domingo, octubre 28

¿HAY ESPERANZA PARA LAS SERIES ESPAÑOLAS?

La primera y última vez que hablé por aquí de una serie española fue cuando andaba enganchando al internado. A pesar del loable esfuerzo de hacer un Lost a la española la lógica se impuso y la serie cayó en los fallos garrafales de toda producción patria: episodios eternos, sobrealargamiento, necesidad de contentar a todas las audiencias… Una vez más se imponía la opinión generalizada de que encontrar calidad en la ficción española era una utopía. En este desierto apareció en su día un pequeño oasis que, lejos de mis intereses subjetivos, hay que valorarlo como taL. La señora y posteriormente La República era una esmerada producción con notables actores y un buen equilibrio (muy decimonónico) para mezclar hecho y ambiente histórico con la historia folletinesca que nos estaban contando.


Pero en los últimos meses/años has surgido propuestas interesantes que además consiguen una factura bastante diferente a lo que estamos acostumbrados, lejos de los tópicos, prejuicios y sistemas que suelen acompañar a las series, especialmente de las cadenas privadas.

Las primeras nuevas noticias llegan desde la HBO… digo dese el canal de pago en España, Canal Plus ¿qué fue de Jorge Sanz? Es una producción inaudita, insospechada totalmente por estos lares. Mi bienamado David Trueba hace un ejercicio intrahistórico que es una delicia. Mitad Biopic, mitad comedia patética uno no sabe donde empieza la realidad y donde la ficción en esta historia del propio actor en decadencia. Trueba como siempre tiene esa extraña mezcla entre lo vulgar y lo genial que le da réditos. Y el que demuestra un enorme sentido del humor es el propio Jorge Sanz, evidente escarnio de la obra, hasta límites insospechados, que no hacen sino que ponerse bajo el ojo del huracán y recibir palo tras palo. Las evidentes mofas contra el extraterrestre, lamentable comedia que protagonizó Sanz hace años, el constante recuerdo de sus años de éxito (“Valentina fue tu mejor papel”) y las pullas de sus compañeros de trabajo (el momento con Juan Diego Botto en el tren es impagable), y en definitiva el retrato patético de un perdedor en la vida nos regalan momentos extremadamente ingeniosos, sin caer en la chabacanería graciosa en busca de la carcajada fácil.

Me consta que otra serie del plus que la rompió fue Crematorio, con un Pepe Sancho inconmensurable y atacando sin pudor las corruptelas urbanísticas, pero lamento decir que fue una serie que no seguí en su día.

Así que otro trabajo de importancia capital ha sido Polseres Vermelles. Albert Espinosa sigue sacando partido a sus años en el hospital, que no deja de repasarlos como los mejores de su vida, y coge el mismo argumento de Planta cuarta y lo convierte en serie, formato en que funciona incluso mejor. La historia de unos niños que viven internados en el hospital, por casos de cáncer como Espinosa, lo tiene todo para atrapar al espectador. Es emotiva, sensible y divertida cuando ha de serlo. En cambio el contraste con los momentos duros no está tan logrado como en la película de Mercero. Bueno, básicamente se pasa de largo, la vida se pinta de manera demasiado amilbarada. Incluso cuando uno de los protagonistas muere no parece resentir demasiado el aire bucólico de la serie.

Espinosa es lo que busca. Es su ideario. Si entras en su mundo sabes que va a estar rayando la cursilería en más de una ocasión. Si lo aceptas, siempre que no se pase, pues sabes que vas a tener historias sensibles, siempre optimistas e ideas imaginativas: la historia contada en off por uno de los chavales en coma, el impagable enfermo de Asperger, con sus divertidas ocurrencias o momentos rallando lo fantástico, como esa “ángel” de los últimos capítulos o el bien traído escenario en la piscina, que sirve de limbo entre la vida y la muerte.

Además, cosa rara, los actores niños hacen su trabajo bastante bien para lo que estamos acostumbrados. El uso de todos, todos, pero todos los temas importantes de la música catalana de las últimas dos décadas está bien tirado también y sirve para el propósito de enganchar sentimentalmente al espectador. Eso sí, verla en castellano doblado es un horror. El éxito en Cataluña ha sido bestial, hasta convertirse en fenómeno social. Y aunque acabasen la temporada de manera cerrada no dudo que volverá para el año que viene.

La tercera propuesta interesante, reconozco que no daba un duro por ella, ni en calidad ni en audiencia. Pensé que la gente confundiría la seria con una comedia al uso y le daba dos días. Afortunadamente no fue así porque la propuesta es bastante más madura y compleja que lo que no s tiene acostumbrados Telecinco. Un muy contenido Santi Millán ejerce de un fisioterapeuta particular, y gracias a él conocemos las historias de sus pacientes. De nuevo es una serie adulta, que se preocupa más de mostrar los sentimientos y complejidades de los protagonistas que de ir a saco. El acercamiento a la enferma de Asperger es cuidado y poco gratuito. Otras historias van entrando y saliendo de la serie, en ocasiones autoconclusivas, pero siempre de manera inteligente. Incluso los productores aprovechan y cierran la serie “la pecera de Eva” en uno de los más inauditos crossovers en una serie de televisión, pero que quieren que les diga, a mi me encariñó porque me recordaba a los tejemanejes que Claremont y CIA tenían que hacer llevándose a sus personajes de serie cancelada a serie cancelada para acabar su historia.

La historia principal de la serie, la paciente que siente algo por el doctor, aunque obvia desde el principio, está bien llevada. Son pacientes con ellos, dándole tiempo a que cada uno de los pasos exactos y sin necesidad de sacarse recursos de la manga. El final con el “villano”, el marido de ella, responde a lo que es la serie. Sin histrionismos, sin ganas de levantar la voz o terminar en una pelea, que sería más chuli. Solo hablando cada personaje consigue lo que quiere. Todo bien…. Hasta el final. Retrobamos a la esposa del protagonista, en coma desde el principio de la serie y cuyos flashbacks nos dicen mucho de lo que de verdad siente el protagonista (ejemplar el momento de repasar las fotos) y en el último plano… zas. La esposa despierta, cuando no se habían dado pistas para eso y deja el cliffhanger abierto para la siguiente temporada. Me deja sabor amargo, porque es la única vez en la serie que se apunta efectismo sobre coherencia interna, y aunque abra posibilidades para la temporada siguiente es un recurso que le sobraba.

Bueno, no voy a lanzar las campanas al vuelo y decir que se han encontrado el camino, que éste sigue copado por mamarrachadas como La que se Avecina o historias sinsentido como El Barco. Pero un soplo de aire fresco era necesario en la anquilosada ficción española y aquí hemos dado cuenta de ello. A ver si sigue habiendo propuestas interesantes en breve.

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