jueves, octubre 24

JOKER

Hacía mucho tiempo que una película de Dc no levantaba tanta expectación y no ha tenido que ser ni Batman ni la Liga de la Justicia o ese universo compartido que está herido de muerte. Más bien un producto independiente que se enorgullece de no pertenecer al mundo superheroico, lo que no habla demasiado bien de como se ha construido la DC cinéfila. Hasta el punto límite en que el director se ha ganado la enemistad del fandom vendiendo su película desde el gafapastismo y poniendo una barrera entre su película de calité y el resto de cine de superhéroes. Y es evidente que Joker no quiere jugar en la Liga de Endgame o Shazam, pero defenestrar al resto para vender tu película lo único que va a conseguir es crear una animadversión previa a tu persona. Una estrategia poco inteligente, cuando la película de Joker se vende sola.
Es primordial empezar a hablar de Joker hablando de Joaquín Phoenix. En serio pocos casos como éste en que el actor es LA película. No solo lleva el 90% del metraje en solitario, es que su actuación es totalmente colosal. En serio una cosa bárbara. Ya no es solo hablar del esfuerzo en cuanto a pérdida de peso y cambio físico, es que todo su movimiento corporal es increíblemente expresivo y con este personaje, que sí, es un caramelito pero hay que saber desenvolverlo, pasa por tantos estados de ánimo y le da tantos matices que es casi inhumano. Puede parecer cándido, ingenuo, peligroso, frío, afectado, nervioso, exultante, psicópata… y para cada una de esas facetas clava la interpretación de manera perfecta. Hay quien le puede acusar de estar sobreactuado. Lo está, pero porque el personaje da para ello y en muchas ocasiones lo requiere. EN fin, que puedo rellenar todo el artículo solo hablando de Joaquín Phoenix y me quedaría corto en elogios. Basta decir que me cuesta recordar una interpretación tan bárbara desde hace tiempo (a lo mejor me tengo que ir al Day Lewis de principio de siglo). Y soy tremendo fan de lo que hizo Heath Ledger en el caballero oscuro, pero a nivel interpretativo creo que Phoenix le adelanta por la derecha.
La interpretación de Joker era imprescindible para que esta película funcionase, pues como hemos dicho es el alfa y el omega de la misma. De hecho incluso parece que el lucimiento de Phoenix es la verdadera razón de ser de la misma. Y no está mal tirada por Todd Phillips, pues la celebérrima actuación de su estrella sirve para paliar algunas decisiones que a lo mejor no son tan buenas. Que conste que no me puedo referir al trabajo del director, pues le dota a la película de una ambientación setentera que le funciona de maravilla y elementos como su fotografía sucia y la música ambiental desesperanzadora que ayudan al tono que acompaña a Arthur Fleck duranto todo el metraje.
Pero sí es cierto que no puedo ser elogioso hasta el grado máximo porque hay cosas en la historia de este Joker que me confunden. Desde luego en relación al personaje que conocemos de los cómics muchas. Hay muchos aspectos que no confluyen para que el tipo que aparece en esta cinta termine siendo el Príncipe payaso del Crimen. Y ya no me refiero a la continuidad y fidelidad con los cómics de Batman, que ya contábamos que eso se lo iban a pasar por el forro (aunque tiene más conexiones que las que uno podía presentir al principio), si no si este origen es fiel a la naturaleza del Joker. De hecho está por ver si es bueno para el personaje tener un origen per se. Yo creo que cuando mejor funciona el personaje es cuando aparece de la nada y es totalmente imprevisible e inexplicable: una fuerza del Caos sin tener que buscarle sentido y lógica. Así lo entendió Nolan en su Caballero Oscuro y dejaba en el aire el posible origen (o los orígenes) del personaje. Así que dedicar una película a intentar explicar de dónde sale el Joker no sé si es una buena idea. Hay un intento de que entendamos lo que convierte al Joker en un psicópata y en no pocas ocasiones justificarle. Porque el Joker no es el malo de la película. EL malo de la película es la sociedad, que crea monstruos como él. Es evidente que se pasa toda la película puteando a su protagonista de todas las maneras posibles para que entendamos su caída en la locura. Para mí todo eso es bastante contraproducente para este personaje. No queramos saber por qué el Joker terminó siendo el Joker, porque tanta explicación y sobrescritura terminan por quitarle magia al personaje.
Pero ya sabemos que Todd Phillips se ha cansado de decir que él ni lee ni le interesa el personaje del cómic, así que buscar fidelidad al Joker en una película que se llama Joker no parece ser cuestión importante (¿?) Así que la analizaremos como si el personaje fuese original, y aunque se ahorra peajes importantes sigue sin funcionar de manera fluida. Sí, es la historia de un desequilibrado en que la vida le termina convirtiendo en un psicópata con el pelo verde y la cara blanca. Pero todo el desarrollo está contando con brocha gorda. Sí, el Joker termina siendo el Joker porque el mundo le ha hecho así, y por eso vamos a pasar dos horas viéndole pasar penuria tras penurias y con ni un solo personaje amable en todo el metraje (había uno pero era una ilusión), ni una situación que le dé un descanso a su vorágine destructiva. Creo que si el guion buscase un poco más de equilibrio serían más impactantes los momentos de verdad importantes para el personaje. ¿si ya hemos visto a Arthur atormentado por chavales, compañeros, transeúntes, su propio jefe qué impacto van a tener los pasajeros del metro que van a ser sus primeras víctimas? Tras descubrir la verdad sobre su madre, sobre Thomas Wayne, sobre el origen de sus trastornos, sobre la supuesta relación que no existía… todo sin darle un solo descanso al personaje para que empaticemos con las razones para que este sea un asesino que mata a la gente mala.
El director está demasiado necesitado de justificar a su personaje. Le da enemigos por doquier y razones para que sus venganzas sean justas. Su compañero de trabajo merece lo que le pase, los chavales del metro merecen lo que le pase, el conductor de late show merece lo que le pasa. Hasta el epílogo de la película no hay un solo acto del Joker que podamos catalogar como malvado, todo ha tenido su justificación y pertenece a la venganza de un personaje que hemos arrastrado por el lodo. Diablos, hasta la muerte de Thomas Wayne y su mujer tras salir de ver el Zorro parece justificada. Es una víctima colateral de una revolución en la que la película nos la vende como algo positivo y necesario.
Porque una de las cosas que menos compro de la película es colocar al Joker como canalizador de una revolución social. Insistiendo de la manera más obvia y machacona en que la sociedad es la culpable de la creación del Joker es en el maniqueo discurso social donde encuentra su mejor baza. Los ricos, con Thomas Wayne a la cabeza, son todo gente egoísta y déspota, que se aprovechan de la gente humilde, cuando no les deja sin recursos como la trabajadora social. Ya saben, seguimos queriendo justificar las acciones de Fleck, y sus primero asesinatos se transforman en el acicate para la sociedad de empezar una revolución. Ver a la gente por la calle manifestándose contra los favorecidos con máscaras de payasos como si fuese el mensaje de V de Vendetta es muy problemático. Quieren convertir al Caos absoluto en una especie de símbolo anticapitalista. Y lo siento, pero eso no es el Joker. Si al final nos van a vender a este personaje como algo cercano a un antihéroe yo me bajo. Justo es decir que es suficientemente ambiguo en su mensaje, pues él mismo afirma que no debe ser un ejemplo para nadie, a la vez que su último plano invalida su discurso.
Desde mi punto de vista friki una bala que esquivan a tiempo es la que ligaban a Bruce Wayne y al Joker. La verdad es que a medida que se estaba dibujando la posible relación con los Wayne yo no daba crédito, pues parecía un sinsentido culebronesco para crear polémica. Afortunadamente se recula con acierto. El hecho que todo sea una invención de la mente enferma de su madre es plausible en la trágica trayectoria del personaje y ayuda más al desmoronamiento del mismo. Eso sí, no pierden oportunidad para mostrarnos a Thomas Wayne como el villano de la película y a Alfred como un miserable insensible. Que mucho se ha cansado Phillips de decir que él no quiere saber nada de los cómics pero bien va dejando perlitas durante todo su metraje de Batman. Enseñando a un joven Bruce (y te estallará la cabeza si piensas en la diferencia de edad para enfrentamientos posteriores) o volver a enlazar la muerte de los Wayne, aunque de manera más indirecta con el Joker, como si en la película de Tim Burton nos encontrásemos.
Y oye, que parece que no haga más que darle caña a la película y a mí me ha gustado. Creo que tiene una buena historia que contar sobre la caída en la locura y hay elementos que funcionan muy bien como la enfermedad de Arthur que le hace reírse cuando no toca, o su trabajo de payaso o su aspiración a cómico que ayudan a entender el rol en que terminará convertido. Pero de ahí a obra maestra como se está hablando hay un trecho. Esa falta de sutileza constante, con cosas tan obvias en pantalla como la metáfora de las escaleras o la crítica a los medios de comunicación (que mucho hablar de Scorsese y poco se menta a el Rey de la Comedia como un referente inequívo, incluso con Rober de Niro como enlace) Lo que marca la diferencia en toda y cada una de las escenas de la película es Joaquin Phoenix. Si cada escena que le ponemos problemas la acompañamos de un momento memorable del actor quedamos prendados del mismo y obviamos todos los problemas que tiene. Sé que sería hacer trampa pero si pudiéramos aislar la interpretación de Phoenix (ya digo, alfa y omega de la película) del desarrollo del film quizás las críticas no serían tan buenas y varios de los problemas a los que he mentado estarían más expuestos. Aquí sí que la actuación envuelve el resultado final.

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