martes, febrero 7

LA SOMBRA DEL VIENTO ES ALARGADA

Vaya por delante una aclaración. La Sombra del Viento a mí me parece un muy buen libro. Entretenido, ameno, divertido y bien escrito, con personajes carismáticos y un trama que te engancha, aunque sea más simple de lo que ella misma se cree. Lo que digo viene a colación porque, recordad el discurso sobre los bestsellers en la reseña de Larsson, parece que mantengo ceja escéptica sobre la obra de Ruíz Zafón. Y bueno, yo siempre lo que he mantenido es la perplejidad de que la Sombra del Viento se convirtiese en una bestseller a nivel mundial. Cuando es una obra bastante “provinciana” en el buen sentido, que lo que hace es imbuirte en el alma de la Barcelona de primera mitad de siglo (la Barcelona auténtica, no la megalópolis del postolimpismo) y te disfraza una novela juvenil detectivesca con un aura modernista que termina impregnando tanto la trama como la prosa del autor. Ese es el gran acierto de la obra.
Tras el hype desmesurado de la sombra del Viento se nota que a Zafón se le hacía cuesta arriba el ponerse a escribir de nuevo y mantener las expectativas. Cuatro años tardó en presentar el Juego del Ángel. Un libro que habita en el mismo universo que la sombra del Viento (guiños evidentes con la Librería Sempere y el acercamiento al peculiar Cementerio de los Libros Olvidados) pero que se separa de él en la forma. Igual que en el primer libro Zafón conseguía que el modernismo influyese en su propia prosa, aquí hace lo mismo, pero con la mente enferma del autor, David Martin, escritor que vende su alma al diablo para conseguir su éxito. Da como lugar una obra caótica, poco cerebral y confusa en el mal sentido. Un libro fallido a todas luces, pues no consigue repetir el encanto de la Sombra del viento de embrujarnos con esos detalles menores y disfrazar una historia liviana. Aquí el disfraz es feo de por sí.
Desconozco cual fue la recepción del juego del Angel. Evidentemente por debajo de la notoria la Sombra del Viento en cuanto a ventas y entusiasmo generalizado, pero no sé si la crítica vio con buenos ojos el giro de Zafón. Sea como sea, impulsado por sí mismo o por agentes externos el autor se ha rendido ante la grandeza de su Opus Magna. Presenta en sociedad El Prisionero del Cielo, tercer y ya podemos aventurar que no último, libro dentro del universo que ha construido. Pero si el Juego del Angel tenía independencia artística respecto a su predecesor, el Prisionero del Cielo no es así. Es un libro vinculado expresamente a La sombra del Viento, y para más inri, su verdadera función a posterior es ser el nexo definitivo entre el primer y segundo libro.
El problema no es que los protagonistas vuelva a ser Daniel Sempere y su inseparable amigo Fermin Romero de Torres. Podrán haberse metido en nuevas aventuras, con independencia de las anteriores como así parece empezar y encontrar su propio camino.
Tras un macguffin que suena ya a muy visto (misterioso personaje que entra en la librería de Sempere buscando algo relevante de su pasado) el libro no arranca hasta la parte central del mismo, el relato de Fermin de su estancia en la cárcel de Montjuic tras la guerra civil. Esto es lo único relevante que quiere contar Zafón, y en lo que más se va a esmerar. Pero sin estridencias tampoco. Que todo rezuma a ya sabido, a estereotipo. La descripción del castillo de montjuic parece salida de cualquier película carcelaria nazi de los años 50, con el alcaide malo y ambicionso, los guardias duros y los compañeros de celda desconfiados o amigos. Por ahí pierde todo el crédito el autor, porque si la gracia que había tenido su bestseller era conseguir construir una historia detectivesco, pero sin perder el toque autóctono, aquí no hay nada que se salga del arquetipo más vulgar (esa huída en una noche de lluvia. Que Zafón había visto Cadena Perpetua antes de ponerse a escribir…)
Entonces el escritor hace trampa. Como no está consiguiendo interesarnos ni por el misterio principal ni por las zarandanjas de Fermín en prisión, coloca como compañero de celda a David Martín, el protagonista del juego del Angel. Apela así a los fans de la continuidad y los lectores de los otros libros para que se enganchen, al establecer un nexo común entre las tres obras, hasta un punto hiriente: ¿Es David Martin el verdadero padre de Daniel Sempere?
Y digo que es tramposo porque principalmente es incoherente ¿Por qué habla de David Martín Fermin? Podría haber contado la misma historia de su captura, del dinero de Salgado, de la ambición de Valls, incluso del plan ideado por el escritor omitiendo toda relación que conectara a Sempere y Martin. Al fin y al cabo no le ha contado nada en los últimos veinte años ¿Por qué hacerlo ahora? La irrupción de Salgado en la librería no parece razón suficiente, pues todo el tema del dinero es tangencial a Martin. Está métido con calzador.
Al topicazo carcelario que acompaña toda la parte central la termina de hundir lo chusco de su resolución. La manera de huir de Fermín, además de prototípica y esperada desde que se menciona al Conde de Montecristo, esta descrita de manera totalmente nefasta. Si todo pasa como se describe en el texto hay que ser patán para recoger el saco de un muerto donde está metido la misma persona con la que estás hablando. Nivel realmente bajo.
Y lo alarmante es que aquí se acaba el libro propiamente dicho. El resto es atar cabos, o dejarlos abiertos con más o menos gracia. Pero nada de la intensidad, tragedia y carisma de Julian Carax, Fumero y compañía. Se quitan de en medio a Salgado en apenas dos páginas, si no menos. El esperadísimo clímax no es otro que la despedida de soltero de Fermin. Del resto no sabremos más. Se abren nuevas vías en relación a Valls y su trayectoria misteriosa tras dejar su puesto de director de la cárcel, pero se nos va a quedar en coitus interruptus. Ni se explica su desaparición de la sociedad de los últimos años, ni su relación con el examante de la mujer de Sempere, ni la ansiada venganza que se vaticina. Todo se deja abierto, inconluso para las futuras entregas que seguro vendrán.
Los continuará no me parecen mal ni mucho menos y adoro los cliffhangers como pocos. El problema viene de la escasa entidad de la historia que nos han contado. EL libro ha servido para hacer una especie de ejercicio de retrocontinuidad (ahora sabemos que hacía Fermin pululando constantemente por la librería), conectar de manera harto inestable los dos libros anteriores y abrir tramas nuevas para las novelas que vendrán. Vamos, l aúnica intención de Zafón al escribir el Prisionero del Cielo ha sido rentabilizar su franquicia. Él es el Prisionero de la Sombra del Viento.

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