Hoy es un día difícil. Por primera vez en los últimos cuatro meses no había un capítulo de Six Feet Under esperándome en la cinta de video. Ayer mismo acabé de ver A dos metros bajo tierra, que considero de lo mejor que nunca se ha hecho en televisión. Dejándome llevar por las sensaciones que me ha dejado el último capítulo la pondré casi casi a la par con Doctor en Alaska, algo que creí nunca iba a suceder.
A dos metros bajo tierra es un proyecto que nace de la mente de Alan Ball, guionista de la excelente American Beauty, pero que queda como un trabajo menor en comparación alos devaneos de la familia Fisher. En el primer capítulo vemos como Nathaniel Fisher, el patriarca muere en un accidente de autobús y a partir de ahí su negocio, una funeraria, pasa a ser regentado por sus hijos: Nate y David. El argumento no nos dice nada, más allá de que todos los capítulos empiezan con la muerte de uno de los futuros clientes de los Fisher, anecdótica en la mayoría de las ocasiones. Pero lo de menos es de qué trata la serie. Solo son personas, que viven, que quieren salir adelante, que se equivocan o aciertan en sus elecciones, y siguen intentándolo. Esta es una serie sobre personajes.
El trabajo hecho con todos y cada uno de los personajes de Six Feet Under es simplemente perfecto. La sutileza, gama y complejidad en personajes como Brenda Chenowith o David Fisher no ha sido superada. Son cinco temporadas enormes, en que consiguen unos personajes terriblemente humanos y reales. Como solía decir en su momento, solo el retrato de la novia del psicologo del colegio de Claire tiene más matices de personalidad que todo el reparto de Friends junto.
Además la serie apunta un ligero toque de extravagancia que la hace escapar del dramón. Los personajes visualizan sus fantasías delante nuestro, y en más de una ocasión se ponen a hablar con muertos. Así pues las apariciones imaginadas de Nathaniel Fisher le convierten en el rey de la función cada vez que sale. Durante las dos primeras temporadas la serie apunta sobretodo hacia el humor negro, con unos disparatados anuncios de productos funerarios intercalados entre los capítulos. Lo importante es como poco a poco nos van calando las relaciones personales de estos personajes, siempre visto desde una vertiente adulta e inteligente.
Desglosemos un poco: La primera temporada es donde la serie se asienta. Es donde tiene más protagonismo el personaje de Nathaniel y la utilización del humor negro, que tan bien sienta a la serie. Estas primeras temporadas se centran en especial en la relación surgida entre Nate y Brenda, con unas bases muy poco sólidas y sobretodo en la salida del armario de David Fisher. Hay que hacer un inciso para hablar aquí de la que seguro ha sido la mejor relación homosexual jamás creada en la ficción. La relación entre David y Keith (con sus altibajos, sus quiero y no puedo, sus te dejo y vuelvo) es uno de los pilares de la serie y reconozco que el novio de David me tiene ganado (pues no me he pasado temporadas temiendo que rompiesen) Es una relación real, viva, que no se limita a "heterolarizarse" sino que ahonda en el mundo homosexual, con la doble moral de la sociedad, el secretismo, la promiscuidad, las "locas"... Es cierto, que a día de hoy, esta primera temporada se puede notar demasiado anticuada, al tratar el tema gay como si nos estuviera impactando mucho, cuando a día de hoy es algo más que superado. A todo esto ayuda, y de qué manera, el impresionante papelón de Michael C. Hall que se sale en todos y cada uno de los capítulos emitidos, ya que no hay nadie que no haya pensado que este actor debiera ser gay en la vida real. Es sobretodo en los momentos de David Fisher cuando la serie te agarra en esta primera temporada. Con la madre, Ruth, no tienen muy claro que hacer en un principio y Claire se mueve en el ambiente demasiado típico de adolescente marginada y rebelde que coquetea con las drogas y los chicos malos, que sinceramente no interesa demasiado.
El paso a la segunda temporada apenas se nota. Quizás se abandona un poco el humor negro por un humor más sofisticado e inteligente. A esto ayuda como crece en protagonismo Brenda y su esperpéntica familia. Nate y Brenda van ganando el pulso en la segunda temporada, pues la relacion entre Keith y David se asienta y consolida, con lo que no da tampoco mucho de qué hablar. De nuevo Brenda demuestra ser un personaje con un sinfín de matices y la espiral sexual de autodestrucción en la que va cayendo es muy sugerente, a la par que coherente con el personaje. Un acierto muy divertido es encontrarle pareja a Ruth Fisher, el florista polaco, que tiene alguno de los mejores momentos de la temporada. El final, con la aparición de Lily Tailor y su embarazo, y en especial el capítulo final consigue que te enganches a la serie definitivamente. Lo sé, porque yo me enganché hace un par de años y he tenido que esperar hasta ahora para ver la serie completa.
El fandom asegura que a partir de aquí la serie se va al traste. y de verdad es algo que no entiendo. Es cierto que la serie no tiene tantos puntos de humor negro como al principio. Pero ha ganado en madurez y en inteligencia un abismo. Que se borren los que querían seguir la serie para echarse unas risas. A dos metros bajo tierra es más que eso. Lo siento mucho por los que ven a partir de esta tercera temporada solo "un culebrón barato". Demuestran una peligrosa superficialidad, porque las historias personales y los dramas pueden seguir siendo excelentes si están escritos como lo está Six Feet Under. Si no que se maravillen con el impactante final de esta tercera temporada, donde a mitad de temporada desaparece bruscamente la mujer de Nate Fisher (sí, esa que él mismo estaba deseando perder de vista) Y los capítulos de la incertidumbre de qué ha pasado con Lisa son memorables. Los personajes nos transmiten su desazón, sus miedos, su incertidumbre ante lo que no pueden entender... Y el final, dramático, en que Nate entierra a su mujer como ella hubiese querido, sin ataud, sin lápida, sin nada especial, es terrible.
Otro acierto de la temporada es ubicar al fin bien a Claire. Sus escarceos en el instituto de chica rebelde le iban al personaje, pero aportaban poco, y su relación con Billy Chenowith estaba bastante cogida por los pelos. Ahora al fin le dan un propósito al personaje, como es convertirse en artista, y un plantel de personajes que se mueven a su alrededor: Russell, su novio, el profesor de arte, y posteriormente la pandilla de artista. Claire crece bastante como personaje. Por contra Ruth Fisher tiene que lidiar con el que seguramente sea el único personaje malogrado de la serie: el freak que entra como ayudante en la funeraria, y que no consigue en ningún momento ser más que repelente. Un pero que tiene también esta temporada es la poca implicación en la misma de Brenda, lógica, ya que se ha cortado su relación con Nate. De todas maneras los peros son lo de menos. A estas alturas los personajes me tienen ya ganados y me importa demasiado lo que pase con ellos.
La cuarta temporada quizás sea la más floja de todas. Esta llena de elecciones que dan una de cal y una de arena. A favor la mayor presencia de Rico como personaje principal, la reaparición de Brenda (aunque su historia con Joe queda interrumpida abruptamente) y la estabilidad de Ruth gracias al sereno personaje de George, interpretado por el magistral James Cromwell. Otro de esos personajes excelentes, con más silencios que palabras y que aporta mucho en su relación con la madre. Pero por contra nos encontramos con la historia de David, humillado en un robo, que aunque de nuevo el autor se sale choca en demasía con el carácter de la serie. Además los devaneos homosexuales de Claire parecen un poco cogidos por los pelos. Pero seguramente lo peor, el clímax de la temporada es la irrupción de la familia de Lysa y el intento de explicar su muerte, con lo que le quita toda la magia a la desaparición de Lysa. Además, no podían haber elegido un camino más trillado (tenía una aventura con su cuñado y tal...)
La quinta y última temporada empieza más o menos como va el resto de la serie: El cambio psíquico del personaje de George quizás es demasiado radical, pero sirve para remover a Ruth Fisher, que se había quedado estancada en esa relación. La evolución de los personajes sigue de manera lógica: David y Keith ya se han asentado como pareja y ahora se lanzan en la búsqueda de apadrinar a un hijo. Claire vuelve a cambiar de ámbito y deja el mundo artístico para "reintegrarse" en la sociedad, donde no encaja en absoluto. Y Nate vuelve a su turbulenta relación con Brenda, llena como de constumbres de inseguridades y constantes enfrentamientos. Brenda gana mucho como personaje cuando cuenta con Nate a su alrededor, y lo mismo le pasa a él. La temporada va oscilando sin que pase nada más allá de lo reseñable (el abandono de George, un nuevo interés romántico para Claire, la reconciliación de Rico y Vanesa, el embarazo de Brenda...) hasta que pasa. Tras un flirteo de Nate con la hija de George éste tiene una ambolia y muere. La serie vuelve a dispararse y de qué manera. Los últimos cuatro o cinco capítulos lo tienen todo lo que ha sido esta serie: Sentimientos, muerte, excentricidad, toques de humor, drama a flor de piel... personajes perfectamente escritos en situaciones límite.
Cuando hablamos de los últimos cinco minutos del último capítulo de la última temporada se me pone la gallina de piel. Digo sin temor a equivocarme que, tras seguir las andanzas de estos personajes durante setenta episodios esto se convierte en el mejor momento de ficción que he visto nunca en Televisión. Las visiones de Claire Fisher cuando abandona al hogar es tan conmovedora que me tuvo llorando (literalmente) delante de la pantalla. Es simplemente perfecta y el inigualable colofón de una de las mejores series que he visto: A dos metros bajo tierra.
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