sábado, julio 17

COBRA KAI

Parece raro de comprender, pero esta serie empezó como un chiste. No es una metáfora, es algo totalmente literal. Estoy convencido que Cobra Kai no existiría de no ser por la ocurrencia de los guionista de Como conoci a vuestra madre.  EN una brillante ocurrencia Barney Stinson hace una relectura de Karate Kid, donde el bueno de la película sería Johnny Lawrence y veía como un niñato llegaba, le quitaba la novia, se metia con el en el colegio y le ganaba con una patada ilegal su campeonato. El jocoso chiste se amplió más tarde con la participación del propio William Zabka (e incluso de Ralph Maccio) y no tengo dudas que aquí surgió el germen de lo que fue Cobra Kai. 

Partiendo de estos mimbres parece que la premisa se escribe fácil pero corre el riesgo de tener las piernas muy cortas. Es decir, estirar el chicle en el que nos ponemos en la piel del rubio de Karate Kid, empatizamos con él y le damos la vuelta a la situación, convirtiendo a Larusso en el villano de la película. Hubiese sido jugoso, pero que no daba para mucho más, y aquí es donde la serie clava sus cimientos. En conseguir los personajes ricos, con matices y sobretodo una escala de grises bastante marcada que enriquecen el material. 

Asi pues, Johnny Lawrence es un perdedor en la vida. Al inicio de cobra Kai es un ser derrotado, humillado y que no levanta cabeza. Y que además sigue anclado en su pasado, echando las culpas de como le han ido las cosas a su historia en Cobra Kai y su derrota en el Valle, que ya me contarás que treinta años después no hayas superado riñas en tu adolescencia. Pero es que por encima de todo tiene que lidiar su vida de pena con la publicidad de Daniel Larusso, que va de triunfador en la vida.  

Y ahí reside la primera victoria de la serie. En que Larusso no solo va a ser el villano de la serie. No es un ejercicio maniqueo en que tenemos que empatizar con Johnny y nos topamos con un Larusso convertido en un cretino para hacerle la vida imposible al héroe. No, el protagonista de  Karate kid es un personaje al que le ha ido bien, con una buena familia. Pero de la misma manera no es un personaje totalmente blanco. Lawrence y Cobra Kai le remueve todo por dentro, y el personaje mantiene un punto de cretinez y de buscarse follones que ya era intrínseco  en  el origen del personaje. 

Con las piezas más deseadas colocadas basta con terminar el puzzle con las nuevas incorporaciones, el plantel de jóvenes de la serie. El principal es Miguel que se esgrime pronto como el mejor actor de las nuevas generaciones, que enseguida lo vemos como el tipo de buen corazón que ejercerá su influencia sobre Johnny, aunque como veremos más adelante aquí ningún personaje es totalmente blanco y la evolución de Miguel y de todo Cobra Kai pasa por muchos espectros de color. EL Dojo que crea Lawrence de la nada, y con la aspiración de llevar a Miguel a poder defenderse de sus abusones, no deja de ser en principio un cuchitril con pocas aspiraciones, pero con la popularización del mismo después de un video viral de Miguel termina siendo un nicho para todos los perdedores, frikis e inadaptados del grupo. No deja de ser una ironía bien llevada que el clásico Cobra Kai que concentraba a todos los abusones de la escuela se haya metamorfoseado en la esperanza de todos los losers. 

Y ahí surge la peculiar filosofía de Johnny Lawrence para llevar su dojo. Que es a la vez inspirador y divertido sin parar. Sus enseñanzas de vida pasar por no ser unos niñatos, unos llorones y unos capullos. EL Golpea primero, golpea más fuerte aplicado a la vida. Y siendo todo lo zafio, borde y ordinario que puede ser el divertido Wiliam Zabka la verdad es que funciona. El ejemplo más significativo es el de Hawk, un tipo retraído, con muchos problemas sociales y que vive traumatizado, pero que descubre en la filosofía Cobra Kai el estímulo paraé  dar un golpe, coger el toro por los cuernos y con un notable cambio físico pasar a ser el chaval molón del curso. 

Mientras, en casa Larusso  también pasan cosas. El bueno de DanielSan, que empieza a obsesionarse con la vuelta de Cobra Kai, entiende que tiene que reaccionar a ello para desespero de su mujer. La verdad es que está muy bien medido la escala de importancia que tiene este Karate Kid. Mientras que para Larusso y Lawrence esta es una guerra total y la victoria de sus vidas,  para el resto de gente  a su alrededor no deja de ser un pique de adultos relacionado con una escuela de kárate de barrio. Algo así pasa con Amanda, la mujer de Danniel, que es un amor, que siempre está preparada para apoyar a su marido en lo que haga falta, pero que está muy lejos de la sintonía karateka de su marido, y que no logra entender la obsesión que tiene con Johnny y con Cobra Kai, incluso con maniobras bastante reprobables para cargarse al dojo rival. También hay que pararse en el personaje de Sam, la chica adolescente de Larusso, que era necesaria para la trama y que para incidir en el antagonismo de los dojos… pero es bastante repipi, y en ocasiones un poco insoportable. Algo parecido pasa con la tercera pata de la mesa, que en un ejercicio bastante poco original, se traen al hijo de Johnny, un Robby Keene que si bien es un personaje muy trillado y sobre todo un actor sosísimo, sí se lo curran para que la relación con su padre tenga suficientes aristas para ser interesante. 

EL increscendo de la primera temporada está perfectamente calculado tanto en la relación entre adultos como entre los adolescentes. Y como no podía ser de otra manera el clímax llegará con el esperado torneo de Karate del Valle. Y funciona estupendamente en el sentido en que vemos a donde nos ha llevado la evolución de Cobra Kai. Si Miguel había encontrado en las enseñanzas de su sensei el valor y la confianza que necesitaba para sacar la cabeza  y afianzarse como persona, es ahora cuando vemos que se les ha ido la mano. La confianza se ha convertido en arrogancia, y la voluntad en ambición desmedida. Así que llegado aquí los Cobra Kai se han convertido en unos abusones arrogantes, que entienden que todo sirve para ganar. EL mismo Lawrence se da cuenta que la victoria de Miguel (contra su propio hijo) no deja se ser indigna y entiende que sus enseñanzas se han desvirtuado, así que cierra el círculo en que tanto ha evolucionado su dojo como el sensei del mismo.  

Llevamos ya la mitad de la reseña y hago hincapié en que aún no hemos tocado un tema que se esperaba (y es) capital en la idea de la serie: El factor nostalgia. Evidentemente el factor nostalgia es parte directa de la premisa de la serie. Sin Karate Kid esta serie no existiría. Y gozamos como gorrinos cada vez que nos sacan una referencia a los años académicos de Johnny y Daniel y cuentan las multiples anécdotas de entonces. Pero sí es verdad que consiguen mantener un difícil equilibrio en la serie. Las referencias y presencia de personajes antiguos y de momentos añorados son parte del viaje, no la razón misma de la serie. Sirven para hacer evolucionar a la misma. La presencia del espíritu del señor Miyagi (a fin de cuentas Pat Morita es el único actor que no pueden recuperar del original) imbuye totalmente a Larusso y a su manera de enseñar. Mientras que las maneras de Lawrence y su forma de afrontar la vida es herencia de su carácter de los ochenta.  Y la verdad, es que cada vez que los actores protagonistas se cruzan la serie se llena de carisma por doquier. También aquí actúan con inteligencia, y al menos en la primera temporada, son situaciones que dosifican con acierto. Sin ir más lejos es un golpe total acabar la primera temporada con la (esperada) llegada de John Creese. 

La segunda temporada cumple el canon de las trilogías, donde la segunda parte pasa a ser “el imperio contraataca”. Es decir, donde la historia se vuelve más oscura, más intensa, más dramática, y no para bien. No podía ser de otra manera con la participación de John Creese. La serie haste este momento carecía de un malo. Tanto Larusso como Lawrence tenían sus razones para portarse como tal y es fácil posicionarse con razones para uno u otro bando. Incluso cuando el final de la primera temporada nos damos cuenta que los chavales de Cobra Kai han pasado la línea, el propio Johnny se da cuenta de su error y trata de reconducirlos. Por eso la aparición de Creese funciona perfectamente. Empieza con un evidente lobo cuidando a las gallinas, pero no nos trata a Johnny como un idiota y sabe perfectamente qué está pasando y decide darle la patada al momento pero ya había germinado su semilla de odio dentro del grupo. También ayuda la presencia de un nuevo personaje femenino, Tony,  que es bastante radicalizado, y añada chicha a la evidente polarización que va a llevar la serie. El Dojo Miyagi  va a crecer en esta segunda temporada con residuos que no tienen cabida en el nuevo y oscuro Cobra Kai, con la presencia de Dimitri como secundario cómico que está a punto de caer en el exceso. 

La segunda temporada es el fracaso de los Dojos. Como hemos visto el Doyo de Cobra Kai se le escapa de las manos a Johnny. La evolución a peor de personajes como Tony o Halcón termina llevando a los chicos a las antípodas de lo que quería Lawrence con ellos. Pero lo mismo pasa con el Grupo de Larusso. Las enseñanza pacifistas de Miyagi van a caer en saco roto, y sus alumnos, con Sam a la cabeza se dedican a responder a cada agresión con otra más fuerte, haciendo de la temporada un increscendo de tensión que acaba por todo lo alto. En una pelea excesiva para la escala que tiene toda la serie, pero emocionante y perfectamente coreografiada ambos grupos dirimen sus diferencias a golpes, acabando de la manera más dramática: con la caída casi mortal de Miguel. Esto, más la traición de John Creese y el hundimiento total de Johnny Lawrence cierran la segunda temporada por todo lo alto.  

Es ahora en la tercera temporada cuando vamos a encontrar los primero síntomas de agotamiento del producto.  Y no porque no empiece con buen pie, porque la posición en que encontramos a Miguel al inicio de esta campaña es importante, y un Johnny Lawrence arrastrándose por el barro primero, y después intentando ser un coaching motivador nos trae al William Zabka más divertido, riéndose de sí mismo las veces que haga falta. Pero sí es cierto que parece que el sector adolescente ha perdido parte de su punch y sus tramas pecan de ser algo repetitivas. Después de todo el enfrentamiento entre dojos había alcanzado su clímax al final de la segunda temporada y aquí no deja de ser un más de lo mismo. Se intenta lidiar con una evolución de los personajes, pero cualquiera avispado se daría cuenta hacia donde se encaminan Tony o Halcón, sin demasiadas sorpresas.  

El punto de interés está en el enfoque de John Creese. Su Cobra Kai a la postre va a ser muy diferente del de Johnny Lawrence, y él sí mantiene el ganar de cualquier manera como leitmotiv, aunque sea a costa de sus propios alumnos. Nos intentan justificar a Creese a través de unos flashbacks de Vietnam, pero afortunadamente no tratan de blanquearlo, sigue siendo un villano de una pieza y así se mantendrá hasta el final de la serie.  

Lo que sí es verdad que en esta temporada los creadores sí se lanzan sin paracaídas a explotar la nostalgia de la manera más burda posible. Así nos vamos a encontrar a cameos algo gratuitos en toda la temporada para conectar con el público añejo con el que pertenezco. El ejemplo más evidente es el viaje a Japón de Larusso donde de manera harto cuestionable termina topándose con los personajes de Karate Kid 2, que no pintan nada más que recordarnos lo viejo que somos los que vimos las películas. Igual trato tendrá parece la llamada del final de temporada, que nos hará ver la horrenda Karate Kid 3 para estar al día. Hasta ahora habían lidiado con mucho acierto este aspecto, dándonos raciones a cuentagotas, siempre aportando cosas o manteniendo las expectativas, como en el caso de Ali. Esta vez no pueden aguantar más y sí se traen a la exnovia de ambos en un buen final de temporada, pero afortunadamente se queda en un cameo decidado a la añoranza y no será parte de tramas amorosas posteriores como nos temíamos. 

Así que la tercera temporada, de nuevo tras un enfrentamiento múltiple entre bandas, un Miguel disminuido, Sam afrontando sus miedos y Halcón cambiando de bando, acaba en un punto muy similar que la segunda, con el enfrentamiento en todo lo alto. La diferencia está en que la escala de grises se ha modificado. Antes ambos bandos tenían razones y personajes por los que empatizar. Con la presencia de Kreese en uno de ellos, y quedándose con lo más granado de la serie (sólo queda el sosainas de Robby en su grupo, pero si le dan una paliza yo tampoco me voy a quejar) llevan a una entente cordiale entre Lawrence y Larusso para la siguiente temporada, que siendo sincero espero que sea la última. Creo que la historia no puede dar para más y vivir de recuperar cosas del pasado me parecería muy mal plan para una serie que parecía que no iba a ser más que eso, pero que afortunadamente nos ha sorprendido con mucho más.