Apabullante. La segunda parte de Dune ya está aquí y Dennis Villeneuve ha colmado todas las expectativas que ya dejó bien altas en la primera parte. Ya por entonces estábamos asombrados por el nivel de monumentalidad que había levantado el director canadiense, elevando el nivel de espectacularidad de la novela de Frank Herbert a niveles imposibles.
Es justo empezar a alabar la película a nivel visual porque realmente es un espectáculo de nivel sensorial como hoy día no se puede ver en el cine. La belleza con la que Villeneuve plasma el desierto no se la recuerdo a nadie desde David Lean, la abrumadora escala de la película sigue al mismo nivel de la primera parte con escenas que son abrumadoras, como la llegada al Sur de Paul, recibido como un mesías por miles y miles de personas. Y especial atención a la escena del planeta Harkonnen rodado con un purísimo blanco y negro que es consigue una belleza horrorífica visualmente maravillosa. De nuevo la película de Villeneuve visualmente es impecable, al igual que el uso tan sincopado de la música y de los efectos sonoros, a un punto de resultar desagradables por el volumen pero que le otorga una profundidad y resonancia a las imágenes que les aumenta valor. Dennis es muy bueno, y se ha convertido en un director al que no perderle la vista.
Siendo continuista con la primera película pues nos vuelve a imponer ese ritmo machacón, lento y pesadote que tienen sus películas. Hay que entender que es su marca y su manera de procesar información. Lo digo yo que critiqué Blade Runner 2049 y puse ceja escéptica en la primera parte de Dune por esta razón. Y vale, a lo mejor le puedes echar en cara que en más de cinco horas de película no ha sido capaz de trasladar un libro entero. Pero mientras me tenga interesado en la trama que me está contando, no sienta parones de ritmo y ande hipnotizado con las imágenes que trasmite se lo tengo que perdonar.
Si tengo que hacer un alto para hablar del nivel actoral de la serie que como en el resto de los apartados está prácticamente sublime. Ya en el artículo de la primera parte me vi obligado a exorcizar mis prejuicios contra Chamalet, porque con sus actuaciones no deja lugar a dudas que se trata de un talento generacional. Sí que me había convencido como el noble que tiene dudas al tener que dar un paso al frente forzado, pero no sabía si estaría a nivel cuando le tocase ser más duro y heroico. Y vaya si lo está. Tanto en sus dudas sobre si abrazar su rol mesianico, como en su comportamiento con el resto de los Fremen. Tanto en los duelos interpretativos con su madre o con Stilgar. Tanto cuando tiene que hacer escenas de acción como cuando sigue su transformación a lider integrista.
Pero el resto del reparto está a su altura. Zendaya cumple tanto como interes romántico como rebelde, mostrando en todo momento su fuerza interior. Rebeca Ferguson está superlativa, aunque tenga algún problema con su trama, cada vez que aparecer en pantalla se come la pantalla con la intensidad de su mirada. Y Javier Bardem demuestra sus dotes con pasmosa facilidad convirtiendo a un personaje fanático y paternal en alguien muy carismático. De los que repiten de la anterior película más los que se añaden a la fiesta mantienen el nivel actoral arriba y demuestra que Villeneuve es un gran director de actores: la viscosidad de Stellan Skargard, la nobleza guerrera de Josh Brolin, el sadismo de Austin Butler, la debilidad de Christopher Walken y la inteligencia política de Florence Plugh, hace que el noventa por ciento del reparto cumpla a la perfeccion.
Respecto a la primera película creo que la trama fluye de manera más orgánica en esta segunda película que en la primera. También es lógico, ya que en aquella tenías que presentar todo el universo creado, los protagonistas, las familias y sus mitologías propias. Pocos peros en como acabó, pero si es verdad que tampoco la sensación una vez vista las tres horas de película es que tampoco habían pasado tantas cosas como debieran (básicamente la llegada de los Atreides a Arrakis y la traición de los Harkonen a éstos coparon aquella película) En su secuela se puede decir algo parecido, pero la relación de Paul con los Fremen está mejor construida, además de la trama política que se está desatando alrededor, que es más interesante de lo que parece.
Si tengo algún problema de continuidad entre una película y otra en relación a algunos personajes. El más evidente es la bestia Rabban, que fue temible adversario en la primera parte capitaneando el golpe de estado contra Lato Atreides y aquí sale poco más o menos como un inepto en cada una de sus apariciones. Supongo que sirve para ensalzar a su familiar, el sádico Feyd Harkonnen, pero no deja de arrastrar por el suelo de la maneras más humillante al enemigo físico de la anterior película. Otro problema de continuidad yo lo veo en el personaje de Jessica. La madre de Paul en la primera parte era muy dependiente del amor a su familia, hasta el punto de haberse rebelado contra el destino escrito/manipulado por las bene genessit, amando a su marido y engendrando un varón. Pues aquí de la noche a la mañana se rebela con sus propios planes para con su hijo y pasa a ser una manipuladora de manual y comportarse por momentos como una villana en favor de sus intereses (y los que ella entiende que deben ser los de su hijo)
Respecto a la saga yo tenía miedo que la trama mesiánica se apoderase de la trama y eso mi tiraba para atrás. Y es así, porque es el destino de Paul Atreides. Pero lo que está muy bien tratado es las dudas del mismo Paul sobre su destino. Rodeado de quien le ve tanto como el salvador de Arrakis como el hijo pródigo de las Bene Genesit a mí me interesa mucho como el mismo Paul niega su naturaleza mientras que sus mismos compañeros, con Stilgar como enfervorizado devoto, no deja de ver señales y estigmas que apuntan hacia él como salvador. Luego su relación con el resto de Fremen evolucionan muy organicámente y termina siendo uno de ellos sin bagajes, además aderezados con escenas bellísimas en el desierto, y espectaculares como la doma del gusano de arena o los ataques terroristas de los Fremen, tremendamente bien resueltos.
Luego está la trama política de fondo que recorre toda la película, y a la que a mí me gustaría que se le diese más transcendencia, porque muchas veces parece que es secundaria cuando me parece superinteresante. Siendo la confabulación de la Bene Genesit lo que tiene más enjundia y la lucha de Jessica contras las grandes madres que no ven a un barón como su representante. Lo que mola mucho es que parece que es una conspiración que lleva siglos cincelándose en las sombras.
Más problemas tengo con la trama gubernamental. Sobre todo por la manera de representar al emperador. La saga de Arrakis ha empezado con el emperador lanzando un órdago a la casa Atreides que bien podía ser de Tywin Lannister: Obligar a los Atreides a quedarse con Arrakis y a la vez financiar a los Harkonnen para que den su golpe de estado. Parecía un movimiento sibilino y artero. Por eso cuando ves la presencia del emperador y sus actos en esta segunda parte se te viene un poco abajo. Es demasiado débil y pusilánime. Apenas una marioneta en manos de otros, incluido su propia hija que parece mucho más inteligente y mejor jugadora del juego de tronos que su apagado padre.
Siendo una película de masticar lento si le tengo que poner un pero es que llega al final de manera atropellada. Con Paul Atreides receloso durante toda la película de recoger el testigo que se le ha impuesto como nuevo mesías llega el momento que debe tomar la decisión de viajar al sur, y aquí el personaje cambia por completo. Pasa de tener un síndrome del impostor entre su tribu a abrazar con vehemencia el liderazgo de todos los Fremen. Que nos deja escenas potentisimas como sus llegada a la ciudad con miles de fieles a su alrededor, o como convence al resto de familias que terminan verenándole. Y si da la sensación que desde un determinado punto (desde que el personaje de Josh Brolin coge preponderancia) los intereses Atreides superan por mucho los intereses de los Fremen, para desdicha de Chani.
Y luego la batalla final se queda un poco a medias. Todos lo que esperábamos una batalla épica y espectacular nos quedamos con las ganas, porque el enfrentamiento a pie de campo apenas se ve. Todo se resuelve en la corte, y aunque el enfrentamiento entre Feyd y Paúl está chulo es la sensación que el “kwisatz Haderach” es muy superior y ya tiene las cartas ganadoras contra el emperador que apenas puede ofrecer resistencias, y contra los Harkonen, que para ser enemigos tan temibles se los han quitado de encima de un plumazo. Cuando uno creía que la película finiquitaría con el libro la promesa de una guerra santa contra el resto de planetas anuncia una tercera parte que a mí me dejó con el pie cambiado.
En definitiva algun pero le podemos poner a Dune si eres tiquismiquis, pero una vez que aceptas de buen grado el ritmo que marca Vileneuve en sus películas la nota tiene que estar por encima del sobresaliente loero la potencia visual, la construcción de semejante mitología,la belleza en sus imágenes, el uso fundamental de la música y del sonido, actores en estado de gracia y estar a la altura de la épica que requiere el material original colocan a Dune como una saga cumbre del género en la actualidad. Y si Villeneuve va a seguir en el carro para la tercera parte nada hace pensar que el nivel decaiga.
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