A Pesar de que no me ha pedido que no lo haga lo voy a hacer. opinión personal e intransferible sobre Los Cuatro Fantásticos y Silver Surfer. Daré mi opinión antes de empezar a leer cosas de la peli y con múltiples spoilers y desenlaces. Advertido queda todo aquel que quiera seguir leyendo sin haber visto la película.
Como siempre, los trailers. Algo llamado "en busca de los seis signos" o algo así que se une a la recurrente purria de libros pseudofantásticos que van apareciendo tras el señor de los anillos. No promete cosa mejor que las Crónicas de Narnia, la verdad. Y seguidamente una película política de Robert Redford, con reparto de lujo, Meryl Streep y Tom Cruise, pero con un título horroroso "leones por corderos". Veremos como la pone la crítica para su estreno, porque parece que últimamente no se hace productos de calité. Tras unos dibujos de Pacheco, Larroca y el malogrado Wieringo empieza la peli.
Hace un par de años se estrenó la película de los Cuatro Fantásticos, con un resultado desigual. Desigual porque en algunas cosas era graciosilla y en otras era mala de consideración y en otras era necesaria la precisa ejecución de todo el equipo. Dado que no se buscó la tercera opción y el director Tim Story y su grupo de guionista no yacen en una fosa común les han dado el mando de operaciones para la secuela. Y es una mejora. Ahora es más regular. Ahora es toda la película igual de mala.
Los Cuatro Fantásticos siempre han sido la primera familia del Universo Marvel. Una de sus idisoncracia como grupo es ésa, que actúen como una familia. Esto no es malo si se tiene el talento, y a los Increibles me remito. Pero en manos de gente inepta esto significa hacer de esto una comedia familiar con superhéroes, lo cual aseguro no es muy buena idea. Porque lejos de las escenas de acción y de la espectacularidad y potencia de sus poderes en pantalla, Tim Story y su séquito están más interesados en contar chistes malos que en contar una historia interesante. A decir verdad esto les funcionó bastante bien en la primera, con Johnny de robaescenas total. Pero aquí la cosa se va bastante a tomar viento, pues la Antorcha pierde bastante de su carisma. Además los momentos graciosos y aliviatensiones tan característicos son de bastante vergüenza ajena. En especial los que cuentan con Reed Richards com protagonista. Los guionistas que escriben a Richards debían odiar a los listos de su clase, pues cae en todos los estereotipos de científico despistado sin dejarse ni uno. Y se supone que debe ser muy jocoso y divertido ver al gran Richards estamparse una y otra vez contra un muro invisible. Sí, me parto y me mondo.
Del resto una vez más descubrimos que los hacedores de los 4F: The movie no han leído ni un sólo cómic de los 4F. A Ben Grimm le han quitado todo tipo de interés, pues ya no tiene ni un mínimo trauma por su aspecto físico. Así que sólo queda como recurso para chistes (otro más) y sin ningún tipo de personalidad atrayente. Luego está el caso de Jessica Alba, que últimamente se ha convertido en la chica de moda y por tanto tiene más protagonismo que en la anterior película. Yo como actriz le tengo bastante manía, no lo voy a negar. Pero es que además los intentos de dar algún tipo de subtrama como las dudas de seguir en los 4F ante su vida personal, o el intento de enamoramiento de la Antorcha, además de ser sencillamente espantosas, ni siquiera se resuelven (porque claro, después de pasar toda la película Sue Richards ya entiende que debe seguir siendo una superheroína. ¿Qué ha cambiado desde sus dudas iniciales?)
Paa la secuela se ha optado por hacer la llegada de Galactus, paradigma de la etapa lee & Kirby y momento capital del cómic. Meec. Error. Esto poco tiene que ver con la magnitud de Galactus. Los guionistas no se han atrevido a hacer algo tan grande y Galactus no se va a ver en toda la película (¿es una nube? ¿es antropomórfico?) La película se centra en su heraldo, Silver Surfer (que ya lo podían haber traducido, digo yo) A decir verdad es lo único rescatable de la película. Silver Surfer tiene una magnífica apariencia, y no tiene orejas, que también es importante. Y sus movimientos con la tabla son espectaculares (aunque canta el CGI de manera alarmante) Se puede considerar buena la aportación de que la tabla de Estela es su fuente de energía, y me gusta el aspecto carbonífero en que queda Norrin Radd cuando le quitan el poder cósmico. El paso de Estela de heraldo a rebelde es similar al cómic, aunque el papel de Alicia le toca aquí a Sue, para darle el protagonismo a la Alba. Lo único que no cuadra en absoluto es que Estela pueda cargarse a Galactus con una facilidad pasmosa. Lo cual es bastante incongruente con la historia que se está contando.
Para adornar toda esa historia tenemos un montón de momentos entre irritantes e hirientes. La llegada del típico general made in USA a dar órdenes, acompañada por la insignificante Frankie Raye. La estúpida estúpida estúpida idea de intercambiar poderes en los Cuatro Fantásticos que como alguien dijo, si en alguna serie no se puede hacer es en los Cuatro Fantásticos, aunque viendo como pasan del drama existencial de Ben, aquí ya da todo lo mismo. En verdad es una situación para darle los momentos de acción a Johnny, que fue el personaje más logrado de la primera película. Y el consabido regreso del Doctor Muerte, que por momentos parece que va a ir por el buen camino (cuando intenta negociar con Estela) pero que pronto se tuerce. Además, con el síndrome Maguire, Víctor Von Muerte vuelve sin ninguna cicatriz y quitándose la máscara siempre que puede. Al menos en esta película parece más peligroso de lo que era en la anterior. Su idea de robar la tabla está bien, pero tiene un enfrentamiento chusco con la Antorcha multipoderes, encima replicándose gracietas uno a otro. Realmente a día de hoy no recuerdo ni siquiera como vencen a Muerte, así que te puedes imaginar lo interesante que me resultó.
Porque esa es otra. En dos películas de los 4F, en cuatro horas no hay un momento espectacular que se te clave en la retina. Hacemos una película deonde llega el devorador de mundos y no se consigue nada de majestuosidad y grandiosidad. No, es más importante estrellar a Reed Richards contra un muro invisible. Vamos, que hubo quien dijo que al finalizar la primera película es cuando empezaban de verdad los 4F y que la segunda se vería todo lo que son. Pues si esto es lo que son a mí ya me han visto. Una película que no iría a ver en mi vida si sus protagonistas no fuese Reed, Sue, Ben y Johnny.
jueves, agosto 30
jueves, agosto 2
EL VERANO QUE VIVI A DOS METROS BAJO TIERRA
Hoy es un día difícil. Por primera vez en los últimos cuatro meses no había un capítulo de Six Feet Under esperándome en la cinta de video. Ayer mismo acabé de ver A dos metros bajo tierra, que considero de lo mejor que nunca se ha hecho en televisión. Dejándome llevar por las sensaciones que me ha dejado el último capítulo la pondré casi casi a la par con Doctor en Alaska, algo que creí nunca iba a suceder.
A dos metros bajo tierra es un proyecto que nace de la mente de Alan Ball, guionista de la excelente American Beauty, pero que queda como un trabajo menor en comparación alos devaneos de la familia Fisher. En el primer capítulo vemos como Nathaniel Fisher, el patriarca muere en un accidente de autobús y a partir de ahí su negocio, una funeraria, pasa a ser regentado por sus hijos: Nate y David. El argumento no nos dice nada, más allá de que todos los capítulos empiezan con la muerte de uno de los futuros clientes de los Fisher, anecdótica en la mayoría de las ocasiones. Pero lo de menos es de qué trata la serie. Solo son personas, que viven, que quieren salir adelante, que se equivocan o aciertan en sus elecciones, y siguen intentándolo. Esta es una serie sobre personajes.
El trabajo hecho con todos y cada uno de los personajes de Six Feet Under es simplemente perfecto. La sutileza, gama y complejidad en personajes como Brenda Chenowith o David Fisher no ha sido superada. Son cinco temporadas enormes, en que consiguen unos personajes terriblemente humanos y reales. Como solía decir en su momento, solo el retrato de la novia del psicologo del colegio de Claire tiene más matices de personalidad que todo el reparto de Friends junto.
Además la serie apunta un ligero toque de extravagancia que la hace escapar del dramón. Los personajes visualizan sus fantasías delante nuestro, y en más de una ocasión se ponen a hablar con muertos. Así pues las apariciones imaginadas de Nathaniel Fisher le convierten en el rey de la función cada vez que sale. Durante las dos primeras temporadas la serie apunta sobretodo hacia el humor negro, con unos disparatados anuncios de productos funerarios intercalados entre los capítulos. Lo importante es como poco a poco nos van calando las relaciones personales de estos personajes, siempre visto desde una vertiente adulta e inteligente.
Desglosemos un poco: La primera temporada es donde la serie se asienta. Es donde tiene más protagonismo el personaje de Nathaniel y la utilización del humor negro, que tan bien sienta a la serie. Estas primeras temporadas se centran en especial en la relación surgida entre Nate y Brenda, con unas bases muy poco sólidas y sobretodo en la salida del armario de David Fisher. Hay que hacer un inciso para hablar aquí de la que seguro ha sido la mejor relación homosexual jamás creada en la ficción. La relación entre David y Keith (con sus altibajos, sus quiero y no puedo, sus te dejo y vuelvo) es uno de los pilares de la serie y reconozco que el novio de David me tiene ganado (pues no me he pasado temporadas temiendo que rompiesen) Es una relación real, viva, que no se limita a "heterolarizarse" sino que ahonda en el mundo homosexual, con la doble moral de la sociedad, el secretismo, la promiscuidad, las "locas"... Es cierto, que a día de hoy, esta primera temporada se puede notar demasiado anticuada, al tratar el tema gay como si nos estuviera impactando mucho, cuando a día de hoy es algo más que superado. A todo esto ayuda, y de qué manera, el impresionante papelón de Michael C. Hall que se sale en todos y cada uno de los capítulos emitidos, ya que no hay nadie que no haya pensado que este actor debiera ser gay en la vida real. Es sobretodo en los momentos de David Fisher cuando la serie te agarra en esta primera temporada. Con la madre, Ruth, no tienen muy claro que hacer en un principio y Claire se mueve en el ambiente demasiado típico de adolescente marginada y rebelde que coquetea con las drogas y los chicos malos, que sinceramente no interesa demasiado.
El paso a la segunda temporada apenas se nota. Quizás se abandona un poco el humor negro por un humor más sofisticado e inteligente. A esto ayuda como crece en protagonismo Brenda y su esperpéntica familia. Nate y Brenda van ganando el pulso en la segunda temporada, pues la relacion entre Keith y David se asienta y consolida, con lo que no da tampoco mucho de qué hablar. De nuevo Brenda demuestra ser un personaje con un sinfín de matices y la espiral sexual de autodestrucción en la que va cayendo es muy sugerente, a la par que coherente con el personaje. Un acierto muy divertido es encontrarle pareja a Ruth Fisher, el florista polaco, que tiene alguno de los mejores momentos de la temporada. El final, con la aparición de Lily Tailor y su embarazo, y en especial el capítulo final consigue que te enganches a la serie definitivamente. Lo sé, porque yo me enganché hace un par de años y he tenido que esperar hasta ahora para ver la serie completa.
El fandom asegura que a partir de aquí la serie se va al traste. y de verdad es algo que no entiendo. Es cierto que la serie no tiene tantos puntos de humor negro como al principio. Pero ha ganado en madurez y en inteligencia un abismo. Que se borren los que querían seguir la serie para echarse unas risas. A dos metros bajo tierra es más que eso. Lo siento mucho por los que ven a partir de esta tercera temporada solo "un culebrón barato". Demuestran una peligrosa superficialidad, porque las historias personales y los dramas pueden seguir siendo excelentes si están escritos como lo está Six Feet Under. Si no que se maravillen con el impactante final de esta tercera temporada, donde a mitad de temporada desaparece bruscamente la mujer de Nate Fisher (sí, esa que él mismo estaba deseando perder de vista) Y los capítulos de la incertidumbre de qué ha pasado con Lisa son memorables. Los personajes nos transmiten su desazón, sus miedos, su incertidumbre ante lo que no pueden entender... Y el final, dramático, en que Nate entierra a su mujer como ella hubiese querido, sin ataud, sin lápida, sin nada especial, es terrible.
Otro acierto de la temporada es ubicar al fin bien a Claire. Sus escarceos en el instituto de chica rebelde le iban al personaje, pero aportaban poco, y su relación con Billy Chenowith estaba bastante cogida por los pelos. Ahora al fin le dan un propósito al personaje, como es convertirse en artista, y un plantel de personajes que se mueven a su alrededor: Russell, su novio, el profesor de arte, y posteriormente la pandilla de artista. Claire crece bastante como personaje. Por contra Ruth Fisher tiene que lidiar con el que seguramente sea el único personaje malogrado de la serie: el freak que entra como ayudante en la funeraria, y que no consigue en ningún momento ser más que repelente. Un pero que tiene también esta temporada es la poca implicación en la misma de Brenda, lógica, ya que se ha cortado su relación con Nate. De todas maneras los peros son lo de menos. A estas alturas los personajes me tienen ya ganados y me importa demasiado lo que pase con ellos.
La cuarta temporada quizás sea la más floja de todas. Esta llena de elecciones que dan una de cal y una de arena. A favor la mayor presencia de Rico como personaje principal, la reaparición de Brenda (aunque su historia con Joe queda interrumpida abruptamente) y la estabilidad de Ruth gracias al sereno personaje de George, interpretado por el magistral James Cromwell. Otro de esos personajes excelentes, con más silencios que palabras y que aporta mucho en su relación con la madre. Pero por contra nos encontramos con la historia de David, humillado en un robo, que aunque de nuevo el autor se sale choca en demasía con el carácter de la serie. Además los devaneos homosexuales de Claire parecen un poco cogidos por los pelos. Pero seguramente lo peor, el clímax de la temporada es la irrupción de la familia de Lysa y el intento de explicar su muerte, con lo que le quita toda la magia a la desaparición de Lysa. Además, no podían haber elegido un camino más trillado (tenía una aventura con su cuñado y tal...)
La quinta y última temporada empieza más o menos como va el resto de la serie: El cambio psíquico del personaje de George quizás es demasiado radical, pero sirve para remover a Ruth Fisher, que se había quedado estancada en esa relación. La evolución de los personajes sigue de manera lógica: David y Keith ya se han asentado como pareja y ahora se lanzan en la búsqueda de apadrinar a un hijo. Claire vuelve a cambiar de ámbito y deja el mundo artístico para "reintegrarse" en la sociedad, donde no encaja en absoluto. Y Nate vuelve a su turbulenta relación con Brenda, llena como de constumbres de inseguridades y constantes enfrentamientos. Brenda gana mucho como personaje cuando cuenta con Nate a su alrededor, y lo mismo le pasa a él. La temporada va oscilando sin que pase nada más allá de lo reseñable (el abandono de George, un nuevo interés romántico para Claire, la reconciliación de Rico y Vanesa, el embarazo de Brenda...) hasta que pasa. Tras un flirteo de Nate con la hija de George éste tiene una ambolia y muere. La serie vuelve a dispararse y de qué manera. Los últimos cuatro o cinco capítulos lo tienen todo lo que ha sido esta serie: Sentimientos, muerte, excentricidad, toques de humor, drama a flor de piel... personajes perfectamente escritos en situaciones límite.
Cuando hablamos de los últimos cinco minutos del último capítulo de la última temporada se me pone la gallina de piel. Digo sin temor a equivocarme que, tras seguir las andanzas de estos personajes durante setenta episodios esto se convierte en el mejor momento de ficción que he visto nunca en Televisión. Las visiones de Claire Fisher cuando abandona al hogar es tan conmovedora que me tuvo llorando (literalmente) delante de la pantalla. Es simplemente perfecta y el inigualable colofón de una de las mejores series que he visto: A dos metros bajo tierra.
A dos metros bajo tierra es un proyecto que nace de la mente de Alan Ball, guionista de la excelente American Beauty, pero que queda como un trabajo menor en comparación alos devaneos de la familia Fisher. En el primer capítulo vemos como Nathaniel Fisher, el patriarca muere en un accidente de autobús y a partir de ahí su negocio, una funeraria, pasa a ser regentado por sus hijos: Nate y David. El argumento no nos dice nada, más allá de que todos los capítulos empiezan con la muerte de uno de los futuros clientes de los Fisher, anecdótica en la mayoría de las ocasiones. Pero lo de menos es de qué trata la serie. Solo son personas, que viven, que quieren salir adelante, que se equivocan o aciertan en sus elecciones, y siguen intentándolo. Esta es una serie sobre personajes.
El trabajo hecho con todos y cada uno de los personajes de Six Feet Under es simplemente perfecto. La sutileza, gama y complejidad en personajes como Brenda Chenowith o David Fisher no ha sido superada. Son cinco temporadas enormes, en que consiguen unos personajes terriblemente humanos y reales. Como solía decir en su momento, solo el retrato de la novia del psicologo del colegio de Claire tiene más matices de personalidad que todo el reparto de Friends junto.
Además la serie apunta un ligero toque de extravagancia que la hace escapar del dramón. Los personajes visualizan sus fantasías delante nuestro, y en más de una ocasión se ponen a hablar con muertos. Así pues las apariciones imaginadas de Nathaniel Fisher le convierten en el rey de la función cada vez que sale. Durante las dos primeras temporadas la serie apunta sobretodo hacia el humor negro, con unos disparatados anuncios de productos funerarios intercalados entre los capítulos. Lo importante es como poco a poco nos van calando las relaciones personales de estos personajes, siempre visto desde una vertiente adulta e inteligente.
Desglosemos un poco: La primera temporada es donde la serie se asienta. Es donde tiene más protagonismo el personaje de Nathaniel y la utilización del humor negro, que tan bien sienta a la serie. Estas primeras temporadas se centran en especial en la relación surgida entre Nate y Brenda, con unas bases muy poco sólidas y sobretodo en la salida del armario de David Fisher. Hay que hacer un inciso para hablar aquí de la que seguro ha sido la mejor relación homosexual jamás creada en la ficción. La relación entre David y Keith (con sus altibajos, sus quiero y no puedo, sus te dejo y vuelvo) es uno de los pilares de la serie y reconozco que el novio de David me tiene ganado (pues no me he pasado temporadas temiendo que rompiesen) Es una relación real, viva, que no se limita a "heterolarizarse" sino que ahonda en el mundo homosexual, con la doble moral de la sociedad, el secretismo, la promiscuidad, las "locas"... Es cierto, que a día de hoy, esta primera temporada se puede notar demasiado anticuada, al tratar el tema gay como si nos estuviera impactando mucho, cuando a día de hoy es algo más que superado. A todo esto ayuda, y de qué manera, el impresionante papelón de Michael C. Hall que se sale en todos y cada uno de los capítulos emitidos, ya que no hay nadie que no haya pensado que este actor debiera ser gay en la vida real. Es sobretodo en los momentos de David Fisher cuando la serie te agarra en esta primera temporada. Con la madre, Ruth, no tienen muy claro que hacer en un principio y Claire se mueve en el ambiente demasiado típico de adolescente marginada y rebelde que coquetea con las drogas y los chicos malos, que sinceramente no interesa demasiado.
El paso a la segunda temporada apenas se nota. Quizás se abandona un poco el humor negro por un humor más sofisticado e inteligente. A esto ayuda como crece en protagonismo Brenda y su esperpéntica familia. Nate y Brenda van ganando el pulso en la segunda temporada, pues la relacion entre Keith y David se asienta y consolida, con lo que no da tampoco mucho de qué hablar. De nuevo Brenda demuestra ser un personaje con un sinfín de matices y la espiral sexual de autodestrucción en la que va cayendo es muy sugerente, a la par que coherente con el personaje. Un acierto muy divertido es encontrarle pareja a Ruth Fisher, el florista polaco, que tiene alguno de los mejores momentos de la temporada. El final, con la aparición de Lily Tailor y su embarazo, y en especial el capítulo final consigue que te enganches a la serie definitivamente. Lo sé, porque yo me enganché hace un par de años y he tenido que esperar hasta ahora para ver la serie completa.
El fandom asegura que a partir de aquí la serie se va al traste. y de verdad es algo que no entiendo. Es cierto que la serie no tiene tantos puntos de humor negro como al principio. Pero ha ganado en madurez y en inteligencia un abismo. Que se borren los que querían seguir la serie para echarse unas risas. A dos metros bajo tierra es más que eso. Lo siento mucho por los que ven a partir de esta tercera temporada solo "un culebrón barato". Demuestran una peligrosa superficialidad, porque las historias personales y los dramas pueden seguir siendo excelentes si están escritos como lo está Six Feet Under. Si no que se maravillen con el impactante final de esta tercera temporada, donde a mitad de temporada desaparece bruscamente la mujer de Nate Fisher (sí, esa que él mismo estaba deseando perder de vista) Y los capítulos de la incertidumbre de qué ha pasado con Lisa son memorables. Los personajes nos transmiten su desazón, sus miedos, su incertidumbre ante lo que no pueden entender... Y el final, dramático, en que Nate entierra a su mujer como ella hubiese querido, sin ataud, sin lápida, sin nada especial, es terrible.
Otro acierto de la temporada es ubicar al fin bien a Claire. Sus escarceos en el instituto de chica rebelde le iban al personaje, pero aportaban poco, y su relación con Billy Chenowith estaba bastante cogida por los pelos. Ahora al fin le dan un propósito al personaje, como es convertirse en artista, y un plantel de personajes que se mueven a su alrededor: Russell, su novio, el profesor de arte, y posteriormente la pandilla de artista. Claire crece bastante como personaje. Por contra Ruth Fisher tiene que lidiar con el que seguramente sea el único personaje malogrado de la serie: el freak que entra como ayudante en la funeraria, y que no consigue en ningún momento ser más que repelente. Un pero que tiene también esta temporada es la poca implicación en la misma de Brenda, lógica, ya que se ha cortado su relación con Nate. De todas maneras los peros son lo de menos. A estas alturas los personajes me tienen ya ganados y me importa demasiado lo que pase con ellos.
La cuarta temporada quizás sea la más floja de todas. Esta llena de elecciones que dan una de cal y una de arena. A favor la mayor presencia de Rico como personaje principal, la reaparición de Brenda (aunque su historia con Joe queda interrumpida abruptamente) y la estabilidad de Ruth gracias al sereno personaje de George, interpretado por el magistral James Cromwell. Otro de esos personajes excelentes, con más silencios que palabras y que aporta mucho en su relación con la madre. Pero por contra nos encontramos con la historia de David, humillado en un robo, que aunque de nuevo el autor se sale choca en demasía con el carácter de la serie. Además los devaneos homosexuales de Claire parecen un poco cogidos por los pelos. Pero seguramente lo peor, el clímax de la temporada es la irrupción de la familia de Lysa y el intento de explicar su muerte, con lo que le quita toda la magia a la desaparición de Lysa. Además, no podían haber elegido un camino más trillado (tenía una aventura con su cuñado y tal...)
La quinta y última temporada empieza más o menos como va el resto de la serie: El cambio psíquico del personaje de George quizás es demasiado radical, pero sirve para remover a Ruth Fisher, que se había quedado estancada en esa relación. La evolución de los personajes sigue de manera lógica: David y Keith ya se han asentado como pareja y ahora se lanzan en la búsqueda de apadrinar a un hijo. Claire vuelve a cambiar de ámbito y deja el mundo artístico para "reintegrarse" en la sociedad, donde no encaja en absoluto. Y Nate vuelve a su turbulenta relación con Brenda, llena como de constumbres de inseguridades y constantes enfrentamientos. Brenda gana mucho como personaje cuando cuenta con Nate a su alrededor, y lo mismo le pasa a él. La temporada va oscilando sin que pase nada más allá de lo reseñable (el abandono de George, un nuevo interés romántico para Claire, la reconciliación de Rico y Vanesa, el embarazo de Brenda...) hasta que pasa. Tras un flirteo de Nate con la hija de George éste tiene una ambolia y muere. La serie vuelve a dispararse y de qué manera. Los últimos cuatro o cinco capítulos lo tienen todo lo que ha sido esta serie: Sentimientos, muerte, excentricidad, toques de humor, drama a flor de piel... personajes perfectamente escritos en situaciones límite.
Cuando hablamos de los últimos cinco minutos del último capítulo de la última temporada se me pone la gallina de piel. Digo sin temor a equivocarme que, tras seguir las andanzas de estos personajes durante setenta episodios esto se convierte en el mejor momento de ficción que he visto nunca en Televisión. Las visiones de Claire Fisher cuando abandona al hogar es tan conmovedora que me tuvo llorando (literalmente) delante de la pantalla. Es simplemente perfecta y el inigualable colofón de una de las mejores series que he visto: A dos metros bajo tierra.
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