domingo, agosto 21

THOR: LOVE AND THUNDER

Pocos peros se le pueden poner al plan de Marvel. Todo le ha salido como la seda y su locomotora sigue sobre raíles. A pesar que esta cuarta fase ha dejado a deber viniendo de  Endgame, ya avisan que les quedan leña por echar al fuego durante los próximos años. Pero si de algo ha pecado para mal la Casa de las ideas es de la escasa aportación de sus directores. Sacando de la ecuación a los hermanos Russo, que entraron como aprendices y se fueron como maestros, el resto de directores de Marvel, (salvo alguna excepción como Sam Raimi) no dejan de ser un artesano que pasa por ahí para seguir las directrices de la productora, no asomar demasiado el hocico, levantar poco la voz y dar un aspecto visual homogéneo a todo los films. De hecho su tarea es tan ingrata que yo ya no hago el esfuerzo ni por aprenderme los nombres. SE puede decir sin miedo a equivocarme que dentro de todo el escalafón de Marvel los directores de sus películas ocupan una posición muy secundaria.

Y luego está el caso Waititi.

Porque todo lo que he dicho vale igual para producciones menores como para seguros pelotazos, pero sin entender muy bien por qué existe un director neozelandés que sí tiene manga ancha en su franquicia para aportar su sello personal, y llevar a un peso pesado del Panteón marvelita a su terreno. Que yo tampoco entiendo muy bien qué le vieron en su día, para convertirse en un hombre importante en Hollywood. Hizo una peli independiente en Nueva Zelanda y después la divertida “lo que hacemos en las sombras”, que terminó siendo serie de TV también. Pero no parece bagaje suficiente para hacerse con la franquicia de Thor, y mucho menos para pasar a ser un hombre Disney al que se le han prometido el remake de Akira, una peli del Incal o meter la patita en la saga Star Wars (he omitido su mejor película, JoJo Rabit, pero ésta llegó cuando ya había hechos sus pinitos en Marvel)

Y con Waitit no hay término medio. Lo amas o lo odias. Tiene muy claro su manera de entender el género superhéroico y a Thor en particular: que se resumen en Colorinchis e idioteces. No quiero ser muy hater, pero esto es lo que nos ofrece sus películas del Dios del Trueno. Su idea de universo cósmico visualmente está lleno de brillos y de colores saltones por donde pasa. Y las películas pasan a ser directamente comedias. No es que tengan algún momento chispeante, o algún tono  liviano, no. Pasan a ser comedias donde al protagonista no dejan de pasarles cosas pretendidamente jocosas y su respuesta termina siendo la más estúpida posible. Hilarante. Yo al menos seré crítico, pero a mí me parece que Chris Hersworth está superagusto en este plan, y se lo pasa pipa convirtiendo a su personaje más estelar en un payasete cósmico.Todo esto ya lo tuvimos en su primera aproximación al Dios del Trueno. Thor Ragnarok fue un golpe en la mesa. Ante las películas de Thor de Brannagh y Taylor que parecieron mediocres y no satisficieron a nadie, se la jugaron con un cambio de estilo radical, y Waitit ya dejó su impronta. Y hay que reconocer que con sus ticks indeseables la película tiene una personalidad de las que las anteriores carecían por completo.  Dicho esto yo niego la mayor que el Thor clásico tiene que ser un personaje aburrido y necesitaba este cambio. Ahí está su papel en infinity War donde tiene los momentos más potentes del personaje en el MCU y no creo que nadie se quejase, ni le pidiese que estuviese diciendo chorradas.

Lo que sí que es criticable de manera objetiva es que Waititi tiene manga ancha para mancillar a cuantos personajes quiera. En Ragnarok no tuvo miramiento ninguno con cargarse a los tres guerreros, o usar de manera ridícula sagas con tanto potencial como la Saga de Surtur, Hela o incluso Planet Hulk con el uso de la Masa.  Por eso el miedo nos atenaza cuando lo primero que sabemos de esta película es que va a trasladar a la gran pantalla los comics de Jason Aaron.

Aaron llegó en 2015 a la colección de Thor y se ha ganado una posición en el pódium de las mejores etapas del Dios Nórdico, tras las inaccesibles de Kirby y Simonson. Jason Aaron tuvo muy a las claras que tenía que hacer con el personaje: recuperar la épica que nunca debe abandonar a este personaje. Su primera saga, el Carnicero de Dioses nos trae un villano de tremenda altura, Goor, decidido a aniquilar a todas las cosmogonías existentes y un duelo épico a través de los tiempos. El contundente Esad Ribic es el mejor acompañante para esta saga que destila grandeza, brutalidad y momentos incluso de horror cuando hace falta. Aaron seguirá manejando la mitología de Asgard con Malekith, la pugna de los nueve reinos y en su tercer año se lanza un órdago: convierte a Thor Odinson en un personaje indigno para llevar el martillo y éste pasa en manos de una nueva Diosa del Trueno, que con el tiempo se descubre que es Jane Foster, que trae consigo una historia dura y emotiva.

Éstas deberían ser las líneas principales que va a recrear Waititi en su película. Y digo debería porque ya nos tememos los peor. Era evidente que la fidelidad a los cómics no se iba ni a oler. La saga cuenta con tres Thors de tres líneas diferentes interactuando entre ellos y parecía lógico que eso iba a ser obviado. Pero uno esperaba que siendo una historia mayestática, épica y trágica el director neozelandés se controlase un poco y encontrase el tono adecuado para tratar esta historia.

Pues Love and Thunder va a ser un continuo “toma dos tazas”. Si en Ragnarok se hacía algún chiste en situaciones serias, aquí es un no parar y no dejan pasar ni una oportunidad para soltar algún chascarrillo. Si allí el personaje principal peca de ingenuo y mimosín, aquí parece un imbécil directamente en cada una de sus apariciones.  Si en Ragnarok el espacio y las naves extraterrestres eran bastante kitsch y colorido, aquí llega un punto más allá y los colorines se hacen dueños de la función. Si allí había un interludio en el planeta Skaar donde se desataba el director, aquí todas las escenas con los Guardianes de la Galaxia es un chiste alargado… Hasta las cosas positivas se exceden hasta más allá del límite. La buena idea de utilizar a Led Zeppellin en las escenas cañeras se lleva hasta el exceso con Guns And Roses sonando hasta rebosar

Al menos podías esperar que las chorradas quedasen enmarcadas en los momentos con los Guardianes de la galaxia (que se quitan bien pronto de en medio) y dejarían inmaculados los aspectos más serios. Puede parecerlo al principio con el prólogo de Goor, que aunque ya deja alguna pincelada en aquellos dioses sí parece respetar los cánones del personaje. Pero a medida que avanza la película el carnicero de Dioses se va viniendo abajo. Primero porque la actuación de Christian Bale hace al personaje más repulsivo y asqueroso que imponente. Da más grima que miedo. Y al final sus actos que se ven en pantalla no dan una muestra total de su poder: básicamente se le ve secuestrar a niños, lanzar discursos repulsivos y engañar a Thor más que humillarle en combate. Hasta cierto punto se le da más importancia a la Necroespada que al mismo Goor.

Y la otra trama que debería aportar dramatismo también se queda corta. Se recupera a Natalie Portman para la causa, lo que siempre es bien, para que se haga con el martillo de Thor y se convierta en la Diosa del Trueno, sin demasiada explicación para que eso ocurra. Lo importante aquí debía ser que Jane Foster tiene un cáncer terminal y nos debería preocupar, entristecer y trasmitir ese desasosiego. Pero en lugar de eso la buena de Jane pues está ahí solo para molar, y tener conversaciones de ex  y réplicas pueriles con Thor durante toda la película. El drama de la situación está siempre sumergidos entre momentos ridículos y chistes a cada cual peor (lo de los celos de los martillos es…)

Cuando llega la escena del Olimpo es cuando ya se toca fondo. Sé que no le llaman el Olimpo, pero en definitiva es lo que se representa.  Tener al panzón de Rusell Crowe, que le salen las lorzas por la coraza, riéndose de Zeus  y de todo el panteón olímpico debería ser un festival de carcajadas, pero a mí me da más bien vergüenza ajena. Que tiene como arma un rayo de plástico amarillo, en serio. Como digo el problema no es que se utilice el humor  en determinados momentos. El problema es que el humor sobresature toda la función, y que encima se estúpido, de trazo grueso e infantiloide.  Un desatado Waititi con las cabras, el insoportable personaje de Korg, o asgardianas bailando hip hop ponen nuestra paciencia al límite.

Y yo siempre digo lo mismo. Waititi es así por elección. Porque no creo en ningún momento que sea un mal director. Cuando quiere tiene una gran potencia visual y sabe tocar la fibra. Ragnarok no me gusta nada, pero hay que reconocerle que tiene momentazos como el ataque de las Valkirias o el enfrentamiento en el Bifrost que lucen espectaculares. Aquí destaca con luz propia el planeta sin luz en que toda la fotografía pasa a blanco y negro y es donde mejor luce Goor. Lo que pasa es que su lado kitsch le puede y prefiere saturar de colores o de soluciones horteras como cabezas flotantes porque a él le parece más divertido. Por no hablar de, una vez más, seguir pasándose por el forro toda la mitología de los personajes. Ahora parece que cualquiera que pasa por ahí puede levantar el martillo de Thor sin preocupaciones.

El final es un todo vale en el que se utiliza a Eternidad como máquina de los deseos, Mjolnir se deshace en mil fragmentos a voluntad o Thor puede pasar sus poderes a niños asgardianos porque le interesa al guion. Pues vale. Aquí llega el momento en que pretende dar un giro de 180 grados. Y lo que hasta ahora habían sido risas ahora busca que sean llantos. Y es difícil que a estas alturas el espectador no haya desconectado emocionalmente en la película. El sacrificio de Goor en favor de su hija no te dice nada, cuando ha estado 120 minutos sin acordarse de ella para nada. Algo más de trasfondo tiene que tener el destino de Jane Foster, pero igualmente su historia ha sido tratada de manera tan poco dramática que el momento no tiene el empaque que se le supone. Acaba con un nuevo status quo para el personaje, bastante arbitrario y que tiene pinta que le va a durar dos telediarios como el anterior.

Y bueno, no puedo decir que iba engañado a ver esta película. Sí pensaba que iba a estar más contenido el estilo de Ragnarok y al final ha sido aún más desatado, pero ésta es la apuesta de Marvel por su personaje y Waititi ha sido coherente consigo mismo. Duele que para hacer este tipo de películas tan lígeras y bufonescas se apoye en historias épicas que piden a gritos un tratamiento más oscuro y dramático.  Thor gasta sus mejores balas en una pistola fosforita de juguete.

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