El comic más grande del mundo lleva demasiado tiempo dando
tumbos. Comercialmente solo la breve etapa de Mark Millar Y Hitch ha sido la
apuesta grande de la editorial para sus más veteranos héroes. Y artísticamente
también podemos decir que es la última gran alegría, pues la larga apuesta por
Hickman fue terriblemente aburrida, y el relanzamiento de Marvel Now llevó a un
desaborido Fraction que acabó sin ganas una etapa para olvidar. No hay que ser
demasiado avispado para cerciorarse que Marvel, llamado por los oropeles
vengativos como otras décadas lo fue por mutantes o arácnidos, está dejando a
su colección decana en un lánguido ostracismo.
Y en este proceso debemos
entender la llegada de James Robinson y Leonard Kirk. No puedo decir que
sean malos autores, aunque no conocía trabajo de ninguno de ellos, pero desde
luego están lejos de ser fan favourites. Robinson consiguió un éxito absoluto
con la serie de Starman de DC, que pasa por ser de la mejor serie de los
noventa. Pero hablamos que su mejor
éxito pasó hace más de veinticinco años. Saltamos al vacío con los nuevos
autores de los Cuatro Fantásticos.
Y van a resultar una grata sorpresa. Para ser alguien que ha
estado toda su carrera en la Distinguida Competencia va a demostrar un buen
conocimiento de los Cuatro Fantásticos. Los
personajes son fieles a sí mismos, suenan como tienen que sonar y son reconocibles. El enganche del final de
los Cuatro Fantásticos con el que empieza la serie nos pone en alerta ante los
próximos acontecimientos, pero la aparición de Fin Fang Foom ya va dejando claras las intenciones de
Robinson. Hacer un cómic a la antigua usanza, con la vista puesta en el
glorioso pasado de los Cuatro
Fantásticos. Sólo unos horrorosos trajes rojos ponen el punto negativo en esta
vuelta a los orígenes.
La carta ganadora que va a jugar Robinson va a ser la de la
continuidad. Pero utilizada de manera muy inteligente. La continuidad Marvel
parece que ha terminado siendo un problema y un anatema de cara a los nuevos
guionistas. Desde tiempo inmemorial (¿De Falco?) cualquier autor que llega a la
colección prefiere hacer tábula rasa y empezar de cero, o de Kirby, obviando y
renegando cincuenta años de historia. Robinson hace lo contrario.
Introduce todo el pasado de la colección
pero de manera orgánica. No se trata de ser una enciclopedia ambulante
rememorando historias abandonadas. La mejor manera de utilizar la continuidad
es integrarla al presente. Si los cuatro fantásticos pasan por una situación
que ya ha tenido anteriormente, pues es de recibo que los personajes hagan
comentarios sobre ello. Si hablan de los amoríos de Johnny Storm, pues es
normal que se mencione a Lyja (que parece tabú sacar este tema). Así asistimos
a reminiscencias de etapas de Hickman, Fraction, DeFalco o incluso el universo
de bolsillo de Heroes Reborn. Pero todo ello integrado en la aventura actual y
con vistas al ominoso futuro que se nos ha presentado en las primeras páginas. Quizás
la vuelta de Ben con Alicia es un deja vu demasiado repetitivo, los personajes
ya han pasado demasiado como para dar ese paso hacia atrás.
Ya en su primera aventura, con la invasión proveniente de la
Zona negativa las cartas están marcadas. No deja de ser una aventura genérica
de los 4 F, sin demasiada importancia o espectacularidad. Kirk se muestra como
un dibujante sólido, con un trazo agradable y una muy buena narrativa, pero
desde luego no pasa por ser el autor más espectacular ni el que te vaya a
entrar por los ojos de la manera más contundente. Tiene ese aire de trazo
limpio a lo Wieringo, o a lo Immonen si quieres exagerar, pero con ciertas
limitaciones. Igual que digo que me gusta mucho como dibuja a la Cosa, con el
labio inferior prominente que le otorga un aspecto brusco y simiesco, no
soporto a su Reed Richards, que aparece permanentemente estirado sin razón aparente (defecto usual en
dibujantes mediocres) con aberraciones en su cuello o brazos sin sentido
narrativo.
La consecuencia inmediata de la invasión dimensional va a ser la pérdida de poderes de Johnny (que lleva
con una estoica indiferencia coherente en un mundo donde esas cosas pasan y
vuelven) pero Robinson va a hacer hincapié en las consecuencias civiles que
tienes las aventuras de los imaginautas. Evidentemente una invasión dimensional
que viene desde tu propia casa va a provocar una negativa sucesión de
acontecimientos para la ciudad. Siendo como son los Cuatro Fantásticos la clase
alta de los superhéroes siempre es un poco controvertido querer ponerle la
opinión pública en contra, pero en esta
ocasión Robinson lo va a trabajar con enorme naturalidad y precisión.
Recogiendo elementos persistentes en el universo Marvel como control de Daños
van marcando el camino con total coherencia y a la postre explota en el mejor
capítulo de la etapa. El juicio contra los Cuatro Fantásticos es un canto a todo
lo bueno que está mostrando esta etapa. Se utiliza la continuidad de manera
impactante, para dar otra versión de los grandes acontecimientos de los cuatro
fantásticos. Así, en mano del fiscal Tolliver, contemplamos grandes momentos de
la colección como el origen, la batalla contra Hulk, la llegada de Galactus,
etc. desde un punto de vista jurídico para demostrar que no siempre a la hora
de salvar la humanidad se tuvo en cuenta
al ciudadano de pie. Impactante y certero es la declaración de un taxista (o su hijo) que lo
perdió todo por un ataque temperamental de Ben Grimm. La Destrucción de los
Cuatro Fantásticos de cara a la opinión
pública se ha conseguido de la mejor manera.
Justo en estos momentos llega la injerencia editorial de
implantar un crossover, en este caso Pecado Original. Se trata de sacar un
secreto escondido del pasado para provocar un cisma en el presente y viendo el
espíritu de la etapa sí que parece que puede encajar sin problemas con sus
tramas. Así es pero no deja de ser un pequeño bajón. La trama de un intento
fallido de convertir a la Cosa en humano parece
demasiado típica y la reacción de los personajes es demasiado extremada
para una historia ya manida. No ayuda tampoco el cambio de dibujante, que
parece que quería criticar a Kirk pero es mucho mejor que su sustituto, por muy
estilo Kirby que quiera implantar. Éste es el pero que se le puede poner a
Robinson. Cuando parece que estamos llevando bien y de manera progresiva la
caída de los Cuatro Fantásticos algunos personajes extreman en demasía sus
reacciones, como La Cosa enfrentándose a Reed y Johnny por enésima vez o Susan
enfrentándose sin necesidad a todos los Vengadores. Afortunadamente Robinson
requiebra al dar pista que los comportamientos no son del todo naturales
(Malicia mediante) o que existe alguna mano maestra que está detrás de los
males de los 4F, con el Mago y sus cambiantes
Cuatro Terribles dando evidente pistas de que algo pasa.
El plan de disgregar al grupo está surtiendo efecto de
manera sensata. Ben Grimm vivirá aventuras en la cárcel por un crimen que no
cometió tirando de nuevo con continuidad con su relación con el hombre de arena
o sobre todo con una recuperada Sharon Ventura de la que no se acordaban ni los
más viejos del lugar. Reed Richards encuentra un trabajo muy acorde a su
espíritu en Nuevo Edén y Susan va con él en principio, para luego decidirse
unilateramente volver a traer a casa a Valeria Richards, que había decidido
pasar un tiempo con el Doctor Muerte. Un subtrama que parece interesante, por
más que tenemos que tragarnos a la pequeña resabiada de los Richards, pero que
será cortada abruptamente. No por culpa de su madre, y eso que su ímpetu
desatado es del todo desmedido, si no más adelante, cuando se fuerce el
reencuentro final a costa de todo lo construido anteriormente. Por su parte
quien sí está bastante perdido es Johnny, que más allá de su espiral de
autodestrucción no parece que aporta nada. A esta disgregación hay que sumarle
a los miembros de la Fundación Futuro, separados del resto de Cuatro
Fantásticos y que bueno, tampoco es que tengan mucha transcendencia más allá de
Bentley, como suele ser normal, o la irrupción como tutor de la Primera
Antorcha Original, que parece fetiche del autor.
Obviamente tras la disgregación toca el reencuentro.
Seguramente más abrupto de lo que
Robinson hubiese querido ante la repentina noticia de la cancelación de la
serie. Y justo es, la verdad es que la resolución no está a la altura. Con todo
el juego que le ha dado la continuidad a Robinson podría haber rebuscado más en
ella y encontrar villanos más potentes que los insípidos Vengadores que Rob Liefeld
perpetró en Heroes Reborn. Que al final no interesan a nadie y no dejan de ser
carne de cañón para darse de palos con cualquier personaje invitado que pase
por la serie. Aún peor es el descubrimiento del villano en la sombra. En Nuevo
Edén se nos revela que el jefe de Richards era quien movía todos los hilos. Y nos
cuenta la historia terible de su paso a la villanía debido a que… le quitaron
la novia de joven. Pues sí, estaba enamorada de Susan Richards en secreto y eso
les hizo odiar a los 4F años y años (que por cierto, vamos a pasar por alto la
sobrada del hombre tranquilo otorgándose todos los ataques a la primera familia
de más de cincuenta años) No contento con eso, pues termina demostrándose como
un patán incompetente en todos los sentidos, pues parece que hasta Robinson se
da cuenta que necesita un villano de más
empaque, y se saca de la mano a Psicoman para el final. Coherente con la sombra
de Malicia y con el mundo de sueños de Franklin Richards (aquí la aparición de
un personaje desconocido para cualquier seguidor Marvel también sobra)
En fin que del desenlace salvamos pequeños detalles como la
redención de Sharon (unida a un momento heroico del Mago que funciona bien) y
sobretodo la vuelta a los uniformes de toda la vida. A fin de cuentas estamos
en el final de la serie y Robinson quiere ser fiel al espíritu de la misma,
dejar la tragedia y el drama de lado (hasta devolverle los poderes a Johnny de
la manera más facilona) y abrazar el lado más heroico y optimista que siempre
han representado los Cuatro Fantásticos. La serie que lo empezó todo echa el
cierre y bueno, no pienso que sea nada definitivo, que esto es el Universo
Marvel y nadie muere para siempre. Dad por seguro que estaremos esperando con
entusiasmo que vuelva a ser la hora de las tortas.
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