Toni Quiles es conocido sobradamente por su excelente tarea como actor. Se ha convertido por méritos propios en una estrella con casi una década a las espaldas de reconocido prestigio, gracias a su labor al frente de las películas de la Pepe productions Films. Pero lo que quizás no es tan conocido de él es sus otras facetas artísticas. En el mundillo se valora enormemente su afinidad por la música (hasta el punto de ser propuesto para crear bandas sonoras en la Pepe) y aún más desconocido es su faceta de escritor, ya que sólo hace gala de ella en círculos reducidos. A ella nos vamos a referir hoy, pues acaba de salir a la luz su última obra.
"A mi esto me recuerda a esa serie de adolescentes de 30 años... Dawson crece y sus conversaciones transcendentales sobre sus vidas y la de los demas, en los porches de sus casas"
Así explica uno de los protagonista del relato de Quiles la premisa de lo que pretende el autor: Un grupo de veinteañeros que se reúnen por las noches en un pequeño pueblo para hablar de sus cosas. Con la atractiva peculiaridad de que lo hacen en los tejados de las casas. Pero su referente es Dawson... que para el autor le puede resultar atractivo, sí. Pero para el público general no deja de ser un culebron de adolescentes. Y ese es el problema con el que nos encontramos. La serie cae más pronto que tarde en todos los tópicos del culebrón: nos basamos por completo en las relaciones personales/amorosas de los personajes, y es lo único que mueve el guión. No implica algo necesariamente malo. Viendo la trayectoria del autor vemos que en el terreno del melodrama es donde se siente más cómodo, aunque los resultados nunca han terminado de ser satisfactorios.
¿qué diferencia un melodrama de un culebrón? Es la pregunta del millón, y quien sabe sortear esa fina línea creará obras meritorias. Para mí hay dos aspectos esenciales en los que Quiles naufraga. Una es que te importen los personajes. Si consigues hacer unos personajes interesantes puedes jugar con ellos, y te importará las cosas que de verdad les pase. En el ralato que nos ocupa todos los personajes son unidimensionales, todos tienen la misma voz, son fácilmente intercambiables uno por otro... y llega el punto en que desconectas de sus vivencias. Sinceramente no te importan. Lees el sufrimiento de los personajes, pero no te llega porque no han conseguido calarte y meterte en su vida, en como piensa y en como siente. El caso de Roger, el protagonista y narrador en primera persona, se escapa algo más y nos hace "verle" por dentro, gracias sobretodo al buen uso del personaje confidente. ¿pero el resto? Si escoges una frase al azar no sabes si la ha dicho Aida, Cris, Marco o Nacho. Todos los personajes son genéricos y no tienen nada que te atrape.
El otro punto importante para mí es que no se note como utilizas a los personajes. Es difícil pero necesitas que no se pierda la sensación de que los personajes actúan porque sí, con sus comportamientos lógicos, y no que van dirigidos. y eso es algo que a Quiles le ha pasado en todos los guiones escritos... y le vuelve a pasar aquí. Aunque al principio parece que va esquivando más o menos ese aspecto, con el quiero-no puedo de la relación Roger Aída, poco a poco va cayendo: La tos recurrente de Aída, y la aparición de la bruja Miriam no dejan lugar a dudas de como va a acabar la historia. y el desfase ocurre con la irrupción del personaje de Raúl y el drama que trae: la muerte de su hermano, su platónica relación con Cris y traición, y su definitivo intento de suicidio. Aquí sí que en la segunda parte del relato Quiles no consigue hacer fluir la historia y las cosas quedan demasiado forzadas, solo para que el autor consiga llegar a la conclusión que se ha propuesto. Pierde toda sensación de credibilidad y coherencia: la relación de Cris y Nacho es innecesaria, salvo para clavar otra punta en el ataúd de Raúl; Marco, el novio de Aída de repente pasa a comportarse como un capullo para que ésta pueda volver a los brazos del protagonista, y el final es totalmente falso e impuesto a la historia que no pedía ni quería un final tan abrupto y extremo como el que se da aquí.
Y lo que es peor, entre todo este Affaire culebronesco perdemos de vista la premisa inicial que hacía atrayente al relato. Porque lo de las conversaciones en tejados no deja de ser una excusa de seguir dando la vara con su relaciones amorosas... y finalmente ni siquiera eso. Al cabo de un par o tres de capítulos el autor se olvida de lo que hacía su premisa interesante y los personajes incluso dejan de relacionarse de esta peculiar manera. Ha escogido la opción fácil. SE ha lanzado directamente al terreno donde se sentía más cómodo. Y las pocas veces en que parece que los personajes de verdad dicen algo no dejan de caer en el tópico como tras el accidente del hermano de Raúl: "vemos estas cosas y todos seguimos igual sin darnos cuenta que en cualquier momento te puedes ir a tomar por culo y no aprovechamos cada segundo (...) no sabemos pensar en el presente, siempres estamos pendiente de lo que nos faltará para mañana... y si mañana no llega" No dejan de ser pensamientos superficiales, sin poca notoriedad. Como decía más arriba ningún personaje tiene un discurso que cale, una voz distinta, una personalidad magnética que te atrape. Todos están cortados por el mismo patrón, y así es difícil hacer tuyos a los protagonistas.
Hay que reconocer que en las formas encontramos una mejora respecto a sus últimos trabajos. Los diálogos aparecen más fluidos y más naturales que antaño y Quiles consigue varias metáforas sentimentales bastante meritorias. Por contra nos encontramos con el ya habitual sobreexposición de sentimientos a la que suele acudir el autor, que hace la lectura farragosa por momentos. Quizás de todas maneras la obra ganase leyéndola periódicamente, pues así fue concebida. Al menos vemos un esfuerzo por conseguir cliffhangers resultones, como la aparición de Raúl.
En definitiva, una mejora respecto a los trabajos anteriores, sobre todo en el estilo, pero que parte con el error de traicionar su interesante premisa en favor de adentrarse por caminos ya conocidos por el autor.
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