Lewis Hamilton consigue su segundo campeonato del Mundo, siendo fiel a sí mismo, para lo bueno y para lo malo. El piloto es transparente y todos conocemos ya sus virtudes y defectos. Su ambición desmedida por una parte y su irregularidad por exceso que le juegan malas pasadas. Por todo ha pasado este año.
El campeonato empezaba de manera inaudita con la explosión de Mercedes. Después de cuatro años con la dictadura de Red Bull nos encontramos una cosa similar con los Mercedes. Los coches de Rosberg y Hamilton han dado un salto cualitativo este año y han clavado las especificaciones necesarias para directamente pasearse por los circuitos. Una suficiencia incluso superior a la escudería austríaca y que recuerda al “extraño” año de los difusores de Brown. Porque Mercedes ha dominado a todos los efectos en todas las facetas. En clasificaciones no han tenido rival y el resto pugnaba por el tercer puesto. En carrera tenían mayor potencia, sin perder velocidad en las curvas. Y su fiabilidad tampoco ha sido un problema en toda la campaña.
Siendo así, dentro del equipo Hamilton ha demostrado en todo momento ser mejor piloto. Luchando de igual a igual la agresividad de Hamilton respecto a su compañero, y a todos los demás pilotos, pues marca la diferencia. Rosberg ha demostrado ser fiable y ha conseguido resultados, pero parece meridianamente claro que es un piloto que se ha encontrado con un coche por encima de sus posibilidades. Cuando no ha encontrado obstáculos y se ha llevado la pole pues pocos problemas en carrera. Solo tirar de velocidad punta y ganar carreras con el piloto automático. Pero cada vez que se ha tenido que enfrentar a su compañero se le han visto las costuras, y en situaciones torcidas pues no ha sido capaz de levantarlas.
Eso nos lleva a la mentalidad de Hamilton. Que ya sabemos lo que hay. Capaz de reventar su coche aún yendo el primero con ventaja, o complicarse la vida de manera horrible tirando por la borda tres clasificaciones, saliendo en última posición. Y sí, ahí es donde disfrutamos de verdad al verdadero Hamilton. Tirando de agresividad y conducción temeraria nos ha obsequiado con unas remontadas marca de la casa absolutamente extraordinarias. Aunque Rosberg fuese sacando puntos, la sensación es que el piloto inglés estaba salvando match points. Efectivamente así fue. En cuanto Rosberg se vio en una igual demostró que no está al nivel de Lewis, perdió su ventaja y Hamilton fue a cuchillo. Cinco victorias consecutivas y seis de las siete últimas carreras culminaron un merecido campeonato para el inglés.
Con el campeonato decidido (al menos sobre la escudería ganadora) el resto de pilotos se ha dedicado a la vida contemplativa, porque no han podido raspar casi nada. Ricciardo ha sido el que más ha aprovechado la oportunidad y se ha convertido en el tercer hombre. Los Red Bull, aunque empezaron muy irregulares, con el mundial estabilizado se demostraban aún un poco mejor que el resto, y era Ricciardo el único que mostraba algo de interés por ser competitivo. Porque Vettel ha sorprendido para mal en este año. Siendo como pienso uno de los pilotos destacados del circuito parece que le ha pillado a contrapié encontrarse con coches mejor que el suyo, y tampoco parece haber puesto mucho empeño en la temporada, una vez visto que no iba a luchar por el campeonato. Parece que algo raro ha pasado internamente en ese equipo, viendo como ha acabado la situación, y se ha notado en el rendimiento en la pista, lo que habla poco de la profesionalidad del “dedito”
Del resto han destacado más los outsiders que los pilotos contrastados. Corredores como el mencionado Ricciardo o desconocidos como Bottas han dado un aire fresco a las carreras de este año, aunque ni mucho menos se les puede considerar todavía nombres importantes en el circuito o futuros campeones. Alonso ha vuelto a vivir otro año más en el infierno, afortunadamente para él el último. Ya desde el principio se veía las expectativas del equipo, que básicamente eran las mismas que los últimos cinco años. O sea, pasearse por el circuito como si nada. El despido de Domenicali a principio de temporada parecía que podía aportar cosas nuevas y algo más de ilusión, pero cuando no va, pues no va. Es difícil mantener algún tipo de ilusión si aspira a ser sexto como mucho.
Así que se espera con expectativas renovadas la próxima campaña, por los estimulantes cambios de pilotos que ha habido. Vettel ha roto con sus padres deportivos para irse a Ferrari, lo que es una apuesta bastante extraña viendo como se arrastra el Caballino Rampante. Vettel tiene que ganar el órdago y convertir a Ferrari en un coche competitivo de verdad, porque si no sus históricos títulos van a ser más considerados de la escudería que de su propio talento. De allí ha salido huyendo Fernando Alonso, pero en honor de la verdad no había ningún asiento aspirante a campeón con lo que terminará en McClaren, como antaño, pero parece muy difícil que los ingleses den el paso necesario para competir el campeonato. Aunque en ese aspecto todo será un incógnita. Ya este año nos ha sorprendido Mercedes con una progresión inesperada, como años atrás hizo Red Bull. Habrá que ver si para el año pasado mantiene la ventaja técnica o tiene que luchar de tú a tú contra otros. Lo que tenemos claro es que sea como sea, se podrá contar con la agresividad total de Lewis Hamilton. Valedora del segundo campeonato del Mundo.
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