Muchas vecesc cometemos el error de mirar demasiado la firma. Hay productos que venden tan solo por su nombre y queremos encontrar más cosas que las superficiales, pues el autor nos ha ganado ateriormente el crédito. No todas las pelis de Woody Allen son iguales, hay libros de Paul Auster que son pestiños y Alan Moore habrá escrito alguna obra por debajo del notable (vale, eso está por demostrar) Todo este preámbulo viene a colación para hablar de los estrenos televisión de la pasada campaña, esperados especialmente por venir de donde vienen. El primero, Fringe, con el nombre de Abrams brillando entre nubes de neón, y claro, ya tienes a la gente con los dientes largos esperando otro Lost, como si el mismo Abrams no hubiese hecho obras como Felicity o Alias, buenas series, pero lejos de la Isla de Perdidos. Fringe no es mala serie tampoco, pero no se escapa mucho más allá del estilo de serie policiaca marcada por CSI que tanto pululan en la pequeña pantalla, con el toque sobrenatural que lo diferencia, lo que le convierte en un remedo de Expediente X del siglo XXI, aunque por supuesto lejos del caracter de mito que generaron en su tiempo Mulder y Scully.
Pero no venía aquí a hablar de Fringe. El estreno más esperado, al menos par mí, era ni más ni menos que True Blood, o lo que es lo mismo el regreso a la televisión de Alan Ball. Tras ver la maravilla que creó Ball escribiendo A dos metros bajo Tierra su vuelta era esperada como agua de mayo. A todos nos sorprendió que su proyecto fuese una adaptación de una serie de libros de vampiros (¡!) pero vamos, el voto de confianza lo tenía más que asegurado, al menos para mí: Irredento fan de Ball y seguidor que aventuras vampíricas la cosa prometía.
True Blood empieza en un marco muy interesante. Los japoneses han conseguido fabricar sangre sintética, por lo que los vampiros pueden dejar de ser perseguidos y unirse a la sociedad. Está muy clara la metáfora del racismo, ya desde los títulos de crédito, y no es casual que la historia trascura en Bon Temps, pueblos del sur de Estados Unidos.
Hasta ahí bien. El transfondo de la histora puede funcionar perfectamente. Pero héte aquí que nos tenemos que ver con la historia principal. Así conocemos a Sookie Stackhouse, que va a ser la protagonista de True Blood. Es una camarera risueña y sureña, con la particularidad de ser además telépata, lo cual es bastante chocante para la trama que se está contando. O sea su habilidad no es que sirva especialmente para nada en la historia (más allá de explicar su virginidad) y en bastante ocasiones es más bien un lastre, ya que el uso de su poder es totalmente arbitrario. En ocasiones no puede estar con la gente porque no puede soportar tanto pensamiento a su alrededor (y por eso es tan buena idea trabajar en el único bar de la ciudad), en ogtras es incapa de adivinar las intenciones de sus acompañantes, por el bien de la trama. Y por encima de todo es directamente una simple. El personaje no tiene nada de gracia. Ni un solo asidero o punto de interés para que el vampiro de turno se enamore de ella.
Porque la trama principal va a tirar por el camino obvio en las dos vertientes: el consabido enamoramiento de nuestra prota con el vampiro de turno, en esta caso Bill Compton. Y dificílmente se podría escribir aún queriendo un personaje más tópico: el vampiro lánguido, melancólico, de buen corazón si tuviese, que no es aceptado ni por los humanos ni por los suyos, pero capaz de sacrificarse por Sookie... que tío más aburrido, que alguien la clave una estaca, por favor.
El otro punto cliché es la trama principal de la temporada, en la que un asesino va mantando mujeres en Bon temps, preferiblemente las que se acuestan con vampiros (el sexo morboso es uno de los nexos más importantes de la serie) así que todos los indicios apunta a algún vampiro como principal sospechoso, por lo que se instaura el clima de racismo en el pueblo de manera evidente. Es en el ambiente de Bon Temps donde la serie consigue sus mejores elementos. Ese aire de pueblo endogámico, donde todos se conocen y los chismes corren por doquier, especialmente en el Merlotte's Bar, centro neurálgico del pueblo y de la serie.
Todo lo que rodea a los protagonistas aprueba y en ocasiones con buena nota: Nos interesa mucho más todo lo que pasa en el Merlottes, y Sam, el dueño, que nos gana por su carácter de buena persona, su callado enamoramiento de Sookie (y finalmente algún secretillo que nos tiene reservado) las compañeras de Sookie, con especial atención a LaFayette, travestido y camelllo de la serie. La amiga de ésta y el dilema familiar con su madre, terriblemtne duro, y resuelto muy a la manera de los estados francófonos. Hasta el personaje hermano de Sookie, Jackson, que había hecho un esfuerzo intencionado en convertirse en el tío más gilipollas de una serie de HBO, encuentra su verdadera historia en la relación con Amy, que nos deja los mejores momentos de la serie (con momentos oníricos impresionantes) además de su relación con unvampiro cautivo.
Un pero que se le nota a la serie es que no solo con Bill Compton, sino con todo el mundo vampírico, no han sabido dar con un punto de interés real. Los vampiros de True Blood son decadentes, morbosos y enfermizamente sexuales. Viven en un ambien malsano y enfermizo, aunque resultan un aspecto morboso para los humanos que interrelacionan con ellos., tanto por su perturbables artes amatorias como por lo cotizado de su sangre como una poderaosa droga. En definitvia un cero en originalidad. Y mientras todo el tema de la aceptación de los vampiros en la sociedad solo lo vemos en un segundo y tercer plano, en debates lejanos en la televión. El transfondo que tanto nos gustaba queda lejos, pues los vampiros que viven cerca de Bon Temps se comportan como vampiros clásicos.
A todo esto sumémosle la resolución del asesino de vampiros, trama que parecía felizmente olvidad durante la seguna mitad del metraje pero que irrumpe lógicamente con fuerza para el clímax, cargándose al mejor personaje de la serie, reconvirtiendo a JAckson en un idiota, teniendo escenas que parecen sableadas de la saga Scream, en cuanto medio cutre se refiere y un final la mar de tramposo: Convenientemente un personaje que ha estado mil veces al lado de Sookie no leha leído la mente hasta ahora, que se presenta como el verdadero asesion de amantes de vampiros. El papel de Bill Compton en la lucha final lo dejamos par los anales del ridículo.
Peeeeeeero.... como decimos tendemos a mirar demasiado la firma. Así aunque el resultado evidentemente está a años luz de la familia Fisher y si viniese sin el aura de calité que a Ball y a la HBO se le supone desde el principio la serie no llegaría ni al aprobado. VAmos a seguir atentos a las siguientes temporadas. Aunque nos haya defraudado en parte como digo en el título del post la serie tiene un potencial muy grande, con el escenario creado, que bien tocado pueden dara para historias de calado humano, por contradictorio que pueda parecer. Aunque para que esto funcione harían bien en mejorar un poco a los personajes principales, o encontrarles situaciones diferentes y no tan manidas (y la remora para Bill que cierra la temporada puede dar juego) Vale que miremos la firma, pero tampoco vamos a cerrar los ojos.
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