lunes, diciembre 26

ROGUE ONE

En pie y saludando. Así termina uno la nueva película de Star Wars tras un último tercio estupendo como se necesitaba desde hace tiempo, unos tres últimos minutos colosales de un icono de la historia del cine y un último plano que debe hacer estremecer a todo fan de la saga. El sabor de boca es delicioso, estás extasiado por haber conectado como nunca con la saga original y todos son parabienes. ¿Todo? Bueno, nos va a tocar analizar si toda la película responde de igual manera a ese inmejorable final.
Rogue One es el primer spin off que surge de la Guerra de las Galaxias. Es decir, la oportunidad de contar más historias  del universo de George lucas sin necesidad de tocar la trama principal de los Skywalker y la Fuerza. Con lo enorme y jugoso que resulta el escenario a sus pies no deja de ser extraño la elección: Como se consiguieron los planos que ayudarían a destruir la estrella de la Muerte, de los que apenas se hace una frase de mención en toda la saga.
Como las comparaciones con Episodio VII van a ser inevitables no las vamos a esquivar. Desde el principio digo que si en aquella los personajes era lo mejor donde asirse en un argumento cojo, Rogue one tendrá el problema inverso. Sus personajes, aunque tengan algún apunto interesante, pierden veinte a uno en carisma contra Rey, Poe  o Finn.  Jin Herso ejerce como protagonista del film y va dando vaivenes. Pasa de niña descreída a  líder rebelde sin apenas explicación y se queda corta para llevar todo el peso de la película. Peor es su partenaire y Diego Luna que viste como Han Solo pero es lo único que le acerca, porque no puede ser más insípido ni desganado. Y demos gracias a que esquivan el interés romántico porque tenían una química glacial.  Podemos proseguir con el grupeto que se monta, desde un piloto renegado a un monje pseudojedi (parecen fichas del juego de Rol) que la verdad, no consiguen importarnos en demasía ninguno. Vamos que el único personaje que parece rescatable termina siendo el robot de la función.
Ya que estamos con los personajes nos paramos con los malos de la función. Básicamente es Krennit.. y es un pringado. Un nuevo  intento de hacer un villano de la saga que fracasa. El director Krennit se le supone ser quien está detrás de la construcción de la Estrella de la Muerte… y todo lo que hace lo hace mal. Desde tener un renegado entre sus filas (algo que se podía oler desde que mata a su mujer, digo yo) hasta perseguir sin éxito a los protagonistas por medio universo, ir a chivarse a Vader o terminar persiguiendo blaster en mano sin éxito de nuevo a los héroes (que ni siquiera se paran a rematarle, ese es su nivel de amenaza)  Obviamente palidece ante la regia figura de Tarkin, aquí resucitado digitalmente (aunque inevitablemente veamos algo la irrealidad) dando su presencia, porte y tranquila malignidad en todas las escenas que aparece. Era imprescindible si hablamos de la Estrella de la Muerte. Vader come aparte, pero honor obliga decir que no es lo mismo sin Constantino Romero detrás.
La película empieza (sin texto escrito) con Galen Erso siendo requerido por el Imperio como el más gran ingeniero de la galaxia, a costa de la vida de su mujer y la desaparición de su hija. A partir de ahí, ya en el presente empieza un esquivo juego del gato y el raton algo confuso. No parece que haya una razón de peso por la que la alianza necesite a Jin para llegar a Saw Guerrera, pues al piloto no necesitó conocer a nadie para que le llevasen a su base. Lo importante no es tanto la coherencia como que el personaje de Guerrera no hay por dónde cogerlo. Está bien recogido su radicalismo terrorista (de hecho su ataque en Jedah tiene bastante de Intifada palestina) pero claro, en principio nos lo muestran como un tipo paranoico que ve trampas y asesinos en su contra por todas partes, para luego terminar sacrificado harto de escapar… pues vale, para este viaje no hacía falta tantas alforjas. Al final parar en Jedah no sirve para nada excepto para que se una tan variopinto grupo sin una razón de peso para estar juntos. ¿Por qué Chirrut y Baze ayudan precisamente a estos rebeldes, cuando debe ser habitual en esta ciudad los ataques de los grupos de Guerrera contra soldados de asalto? Y una vez ayudados, ¿Por qué siguen con ellos?
Chirrut va a ser la única conexión con la Fuerza de la película. Considero un acierto dejar a un lado la parte más mística de la saga y que la aventura sea más mundana y menos transcendental que en las pelis oficiales. Por eso es un tema interesante como está tratado el personaje: Un tipo que es sensible a la fuerza, que es intensa en él, pero que al no existir la orden jedi no tiene el entrenamiento requerido y su relación es algo más instintiva o inexacta. O así debería ser, porque luego según exigencias de guión el personaje hace las veces de un jedi a tiempo completo, hace las veces de un ciego más. Y su retahíla de la fuerza termina siendo muy cansina. Sin hacer nada más que acompañarle Blaze se hace más agradable al espectador.
Otra cosa para lo que sirve Jedah es para la primera demostración de fuerza de la Estrella de la Muerte. La verdad es que Rogue One le hace mucho bien a  la estación espacial. Cada vez que hace presencia es de manera definitiva. Vemos el poder que supone de primera mano, su capacidad de destrucción aún a poca potencia es imparable, y sobretodo representa un jaque mate táctico. La desesperación de la Alianza al conocerse tan terrible arma es manifiesta y real. A partir de ahora el imperio puede devastar a toda resistencia. Y el otro aspecto que ayuda y mejora a la Estrella de la Muerte es que al fin nos explican la parte más inconsistente de una Nueva esperanza. Por fin sabemos que si la estación tenía un punto débil se debía precisamente a que había sido saboteada por su creador. Galen Erso había diseñado la Estrella de la Muerte con un punto débil expresamente para que pueda ser destruida. Un añadido coherente que mejora la película original.
Tras salir de Jedah van a ir a buscar a Galen Erso (que ya podían haber ido desde el principio) La verdad es que es una escena que no funciona nada bien. desde el intento de asesinato frustrado de Cassian a la enésima aparición idiota  de Krennic, siempre por detrás del grupo,  con una escena bastante típica que solo está para mostrar lo villano que es. Y luego está Galen Erso, que ha sido el único personaje estimable y cuya historia ha perecido interesante. Pues para el mejor personaje de la saga tienen una muerte tirando a humillante. Ya no es que muera sacrificándose por su hija (que aparece en el momento oportuno, como no) o liquidado por el villano de la función. Es peor. Es una muerte incidental por fuego cruzado. Pues para personaje tan importante se lo quitan de en medio de una manera bien chapucera. MAd Mikelsen se merece mejores roles que el de Doctor Extraño y  éste.
Y aquí llega uno de los mejores momentos de la cinta. La asamblea de la Alianza nos muestra varios bandos enfrentados entre sí. Se reconoce la ambigüedad de los Rebeldes, que no todos son hermanitas de la caridad, si no que han tenido que tirar de actos deleznables durante estos años. Se prima la potencia de fuego que supone el nuevo arma y muchos optan directamente por rendirse al Imperio. Incluso el discurso de Jyn es bueno, aunque no se sabe cuándo se ha vuelto una líder de la resistencia. Y lo rematan los voluntarios para ir en misión aún a espaldas de la Alianza (lástima que Diego Luna esté especialmente flojito aquí)
Y llegamos al final, que en definitiva es el mismo que todas las películas de Star Wars.  Con los rebeldes en clara desventaja atacando en tres frentes al Imperio.  Mal suena. Pero aquí Gareth Edwards demuestra lo que es. Un director de acción. Y efectivamente contra todo pronóstico el final funciona como ninguno desde el Retorno del Jedi. Que es decir mucho. La misión en tierra  tiene un deje  a películas clásica de II Guerra Mundial, con misiones de escaramuzas. Obviamente los soldados de asalto siguen siendo tan inútiles como de costumbre, pero al menos su número y potencia se tratan de manera más seria que en la Batalla de Endor. La visión a pie de la guerra es efectiva, notas la potencia de fuego y tiene momentos como la aparición de los AT AT que es demoledora, tanto como la llegada de los XWing. Además tiene momentos para que se luzcan todos los miembros de Rogue One, y se toma su tiempo para que el sacrificio de cada uno de ellos se note importante. Si no funcionan mejor es porque precisamente no hemos tenido empatía en ningún momento con ellos, y la muerte de Bodhi nos deja indiferente, o la de Chirrut termina hasta por ser irritante. Al final solo K-2S0 nos deja un sacrificio sentido.
Si la batalla terrestre funciona perfectamente, aún mejor es la batalla espacial. Está filmado con un gran sentido clásico, más parecido a Una nueva Esperaza y el retorno del Jedi que a todo el cine de los últimos veinte años. La claridad es necesaria para entender en todo momento lo que está pasando, sin por eso perder espectacularidad. Y en apenas dos trazos personajes terciarios como el almirante Radus o el General Merrick se nos convierten en héroes. Con todo eso es un lujo ver a la flota rebelde que ya vimos en el 77 con el jefe rojo incluído (y ese rojo cinco eliminado que sabemos quién va  a heredar) e incluso la manera de cargarse el escudo, que podría ser una sobrada esta narrada con eficacia. El único pero que se le puede poner es de continuidad: si más que una escaramuza  hubo una batalla previa mayor que la de Yavin, parece que el Imperio y Tarkin podrían haber estado más alerta.
Justo es decir que la tercera pata es la que más cojea. Jyn y Cassian debían ser los protagonistas finales, pero es tan cierto que su misión es la menos épica. Coger los archivos con unas pinzas y subir a la torre. Y si su única amenaza real va a ser el inútil de Krennic pues está todo dicho. Los tópicos de villanía corren por doquier. Desde el discurso previo a la resurrección en el último momento. Realmente el único momento que funciona de Krennic es cuando derrotado ve como TArkin no se está de nada y lanza la fuerza de la Estrella de la Muerte. La cara de derrota y resignación del Inspector es demoledora. Igual que el momento previo a la destrucción de toda la ciudad, con el sacrificio de todo Rogue One y un gran momento musical de Giaccino (que no hemos hecho mención, pero es lo más John Williams que puedes ser sin ser John Williams)
Y ahora sí, la apoteosis. Todo lo que habíamos disfrutado hasta ahora es poco comparado con ese minuto de Darth Vader desatado. Mezcla de terror, acción y entusiasmo es encenderse ese sable rojo y ver como liquida en momentos al escuadrón rebelde y terminas inevitablemente con la piel de gallina. Y solo los irredentos fans reconocemos salir a la nave de Episodio IV, los amantes clásicos reconocerán a la figura de espaldas y todos se quedarán extasiados con el primer plano de Leia acabando con el final más perfecto  posible.

Y llegamos donde empezó la crítica, en pie y saludando. Con este análisis ya podemos decir que el nivel mostrado, más que digno, está cercano al despertar de la Fuerza. Aquella tenía fuerza y carisma en sus personajes, ésta obtiene una gran solidez en el guión y en la continuidad. Si Abrams empezaba potente para acabar en un remake encubierto, Edwards se pasa media película dando tumbos para terminar por todo lo alto. Lo importante, lo definitorio de ambas es que se mantiene el regustillo Star Wars y que esta película nos lleva, más que nunca, de regreso a 1977.  Ha demostrado merecer el apelativo de una historia de Star Wars. 

domingo, diciembre 18

EL FIN DE LOS CUATRO FANTASTICOS

El comic más grande del mundo lleva demasiado tiempo dando tumbos. Comercialmente solo la breve etapa de Mark Millar Y Hitch ha sido la apuesta grande de la editorial para sus más veteranos héroes. Y artísticamente también podemos decir que es la última gran alegría, pues la larga apuesta por Hickman fue terriblemente aburrida, y el relanzamiento de Marvel Now llevó a un desaborido Fraction que acabó sin ganas una etapa para olvidar. No hay que ser demasiado avispado para cerciorarse que Marvel, llamado por los oropeles vengativos como otras décadas lo fue por mutantes o arácnidos, está dejando a su colección decana en un lánguido ostracismo.
Y en este proceso debemos  entender la llegada de James Robinson y Leonard Kirk. No puedo decir que sean malos autores, aunque no conocía trabajo de ninguno de ellos, pero desde luego están lejos de ser fan favourites. Robinson consiguió un éxito absoluto con la serie de Starman de DC, que pasa por ser de la mejor serie de los noventa. Pero hablamos  que su mejor éxito pasó hace más de veinticinco años. Saltamos al vacío con los nuevos autores de los Cuatro Fantásticos.
Y van a resultar una grata sorpresa. Para ser alguien que ha estado toda su carrera en la Distinguida Competencia va a demostrar un buen conocimiento de los Cuatro Fantásticos. Los  personajes son fieles a sí mismos, suenan como tienen que sonar  y son reconocibles. El enganche del final de los Cuatro Fantásticos con el que empieza la serie nos pone en alerta ante los próximos acontecimientos, pero la aparición de Fin Fang Foom  ya va dejando claras las intenciones de Robinson. Hacer un cómic a la antigua usanza, con la vista puesta en el glorioso pasado de  los Cuatro Fantásticos. Sólo unos horrorosos trajes rojos ponen el punto negativo en esta vuelta a los orígenes.
La carta ganadora que va a jugar Robinson va a ser la de la continuidad. Pero utilizada de manera muy inteligente. La continuidad Marvel parece que ha terminado siendo un problema y un anatema de cara a los nuevos guionistas. Desde tiempo inmemorial (¿De Falco?) cualquier autor que llega a la colección prefiere hacer tábula rasa y empezar de cero, o de Kirby, obviando y renegando cincuenta años de historia. Robinson hace lo contrario. Introduce  todo el pasado de la colección pero de manera orgánica. No se trata de ser una enciclopedia ambulante rememorando historias abandonadas. La mejor manera de utilizar la continuidad es integrarla al presente. Si los cuatro fantásticos pasan por una situación que ya ha tenido anteriormente, pues es de recibo que los personajes hagan comentarios sobre ello. Si hablan de los amoríos de Johnny Storm, pues es normal que se mencione a Lyja (que parece tabú sacar este tema). Así asistimos a reminiscencias de etapas de Hickman, Fraction, DeFalco o incluso el universo de bolsillo de Heroes Reborn. Pero todo ello integrado en la aventura actual y con vistas al ominoso futuro que se nos ha presentado en las primeras páginas. Quizás la vuelta de Ben con Alicia es un deja vu demasiado repetitivo, los personajes ya han pasado demasiado como para dar ese paso hacia atrás.
Ya en su primera aventura, con la invasión proveniente de la Zona negativa las cartas están marcadas. No deja de ser una aventura genérica de los 4 F, sin demasiada importancia o espectacularidad. Kirk se muestra como un dibujante sólido, con un trazo agradable y una muy buena narrativa, pero desde luego no pasa por ser el autor más espectacular ni el que te vaya a entrar por los ojos de la manera más contundente. Tiene ese aire de trazo limpio a lo Wieringo, o a lo Immonen si quieres exagerar, pero con ciertas limitaciones. Igual que digo que me gusta mucho como dibuja a la Cosa, con el labio inferior prominente que le otorga un aspecto brusco y simiesco, no soporto a su Reed Richards, que aparece permanentemente  estirado sin razón aparente (defecto usual en dibujantes mediocres) con aberraciones en su cuello o brazos sin sentido narrativo.
La consecuencia inmediata de la invasión dimensional va a  ser la pérdida de poderes de Johnny (que lleva con una estoica indiferencia coherente en un mundo donde esas cosas pasan y vuelven) pero Robinson va a hacer hincapié en las consecuencias civiles que tienes las aventuras de los imaginautas. Evidentemente una invasión dimensional que viene desde tu propia casa va a provocar una negativa sucesión de acontecimientos para la ciudad. Siendo como son los Cuatro Fantásticos la clase alta de los superhéroes siempre es un poco controvertido querer ponerle la opinión pública en contra,  pero en esta ocasión Robinson lo va a trabajar con enorme naturalidad y precisión. Recogiendo elementos persistentes en el universo Marvel como control de Daños van marcando el camino con total coherencia y a la postre explota en el mejor capítulo de la etapa. El juicio contra los Cuatro Fantásticos es un canto a todo lo bueno que está mostrando esta etapa. Se utiliza la continuidad de manera impactante, para dar otra versión de los grandes acontecimientos de los cuatro fantásticos. Así, en mano del fiscal Tolliver, contemplamos grandes momentos de la colección como el origen, la batalla contra Hulk, la llegada de Galactus, etc. desde un punto de vista jurídico para demostrar que no siempre a la hora de salvar la humanidad se tuvo en cuenta  al ciudadano de pie. Impactante y certero es la  declaración de un taxista (o su hijo) que lo perdió todo por un ataque temperamental de Ben Grimm. La Destrucción de los Cuatro Fantásticos de cara  a la opinión pública se ha conseguido de la mejor manera.
Justo en estos momentos llega la injerencia editorial de implantar un crossover, en este caso Pecado Original. Se trata de sacar un secreto escondido del pasado para provocar un cisma en el presente y viendo el espíritu de la etapa sí que parece que puede encajar sin problemas con sus tramas. Así es pero no deja de ser un pequeño bajón. La trama de un intento fallido de convertir a la Cosa en humano parece  demasiado típica y la reacción de los personajes es demasiado extremada para una historia ya manida. No ayuda tampoco el cambio de dibujante, que parece que quería criticar a Kirk pero es mucho mejor que su sustituto, por muy estilo Kirby que quiera implantar. Éste es el pero que se le puede poner a Robinson. Cuando parece que estamos llevando bien y de manera progresiva la caída de los Cuatro Fantásticos algunos personajes extreman en demasía sus reacciones, como La Cosa enfrentándose a Reed y Johnny por enésima vez o Susan enfrentándose sin necesidad a todos los Vengadores. Afortunadamente Robinson requiebra al dar pista que los comportamientos no son del todo naturales (Malicia mediante) o que existe alguna mano maestra que está detrás de los males de los 4F, con el Mago y sus cambiantes  Cuatro Terribles dando evidente pistas de que algo pasa.
El plan de disgregar al grupo está surtiendo efecto de manera sensata. Ben Grimm vivirá aventuras en la cárcel por un crimen que no cometió tirando de nuevo con continuidad con su relación con el hombre de arena o sobre todo con una recuperada Sharon Ventura de la que no se acordaban ni los más viejos del lugar. Reed Richards encuentra un trabajo muy acorde a su espíritu en Nuevo Edén y Susan va con él en principio, para luego decidirse unilateramente volver a traer a casa a Valeria Richards, que había decidido pasar un tiempo con el Doctor Muerte. Un subtrama que parece interesante, por más que tenemos que tragarnos a la pequeña resabiada de los Richards, pero que será cortada abruptamente. No por culpa de su madre, y eso que su ímpetu desatado es del todo desmedido, si no más adelante, cuando se fuerce el reencuentro final a costa de todo lo construido anteriormente. Por su parte quien sí está bastante perdido es Johnny, que más allá de su espiral de autodestrucción no parece que aporta nada. A esta disgregación hay que sumarle a los miembros de la Fundación Futuro, separados del resto de Cuatro Fantásticos y que bueno, tampoco es que tengan mucha transcendencia más allá de Bentley, como suele ser normal, o la irrupción como tutor de la Primera Antorcha Original, que parece fetiche del autor.
Obviamente tras la disgregación toca el reencuentro. Seguramente  más abrupto de lo que Robinson hubiese querido ante la repentina noticia de la cancelación de la serie. Y justo es, la verdad es que la resolución no está a la altura. Con todo el juego que le ha dado la continuidad a Robinson podría haber rebuscado más en ella y encontrar villanos más potentes que los insípidos Vengadores que Rob Liefeld perpetró en Heroes Reborn. Que al final no interesan a nadie y no dejan de ser carne de cañón para darse de palos con cualquier personaje invitado que pase por la serie. Aún peor es el descubrimiento del villano en la sombra. En Nuevo Edén se nos revela que el jefe de Richards era quien movía todos los hilos. Y nos cuenta la historia terible de su paso a la villanía debido a que… le quitaron la novia de joven. Pues sí, estaba enamorada de Susan Richards en secreto y eso les hizo odiar a los 4F años y años (que por cierto, vamos a pasar por alto la sobrada del hombre tranquilo otorgándose todos los ataques a la primera familia de más de cincuenta años) No contento con eso, pues termina demostrándose como un patán incompetente en todos los sentidos, pues parece que hasta Robinson se da cuenta que  necesita un villano de más empaque, y se saca de la mano a Psicoman para el final. Coherente con la sombra de Malicia y con el mundo de sueños de Franklin Richards (aquí la aparición de un personaje desconocido para cualquier seguidor Marvel también sobra)

En fin que del desenlace salvamos pequeños detalles como la redención de Sharon (unida a un momento heroico del Mago que funciona bien) y sobretodo la vuelta a los uniformes de toda la vida. A fin de cuentas estamos en el final de la serie y Robinson quiere ser fiel al espíritu de la misma, dejar la tragedia y el drama de lado (hasta devolverle los poderes a Johnny de la manera más facilona) y abrazar el lado más heroico y optimista que siempre han representado los Cuatro Fantásticos. La serie que lo empezó todo echa el cierre y bueno, no pienso que sea nada definitivo, que esto es el Universo Marvel y nadie muere para siempre. Dad por seguro que estaremos esperando con entusiasmo que vuelva a ser la hora de las tortas.