sábado, agosto 17

LA CASA DE PAPEL. TERCERA TEMPORADA

Hace realmente demasiado poco que me hice eco por aquí del fenómeno en que se había convertido La casa de Papel. Pero de hecho la producción ha superado exponencialmente todas sus expectativas. Ya no es solo un éxito inaudito a nivel nacional, si no que se ha convertido en un acontecimiento mundial, siendo una de las piezas más cotizadas dentro del catálogo de Netflix, ahí es nada. Por supuesto, la multinacional televisiva no iba a dejar pasar semejante oportunidad y más pronto que tarde se puso en contacto con los creadores para poner en marcha una continuación de la serie. Sacrilegio, dirán uno. No la toquen dirán otros. Y sí que La Casa de Papel quedó como una historia cerrada en su primera parte, pero no hace falta saber trigonometría para encontrar una secuela de ahí. DE hecho lo que hay que agradecer es que Alex Pina y su equipo se estrujasen la cabeza en darle una motivación suficientemente importante para reunir de nuevo a la banda, no juntarse para dar otro golpe per se. Al menos el secuestro de Río, cazado de una manera un tanto ingenua, la verdad, es motivación suficiente para que el Profesor ponga en marcha de nuevo al grupo y todos, con más o menos matices, estén dispuestos a volver a jugársela.
Algo más de peros pongo en el objetivo del mismo, en este caso un atraco al Banco de España. La verdad es que con la temática tan variada que pueden dar las historias de atraco no había la necesidad de buscar un golpe tan parecido al primero. Perdemos la originalidad que suponía en el asalto a la casa de Moneda y Timbre que el objetivo era imprimir su propio dinero, para acabar dentro del Banco de España y robar oro. Que a la postre nos devuelve la misma dinámica. Ellos encerrados en un gran edificio con rehenes mientras la policía cerca fuera y espera para poder asaltar. Aunque se escurren la cabeza para no tener que hacer lo mismo, la verdad es que todas las situaciones se antojan demasiado familiares.
Que la producción corra a cargo de Netflix se nota desde el principio y la verdad es que todos son parabienes. ES evidente el nivel de producción internacional, con un presupuesto mucho más desahogado que se hace ver en pantalla. Localizaciones en Panamá, Tailandia o Italia, por ejemplo. Y posibilidades ilimitadas que son utilizadas con acierto. Las imágenes del primer capítulo con zepellines sobre Madrid lanzando dinero son muy potentes, y ayudan a crecer la iconografía de la casa de Papel. También se corre el peligro de sobrepasarse en excesos. La parafernalia que se monta para entrar en la cámara acorazada, con inmersiones, medidas submarinas etc, pues se me antoja demasiado irreal por guapa que sea la escena.
Pero lo que es una mejora innegable es salir del armazón de las series españoles acostumbradas, obligadas a los 70/80 minutos por capítulos que irremediablemente se tienen que notar en el producto final. Siendo un producto NEtflix será una temporada de ocho capítulos de unos cincuenta minutos o menos y desde luego que la producción lo gana, perdiendo buena parte de la paja innecesaria que acompañaba las primeras temporadas. Así historias tan insustanciales como la trama de Arturito, o de los chavales de instituto de su primer año no tienen cabida ahora. Se va directo al grano y de verdad que se agradece que no haya tramas secundarias que a la postre aportaron poco o nada.
Por supuesto respecto al anterior golpe pues debemos comentar las altas y bajas de la misma. La anecdótica de Oslo, la sentida de Moscú, que era un personaje emocional que fuciono bastante bien, y por supuesto la capital de Berlín. Doy por hecho que si los responsables de la serie hubiesen pensado en una mínima esperanza en devolver al grupo no hubiesen sido tan tajantes y resolutivos con la muerte de Berlin. No en vano fue el personaje más jugoso, con más matices y más carismático de la serie. Hasta el punto que se han sacado de la manga la manera de traerlo de vuelta. Afortunadamente no se han sacado una resurrección de la manga, porque hubiese cruzado la línea de la credibilidad, pero aprovechan la dinámica de flashbacks que es recurrente en la serie para preparar el robo para darle al propio Berlín la autoria del mismo. Tengo sentimientos encontrados con ello. Tener a Berlín de nuevo en pantalla es un lujo, pero si es verdad que fuera de las situaciones de peligro y estrés donde Berlín dejaba suelto su carácter psicópata se queda un poquito a medias. De todas maneras el personaje no pierde ese magnetismo tan personal que le dota Pedro Alonso, y aunque sus aportaciones podrían pasar por nimias e irrelevantes si se analizan nos encanta cada vez que hace acto de aparición.
Como relevo natural para Berlín surge el nombre de Palermo. El argentino Rodrigo de la Serna se ve en tal difícil papeleta, porque la comparación va a ser inevitable. No en vano su rol es el mismo, el segundo del profesor, el líder dentro del edificio y quien tiene que tomar las decisiones expeditivas. Debo decir que no me parece mal personaje. Marca una determinación y una mala leche, incluso una violencia mucho más expeditiva y esos brotes de misoginia gay son bastante divertidos, pero sí es verdad que la sombra de Berlín sigue siendo muy alargada y nunca parece que tenga la situación controlada al 100 %. Era una apuesta destinada a perder. Como nuevo también cuenta Bogotá, que se presenta como un personaje sólido aunque por ahora de escaso interés y Marsella que se podría llamar intranscendencia.
Con el vacío que deja Berlín y que no acaba de rellenar Palermo surge la oportunidad para otros personajes. Y aunque Tokio es la cara visible de la serie (junto al profesor) otros personajes van a aprovechar sus oportunidades. Denver se muestra como algo más que un recurso cómico, y aún con su catetismo en ciernes muestra responsabilidades como padre de familia que le van muy bien a su personaje y al de Estocolmo. Pero sobre todo nos encontramos con el crecimiento de Nairobi. Ya había despegado al final de la anterior temporada pero basta que le den cancha a Alba Flores para que llene de carisma la pantalla. Suyas son las mejores frases de la temporada y se esfuerza en hacerlas lucir, tanto en sus prontos graciosos, como en momentos dramáticos (ese enfrentamiento a flor de piel con Palermo) Se transforma en el personaje más querido del grupo sin dificultad y por eso la resolución de la final season es especialmente dolorosa.
Ojo, que de las nuevas aportaciones me he dejado a la más importante, aunque esté en el bando rival. El fichaje de Nawja Nimri para ser la antagonista del grupo se veía como capital. Era directamente la némesis que necesitaba la serie. No nos equivoquemos. La serie ha pecado de un deus ex machina con patas que ha sido el Profesor. EN los quince capítulos anteriores el personaje de Álvaro Morte estaba siempre por delante, jugaba como quería con la policía, y en las situaciones donde se vio expuesto siempre tenía un conejo en la chistera. Su único enemigo viable lo fue porque él mismo bajó la guardia por motivos sentimentales, no porque estuviese cerca de deshacer su plan. Así que buscar un enemigo que estuviese a su altura en una asignatura pendiente. Con el cambio en el CNI no se iba a conseguir, porque el nuevo general Tamayo aporta más energía pero su papel es idéntico: ser el juguete roto para que el profesor se luzca a su costa. Y de hecho la comisaria Alicia Sierra corría el mismo riesgo. Se nos presenta diferente, con un toque de excentricidad que aporta al personaje, y siendo el referente en las tortura contra Río. Pero es entrar en la trama principal y de nuevo parece que el Profesor le gana todas las manos de manera fácil. Sólo el desliz sentimental que supone Lisboa a su lado parece una grieta que aprovechar.
De ahí que la jugada final sea de un impacto inmediato. Primero contra Nairobi sin ningún tipo de escrúpulo, dentro del Banco de España. Y Más importante consigue jugársela (¡al fin!) al profesor con el personaje de Lisboa para que éste se salte sus propias reglas. La línea argumental que el grupo de ladrones se habían convertido en un símbolo contra el poder, era peligrosa y pelín exagerada, pero a la postre se antojaba necesaria para este punto en que la supuesta pérdida del favor popular para la próxima temporada será uno de los fracasos del profesor en su plan. En fin, que me alegro que al fin el Profesor se vea en un brete importante, en un desafío de verdad para la siguiente temporada.
Porque viendo la dinámica del atraco, ya en la mitad de la temporada se adivinaba que haría falta una temporada más para acabar de atar todos los cabos. Era normal. Como ya comentábamos Netflix va a intentar exprimir a tope la serie que tienen entre manos, y Alex pina y los suyos ya han construido desde el principio la serie con el cliffhanger en la cabeza. Hay que reconocer que han acabado en todo lo alto, con una final season impecable y con varios cabos que harán que nos mordamos las uñas hasta la próxima campaña. Lo mejor que se puede decir de la Casa de Papel es que ha mantenido el nivel en lo que han marcado la diferencia. Su gran factura técnica, con momentos espectaculares, con la iconografía de la serie intacta o aumentada y sobretodo esa capacidad de enganchar a la gente a su producto y de mantener la expectación por todo lo alto.