de
colocar el personaje de Pantera Negra. Seamos sinceros, Tchalla nunca ha sido
un personaje principal del universo Marvel. Tiene sus momentos, sobre todo
cuando aparece en los Vengadores, o con su relación con los Cuatro Fantásticos,
pero nunca ha parecido tener el suficiente peso potencial para llevar una serie
propia. No en vano es más conocido por ser el primer superhéroe negro que se
sacó Stan Lee de la manga. Y de la misma forma parece que ésa es la principal
razón por la que se apostó por el héroe wakandés en la gran pantalla: cumplir
la cuota de la compañía con la población afroamericana y darle una película con
un protagonista negro.
Pero hete aquí, que todas las suposiciones negativas sobre
el proyecto explotan cuando el personaje aparece en Civil War. Los hermanos
Russo aprovechan la película del Capitán América para introducir al personaje,
a su familia y su primera aparición, y la verdad es que lo mola todo. La
apariencia de TChalla es casi perfecta, su felinidad en la persecución con el
Soldado de invierno queda en la gran pantalla de manera perfecta, y el toque de
realeza y diplomacia le otorgaba la profundidad que el personaje necesita. En
apenas diez minutos ya habían conquistado al público escéptico, que ya
comprábamos entradas para su película.
Tampoco tenemos que obviar que en este proceso le hemos
pillado el truco a las pelis Marvel. Ya han sido tantas las veces que han
exprimido el molde Marvel, especialmente en las películas de presentación de
personajes, que uno espera poca o ninguna sorpresa cuando se acerca al siguiente proyecto. Es tal el
tono neutro de las películas Marvel que uno ya no hace ni el esfuerzo de aprenderse
el nombre de los directores de la película de turno. Así que, aunque
inesperadamente se había aumentado el interés por el personaje uno no esperaba
nada que se saliese del piloto automático.
La película en eso no engaña y es un producto destinado a
contentar al público afroamericano. Vamos a ver una pléyade de actores de color
(apenas un caucásico en toda la cinta), pero aunque sea un condicionante de la película, y un prólogo
en los Angeles te hace pensar en lo peor,
al menos no van a perder el norte, en el sentido que la película tiene a
África como su centro neurálgico. Es algo que se va a hacer notar en toda la
producción, en la música tribal, en la diferenciación de las diferentes tribus
wakandesas, y en el propio espíritu de la cinta, en el que el papel de Wakanda respecto a su
continente va a resultar crucial e interesante. Es cierto que se puede acusar
de abusar del estereotipo más africano, y entre la consagración del nuevo
pantera negra y ese RAfiki Whitaker, pues por momentos va a parecer una parodia
del Rey León (las conversaciones con su padre en una sabana imaginaria no
ayudan tampoco)
Para que esta parte de la película te funcione como debe es
importante que te hayan vendido bien el concepto de Wakanda. Una sociedad
hiperavanzada en el corazón más profundo de África es una locura digna de la
edad de plata, y no es fácil de asimilar. La verdad es que el trabajo visual es
bastante impecable. Consigue tener una personalidad propia dentro del homogéneo
universo Marvel, lo que es de agradecer. Y el conglomerado entre la alta
tecnología y las tradiciones africanas funciona más bien que mal. Igual te
presenta todo un sofisticado mundo subterráneo como impresionantes decorados
naturales como la cascada del enfrentamiento o el territorio de los gorilas
blancos.
Con la aparición de Ulises Klaw la película empieza a
encontrar su tono. En este caso, la
película made in James Bond del Universo Marvel. Desde luego la escena de
Tchalla con su hermana mostrándoles artilugios para su nuevo traje no puede ser
más Q. El personaje de la hermana es controvertido, pues va a ser en todo
momento el alivio cómico de la película, y por momentos está a punto de despeñarse y con ella la
película. Hay que valorar que han conseguido no transformar a la Pantera Negra
en el prototípico héroe Marvel deseoso de mostrarse simpático y gracioso al
espectador en base a los chascarrillos de turno. Y demos gracias, porque cada
vez que Tchalla deja su solemnidad y se relaja se le ven las costuras al tal
Chandwick boseman. Además de su carismática hermana, el protagonismo femenino
de la película estará presente de manera importante, tanto en la madre de
Tchalla como en la guardia pretoriana fiel a la monarquía, y en su interés
romántico, algo innecesario por muy guapa que sea Lupita Nyongo.
La escena de Busan es la única que se sale del tono africano
de la cinta, y tienes pros y contras. Porque está muy guay ver la escena típica
de James bond, y mola siempre ver a Martin Freeman. Igualmente Klaw está muy
divertido, con un Andy Serkins pasadísimo de vueltas. Pero el momento de acción
es terriblemente atropellado. La idea del coche a control remoto funciona
visulamente muy bien, pero sí es cierto que tanto Tchalla como sus acompañantes
se marcan algunas fantasmadas difíciles de tragar, a lo que no ayuda unos
efectos bastantes cantosos en algunas
ocasiones.
Así que cuando ya parecía que sabíamos por dónde iba a tirar
la película nos meten un zasca definitivo. Se cargan al divertido Klaw en mitad
de la película como si Andy Serkins fuese un Snoke cualquiera… oh, wait. Y
asciende el verdadero villano de la cinta, el esbirro que sabáis que sería algo
más por ser Michael B. Jordan y que ahora pasa a llamarse Killmonger y a
rebelar sus intenciones y motivaciones, y ojo, que para ser villano hay que
escucharle atentamente. Su odio contra la casa real está justificado, después
de ver que el rey Tchaka no era tan benevolente como parecía y que tiene
también fantasmas en su pasado.
Entramos en los mejores momentos de la película. Inesperadamente
Killmonger se convierte en un personaje
muy interesante. Su política sobre la fuerza de Wakanda y cómo debe ayudar a
sus congéneres tiene mucho más sentido
que la autarquía que había impuesto el régimen actual. De hecho no es difícil
posicionarse a favor del “villano” después de saber cuál había sido el destino
de su padre y la infancia que le supuso. Incluso gana el trono de manera lícita
en combate singular (dándole una buena paliza a Tchalla de hecho) y consigue la
lealtad de buena parte de Wakanda de manera consecuente.
Pero obviamente todos sabíamos que el bueno de la peli no
iba a morir por una caída de 100 metros en una cascada. Así que tenemos de
nuevo al Pantera Negra original reclamando un trono que ha perdido con pleno
derecho. La única manera en que nos posicionemos a favor de Tchalla de nuevo es
hacer trampas. Y Killmonger cambia su discurso de traer sus beneficios para el
resto de la África oprimida para convertirse en un dictadorucho que quiere
conquistar el mundo, a comportarse como un tirano con el resto de wakandianos y
derruir todas las tradiciones del país. Vamos, que con el esfuerzo que se había
hecho por construir un buen villano para acabar en el más grande de los
tópicos.
Por eso la película se cae en el último tercio. El ataque de Pantera Negra para recuperar el
trono ya pierde gran parte de fuerza,
aunque la acción esté dividida en varios frentes y les den sus momentos de
importancia a las partenaires femeninas o a Martin Freeman. Pero ya no nos
interesa casi nada. Es la parte más plana del film, y ni ataques de
rinocerontes gigantes, ni la llegada in extremis de los hombres mono, ya logran
atraparnos realmente. Hasta visualmente se cae un poco, con ese enfrentamientos
en los carriles del tren de Vibranium que es bastante chichinabesco y donde sin
sentido aparente TChalla supera ampliamente sin poderes a quien minutos antes
le había dado una paliza extraordinaria. En fin, volvemos pronto al redil, que
esto es un blockbuster Marvel y está feo buscar algo diferente.
Vamos, que el final de la cinta te deja un sabor amargo ante
lo que había apuntado anteriormente. No es una mala película, y se agradece que
haya buscado una personalidad propia dentro del homogéneo Universo Marvel, pero
sí es verdad que al final fue demasiado conservadora y tiró por el camino fácil
cuando ya había mostrado cartas ganadoras. Por eso la sensación no termina de
ser todo lo redonda que debería. Y ahora sí, ya estamos preparados para la
próxima Infinity Wars. Ahí debe dar Marvel el do de pecho.