domingo, diciembre 18

EL FIN DE LOS CUATRO FANTASTICOS

El comic más grande del mundo lleva demasiado tiempo dando tumbos. Comercialmente solo la breve etapa de Mark Millar Y Hitch ha sido la apuesta grande de la editorial para sus más veteranos héroes. Y artísticamente también podemos decir que es la última gran alegría, pues la larga apuesta por Hickman fue terriblemente aburrida, y el relanzamiento de Marvel Now llevó a un desaborido Fraction que acabó sin ganas una etapa para olvidar. No hay que ser demasiado avispado para cerciorarse que Marvel, llamado por los oropeles vengativos como otras décadas lo fue por mutantes o arácnidos, está dejando a su colección decana en un lánguido ostracismo.
Y en este proceso debemos  entender la llegada de James Robinson y Leonard Kirk. No puedo decir que sean malos autores, aunque no conocía trabajo de ninguno de ellos, pero desde luego están lejos de ser fan favourites. Robinson consiguió un éxito absoluto con la serie de Starman de DC, que pasa por ser de la mejor serie de los noventa. Pero hablamos  que su mejor éxito pasó hace más de veinticinco años. Saltamos al vacío con los nuevos autores de los Cuatro Fantásticos.
Y van a resultar una grata sorpresa. Para ser alguien que ha estado toda su carrera en la Distinguida Competencia va a demostrar un buen conocimiento de los Cuatro Fantásticos. Los  personajes son fieles a sí mismos, suenan como tienen que sonar  y son reconocibles. El enganche del final de los Cuatro Fantásticos con el que empieza la serie nos pone en alerta ante los próximos acontecimientos, pero la aparición de Fin Fang Foom  ya va dejando claras las intenciones de Robinson. Hacer un cómic a la antigua usanza, con la vista puesta en el glorioso pasado de  los Cuatro Fantásticos. Sólo unos horrorosos trajes rojos ponen el punto negativo en esta vuelta a los orígenes.
La carta ganadora que va a jugar Robinson va a ser la de la continuidad. Pero utilizada de manera muy inteligente. La continuidad Marvel parece que ha terminado siendo un problema y un anatema de cara a los nuevos guionistas. Desde tiempo inmemorial (¿De Falco?) cualquier autor que llega a la colección prefiere hacer tábula rasa y empezar de cero, o de Kirby, obviando y renegando cincuenta años de historia. Robinson hace lo contrario. Introduce  todo el pasado de la colección pero de manera orgánica. No se trata de ser una enciclopedia ambulante rememorando historias abandonadas. La mejor manera de utilizar la continuidad es integrarla al presente. Si los cuatro fantásticos pasan por una situación que ya ha tenido anteriormente, pues es de recibo que los personajes hagan comentarios sobre ello. Si hablan de los amoríos de Johnny Storm, pues es normal que se mencione a Lyja (que parece tabú sacar este tema). Así asistimos a reminiscencias de etapas de Hickman, Fraction, DeFalco o incluso el universo de bolsillo de Heroes Reborn. Pero todo ello integrado en la aventura actual y con vistas al ominoso futuro que se nos ha presentado en las primeras páginas. Quizás la vuelta de Ben con Alicia es un deja vu demasiado repetitivo, los personajes ya han pasado demasiado como para dar ese paso hacia atrás.
Ya en su primera aventura, con la invasión proveniente de la Zona negativa las cartas están marcadas. No deja de ser una aventura genérica de los 4 F, sin demasiada importancia o espectacularidad. Kirk se muestra como un dibujante sólido, con un trazo agradable y una muy buena narrativa, pero desde luego no pasa por ser el autor más espectacular ni el que te vaya a entrar por los ojos de la manera más contundente. Tiene ese aire de trazo limpio a lo Wieringo, o a lo Immonen si quieres exagerar, pero con ciertas limitaciones. Igual que digo que me gusta mucho como dibuja a la Cosa, con el labio inferior prominente que le otorga un aspecto brusco y simiesco, no soporto a su Reed Richards, que aparece permanentemente  estirado sin razón aparente (defecto usual en dibujantes mediocres) con aberraciones en su cuello o brazos sin sentido narrativo.
La consecuencia inmediata de la invasión dimensional va a  ser la pérdida de poderes de Johnny (que lleva con una estoica indiferencia coherente en un mundo donde esas cosas pasan y vuelven) pero Robinson va a hacer hincapié en las consecuencias civiles que tienes las aventuras de los imaginautas. Evidentemente una invasión dimensional que viene desde tu propia casa va a provocar una negativa sucesión de acontecimientos para la ciudad. Siendo como son los Cuatro Fantásticos la clase alta de los superhéroes siempre es un poco controvertido querer ponerle la opinión pública en contra,  pero en esta ocasión Robinson lo va a trabajar con enorme naturalidad y precisión. Recogiendo elementos persistentes en el universo Marvel como control de Daños van marcando el camino con total coherencia y a la postre explota en el mejor capítulo de la etapa. El juicio contra los Cuatro Fantásticos es un canto a todo lo bueno que está mostrando esta etapa. Se utiliza la continuidad de manera impactante, para dar otra versión de los grandes acontecimientos de los cuatro fantásticos. Así, en mano del fiscal Tolliver, contemplamos grandes momentos de la colección como el origen, la batalla contra Hulk, la llegada de Galactus, etc. desde un punto de vista jurídico para demostrar que no siempre a la hora de salvar la humanidad se tuvo en cuenta  al ciudadano de pie. Impactante y certero es la  declaración de un taxista (o su hijo) que lo perdió todo por un ataque temperamental de Ben Grimm. La Destrucción de los Cuatro Fantásticos de cara  a la opinión pública se ha conseguido de la mejor manera.
Justo en estos momentos llega la injerencia editorial de implantar un crossover, en este caso Pecado Original. Se trata de sacar un secreto escondido del pasado para provocar un cisma en el presente y viendo el espíritu de la etapa sí que parece que puede encajar sin problemas con sus tramas. Así es pero no deja de ser un pequeño bajón. La trama de un intento fallido de convertir a la Cosa en humano parece  demasiado típica y la reacción de los personajes es demasiado extremada para una historia ya manida. No ayuda tampoco el cambio de dibujante, que parece que quería criticar a Kirk pero es mucho mejor que su sustituto, por muy estilo Kirby que quiera implantar. Éste es el pero que se le puede poner a Robinson. Cuando parece que estamos llevando bien y de manera progresiva la caída de los Cuatro Fantásticos algunos personajes extreman en demasía sus reacciones, como La Cosa enfrentándose a Reed y Johnny por enésima vez o Susan enfrentándose sin necesidad a todos los Vengadores. Afortunadamente Robinson requiebra al dar pista que los comportamientos no son del todo naturales (Malicia mediante) o que existe alguna mano maestra que está detrás de los males de los 4F, con el Mago y sus cambiantes  Cuatro Terribles dando evidente pistas de que algo pasa.
El plan de disgregar al grupo está surtiendo efecto de manera sensata. Ben Grimm vivirá aventuras en la cárcel por un crimen que no cometió tirando de nuevo con continuidad con su relación con el hombre de arena o sobre todo con una recuperada Sharon Ventura de la que no se acordaban ni los más viejos del lugar. Reed Richards encuentra un trabajo muy acorde a su espíritu en Nuevo Edén y Susan va con él en principio, para luego decidirse unilateramente volver a traer a casa a Valeria Richards, que había decidido pasar un tiempo con el Doctor Muerte. Un subtrama que parece interesante, por más que tenemos que tragarnos a la pequeña resabiada de los Richards, pero que será cortada abruptamente. No por culpa de su madre, y eso que su ímpetu desatado es del todo desmedido, si no más adelante, cuando se fuerce el reencuentro final a costa de todo lo construido anteriormente. Por su parte quien sí está bastante perdido es Johnny, que más allá de su espiral de autodestrucción no parece que aporta nada. A esta disgregación hay que sumarle a los miembros de la Fundación Futuro, separados del resto de Cuatro Fantásticos y que bueno, tampoco es que tengan mucha transcendencia más allá de Bentley, como suele ser normal, o la irrupción como tutor de la Primera Antorcha Original, que parece fetiche del autor.
Obviamente tras la disgregación toca el reencuentro. Seguramente  más abrupto de lo que Robinson hubiese querido ante la repentina noticia de la cancelación de la serie. Y justo es, la verdad es que la resolución no está a la altura. Con todo el juego que le ha dado la continuidad a Robinson podría haber rebuscado más en ella y encontrar villanos más potentes que los insípidos Vengadores que Rob Liefeld perpetró en Heroes Reborn. Que al final no interesan a nadie y no dejan de ser carne de cañón para darse de palos con cualquier personaje invitado que pase por la serie. Aún peor es el descubrimiento del villano en la sombra. En Nuevo Edén se nos revela que el jefe de Richards era quien movía todos los hilos. Y nos cuenta la historia terible de su paso a la villanía debido a que… le quitaron la novia de joven. Pues sí, estaba enamorada de Susan Richards en secreto y eso les hizo odiar a los 4F años y años (que por cierto, vamos a pasar por alto la sobrada del hombre tranquilo otorgándose todos los ataques a la primera familia de más de cincuenta años) No contento con eso, pues termina demostrándose como un patán incompetente en todos los sentidos, pues parece que hasta Robinson se da cuenta que  necesita un villano de más empaque, y se saca de la mano a Psicoman para el final. Coherente con la sombra de Malicia y con el mundo de sueños de Franklin Richards (aquí la aparición de un personaje desconocido para cualquier seguidor Marvel también sobra)

En fin que del desenlace salvamos pequeños detalles como la redención de Sharon (unida a un momento heroico del Mago que funciona bien) y sobretodo la vuelta a los uniformes de toda la vida. A fin de cuentas estamos en el final de la serie y Robinson quiere ser fiel al espíritu de la misma, dejar la tragedia y el drama de lado (hasta devolverle los poderes a Johnny de la manera más facilona) y abrazar el lado más heroico y optimista que siempre han representado los Cuatro Fantásticos. La serie que lo empezó todo echa el cierre y bueno, no pienso que sea nada definitivo, que esto es el Universo Marvel y nadie muere para siempre. Dad por seguro que estaremos esperando con entusiasmo que vuelva a ser la hora de las tortas.

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