El Barça ha conseguido lo imposible. Esta generación que
será recordada por ganarlo todo y por ser el equipo de la década ha dado un
paso más en su leyenda y con un seis a uno épico ha entrado en la historia de
la Champions League. Aunque ya no hago reviews de cada eliminatoria este
enfrentamiento histórico bien merece un alto en el camino, pues después de que
se haya aposentado el polvo y rebajado la euforia vale la pena pararse para
saber si estamos ante uno de los grandes partidos del Futbol Club Barcelona de
su historia.
El Barcelona se enfrentaba al Paris Sant Germain en el campo
de los príncipes ya hace un mes, siendo claramente favorito. No es para menos.
EL Barça ha sido equipo dominante en La Champions, y aunque pillase valles de
juego en Liga es de esperar que la Champions activase por completo su gen ganador. Mientras que El PSG había
demostrado hasta el día de hoy un carácter loser importante con eliminatorias
contra el mismo Barcelona impropias de un equipo aspirante a dar el salto en la
máxima competición. De hecho para eso se produjo el cambio en el banquillo. EL
virtuoso Laurent Blanc después de ganar cinco ligas consecutivas dejaba paso a
Unai Emery, quien no se parece en absolutamente nada como entrenador.
Intensidad, rocosidad y verticalidad son las variantes que hicieron a Emery un
entrenador ganador en Sevilla, lejos del juego de posesión de Blanc. Y a decir
verdad su temporada no estaba funcionando nada bien. Hombres claves del
anterior proyecto como Motta y Verrati
no se veían apoyados por el
sistema y otros que tendrían que dar el do de pecho, caso de Di Maria estaban
haciendo una temporada nefasta.
Toda esta teoría que ponía al Barcelona como claro favorito
saltó por los aires. El PSG desnudó por
completo al equipo de Luís Enrique como
hasta ahora no se había visto. El técnico asturiano ha basado todo su juego en
Leo Messi. Es el jugador que tiene que armar todo el juego creativo del equipo.
Esto contribuye que el argentino tenga que jugar centrado y retrasado, ya que
la manía de fichar a mediapuntas como interiores (y la larga lesión de Iniesta)
provoca que nadie en la plantilla fuese capaz de llevar la pelota hacia la
temida MSN. Así las cosas sucede una cosa insólita: sale a cuenta presionar
fuerte al Barcelona en la salida. Sus mecanismos de salida desde atrás están
evidentemente cortocircuitados, pues Busquets se encuentra más solo que nunca
para recibir el primer pase, y siempre ha sido más un continuador que un
creador, y con Messi bajando a por la bola toda la banda derecha es ciega, por
lo que es más simple defender dos
carriles que uno solo. Solo unos milagros técnicos de Messi consiguen sacar al
equipo desde atrás con fluidez.
Se dio la circunstancia de que en este partido en particular
Messi no estaba para eso. Ha entrado en un pequeño base de juego que hace que
Messi sea solo el mejor jugador del mundo, mientras que el Barça lo que
necesita ahí para poder funcionar como equipo es al mejor jugador de la
historia. Sin paños calientes estuvo desacertado como nunca en el regate y
Rabiot y Verrati se lo comieron tanto a él como a Iniesta (sin ritmo
competitivo) por lo que el partido se transformó en un monólogo. Intentos
improductivos del Barcelona de salir pdesde atrás, con pérdida ante la
agresividad parisina y ahí transiciones
vertiginosas, donde mi admirado Draxler y un Di Maria que se acordó de
cuando era de los mejores jugadores del
mundo masacraron literalmente a uno de los candidatos al título hasta el punto
de sentenciar la eliminatoria.
Casi pasaría un mes para la vuelta en el Camp Nou, aunque se
antojaba del todo intranscendente tras el 4-0 de la ida. Para todos menos para
Luís Enrique que empezó a preparar su plan. Para el asturiano se trataba de
creer. De convencer al mundo, a sus jugadores y a sus rivales que era posible,
cuando nadie creía. Y así empezó. En los siguientes partidos empezó a esbozar
su nuevo esquema. EL Barcelona pasa a jugar con un 3-4-3 en ataque y un 4-4-2
en defensa. Uno de los problemas del equipo era que era cojo. La banda derecha
apenas existía en ataque posicional, con Messi incrustado en el centro. Así que ahora el comodín Sergi Roberto
ejercerá de centrocampista derecho cuando tengan el balón y servirá para poder
colocar un hombre en banda como extremo (Rafinha la mayoría de las ocasiones)
que obliga al equipo contrario a defender más abierto. La otra ventaja que
consigue el equipo es la de tener un tercer hombre en salida de balón, con lo
que Busquets no tiene que bajar ese escalón que tanto le incomoda y solventa
las presiones altas que estaban amargando enormemente al equipo. El Barcelona
necesita creerse su mentira. Creer que aún es el equipo asociativo que tritura
al resto con el control del balón y monopoliza los partidos. Notar que son
incapaces de combinar ante una presión es un golpe al hígado de la autoestima
de este equipo, recordándoles que son normales y que tienen problemas. Poder
volver a sacar sin problemas el balón es el primer paso para recuperar la
autoestima. Creer.
¿Significa entonces que Luís Enrique ha encontrado la piedra
filosofal y que a partir de este punto todo va a ser un juego sublime? Pues
evidentemente no. No se puede decir que el juego culé mejorase sustancialmente,
y su partido contra el Atlético de Madrid pudo salirle a favor igual que en
contra, pero insisto que eso no parece ser lo que busca el asturiano. Busca
tocar una tecla para mostrarse imprevisible. Perder toda necesidad de controlar
un partido para que este se vuelva loco y favorezca a quien tiene más calidad
en ambas áreas, que siempre suele ser el mismo. Puede ser una opción
cuestionable a la hora de construir un equipo de cara a toda la temporada, pero
es justo lo que necesita para pensar en una remontada. Creer.
Incluso el anuncio de la despedida de Luís Enrique a final
de temporada se tiene que entender en ese punto. En dejar de buscar elementos
exteriores que desenfoquen el objetivo y sirve para desestresar un ambiente de
por sí bastante cargados. Tras unos preliminares contra Alaves y Celta
enfocados como ensayos previos, y que sendas goleadas sirvieron para caldear el
ambiente hasta límites insospechados hace quince días llega el dia D, y a las
20.45 el Camp Nou se viste de gala. Con 100000 personas creyendo.
Vale, hemos trabajado toda la mística para llegar hasta
aquí, pero es hora de volver a la realidad. Este partido era totalmente
irremontable. Cualquier equipo puede defender un 4-0 en contra, y más sabiendo
que si marca un gol está del todo finiquitado. Solo había que plantear el
partido como un partido normal y el París Sant Germain estará en cuartos de
final. Para empezar Emery ya fracasó en eso. Debido al condicionante de lo que
es el Camp Nou, a haber sucumbido ante Leo Messi cientos de veces, a la
imprevisibilidad del 3-4-3 pero Emery salió aterrorizado al Camp Nou y
consiguió transmitirlo a todos sus jugadores. La primera jugada del partido fue
quitarse la pelota de encima y meter a diez jugadores en su área.
Significativo. Así que la opción de Emery iba a ser clara. Defender los noventa
minutos. Huelga decir que me parece equivocada en varios aspectos. Para empezar
le estas dando al Barcelona ritmo de remontada. Si tu te dedicas solo a achicar
balones conviertes el partido en un ataque continuo y este partido se basa más
en un aspecto emocional que futbolístico. Aunque no hagas peligro solo tener la
sensación de rondarlo es suficiente para seguir activo e ilusionado. Y por otra
parte no es que no tuviese mimbres para hacer otra cosa. Verrati o Draxler
pueden tener el fútbol para asentar a su equipo arriba y alargar posesiones,
además que el 3-4-3 de esa noche prescindía del pseudolateral derecho, así que
a la hora de defender se vería aún más expuestos que en anteriores partidos.
Pero bueno, fue la opción elegida por Emery y claro que se
puede reprochar, pero es cierto que el Barcelona no consiguió ventajas en
ataque posicional en ningún momento. durante todo el partido vamos a ver un
equipo sin gota de virtuosismo, de combinaciones rápidas ni de calidad técnica
suficiente para desarbolar esta defensa por acumulación, así que aunque timorato
el planteamiento le podría haber salido bien a Emery. De no ser porque sus
jugadores se pegaron un tiro en el pie. En serio, no se puede ser más
competitivo que esa defensa del PSG esta noche. Sin paños calientes, en un
partido normal, contra cualquier equipo candidato al descenso en el Camp Nou…
no existen los tres primeros goles. Estarán en el manual de cómo perder una
eliminatoria desde ya. En el minuto dos centrales y tu portero dejan botar una
pelota en tu área pequeña. Aberrante. El 2-0 es dantesco, con Iniesta
persiguiendo una pelota que ya tenía imposible y marcándose un toque
surrealista de espuela para que un central la meta en su portería, solo
empujado por el miedo. El tercero es un penalti tras un resbalón inoportuno
solo explicable por el pánico. El Barcelona tenía 45 minutos para culminar una
remontada histórica. Y ahora sí que todo el mundo creía.
Unai Emery había inoculado la semilla del miedo y sus
jugadores habían conseguido que germinase. ¿Cuántas cosas había hecho bien el Barcelona
en esa primera parte? Los tres goles aparecieron de dos rebotes y de un
penalti. Más allá de eso un tiro cercano al palo de Neymar era lo único que había conseguido de peligro,
contando que había sido un monopolio absoluto del Barcelona. Es decir, no
habían creado una sola jugada de ventaja en ataque posicional, y Messi, el Dios
entre los hombres que la gente esperaba estaba limitado y desaparecido. De
hecho es lo único que se puede decir que
hizo bien el Psg, minimizar a Messi, lo que es limitar mucho el juego
ofensivo del Barcelona.
Pero visto lo visto en esa esperpéntica primera parte el
Barcelona estaba destinado a culminar la remontada. Emery tenía que mover ficha
y buscar aún desde la ventaja el gol que le diese la clasificación. Ya desde el
inicio de la segunda parte el conjunto parisino empezó a presionar más arriba y
a notársele cierta intención de inquietar a Ter Stegen, aún más con la entrada
de un renqueante Di María al campo. La demostración de que el Barcelona de esa
noche estaba cogido por alfileres defensivamente esta noche es que apenas pisó
área consiguió el gol de CAvani. El gol de la clasificación.
Y ya está. Minuto 60 y el Barcelona necesitaba otra vez
remar todo. Eliminatoria finiquitada. La épica es muy mentirosa y escucharán y
leerán lo de la fe inquebrantable, un equipo que nunca se rinde y zarandajas
varias. Pues les aclaro que es mentira. EL Barça sí bajó los brazos. Desde el
minuto sesenta se sabían eliminados y solo tenían que soportar lánguidamente el
paso de los minutos. De hecho de ahí al final el PSG tuvo más oportunidades para
sentenciar la eliminatoria que lo contrario, con CAvani y Di Maria fallando
sendos manos a manos. Nadie en el
Barcelona creía ya. Ni siquiera Leo Messi, que había parecido un fantasma en
toda la eliminatoria, parecía capaz de levantar aquello.
He sido muy injusto en todo el análisis porque apenas ha
aparecido el hombre del mismo. Neymar Jr. Fue el único jugador que se echó el
peso a la espalda desde el principio. De hecho ya hizo lo mismo en el partido
de ida, pero sin acierto. Con este Messi menguado ha sido el brasileño quien ha
dado un paso adelante definitivo. Bajando a buscar el balón y siendo el único
elemento individual que ejercía ventajas, su regate está siendo del todo
determinante para un equipo que le cuesta Dios y ayuda conseguir un ataque
fluído. Dicho todo eso, y demostrando que ahora mismo está a un nivel
messiánico, también Neymar se había rendido. De Hecho no sería descabellado que
hubiese acabado expulsado minutos antes de su portentoso gol cuando quedaban
tres minutos para el final.
Qué decir del final de locos que no se haya dicho. No voy a
pasar de soslayo por la figura arbitral, porque ha fe que fue condicionante en
exceso. La posible expulsión de Neymar, el evidente penalti a Di Maria y sobretodo
el inventado penalti que se saca de la manga Luís Suarez justo en el minuto 90
son demasiadas credenciales como para que un equipo no sse sienta perjudicado,
si. Pero volvemos a lo mismo. Aún y con todo eso estamos hablando de un equipo
top en Europa que se va a dejar marcar tres goles en siete minutos. Hay un dato
escalofriante que habla del tembleque de los parisinos. Desde el 4-1 solo
consiguieron que siete pases acabasen en los pies de un compañero. Tres de
ellos son el saque de centro. El orgásmico gol de Sergi Roberto termina
castigando los planteamientos de Emery y las piernas tambaleantes de sus
jugadores.
En definitiva, a lo que íbamos. Este partido será recordado
por los tiempos de los tiempos, más allá de cómo acabe esta Champions. ¿Pero
fue un gran partido del Barcelona? Definitivamente no. El 3-4-3 de Luís Enrique
no parece haber traído mejor juego y más fluidez y ventajas al equipo, y lo
imagino de poco recorrido a posteriori. Pocos jugadores, excepto Neymar,
pondrán este partido como uno de los más importantes de su carrera, con un
Messi que da síntomas peligrosos de agotamiento. En fin, dos goles de rebote,
dos penaltíes , una falta y un balón a la olla. Da igual. El subidón anímico
puede ser suficientemente importante como para valer una dinámica ganadora. Y
el gran ganador en todo esto ha sido Luís Enrique, el único hombre que salió de
París con un objetivo: Hacer creer al resto que era posible. Y lo fue.
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