Dos añitos le hemos dado de margen a Dan Slott para que sus Cuatro Fantásticos se pasasen por aquí. Lo que no está mal dado lo vacío que llegan las grapas hoy en día y la facilidad para estirar tramas que va a demostrar el guionista. Recapitulemos un poco como hemos llegado hasta aquí desde la última vez que hablamos del comic más grande del mundo. En una decisión que a día de hoy todavía me tienen que explicar los jefazos del Marvel entienden que el 1% de población que lee cómics tiene más influencia que el 99% que van a ver las películas, así que de manera maquiavélica decide arrinconar a los personajes que están fuera del MCU para que así se estrellen en sus estrenos cinematográficos. Esa valiente artimaña que tuvo cero impacto llevó a la franquicia mutante a ser ninguneada y a los pioneros cuatro fantásticos directamente a desaparecer de los quioscos. Así que después de una breve etapa de James Robinson, más clásica y divertida que la aburrida de Hickman, y tras los eventos de las Secret Wars de 2015 nos quedábamos sin la colección capital del Universo marvel.
Y tras dos años en el ostracismo vuelve el comic más grande del mundo, con el nombre de Dan Slott como mayor reclamo. Y el reclamo no es malo, pues Slott lleva ya una década mostrándose como uno de los gueionistas insignia de la casa de las ideas. Evidentemente su etapa en Spiderman habla por sí misma, con momentos muy interesantes como aquel Superior Spiderman o la creación del Spiderverse. Y más que apuntar momentos puntuales lo que subraya es su regularidad. Hoy día mantenerse de manera regular en una serie durante varios años sin bajar el listón parece de otro tiempo. Además podemos aportar que ya había tocado tangencialmente a los cuatro fantásticos en otros trabajos, como la divertida Hulka o la miniserie de la Cosa. Parecía que caíamos en buenas manos, y se refrenda con la aparición de la dibujante Sara Pichelli, que con un estilo peculiar, parece encajar bastante bien en los Cuatro Fantásticos. Dinámica, imaginativa y con un trazo que en ocasiones recuerda a Pascual Ferri hará los lápices de la primera aventura fantástica. La Primera Familia vuelve a estar en danza.
El primer arco de la serie tiene que devolvernos a los Cuatro Fantásticos a su posición de privilegio. Con Reed y Sue desaparecidos, Ben y Johnny hacen por seguir sus vidas pero con la esperanza/seguridad que los cuatro fantásticos volverán. El momento de la señal en el cielo es emocionante y demuestra que Slott controla con solvencia la dinámica del grupo. A partir de ahí una primera saga con alguna idea interesante en el villano, pero que se ofusca por tener demasiados invitados sorpresa. A mí la fundación Futuro me gusta y creo que ha sido la única aportación interesante de Hickman a la serie, pero que luego aparezcan todos y cada uno de los héroes que en algún momento han sido de los cuatro fantásticos es excesivo y no aportan nada ni a la idea original ni a la resolución. Ni siquiera Pichelli parece que sea la dibujante para lucir en splash plages espectaculares. Lo perdonamos porque a fin de cuenta es la reaparición de la serie y lo podemos aceptar como homenaje a su pasado.
Y tras el primer arco de la esperada nueva colección, llega el primer traspiés, cuando la buena de Pichelli abandona el barco. Que vaya pedazo de dibujante regular has escogido que no puede durar cuatro capítulos. Llega la irregularidad gráfica que va a ser un lastre durante toda la estancia de Slott y de la que es difícil recuperarse. Será que yo seré un lector clásico pero me da que me gusta ver una uniformidad grafica en la serie que sigo, y desde este momento esto va a ser un sindios. El sinfín de dibujantes que pasan por la serie es un despropósito, más cuando cambian en el mismo capítulo, más cuando unos no tienen que ver con otros. Que puedes pasar de Mike Allred a Adam Hughes, de imitar a kirby a que te dibuje Mark BAgley entre una página y la siguiente. Si para el editor de los cuatro fantásticos esto no supone un problema seré yo el que esté equivocado y el que mira con nostalgia cuando John Byrne o Paul Ryan podían dibujar todos los números de sus etapas.
Slott nos regala algún número autoconclusivo sin demasiada resonancia en espera del gran momento que sembró en el primer número: la esperada boda entre Alicia y Ben, para el número 650 de la colección. No cuesta ver por donde van los tiros de Slott: Back to the classics de manual. Ya recuperando la relación entre Ben y Alicia, dando protagonismo a la calle yanci o a secundarios solo para muy cafeteros como la tia Petunia y Wyatt Wingfoot, quitándose a la fundación futuro de encima a las primeras de cambio. Tiene la oportunidad perfecta para si la primera aventura había sido espacial, tener este segundo arco el lema familiar por bandera, llegando a ser emotivo en el momento de la celebración pero que la verdad es que pasa un poco sin pena ni gloria. Al final parece que tan importante acontecimiento solo estaba ahí para rubricar un número redondo como el aniversario de los 4F (y su número 650) y parece escrito con el piloto automático.
Es hora de ponerse las pilas cuando en la siguiente saga nos vamos a encontrar con dos pesos pesados: el doctor Muerte y Galactus. Es una saga ambiciosa y donde esperamos ya un Slott asentado en la colección y que dé el do de pecho. Y de nuevo nos quedamos a medio camino. Porque la historia no deja de ser en todo momento un si pero no. Nos trae un Doctor Muerte de la época dorada en su malignidad (por lo visto estaban convirtiéndole en un héroe Bendis y compañía) en un plan ambicioso y ególatra como solo puede tenerlo el dictador de Latveria, pero para ello tienes que vencer a Galactus con epatante facilidad y convertirlo en poco menos que una pila humana. Ya sabemos que tocar a Galactus debería ser cogido con pies de plomo y no todo vale. Además de nuevo el apartado gráfico es bastante limitado con un tal Aaron Kuder que para mi gusto no está a la altura.
Parece que siempre le estamos poniendo excusas a Dan Slott. Primero por empezar con la colección de cero, luego por la boda de la Cosa, también por los cambios de dibujantes… pero son lo que son, excusas. Lo realmente cierto es que el guionista no consigue poner la quinta marcha en su colección. Todo lo que ofrece suena ya a visto, lo que no es malo, lo que es malo es que suena a visto por alguien que lo ha hecho mejor. Volvemos a dar vueltas de nuevo sobre lo mismo. Nos adentramos otra vez en la maldita dinámica familiar. Que alguien explicó en su día que los Cuatro Fantásticos eran una familia y se lo tomaron que esto tiene que ser una maldita sitcom. Y tenemos que hacer verdaderas proezas para tener paciencia con las andanzas de Valeria y Franklin (ahora adolescentes) que se le suponen jocosas. Y yo digo no. Que los Cuatro Fantásticos no se hicieron el comic más grande del mundo por ser una familia. Lo hicieron por ser innovadores, por crear cosas y expandir un universo entero. Es algo que Slott, que quiere mucho a los clásicos, se dejó por el camino. Porque sí, nos va a traer un enfrentamiento entre LA cosa y la Masa, y más homenaje que eso no puede ser, pero es que al final es contar la misma historia de siempre, con un puñetazo heroico final punto. Llevamos un año y no tenemos una idea nueva, una historia que nos haya atrapado, nada que nos haga recordar la colección en unos años.
El segundo año no va a traer diferencias ostensibles. Parece que tenemos algo más de regularidad en los dibujantes, Con Paco Diaz siendo más o menos el dibujante regular, que a mí no me gusta demasiado, me parece una especie de Bagley pero más caricaturesco, y un tal Izaakse como alternativa, que tampoco es que tenga nada especial, más allá de que me gusta como dibuja a la Cosa.
Y en cuanto a las historias pues la gran saga que nos trae Slott será punto de retorno, que parece que es donde tiene que dar el salto de calidad (en verdad, debería haberlo sido la historia de Muerte, pero bueno) y al final se trata de un nuevo refrito. Más allá del revisionismo histórico que nadie le hará caso cuando se vaya el bueno de Dan, y la gracieta de que sea el objetivo del primer viaje de los Cuatro Fantásticos, el resto es bastante insulso. Cuento como el capítulo donde cambian el punto de vista y vemos la historia desde Capytel, pero después de esto, es una historia muy poco original, con una civilización extraterrestre y unos antagonistas que suenan demasiado a vistos. Con Ben en el rol que se podría esperar de él, con Johnny en el rol que se podría esperar de él, con los Richards en el rol que… Es que Slott no cuenta nada nuevo, nada que nos emocione, sorprenda o estimule. Y ya no solo eso. Es que ha necesitado siete capítulos para contar esta historia, que no va a aportar nada, más allá de un revisionismo histórico que será olvidado en cuanto se vaya el bueno de Dan, y que nos quedemos con una secundaria que ni fu ni fa (y las referencias a Frankie Raye y a Cristal ya dejan en claro que lo de Slott es reciclar ideas viejas)
Y tras esto pues más capítulos autoconclusivos sobre la Calle Yanci, sobre Ben, sobre los niños, incidiendo en los tonos de humor y cotidianiedad que no molestan, pero si a lo que aspira la colección de los Cuatro Fantásticos es a no molestar, pues vale. Hago aquí corrección, pues me han informado que varios de estos números autoconclusivos no son de la serie regular y es verdad. Parece que debido a la pandemia han tenido que tirar de números de relleno. Valga esto también para hablar de la edición en España, donde acompañan la colección principal con historias de medio pelo que interesan muy poco o directamente son un sinsentido como la de la Mujer invisible como espía (¡!)
Así acabamos el segundo año de la colección en medio de un crossover donde los 4F si tienen importancia, pero que en su colección pasamos de manera tangencial, dándole cancha (¡otra vez!) a los niñatos insoportables, que parece que va a ser el gran bagaje que va a dejar en la colección. He de reconocer que yo era bastante entusiasta con Slott y me he llevado hasta ahora un pequeño chasco. Porque sí se le nota su amor a los personajes, y su idolatría a los cómics clásicos, pero eso también es su foso. Porque ya es habitual que tener tan idealizada la etapa clásica provoca que el guionista conduzca con el freno de mano puesto. Con la excusa que la Primera Familia es un emblema y no se puede tocar nos topamos con ninguna evolución, con ninguna idea interesante, con nada innovador. Y Slott ha seguido paso a paso esta misma senda. Dos años le hemos dado para juzgar su etapa y da la sensación que igual hubiese sido con uno que con tres. No hay homenaje peor a Lee & Kirby que escribir sin querer crear nada nuevo. Y asi estamos.