Salíamos de la etapa de Mark Waid y el malogrado Mike Wieringo, con sus luces y sombras, con las esperanza de la inminente llegada de Joe Michael Straczinsky, la gran esperanza blanca, por aquel entonces. No en vano el bueno de Joe estaba haciendo el trabajo de su vida en Spiderman, devolviendo el interés al bueno del arácnido por difícil que pueda parecer. Vale, a sus primeros treinta números le siguió la metedura de pata del lustro, que se llamó Sin Past. Pero además de la revolución del amigo y vecino hay que contar también con el buen hacer que mostraba en Supreme Power, revisión en plan realista del más bien soso Escuadrón Supremo. Y mirando más lejos en el horizonte tenemos que tener presente que JMS alcanzó su fama gracias a la serie de televisión Babilon 5, refrito de Star Trek que ganó adeptos hace cosa de una década. Realmente las pocas veces que me he acercado a la serie me he aburrido sobremanera, así que no debiera ser un referente, pero sí es importante que un guionista en los Cuatro Fantásticos sepa tocar el ámbito de la ciencia ficción. Parece que el guionista con el nombre más raro de Marvel era la mejor elección idónea para la Primera Familia. ¡Cuán equivocados estábamos!
Las primeras cinco páginas de JMS prometen todo lo que se puede esperar de este autor: Reed Richards siguiendo la evolución de un planeta extraterrestre. Ciencia Ficción pura y dura. Los mimbres parecían excelentes. Vale, las bromas 4F eran un poco torpes y muy lejos del excelente toque de humor que tenía spiderman, y que también contábamos que tenía que ir perfecto para Ben, Johnny y compañía.
La primera saga de Joe es un pedazo de retcon que no tiene nada que envidiar al de los primeros números de Spiderman con Ezequiel. En este caso JMS nos explica que el accidente que dio los poderes a los cuatro fantásticos no fue tal, sino que fue una señal de una raza extraterrestre enviada para que alguien supiese de su existencia. Es una idea cautivadora y con muchas posibilidades. La saga no cuaja porque se hace demasiado larga, con dos o tres números sin demasiada chicha, y porque peca de obvia. La idea tras ella es buena, pero se tuerce cuando aparece el alienígena que había mandado el mensaje, huyendo de una cruzada en contra del conocimiento (¡!) hasta el preBig Bang y allí haciendo nacer el universo con el conocimiento como base. Sí, suena retorcido, la saga se va por los cerros de Úbeda en algunos momentos, pero se agradecen la ideas, que es más de lo que vendrá después.
A partir de aquí Strackzinsky deja de escribir los 4F. (Pues sí que va a durar poco el artículo, pensarán algunos) Lastimosamente Joe seguirá cobrando el cheque mensual de los Cuatro Fantásticos y firmando como guionista, pero lo que escribe ya no son los 4F es “la colección donde enseñamos cosas que pasan en el universo Marvel”
El primer paso será un enfrentamiento entre la Cosa y la Masa. Puede pasar porque es un clásico en la colección pero no nos esconden que esto es en verdad una previa a Planet Hulk. O sea, Hulk debido a exponerse a una explosión gamma enloquece (sí, en los tiempos de Peter David se había dicho que moría, pero bueno) y se dedica a arrasar las Vegas. Estas historias dejaron de ser divertidas en los setenta, la verdad. Y JMS no trae consigo ni una sola idea que mencionar. Hulk enloquecido y tiene que llegar Ben para hacerle reaccionar a base de encajar golpes y hablar con él. Lo más típico del mundillo. Toda la saga en sí es un pretexto, como decimos, para preparar el evento del gigante esmeralda del próximo año, tal como apunta, no de manera demasiado sutil el final. Y al menos por lo que vemos en este enfrentamiento no es que el nivel de destrucción en esta ocasión sea tan atroz y considerable como para terminar con la solución definitiva de los Illuminati. A eso ayuda el dibujo de McKone que no suele pasar de correcto en sus mejores momentos. No es mal dibujante, y dibuja una Cosa realmente buena… pero ahí acaban sus méritos. Es un dibujante demasiado poco imaginativo para acabar con los 4F y sobretodo fracasa en hacer interesante las soporíferas escenas de diálogos de Strackzinsky , que encima es lo que más le va a tocar dibujar una y otra vez. Es posible que nadie pueda salir airoso de esas escenas interminables y ridículas, pero Romita Jr. Y Garney en Spiderman demuestran que son bastante mejores narradores que el dibujante de los 4 Fantásticos. (vale, sé que es demagogia comparar a McKone con una leyenda en activo o el mejor narrador de la actualidad, pero qué quereis. Si me he pasado meses llamándole el nuevo Paul Ryan) En lo que sí hay consenso es en que su entintador es de los peores de la plantilla, ya que solo tiene un tipo de línea, extremadamente fina y que, creo destroza bastante el resultado final.
Bueno, a lo que íbamos. Joe sigue con su máster en vagancia y directamente se dedica a fusilar páginas de los illuminati, esa tontería de Bendis que agrupa de manera secreta durante años a personajes que nunca compartirían mesa , y que como todo en esta serie no deja de ser un prólogo hacia lo que vendrá. En este caso la Civil War. Como venimos repitiendo Strackzinsky ya hace tiempo que anda por la colección sin tener que pensar nada nuevo: los argumentos le vienen de otras series o de la plana mayor de Marvel. Los subargumentos no dejan de ser ridículos y están torpemente ejecutados. El de la cosa es rico es de vergüenza ajena, y lo de la custodia de los hijos Richards es tan previsible, como repetir tres veces la misma escena (pretendidamente graciosa) y convencer a asuntos sociales de la manera más obvia posible. Además hay que aguantar en cada capítulo unos toques de humor lamentables. Quien nos lo iba a decir con lo que disfrutábamos del divertido diálogo en Spiderman. Aquí el tipo de humor es totalmente contrario. Se trata de tomar a los personajes, con Johnny y Ben a la cabeza, como si fuesen idiotas y verlos en situaciones idiotas. Además que el hecho de que McKone planifique todas las escenas graciosas igual (Comentario “gracioso” en una viñeta, viñeta en silencio-viñeta en silencio- viñeta en silencio-réplica “graciosa”) termina por hacer insufrible la mayoría de estos momentos.
La siguiente saga vuelve a incidir en lo mismo. Esta vez parece que alguien dijo en Marvel que había que volver a relanzar la serie de Thor y Joe que pasaba por allí dijo “ya tengo argumento nuevo” Pues eso, que el descubrimiento del martillo de Thor es el leitmotiv para que JMS siga rellenando números horrorosos de algo que lleva el título de los Cuatro Fantásticos en la cabecera. Aparece el martillo de Thor en la tierra y el Dr. Muerte pretende hacerse con él. Por cierto el desarrollo es tan torpe como no enseñar el objeto que se busca hasta el final, cuando el título y la portada ya lo habían enseñado previamente. Pues eso, que el gran villano de Marvel intenta levantar el objeto que solo lo podrá levantar alguien digno de ello y fracasa. A pesar de las tramposas (y buenas) portadas de McKone, no deja de ser una pérdida de tiempo, pues es el único resultado lógico. En medio de ello un tópico enfrentamiento contra el Dr. Muerte (y sus aburridos muertebots) y los 4F, de nuevo sin nada por destacar. Todo en Straczinsky parece estar escrito con plantilla. Su tratamiento del Doctor Muerte no es que desentone o sea una herejía, pero no hay un ápice de interés en el que aferrarse. Vale que el Dr. Muerte de Waid podía tener sus más y sus menos, pero al menos el personaje despertaba interés. Correremos un tupido velo a que después haya una cola intentando levantar el martillo hasta que un tal D.B. lo consigue. Sí, como veis todo muy “4F”
Y a partir de aquí la serie se ve impregnada por la infame Guerra Civil. Para más inri, los 4F en general y Reed Richards en particular tienen un papel crucial en la Civil Mierda, por lo que toda la serie se ve imbuída por completo por la saga de millar y compañía. Y eso solo puede significar una cosa: Cuesta abajo y sin frenos. El primer par de episodios mantienen el mismo nivel que la colección mantiene hasta ahora. Centrados en la Cosa y en su relación con la calle Yancy no dejan de ser los típicos planteamientos aburridos y sin gracia que ha tenido la colección en el último año. Destaca además que JMS ha descubierto una manera aún más vaga de trabajar a la que tenía hasta ahora, como es utilizar una misma idea para todas sus series. Así que nos tenemos que tragar el aburrido combate entre los pro y los antiregistro tanto en los cuatro Fantásticos como en Spiderman, con el Amo de las marionetas y el Pensador más planos que se hayan visto nunca pululando por allí sin saber muy bien para qué. Todo acaba con Ben Grimm incapaz de decantarse por un grupo u otro y decidiendo que se va del país. Una muestra más de la estúpida dicotomía de Civil war, en que alguien ya registrado no puede mantenerse pasivo, sino que ha de ir a luchar contra todos sus amigos. O irse del país como hace el bueno de Ben.
Y si hasta aquí la serie mantiene su nivel de “serie aburrida hasta la naúsea y ejecutada torpemente” ahora pasa a caer más bajo de lo que se podría llegar a esperar. Sí, hablamos de Reed Richards. Puede que la culpa inicial no sea del guionista, ya que el hecho de que Richards sea la mano derecha de Tony Stark en la tontería War seguro que viene de más arriba: de Quesada, Millar y Bendis, que lo puso dentro de los illuminatti y a partir de ahí se decidió ya cual sería su bando. Y Straczinsky tiene que lidiar con eso. Pero sinceramente, no se puede hacer peor ni queriendo. JMS escribe un Reed Richards lamentable, que no puede dar ni una sola razón de porque hace lo que hace (y cuando hacer lo que hace incluye construir un Thor clon o un campo de concentración en la Zona Negativa a lo mejor tiene que dar alguna explicación) Y a pesar de que todos, TODOS, los que pasan por la serie están viendo que es una equivocación Reed simplemente aparece como un cobarde lamentable que intenta evitar el hacer lo que tiene que hacer. Así llegamos a la escena en que Susan Richards no aguanta más al lamentable de su marido y decide irse de casa, y ni así reacciona. Vamos, si el guionista de los 4F hubiese sido el Dr. Muerte no hubiese hecho tanto daño a Richards. Pero aún no se ha acabado, pues con la llegada de Tony y Peter Parker (excusa suficiente para que un diálogo sirva para dos colecciones a la vez) Richards al fin da su versión de por qué está en el bando proregistro. Y nos cuenta la historia de su tío, que luchó, se rebeló contra el Macarthysmo y pagó por ello… y eso a Reed le abrió los ojos de que no hay que ir contra las leyes injustas. Joder, si su tío hubiese estado vivo le daba un par de mantecados a sus sobrino. Macho, es que si es por Reed coge a su tío y lo encierra en la Zona Negativa. Si esta es la única idea que se te va a ocurrir para defender a tu personaje, pues es casi mejor dejarlo sin defensa.
Y así acaba JMS en los 4F. El último capítulo es una boutade de Ben Grimm en Francia, con una excusa para meter los mismos chistes tontos de toda la etapa, centrada en estereotipos franceses en este caso. Sin saber muy bien por qué Joe Michael deja el barco al mitad del paseo, supuestamente para relanzar Thor próximamente (pues ya es tontería si ya la estaba relanzando en los 4F) Pero vamos, que creo que nadie lo va a echar de menos. No es que hiciese bueno a Waid… ¡Es que casi hace bueno a Claremont! Bien se puede hablar de una de las peores etapas de los Cuatro Fantásticos, en el que hay que hacer un gran esfuerzo de memoria para encontrar un solo momento decente, y todo con una falta de ideas y una capacidad de trabajo mínima. Vamos, que la gran esperanza blanca que se esperaba ha sido el fiasco del siglo. Y mientras un par de fill-in de Karl Kesel que dejaban en evidencia al autor estrellal y demostraban quien debería ser el guionista de los 4F, aunque otra vez se va a quedar en el banquillo. A corto plazo el desconocido McDuffie revolucionará a la primera Familia y en el horizonte aparecen la pareja Millar y Hitch para hacer saltar los números de ventas de los 4F e intentar que vuelva a ser, como no lo es desde hace mucho, “el cómic más grande del mundo”
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