sábado, enero 31

MCDUFFIE EN LOS 4F: VUELVEN LOS SETENTA

Si uno piensa en los años setenta en los Cuatro fantásticos le vienen a la cabeza enrevesadas aventuras cósmicas sin la grandiosidad de antaño y cambios en la formación del grupo. Bien, parece que esto es el molde que ha elegido Dwayne Mc Duffie para su etapa en el grupo. Ahora bien, si aquella etapa resulta decepcionante en el recuerdo del lector, es porque venía de la épica hecha cómic que suponia la etapa Lee-Kirby, mientras que aquí venimos del bluff con patas que ha resultado Joe Michael Stranczinsky.




Así es JMS, después de una de las etapas más decepcionantes de los 4F que se recuerden se marchó a la francesa, sin acabar siquiera sus números de la paliza War. le pasó la patata caliente a Dwayne McDuffie, que dejó la sensación que pasaba por allí (no como el pobre de Karl Kesel que había aparcado y todo en la puerta esperando su oportunidad) No en vano lo primero que va a hacer McDuffie es cargarse el legado de JMS y la lamentable historia del tío de Reed termina en el más grande de los olvidos, dando una explicación al posicionamiento de Richards más acorde con el personaje, como que ha buscado probabilidades matemática para establecer el futuro. Vale, la referencia a la psicohistoria de Asimov es demasido burda y se la podían haber ahorrado, pero es agradable contar con un guionista que se chotee de la Civil Tontería en lugar de uno que se toma en serio a los proregistro.



Algo que se le puede achacar a la etapa de McDuffie es que es perfectamente consciente de su carácter interino. Parece saber en todo momento que su nombre no es el esperado en el cómic más grande del mundo y que tiene fecha de caducidad. Esto no es necesariamente malo. Puede que en ningún momento se plantee historias a largo plazo o perfilar personajes secundarios, pero tiene por encima de todo la intención de divertirse, sin ánimo especial de dejar huella. Lo mismo puede decirse del dibujante, Pelletier. Se le puede describir de muchas maneras pero ninguna sería como estrella. Tiene la vítola del dibujante cumplidor que está pululando de colección a colección, cumpliendo en todas, sí, pero sin clavarse especialmente en la retina. El mismo papel que otrora le ha tocado en la casa de las ideas a Bagley, Ron Lim o Sal Buscema. Puede ser éste quizás su mejor trabajo, acercándose su versión de los personajes al estilo Davis, especialmente en la Cosa, y con una narrativa rápida y eficaz, aunque siga con algunos problemas endémicos suyos, como los labios de las mujeres.



McDuffie está dispuesto a disfrutar de su puesto, aunque sea con interferencias editoriales de por medio. La primera recién aterrizado en la colección, metiendo a la Pantera Negra y Tormenta en el grupo. Llevamos unos años con Marvel vendiéndonos forzosamente a Tchalla para, presuntamente, ganarse el favor del público afroamericano. Uno de los movimientos para dar notoriedad ha sido coger una mala idea de Claremont-Byrne y estirarla hasta convertirla en la historia de amor africano más grande jamás contada, para mayor gloria de la Pantera Negra. Que esto deje a un pedazo de personaje como Tormenta en el papel de comparsa parece un mal menor, por lo visto. Pues vale. A decir verdad la cosa en los 4F funciona más bien que mal: La razón por la que Sue y Reed abandonan el grupo es plausible y Tchalla tiene relación con la Primera Familia, así que el relevo no es excesivamente forzado. Además, a pesar de ser un matrimonio formado por una mujer con carácter y un líder científico la dinámica del grupo es totalmente diferente, y eso se agradece (aunque el carácter manipulador del Tchalla actual nos choque a los que conocemos al personaje de siempre, al menos lo aleja de ser un héroe genérico)



En su primera aventura McDUffie va a tirar de repertorio antiguo, así los nuevos 4F se ven enfrascados de buenas a primeras en una aventura cósmica con un vástago de Ego, Galactus y sus heraldos (con nuevo rol incluido de Estela Plateada) Junto a ellos Deathlock, La saga se sostiene principalmente por la característica principal que va a tener esta etapa, como es el ritmo desquiciado de toda la serie. Los acontecimientos se solapan de manera tan frenética que no da tiempoa a pensar en el nuevo staus de Estela, interesarnos por Época o plantearnos el sacrificio y posterior resurrección del tal gravedad. El ritmo es tan acelerado que los argumentos se solapan unos con otros. Rees y Sue investigando lo que será la siguiente saga se toparán con un ataque de los 4 Terribles. otra reminiscencia setentera, más con una alineación más que clásica. Como suele ser habitula con este cuarteto solo sirve para reunificar a los 4F y reirnos un poco del grupo en general y del Mago sin alas en particular, personaje que necesita una revisión con urgencia si quiera parecer de verdad peligroso y una amenaza real, más allá de quedarse en un elemento simplemente jocoso para lucimiento de los protagonistas, la Mujer invisible, en este caso.

Con la partida de Tchalla y Ororo (dejando en ridículo la nueva y vergonzosa nueva renumeración y el cambio de nombre d ela edición española) empieza una nueva saga cósmica. La misma empiza con creciente interés, con elementos de ciencia ficción pura y una sensación de amenaza poderosa (a pesar que los impronunciables nombres de las razas expuestas y el heterodoxo diseño de Pelletier sean contraproducentes) Pero la resolución de la misma es considerablemente chusca, con los extraterrestres plagiando todo el universo y recuperando al tal Gravedad otra vez (pesaíto el hombre con su personaje) para que haga de ancla a eternidad, nada menos. Vamos que se sacaron un Deus ex MAchina del bolsillo (el Dr. Extraño también pasaba por allí) para terminar el apaño.
SI no paramos de hablar d elo vertiginoso que es toda la etapa sorprende en especial la última saga de McDuffie, que se va a limitar en su mayor parte a los Cuatro Fantásticos hablando en una habitación. Es la Saga del Dr. Muerte. En esta caso el dictador de Latveria viente del futuro para advertir de la amenaza que supone Reed Richards para la humanidad. La idea es interesante y entronca con el primer número de McDUffie y con las motivaciones de la Civil Patraña. La moralidad de Reed empieza a estar demasiado en entredicho para mi gusto, y eso no es bueno, pero al menos se tocan temas cuando menos interesantes, como hasta donde llegar para conseguir unos buenos propósitos y durante la histora, y más con la llegada de unos autoritarios 4F del futuro (que sirven para tener la batallita de turno, sin más sentido, la verdad) sí se da la sensación que Muerte puede estar en lo cierto. Al final la historia se resuelve de la forma más sencilla: Muerte mentía y todos tan contentos. Pues vaya. Aunque sus motivaciones sí hagan honor a su nombre no deja de ser bastante anticlimático.
Con esto se da por finiuquitado el año de McDuffie y no tarda en echarse a un lado para que se asienten nombres más comerciales en su silla. La intención del guionista ha sido al parecer hacer de puente hasta la llegada del dúo Ultimate que tanta fama atraen. Pero mientras McDuffie estuvo dispuesto a pasar un buen rato con nuestro cuarteto favorito. Y sin duda, sin pedirle transcendencia, evolución ni intención de dejar huella, lo ha logrado.

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