Reconozco que me da mucha pereza hablar de la (aburrida, una vez mas) resolución de la etapa Hickman en los Cuatro Fantásticos. Así que, a cambio, me voy a currar un ranking sobre las etapas creativas de los 4F. Haremos un de menos a más.
-Claremont/Larroca. Acepto que los últimos capítulos hay una mejora en Larroca y la saga de Muerte está relativamente bien. Para llegar a esa pasamos tres años de vergüenza ajena, con Claremont dando palos de ciego entre mujeres Claremontianas (ALyssa Moy, Caledonia…) y tirar de los personajes más olvidados de su universo mutante. Y Larroca consigue las peores composiciones de página y narrativas de la historia de la colección.
-Heroes Reborn. La idea parecía horrorosa, pero teníamos la “suerte” que nos tocaba Lee, el menos malo del grupeto Image. Pero Lee seguía demostrando que es un vago redomado y en cuatro capítulos nos dejó a sus amiguitos Brandon Choy y Brett Booth, y ni una idea interesante en ese refrito sin gracia que afortunadamente duró poco.
-Doug Moench/Sienkiewickz. Básicamente imposible acordarse de algún número de la colección. Hicieron en su día un gran Caballero Luna y por eso se les dio los Cuatro Fantásticos, porque se parecen como un huevo a una castaña.
-Gerry Conway. En sus tiempos era el enfant terrible de Marvel y fue clave en Spiderman. En los Cuatro Fantásticos no. Siguió la estela de Thomas de “culebronizar” la serie, pero se quedó sin nada de grandeza. Historias como el divorcio de los Richards, lobotomizar a Franklin o Johnny con traje rojo hablan de malas épocas para la colección
-Stranckzinsky/McKonne. Una tomadura de pelo. JMS venía de triunfar en Spiderman y parecía la elección perfecta para hacer ciencia ficción con giros cómicos. Todo lo contrario. Su idea inicial fue prometedora pero se quedó ahí. Y luego hacía una especie de sitcom sin gracia con los personajes. Luego se dedicó a vaguear y utilizar sus conceptos de Thor y Spiderman para ahorrarse tener que pensar mucho. Sus números de Civil War y la justificación de Reed merecen un calificativo aparte.
Wein/Perez Un poco la continuación de Conway. Mucho cambio en el grupo, mucha historia intranscendente y poco dramatismo. De la Cosa no queda nada de tragedia en sí. Dibuja en buena parte George Perez, y sin ser el gran Perez de los ochenta se disfruta y reconoce las historias desenfadadas que les toca. El casting de los 4 terribles en el Edificio Baxter o las historias del Hombre Imposible hablan a las claras del tono en este momento de la colección.
-Englehart/Pollard/Buckler. Tenía la difícil papeleta de coger la colección tras Byrne y no era fácil. La verdad es que removió la colección todo lo que pudo. Se cargó a los Richards, puso a Ben como jefe de grupo e hizo triángulos y cuartetos amorosos por doquier. Muy alocada y culebronesca, la verdad es que la primera parte de su etapa es divertida, aunque convierten a Crystal en uno de los personajes más odiados de la colección. El segundo año, tirando de Madonna celestial (habitual en Englehart) los Cuatro Terribles y la saga del vigilante renegado es bastante infumable.
-Thomas/Buckler. Roy Thomas volvió después de su primera etapa y no tuvo tanto feeling. Buckler al principio nos quería engañar que era un hibrido entre Kirby y Buscema, pero pronto queda claro que ni uno ni lo otro. Y Thomas se lía con mundos alternativos, y contratierras que nunca han sido de mi agrado en el universo 4F. La ciencia ficción de Roy se queda pequeñita en imaginación para lo que debía ser esta colección.
-Hickman. Aburrimiento. El guionista inglés se piensa que está construyendo un edificio argumental sólido,consistente y épico. En verdad, aunque sí le reconozco que introduce conceptos interesantes (la Fundación Futuro especialmente) no consigue nunca emocionarnos o atraernos con su historia más larga que la vida narrada sin ningún tipo de gracia o sentido de maravilla. Y con una conclusión, como todas las suyas, anticlimática. Epting, dibujante bueno pero muy mal elegido, tampoco ayuda.
Pacheco/Marin. Venían dos españoles a demostrar a los insulsos americanos como se hace una serie de superhéroes y ciencia ficción. Su lección fue “quéjate de todo y copia a Byrne”. Las intenciones no parecían malas y sí que parecía que encontraban el tono y concepto para los Cuatro Fantásticos. Pero a poco que rascases se veía que prácticamente todas las historias sonaban a refrito de cosas que Byrne ya había hecho anteriormente, y mejor. En cuanto se metió en las sagas largas se le vieron las costuras. Más claro, cuando Pacheco como iba a ser habitual se ausentaba de los lápices. Si con la saga de la Zona Negativa el hype ya se vino abajo, la siguiente de Abraxas fue un despropósito descomunal (asesino de Galactus todopoderoso que se cargan en dos telediarios y que sirve como excusar para mancillar una de las historias más maduras de Byrne) que hará que nadie se acuerde de esta etapa con entusiasmo.
Marv Wolfman. Un buen guionista que siempre parece que era mejor en DC que en Marvel. Wolfman pretendía recobrar el carácter espacial de los 4F. Aunque se lía demasiado con sus creaciones Xandar y Nova, y pretende que un personaje tan insípido como la esfinge sea rival para Galactus. Pero son historias que se leen bien y se crea personajes como Terrax. Byrne debuta en la colección en esta etapa.
McDUffie/Pelletier. Etapa evidente de transición, pero divertida y ocurrente. Recuerda mucho a los 4f de los setenta por los cambios de alienación y las historias cósmicas con poca grandeza. Solo por cómo le pasa la mano por la cara a JMS ridiculizando las explicaciones de Reed vale la pena. Le pasa igual que a Wolfman y le da a sus creaciones más importancia de la que debe, un tal gravitón que no le interesa a nadie. Escribe una pantera negra bastante interesante y alejada de Reed Richards.
Scot Lobdell/Alan Davis. No se puede hablar mucho de esta etapa porque son tres números. La verdad es que Lobdell había pillado a los personajes muy fácilmente. Se nos hacían reconocibles y cercanos y los dibujos de Davis eran una maravilla. Como son tres números casi sin historia no nos podemos hacer una idea de hacia dónde iría el denostado guionista. Podríamos haber acabado hartos de las payasadas de Johnny y Ben en cada capítulo, o seguir expectantes algún subargumento que se vislumbraba. Tanto Claremont como Larroca hicieron mucho mejores a sus predecesores.
Thomas/Buscema. La papeleta de seguir a Stan Lee le tocó al heredero. Sin estar a la altura de sus míticos Vengadores sí hace un buen trabajo jugando con los personajes y lugares ya establecidos. Los 4F dejan de ser la vorágine creativa que era con Kirby pero tiene un buen nivel. Buscema, en estado de gracia a pesar de estar tapado por Sinnot, es uno de los baluartes de la etapa.
Waid/Wieringo. ¿Decisión polémica verlos tan abajo? Lo cierto es que Waid me ha parecido el guionista del presente siglo que mejor ha entendido y ha reflejado lo que son los Cuatro Fantásticos. Tiene números maravillosos, como el primero de su colección, ideas extraordinarias el tono perfecto para la colección. Y sí, Cielo es una de las mejores historias de toda la colección. Pero también hay sombras y profundas. Impensable es una historia controvertida, que tiene un final bastante insípido. Acción de Autoridad nos trae un Reed Richards intolerable y después de su “despido” no da una a derechas. Sus cuatro terribles poco terribles, la maquina “cambia-poderes” es chorrada grande, solo superada por Johnny como heraldo de Galactus y Galactus humano. No. El último año de Waid no se sostiene. Wieringo asustaba por su estilo cartoon pero se muestra como un dibujante muy talentoso, excepto a la hora de hacer razas alienígenas, que era un negado.
DeFalco/Ryan. Tras Simonson su etapa nos pareció bajón. Ahora, con lo que ha venido después la recordamos con cariño. Empezó con dudas, queriendo ser un Lee de tercera división y con el affaire Alicia explotándonos en la cara. Pero llegó un momento en que DeFalco se lanzó en una huída hacia delante. No paraba de sacar nuevos argumentos que se solapaban unos con otros a una velocidad non-stop sin dar tiempo a que nos planteásemos las resoluciones que nos mostraban. Porque había tanta idea buena (el personaje de Lyja, las apariciones de Nathaniel Richards, el crecimiento de Sue por la desaparición de su marido) como malas (el Franklin del futuro y su Fantastic Force, Supernova o el hijo de Johnny como un huevo) pero era gracioso a ver qué se le ocurría ese mes a DeFalco para mantener la serie en el candelero. Ryan no es el dibujante más espectacular del mundo. Más bien al revés. Correcto, pero muy impersonal y aburrido.
Millar/Hitch. No va a ser el trabajo más reconocido de la exitosa pareja, pero hay que reconocerle a Millar que sabe escribir los Cuatro Fantásticos. Historias impactantes, con sensación de maravilla y conceptos enormes. Podría haberlos desarrollado mejor, qué duda cabe, pero es marca de fábrica del guionista presentar unas grandes expectativas que luego se caen. Con la contratierra y el Antigalactus pasa. Con los defensores y la Otra Tierra también. Pero donde es peor es en la historia del Marqués de Muerte, que se pasa capítulos enteros presentándonos al maestro de Muerte y enseñándonos lo sádico que es para luego liquidarlo de un plumazo. Afortunadamente Millar tiene un desconocido respeto por los personajes y no los hunde en el fango para hacerlos chulos y molones, si no que los escribe bastante bien. Quizás de manera inesperada es Hitch quien no está al altísimo nivel que se esperaba de él, aunque cumple de manera sobrada.
Lee/Buscema/Goodwin. Kirby se había ido a la francesa y parecía que la colección no iba a ser lo mismo. Y los primeros números con Romita nos hacían refrendar la idea. Pero Lee se ató los machos, se trajo al mejor Buscema y se puso las pilas. Los primeros números con Buscema son más intensos y épicos que los últimos con Kirby. Stan quería demostrar que él podía hacer unos grandes Cuatro Fantásticos sin Kirby y estos números son grandes desconocidos. La saga de la mente Suprema, que empezaría Lee y acabaría Goodwin es una de las mejores de la colección y una muestra que se puede ser épico y grandioso sin Kirby también.
Stern. Vale son cuatro números, pero hemos puesto etapas más pequeñas. Y Roger nos deja unos números para el recuerdo. Cierra la saga en la que se marchó Byrne y sobre todo tras la historia del 25 aniversario nos trae a la Cosa más dramática y mejor escrita desde Lee&Kirby. Se queda en lo que pudo ser, porque en seguida Englehart se hizo con la colección y tiró por otros derroteros, pero ese Ben Grimm odiando en toda la expresión de la palabra a Johnny y sobre todo a Reed nos podía haber dado momentos de gloria.
Simonson. No voy a negar que he estado a punto de poner esta etapa en la segunda posición. Quizás sería injusto pero el único pero que le puedo poner a Simonson es que terminó demasiado pronto. Simonson nos trae a los Cuatro Fantásticos más divertidos de la historia. Imaginativos, socarrones, ingeniosos… La historia de la burbuja temporal es una de las sagas más épicas desde Kirby, rubricadas con sendos epílogos en la Guerra Fría alternativa y contra dinosaurios. Sus números con Adams son a lo mejor más flojitos, pero no dejan de ser un divertimento comercial. Y el colofón con Muerte y la Avt nos demuestra que Walter también puede aportar dramatismo a los personajes (Sharon Ventura) originalidad en la puesta en escena (la lucha a través del tiempo con Muerte) y acción non-stop (Ben y Johnny desatados en la AVT no ha sido superado veinticinco años después) Una delicia para disfrutar de principio a fin.
Byrne. Byrne es lo mejor que le ha pasado a la colección de los Cuatro Fantásticos. Tras años languideciendo y sin atisbo de gloria podía parecer que el potencial de los Cuatro Fantásticos se perdió tras Kirby. Byrne, fan número uno del Rey, llegó rebosante de ideas y eso se nota en sus primeros números. Un huracán de ideas, de conceptos que remueven la colección y que muestran que el grupo puede y debe ser todavía Fantásticos. Los personajes que toca Byrne son clásicos, suenan como siempre, pero están barnizados con un toque de modernidad que les era necesario. Se notará a partir de aquí los villanos que pasaron por el matiz Byrne, que alcanzan mayor profundidad, y los que no que siguen anclado en los setenta aún a día de hoy. Tras el torrente de ideas de Byrne, de los que cada número se podría sacar historias para un año entero, el canadiense se estabiliza, “baja el ritmo” pero se hace aún mejor. El viaje a la Zona Negativa le permite hacer historias de pura ciencia ficción, es capaz de hacer un número de los 4F sin que salga los 4F. Y el juicio de Reed Richards marca el cénit de la serie con un planteamiento filosófico ante Galactus. Pero Byrne es valiente también con los personajes. Se atreve a deshacerse de la Cosa, y hace madurar por fin a Jhonny. La historia con Alicia en su día debió ser anatema, pero la verdad es que consigue hacerla evolucionar de manera creible y sutil. Además le da la preponderancia a Sue Richards que sin duda el personaje merecía. Ya desde la mitad de su etapa había bajado su calidad gráfica, desbordado de trabajo, que mejoró al elegir entintador. Pero solo es hasta los diez últimos números donde se vislumbra síntomas de cansancio y pérdida del sentido de maravilla y modernización de conceptos que Byrne nos había brindado. Kirby, matizado y corregido, era viable en los ochenta.
Stan Lee & Jack Kirby. No voy a descubrir el Mediterráneo poniendo esta etapa como la mejor de la historia. Pero objetivamente lo es. No es perfecta, claro. Desde el principio de la serie ya se instauran los conceptos y personajes clásicos, pero los números era pueriles e infantiles. Sólo tener un macarra como la Cosa, que parecía que en cualquier momento podría irse del grupo o convertirse en villano era un concepto novedoso. No es hasta la Batalla en el Edificio Baxter cuando la serie da un salto potencial, junto al dibujo de Kirby. No contento con esto el Rey coge las riendas y hace la colección definitiva. Un torrente brutal, de ideas, nunca igualado hasta ahora. Desde el número de los inhumanos hasta el anual número seis no hay palabras para describir la espectacularidad, épica, y grandilocuencia que alcanza esta colección, número a número. Baste decir que es la etapa máxima en el cómic de superhéroes y cincuenta años después no ha sido superada. Vamos, cualquiera de los autores de las etapas anteriores matarían por hacer un solo número con la grandeza y creatividad que tienen éstos. Luego, Kirby ya se cansa. Desde la saga de ÉL el matrimonio con Lee ya se rompe y deja de ser el torrente creativo más grande del mundo del cómic. Deja su trabajo a Lee y él “solo” mantiene un espectacular nivel gráfico, que desde que cuenta con Sinnott es ya el dibujante con más fuerza de la historia. En fin, historia viva del cómic, sí. Pero su verdadera importancia no está en ser historia, si no en la inmensa calidad de la etapa que sigue vigente hoy en día.
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