Los Soprano en moto. Es una retahíla que ha acompañado a los Hijos de la Anarquía desde el principio de sus andanzas y hombre, es algo injusto para cualquier serie. Verse en la tesitura de emular a Toni Soprano y compañía es hacerle flaco favor. Los soprano es mucho más que una familia de gangster, que es el aspecto en el que tienen algo de consonancia, y los chicos de Charming no tienes ese punto extravagante que acompañaba a la serie de David Chase. No voy a poner a parir a Sons of Anarchy por no estar a nivel de una de las series del presente siglo. Todo lo contrario, que se plantee dicha comparación ya habla a las claras que estamos ante una de las series del momento.
Hijos de la Anarquia nos hablad de SAMCRO, un club de moteros de una pequeña ciudad de Cailifornia. Lo cierto es que la importancia de que sea un club de moteros apenas tiene incidencia en la primera temporada de la serie, donde se incide más en la idiosincrasia del club, analizando que significa estar dentro del club, o las diferentes facciones dentro del mismo, pero es algo que se deja de lado a favor de las relaciones personales dentro del club y los asuntos ilegales que maneja.
EL protagonista absoluto de SOA es Jax Teller, el hijo de un cofundador del club, que ve como ahora el mejor amigo de áquel, que está casado con su madre, lleva al club por derroteros distinto con los que soñaba su padre. La verdad es que solo falta que se le aparezca el fantasma de John Teller para ser mas Shakesperariano. Las diferencias entre Teller y Clay Morrow (lujazo contar con Ron Perlman que tiene el carisma necesario como líder, como la mala leche para darle ambigüedad a su rol) va a ser en mayor o menor medida un motor para las motivaciones de Jax y la serie.
Una cosa que me gusta de SOA es que no se ve con la necesidad inmediata de sobreescribir. De las cosas te vas enterando de forma natural. No se empeña en subrayarte desde el principio todas las relaciones y conexiones que ya están pensadas en la serie. Si un personaje tiene filiación directa con Irlanda y el IRA nos enteramos cuando la evolución de las tramas lleva hasta allí. Por eso la sensación es que muchos personajes que a las postre van a ser secundarios importantes y que tienen su historia concebida dentro de la mente de los creadores, simplemente andan por detrás de plano, y pintan poco hasta que la historia les lleva a tener un papel más principal.
También es verdad que Kurt Sutter (el creador de la serie, que se reserva para él el papel de Otto, un hermano que está en la cárcel) se ha construido un escenario a su medida, incluso en exceso. Charming es toda una ciudad sin ley, donde la policía local no pinta nada, y si pinta es a favor de la delincuencia, y vemos pasar por el pueblo un quien es quien de todo el sindicato del crimen que haga falta: Moteros, chicanos, negros, chinos, rusos, terroristas… Vamos, que no falta ninguno, según le convenga a la historia.
Precisamente el papelón que tiene la policía local, con el sheriff como amiguete de Clay y sobretodo de Gemma, es un hándicap, ya que parece que no exista antagonista en la serie. Si el transfondo es que al final Clay Morrow y Jax Teller partirán peras y terminarán como enemigos, y esa dinámica va acrecentando la serie. Pero en el inmediato no parece haber ninguna dificultad para SAMCRO, porque los Mayas, la banda rival, nada más aporta tiroteos y persecuciones intrascendentes, de relleno, que sabemos que no van a traer nada significativo, más que aportar momentos de acción falsa con música cañera.
Ésta es una de las cosas que menos me gusta de Sons of Anarchy. La necesidad de implantar escenas de acción por capítulos que no es solo que no aporten nada, si no que restan personalidad a la serie. Una serie con una violencia tan intrínseca no puede permitirse golpear con balas de fogueo. Los tipos duros no lo parecen tanto si tienen el gatillo fácil pero a la hora de la verdad sus disparos no tienen repercusión.
El antangonismo no se soluciona hasta que entra en escena las fuerzas gubernamentales. La ATF, con la malvada agente Stahl a la cabeza, va a ser un quebradero de cabeza para los Hijos de la Anarquía. La serie ahora sí arranca definitivamente en la primera temporada, y se vislumbra el tono trágico que suelen tener las relaciones dentro del seno mafioso. La subtrama que vincula a un miembro de la ATF con la novia de JAX es bastante cogida por los pelos, aunque sirve para afianzar a Dana en la serie y que se acabe un trío amoroso que molestaba más que otra cosa. Pero sobre todo es la jugarreta que le prepara Stahl a Opie, uno de los jóvenes de SAMCRO, poniéndole el cartelito de confidente en la solapa, la que hace acabar la temporada por todo lo alto. La verdad, es que una vez pasado el climax en que Clay decide cargarse a Opie (y termina cargándose a su mujer) hay una resolución demasiado fácil. O sea, no fue muy complicado para nadie encontrar al verdadero confidente y meterle miedo en el cuerpo para que no los delate. Ya lo podían haber hecho un poco antes. Sí, pero el epílogo final de la temporada en el funeral de la muer de Opie con Jax Teller molando como nunca ante la tumba de su padre promete lo mejor para las siguientes temporadas. Estos tres, cuatro últimos capítulos salvan la campaña y pasa de un “no es para tanto” a “progresa adecuadamente”
La segunda temporada va a ser la que consagre definitivamente a los Hijos. Es sin duda una de las mejores temporadas que se han visto últimamente en televisión. Ya desde el principio se vislumbra un in crescendo en todos los sentidos. Unos rivales de entidad real, como son el grupo de arios dentro de Charming, que dan su primer golpe de efecto violando ni más ni menos que a Gemma Teller. La ATF sigue pululando por ahí y haciendo de las suyas, se abren nuevas vías como la entrada en el mundo del porno, y sobre todo las tensiones dentro del grupo van a crecer exponencialmente, cuando el Opiegate sea conocido por Jax.
En esta ocasión Charming sí se encuentra a unos villanos de entidad. El grupo de arios blancos no son un rival al uso a los que se ha enfrentado SAMCRO hasta ahora. No basta con ser más chulos que ninguno y sacar la pistola antes de tiempo. Los hombres de Zobelle demuestran ser más inteligentes que eso, hasta el punto que dejan en ridículo la manera habitual de proceder de Clay y compañía y terminan con sus huesos en la cárcel.
La segunda temporada es sobre todo la temporada de los secretos. Gemma decide ocultar su violación a su marido y al resto del club, y tiene actitudes que nadie puede entender (esta temporada es una de las mejores actuaciones femeninas que he visto recientemente) Igualmente Dana, su única confidente, tiene que esconder la verdad a sus hijo. Y por supuesto Chips y Clay se guardan para sí lo que pasó realmente en el coche de Opie. Los secretos van pudriendo las relaciones. Jax y Clay llegan a una tensión insoportable entre ellos, llegan a las manos, Jax toma la decisión de irse, y parece que no va a haber vuelta atrás… hasta que los guionistas reculan y no se atreven a llegar hasta el final. De repente descubren todo el pastel con Opie… y no pasa nada. Cuatro puñetazos y que no vuelva a pasar y listos. ¿Pero qué haces? Que este secreto está siendo la base de la serie y esa es la transcendencia que le das… Pues vale. Al capítulo siguiente ya era como si no hubiese pasado nada y todos tan amigos.
Y lo mismo me vale para la relación Clay-Jax, que debería estar en un punto de no retorno, pero la revelación de lo que le pasó a Gemma los vuelve a unir contra el enemigo común. Ojo, nada que objetar. La confesión de Gemma es quizás el mejor momento de la serie,y es suficientemente catárquico para conseguir unir a ambos de nuevo, pero las rencillas entre ellos no deben caer en el olvido, como parece sucede de inmediato.
Una vez más, la season finale es impoluta. Con varios frentes abiertos que terminan confluyendo de manera perfecta. Así , los terroristas del Ira que parecían estaban metidos con calzador en la trama terminan teniendo sentido e importancia en la resolución, la agente Stahl termina siendo la ramera que ya iba demostrando, y sobretodo los Hijos de la Anarquía han terminado perdiendo en todo los aspecto. Rochelle consigue huir, Gemma termina siendo una fugitiva y Jax Teller pierde a su hijo en un final de infarto. Sí, señor. Así se hace. Las bases puestas para que la tercera temporada sea la confirmación de que esta es una de las series del momento.
Pues no. La tercera temporada ha sido un quiero y no puedo frustrante desde el principio. Parecía que estaban en una situación de salida inigualable, pero se van a dedicar a marear la perdiz de manera harto fastidiosa. Primero con Gemma, que parecía que la habían puesto entre la espada y la pared, pero al final su huída se ha resultó ser un viajecito de placer para ver a su padre senil y ya está. Cuando quiso volvió a Charming y aquí no pasa nada. El segundo es Jax, dando la paliza buscando a su hijo, como es lógico, pero la cosa se eterniza cosa mala. Todos sabemos dónde está el pequeño Aaron, así que esperar seis capítulos para decidir que se van a Irlanda a por él, pues es un poco plomizo y pesado.
Porque lo que no consigue en esta temporada es conseguir el punto para hacer tramas interesantes y sobretodo creíbles. El rapto y la muerte de la asistenta del padre de Gemma, se nota a la legua que está metido para crear un poco de tensión mientras los moteros deciden donde irse. Es una constante en la temporada. La tensión entre Chips y el nuevo miembro de SAMCRO, que estaban peleados ¡por una perra! EL grupo escindido de los mayas que aparecen más violentos y terminan siendo un secuestro con poco fundamento de Tara y su jefa (se nota mucho que los guionistas tienen problemas para darle argumentos a la novia de Jax) Todo esto va en contra de la serie, que terminas por no creértela, notándose que las cosas no están pasando de manera natural.
Cuando los chicos se van a Irlanda sirve para levantar un poco el vuelo. La verdad es que si Los Hijos quieren a Aaron y los Hijos de Irlanda quieren darles a Aaron… pues parece que están mareando la perdiz más de lo que se debe, distrayendo con otros asuntos. El asunto se salva por la entidad del verdadero maloso de la temporada Jimmy O’Callahan, que respira carisma por los cuatro costados y que tiene más ases en la manga de los que parece. Hay un par de buenos momentos, como la traición del jefe de SAMCRO irlandés a Clay, pero ya cansa el correr hacia otro lado, cuando Jimmy consigue huir para ir a… Charming. Ostras no había ciudad en todo el planeta que elegir ¿eh?
Evidentemente lo que están preparando es otra season finale de estas que tan bien se les ha dado a la serie hasta ahora. Y esta no va a ser una excepción. Con Jax y Stalh jugando al gato y al ratón con el resto de moteros, parece que una traición absoluta se prepara, para llegar al final y todo era una jugada maestra de SAMCRO para cargarse a Jimmy y, zas, a la agente Stahl de un plumazo. Una nuevo órdago en la último capítulo que vuelve a dejar la serie muy arriba, y con ganas de volver a Charming, con la última (y esperada) revelación de John Teller… Pero dos capítulos buenos no salvan una temporada mediocre, ni hacen olvidar que hay relaciones que deberían estar a estas alturas en entredicho. Sons Of Anarchy se ha acostumbrado a que sus buenos momentos le salve de algunas ideas e intenciones altamente mejorables. Los Hijos deberían retomar el buen hacer y la redondez de la segunda temporada (aún con sus defectos) y pulirse un poco si quiere ser recordada como una de las buenas series de la actualidad.