Atreverte con Watchmen es jugártela mucho. Todo lo que tiene que ver con Watchmen se acerca peligrosamente al sacrilegio. Su estatus de obra referencial y cuasisagrada así lo atestigua y aunque ya tuvimos en su día una adaptación en pantalla grande con Snyder a la cabeza, se quedó a medias en casi todo, a pesar de una fidelidad aparentemente conseguida. Sí puede ser que el formato serie se ajuste más a la profundidad y complejidad de la obra de Moore, pero solo a nivel narrativo, pues si algo tiene Moore es que aprovechó recursos que solo pueden ser utilizados en el cómic y cuyo paso a otros medios siempre van a cojear.
Pero la apuesta de Damon Lindelof va a ser aún más riesgosa que la de Snyder, y a la postre ganadora. No trata de hacer una adaptación del cómic del 86. La verdad es que el cómic original es un cómic muy arraigado a su tiempo, donde hay elementos muy generacionales al respecto (la importancia de la guerra fría en aquel es paradigmático en un cómic de los ochenta, pero no sé qué calado tendría en una serie actual) Ni siquiera va a hacer una secuela al uso, siguiendo los personajes en el mismo punto donde los abandonó Moore. Es algo más ambicioso. Es una secuela de Watchmen pero en el tiempo actual. Es decir han pasado 33 años reales desde el plan de Ozymandias y vamos a profundizar cómo ha repercutido en el mundo actual los acontecimientos de entonces.
Desde luego es lanzarse un órdago a la grande, porque en un principio la serie no cuenta con los protagonistas esperados. Todos ellos aparecen en el marco de fondo: Rorscharch es un elemento icónico para un grupo de fascistas de ultraderecha, el Dr. Manhattan que sigue desaparecido y que es visto como una especie de esperanza para la humanidad y del único que tenemos referencias es de ese viejo Ozymandias (Jeremy Irons como Adrian Veidt es el mejor casting del mundo) en un emplazamiento y unos actos que solo traen más preguntas que respuestas. Empezar la serie poniendo todos los huevos en la cesta de un personaje nuevo como Hermana Noche (Estupenda Regina King) pues es jugar bastante con las expectativas de los seguidores. Pero es cierto que consigue salir victorioso. Comenzar la serie con una investigación detectivesca, para luego darse cuenta que la historia es más grande no puede ser más Watchmen. Hermana noche se convierte en un gran personaje, con un trasfondo auténtico y se dibuja un marco de lucha racial que funciona en estos primeros capítulos. Los supremacistas blancos como amenaza en Tulsa contra una heroína de color, que ayudan y refrendan la historia de Justica encapuchada, el primer héroe enmascarado de este universo, que Lindelof nos revela que era afroamericano. Es una figura importante, aunque para ello tengas que creerte a un personaje que debiera tener más de 100 años, pero bueno. El panorama racial no es prioritario en la serie, pero dibuja el panorama del mundo. Algo así como la Guerra Fría en el 86.
Para mí el acierto de la serie en estos primeros números es lo interesante que se consigue representar el mundo postWatchmen. Pildoritas y elementos que se van dejando caer aquí o allí. El mundo de los enmascarados y como están prohibidos, excepto para los policías. Los documentales sobre los enmascarados antiguos, la corporación de Lady Trieu y sus escarceos con la clonación, o utilizar mensajes de esperanza en el teléfono del Dr. Manhattan. Todo sirve para dar complejidad a la sociedad que nos están enseñando y, manteniendo el legado de la obra original, dibujar escenarios diferentes. Que todo cambie para que todo siga igual. Es verdaderamente meritorio que se “respire” Watchmen cuando has cambiado todo. El personaje de Espejo nos recuerda evidentemente a Rorscharch siendo un personaje totalmente diferente. El documental American Hero Story no deja de ser una manera de actualizar el Bajo la Máscara que nos contaba el primer búho nocturno, e incluso Hbo ofrece en su web apéndices que amplían el universo igual que hacía el bueno del Moore en el cómic.
La verdad es que es difícil discernir hasta qué punto la serie de tv es autónoma de la serie de cómic. Yo entiendo que la distancia temporal y el poco protagonismo de los personajes principales dan la oportunidad a neófitos de ver la serie pero aseguro que hay multitud de detalles y contextos que se le están escapando. Todo lo que está pasando está relacionado con el pasado. El plan de Ozymandias y el calamar gigante de Nueva york está presente en todo momento y es una lacra que llevan muchos personajes detrás, aunque sean originales como el caso de Espejo. La llegada de Laurie a la serie nos acerca más a la serie de Moore, y la verdad es que es un personaje que se come la pantalla cada vez que sale, a pesar de que ha evolucionado bastante desde el 86, cogiendo el apellido de su padre, por ejemplo. Pero lo importante es que el personaje es más importante que el background que trae. Aunque su cinismo, su desencanto y su odio contra los justicieros enmascarados no sean parte del personaje del cómic sí parece una evolución coherente que podría haber tenido el mismo. EN esto es donde Lindelof se diferencia del resto de secuelas. Donde otro mantendría a los mismos personajes sin cambiarles un ápice, en esta serie se esfuerzan en entender que los personajes han cambiado en los últimos treinta años.
Entre las semillas que nos van dejando a los fans del cómic, lo que están construyendo con Hermana Noche como nueva justiciera, y la trama que va creciendo con el personaje de Lady Trieu la serie se va diversificando y creciendo. Es el momento Lindelof. Ya saben, el creador de Lost (y no olvidar Leftovers) en que siempre es mejor el momento de soltar las preguntas que las respuestas. Tiene tramas abiertas por miles de lados que parecen que difícil de enlazar, aunque luego se pilla algún atajo facilón para resolverlas. El caso más radical es el de Ozymandias. Adrian Veidt se pasa toda la serie en un exilio superraro, sin sentido y tremendamente loco, muy alejado del tono oscuro y realista del resto de la serie. Uno no sabe a qué carta quedarse. En principio son escenas que aportan algo nuevo y mucha locura, aunque termina siendo un poco repetitivo, sin avanzar nada. Y para que al final la resolución de la misma es un poco simplista, en plan mando un mensaje de “ven a buscarme” y vienen. Punto. Ya saben, el momento Lindelof.
Porque las andanzas de Justica encapuchada, del séptimo de Caballería, de Lady Trieu, de Laurie, Espejo, del Senador Keene… en fin todas las tramas terminan enfocadas a un mismo punto: encontrar al Dr. Manhattan. Es un poco meh, en un principio. Porque parece que con lo bien que has trabajado el universo, con lo profundos e interesante que has creado a los nuevos personajes, todo termina derivando a los personajes principales del comic. Así, la protagonista de la serie pasará casi de puntillas por el desenlace, por no hablar de otros como Espejo o conceptos como el Séptimo de caballería que prácticamente estorban cuando lo importante termina siendo el doctor Manhattan.
Que mientras esté escrito tan bien como está, pocos peros hay que ponerle. En un capítulo sensacional, que pretende ser espejo del capítulo cuatro de la obra original, seguimos a Manhattan y su peculiar manera de entender el tiempo. Ya saben lo difícil que es escribir a alguien que concibe el presente pasado y futuro como simultáneo, pero Lindelof sale muy airoso y construye un capítulo que explica a las claras su relación con la protagonista y como ha estado oculto a simple vista desde el primer momento.
Y sí, aquí la serie ha cambiado. Ya no es la serie de base realista que nos estaban manufacturando. Al final ha sido una serie donde se impone el elemento superheróico y fantástico. Pero no se tomen esto como una traición a sí misma o al material original que el bueno de Alan Moore hizo lo mismo en el comic. Que el enfoque realista de los supers termina luchando con el malo en una guarida de las de James Bond y un monstruo telépata presuntamente alienígena. Aquí todo confluye en la búsqueda del DR. Manhattan para quitarle sus poderes, que no pasa por ser lo más original del mundo, aunque mantiene a Manhattan como el único elemento diferencial en poder de este universo. El pero se lo puedo poner en que la manera en que todas las tramas terminan aquí es un poco burda. Al final el plan del séptimo de caballería o lo medido que lo tenía todo esa protozymandias que era Lady Trieu terminan de manera demasiado simple, por no hablar de la chusca manera de salvar el día de Adrian Veidt: mandar calamares congelados. Pos vale.
Parece que no haya quedado muy contento con el final, y tampoco es eso. Creo que se estaban construyendo tramas suficientemente sólidas como para simplificar el desenlace en exceso. Quizás darle dos o tres capítulos más hubiese mejorado el desarrollo y no se le hubiesen visto las prisas por llegar al desenlace. Pero definitivamente sí que lo compro. Vale que creo que para el viaje que llevábamos merecíamos algo mejor. No será la primera vez que el bueno de Lindelof nos da un desenlace que no está a la altura del resto ¿verdad? Eso sí, hay que reconocerle que el epílogo de la serie es tremendo y tiene el don de acabar en el momento preciso.
Recapitulando, una serie de Watchmen parecía una idea muy mala y que no podría aportar nada más que mancillar el producto original. Pero Lindelof y la HBO ha optado por la opción más arriesgada, a la vez que la mejor: no imitar el material original, ni hacer una simple secuela si no llevar el universo de Watchmen más allá, explorar elementos nuevos y, aunque termine utilizando a los personajes recurrentes, ofrecer cosas nuevas con ellos. Hay que reconocerles el buen trabajo y un desarrollo espectacular. Ya sé que Alan Moore no va a estar contento, pero creo que es difícil hacerlo mejor.