domingo, noviembre 20

EL ULTIMO CANTO DE JEAN VALJEAN

Los Musicales están de moda y no dejan de llenar teatros  estrenen lo que estrenen. Es tal la fiebre del Musical hoy día que se están estrenando productos “sospechosos”. Más allá del resultado final del producto si parece que se están creando obras de cualquier cosa. Un Musical sobre los 40 Principales, un Musical con canciones de Mecano, o  de Fiebre del Sábado Noche, o de Queen Y están cortados todo por un mismo patrón. Un “guión”  escasito, simple a lo máximo para poder intercalar con mayor o menor acierto canciones que el público conoce, corea y son la razón real que los ha llevado a las butaca.
Entre tanto musical  en la cartelera teatral sobresale con fuerza LOS MISERABLES, que se escapa por mucho de los que he podido disfrutar hasta ahora. Ya no solo de los comerciales que critico más arriba, sino del clásico musical de Broadway (Chicago, Cats, Cabaret) que se acogen a la fórmula de musical clásico: Teatro y de vez en cuando los actores se ponen a cantar. En Los Miserables nos encontramos una manera totalmente diferente de acercarnos al Musical. O sea, es una obra 100% cantada. No hay un diálogo que no sea parte de una canción así que es algo nuevo e inaudito, y por supuesto tiene un mérito considerable. Sin duda un Musical que juega en otra categoría a los vistos anteriormente.
Llevar la obra de Victor Hugo al terreno musical solo se puede calificar de locura. Porque estamos hablando ya no solo de un clásico de la literatura de todos los tiempos (y para el que esto suscribe uno de los cinco mejores libros que nunca ha leído), pero vamos, que el acercamiento del autor francés a las clases más bajas y las penurias que trae consigo el sistema burgués del siglo XIX invita a cualquier cosa  excepto a hacer un musical con esto. Pero claro, nosotros mantenemos el tabú que el musical es un espectáculo frívolo y banal. Pues no. Los miserables es una obra  totalmente adulta,  fiel en todo a la obra original, que apenas tiene concesiones relajantes para el espectador (“amo del mesón”) y que no duda en ningún momento en ser dura, cruel reflejando la sociedad del siglo XIX. Se hace raro ver una historia en verso con putas, mujeres que mueren en la más grande miseria, o niños acribillados por el ejército.  Pero una vez se acepta y se entra en ese juego la verdad es que la historia de Jean Valjean te atrapa como pocas.
Evidentemente  este estilo cuenta con un hándicap importante respecto al resto. Todo parte de cero y no tenemos un gancho fácil para el espectador. Vamos, básicamente que el público no se sabe las canciones. Pero ahí es donde se tiene que demostrar el nivel musical y literario de las canciones. Y vamos, se cumple con creces, porque los temas de Los Miserables son todos cercanos a la excelencia.  Además de contar la historia que debe  los autores se gustan y se consiguen canciones maravillosas. Desde las dinámicas  Otro Día se VA, la canción de los muelles o Amo del Meson, hasta la pegadiza melodía que acompaña a Javert cada vez que sale, a canciones sentimentales para lucimiento espectacular de sus intérpretes (El Soliloquio de Valjean, la muerte de Frantine, Sillas y Mesas vacías) Pasando por canciones que se convierten de inmediato en himnos emblemáticos y leitmotivs de la obra: La canción del pueblo, que resume el espíritu de la obra de Victor Hugo como ninguna, y Sale el sol, canción revolucionaria y espectacular clímax de la primera parte de la obra que acaba por todo lo alto. SI con todo eso no es suficiente, la consideración de la obra maestra se la gana  en momentos netamente maravillosos en que diversos  personajes cantan conjuntamente en el escenario sus canciones independientes  para terminar juntándose en un único estribillo final. Aunque reconozco que en ocasiones es cuasi imposible seguir la estela de todo lo que se dice, pero la da una intensidad y un preciosismo a Sale el Sol, Un Corazón lleno de Amor, o Un día Mas que pone  muy alto el listón para cualquier musical posterior.
La calidad del material de partida es casi infinita. Víctor Hugo es uno delos escritores mas pasionales que ha existido y eso se nota en cada frase de Los Miserables. Tremendamente duro con la sociedad burguesa de la época, que provoca personajes como Thernadier, que pasa de truhán a mafioso y termina siendo un bon vivant, una imagen idealista de la revolución del pueblo, y la construcción de personajes emblemáticos sin apenas esfuerzo. Pero ademas de todas estas virtudes que nos emplazan al romanticismo Hugo también aporta soluciones que anticipan el movimiento del realismo del siglo XIX: especial cuidado en la ambientación de la época, necesarias descripciones del contexto histórico para enmarcar la historia que se cuenta y el aprovechamiento de situaciones reales históricas donde mover a sus personajes con acierto, con la revolución de 1830 como momento preferente para desarrollar la historia que Victor Hugo nos quiere contar.
El protagonista, jean Valjean, es un héroe de una pieza, un buenazo sin fisuras, pero lejos de convertirse en alguien insoportable que lo hace todo bien empatizamos por completo gracias a la enorme historia de redención con la que empieza la obra, y que va a perseguir al personaje toda la obra. Ahi aparece Javert, personaje que es arquetipo de la justicia despiadada, pero su constancia y su empeño también nos conquista. Desde ahi, pues personajes carismáticos  tengan mucho o poco papel. La bondad infinita del sacerdote, primordial para la vida de Jean Valjean, frantine y su cruel destino, el vivaracho Gavroche, la romántica Eponine o el líder revolucionario Enjolras, son ejemplos de personajes que nos ganan, interesan y sufrimos con/por ellos.
Supongo que todos se han dado cuenta que en esta enumeración faltan dos personajes importantes, pero son tan insoportables que provocan el único manchón en la obra maestra. Efectivamente Collete y Marius son personajes primordiales y su historia de amor es motor del libro durante la segunda parte del mismo, pero este amor platónico resulta tan artificial, tan impostado, que a la postre molesta mas que añade durante las intensas revueltas en Paris. Como dice Peted David lo único que no perdona a Victor Hugo es que estos dos personajes terminen con un final feliz mientras se ha ido cargando a personajes mucho mas interesantes que ellos durante toda la obra.
Huelga decir que la empresa de trasladar todo esto  a un musical se antoja complicado, y se consiguen las lineas básicas de la novela, y el espíritu de la misma, pero si es verdad que hay multitud de detalles que se pierden para el espectador. Que ser literal a Hugo es imposible, que el tio puede dedicar  cuarenta paginas a las causas de la batalla de Waterloo solo porque hay una relación tangencial entre dos personajes (que por cierto se pierde en el teatro) o dedicar un capitulo entero a la descripción del alcantarillado de Paris. No es tan importante que abandone lineas enteras de subargumentos, como el intento de robo de Thernadier y sus compinches. Pero si hay detalles que son importantes en la obra y que se pasa de puntillas, empezando por el robo de la barra de pan que condena a Valjean. Pero seguro que  los que desconocen la obra original se quedan descolorados en mas de una ocasión, especialmente con las elipsis temporales que hay en la obra. Dudo que se diesen cuenta en su momento que Valjean fue causante indirecto de la caída en desgracia de Frantine (Valjean pasa de forajido a alcalde sin explicación de donde sale su fortuna) o tardarían  unos minutos para reconocer a los personajes cuando han pasado quince años. O sin ir mas lejos, la relación final entre Marius y Valjean, tensa hasta que el joven descubre que su suegro fue quien le salvo la vida, se pierde por completo.
Esa necesidad de simplificar lineas para que cupiese toda la obra no desdibuja en ningun momento a los personajes, empequeñecidos respecto a libro pero que mantienen en lineas generales su misma complejidad y magnetismo. Pero va a tener su contrapunto malo en, una vez mas, la relación Cosette-Marius. Si ya en el libro, con tiempo para afianzar la historia de amor nos quejamos de lo plomiza y artificial que nos parece, pues imaginaos el la obra, donde apenas se ven tres segundos y es suficiente para que ambos se juren amor eterno por siempre jamas. 

Escenograficamente tenia retos complicados pues la novela esta salpicada de cambios de escenarios y momentos espectaculares, pero lo solventa bastante bien, con momentos como las galeras o los muelles. Por supuesto uno de los puntos donde se la jugaba era en la revuelta de París. La vision de la trinchera tapando el ejercito francés es tan colosal como efectiva. Aunque ahi he de poner un pero, mas desde el punto de vista subjetivo, pues la muerte de Gavroche fuera de plano me dejo mal sabor. No en vano es una de las perdidas que mas he sentido en un libro.
Hacia el final aprovecha imágenes de fondo para crear decorados, caso de las alcantarillas de Paris, o el extraño momento de la muerte de Javert y su salto al vacío sin moverse el actor de sitio. Queda un poco raro pero no pierde intensidad el momento.
Sobre los actores poco puedo aportar pues andaba demasiado lejos para valorar sus expresiones. Si puedo hablar sobre la declamación excelsa de todos los personajes, con una voz poderosisima que acerca su aportación musical a la opera. Del resto destacar también a Frantine en un papel muy jugoso, y a Eponine, autentica robaescenas de la segunda parte, hasta el punto que hubiésemos preferido su triunfo que el de Cosette en la historia de amor.
Acabáramos. Extraordinaria obra teatral, un trabajo casi perfecto en todos los aspectos, donde los únicos pequeños inconvenientes heredados de la obra original son un pero casi insignificante respecto a las enormes virtudes que han trasladado al escenario de manera brillante, consiguiendo una obra maestra musical de una obra maestra literaria.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

yo era esceptico cuando fui a verla en Madridm
Después de verla es mi favorita pero con mucho....

japs dijo...

No es que sea mejor, es que no juegan ni en la misma división. Los miserables esta mas cercano a una opera que a un musical habitual.
Mi acompañante también iba con ceja escéptica y acabo completamente rendida a la inmensa calidad de lo vivido. Sin ir mas lejos, sale el sol, el momento en que acaba el primer acto es seguramente el momento mas intenso y emocionante que yo he vivido en un teatro.