Cada x tiempo traemos una serie española por aquí para mantener la esperanza que éstas den el salto cualitativo necesario para ser tomadas en cuenta. Es de recibo que las cosas se han ido haciendo mejor, primero con la apuesta de Antena 3 en su prime time por series de calidad y segundo con la irrupción de Movistar como creadora de contenidos propios. Al fin es espectro audiovisual nacional estaba en el punto preciso para petarlo. Y fue la Casa de Papel , primero en Antena 3 e internacionalmente via Netflix la que ha terminado convertida en un bombazo a enorme escala.
La verdad es que La casa de Papel dista mucho de ser un producto perfecto, como vamos a asegurar tras esta disección, pero si está concebida para ser el pelotazo que termina siendo. En definitiva tiene muchos ingredientes para ser un blockbuster seriéfilo. Trama que engancha, personajes molones, giros imprevistos, factura impecable, y esa sensación que al menos en lad series de aquí no se da tanto como debiera: la necesidad imperiosa de ver el siguiente capítulo.
La verdad es que La casa de Papel no pasa por ser demasiado original. Más allá del interesante objetivo del robo, la casa de moneda y timbre y la impresión de millones de euros para la ocasión no deja de ser la típica historia de robo perfecto, donde todo debe estar planeado al milímetro y el espectador termina posicionándose de parte de los atracadores sin remisión. Alternativamente tenemos la investigación policial con la inspectora Murillo como principal responsable. La diferencia es la potente factura que tiene la serie, que no tiene nada que envidiar a las series americanas de turno. Escenas de acción potentes, giros de guion imprevistos, tensiones bien ejecutadas… incluso de manera narrativa es bastante arriesgada, con la voz en off de Tokio omnipresente o el buen uso de flashbacks en los momentos adecuados para conseguir buenos momentos (la muerte de Moscú con un flashbacks anterior) Son recursos que son vistos en otras series, pero que en España no son tan usuales y están bien ejecutados. Sin duda donde la serie brilla por completo es en la iconografía que consigue. De hecho se ha convertido ya en un símbolo. La imagen de los atracadores vestidos de rojo con la máscara de Dali es profundamente icónica y funciona tremendamente bien en pantalla. Igual que el uso de los alias, usando nombre de ciudades que hay que reconocer que queda muy chulo y hace fácil y accesible para todos conocer y empatizar en seguida a los personajes.
Uno de los aciertos de la serie sin duda es su casting. Apuestan por actores fuera del star system español (excepto la Corbero, obvio) para que asi sean más importantes los personajes que los actores que los interpretan. Así la implicación hacia Denver, Rio o el profesor es mucho más directa que si fuese “el personaje de Mario Casas o hugo Silva”
Dentro de los personajes protagonistas nos vamos a encontrar a los arquetipos lógicos. A sabiendas que éstos van a ser los buenos de la serie, pues nos encontraremos los típicos maleantes de buen corazón, como Denver o Moscú, alguna cabra loca como Tokio y divertidos como Nairobi. Sin duda alguna todos cumplen a la perfección, son sólidos en su concepción y nos dejan buenos momentos, pero nada llama la atención de manera específica. Sin embargo hay dos personajes que sí que se nos marcan a fuego. Por un lado, sin duda Berlín es el robaescena por excelencia. Entre tanto atracador políticamente correcto, pues resalta or encima del resto el nivel de psicopatía que tiene el número dos del plan. El para mi desconocido Pedro Alonso hace un trabajo soberbio, consigue un personaje hipercarismático dentro de un cabrón enfermizo, sus modales exquisitos se combina con su falta de escrúpulos, su arrogancia con su firmeza y cuasi nobleza, su megalomanía con unos brotes psicóticos que dan verdadero miedo. En fín, el personajazo de la serie, al menos mi preferido con diferencia, porque se supone que el verdadero personaje protagonista será el profesor.
El profesor es el verdadero líder del grupo, creador del plan y que desde el exterior lleva todos los detalles del plan del atraco. Es metódico hasta lo enfermizo y tiene todos los imprevistos ya analizados. En ocasiones en demasía. La verdad es que es bien cierto que el profesor es una trampa con patas. Da la sensación que siempre va por delante de la investigación, y eso es bueno, y la manera en la que recaba información de la misma es bastante inteligente. Y ayuda mucho la composición del personaje de Alvaro Morte, que lo presenta como un tipo extremadamente analítico. Pero hay no pocas ocasiones en que todo surge demasiado bien porque al guión le interesa, no porque el plan haya salido al milímetro. Hay casos flagrantes como cuando los atracadores cambian las máscaras de Dalí por las de Munch… en el único momento exacto que deben hacerlo. O las peripecias del Profesor para escapar por los pelos en no pocas ocasiones.
Porque para estar narrando el atraco perfecto… el plan del profesor tiene más agujeros que un queso gruyere. De hecho no pasan ni un cuarto de hora del atraco cuando Tokio se salta la regla principal del mismo, que es no herir a nadie. Y a partir de ahí, un chapucerismo dentro de la casa de papel que el profesor que nos han dibujado nunca dejaría que pasase: rehenes que se escapan, trifulcas entre atracadores, muertos que no están muertos, motines sin sentido… en fin que como plan, plan deberían haberle dado una vuelta. Es obvio que se han tenido que saltar la perfección para darle trama a la serie. Así consiguen protagonismo cada uno de los atracadores (Excepto Helsinki y Oslo que solo parecen los gorilas de turno) y se les da cancha a algunos de los rehenes, con menor fortuna que mayor. Casos como la hija del embajador inglés se suponía que iba a ser troncal en el argumento, pero poco a poco va perdiendo importancia hasta básicamente desaparecer de la trama. EL más importante pasa por ser Mónica, rehén que empieza una historia de amor poco creible, aunque es un detalle guapo como consigue su nombre en clave al unirse a la banda. Y el caso más flagrante es el de nuestro querido Arturito. EL personaje irritante de turno que desde el minuto uno se gana todas los odios de los espectadores y dura hasta el último minuto. Está bien que un personaje se oponga tajantemente a los atracadores y muestre algún intento de escapar, pero en aras de que nos pongamos más de parte de los mismos, ya se encargan que éste sea el personaje más indeseable de la serie. Y no solo eso. Sus intentos son tantos, y tan inútiles todos, que es i lógico que el personaje haya llegado hasta el final de la serie. Mucho antes deberían haber tomado cartas en el asunto, como presuntamente se hizo con el caso de Mónica.
Mejores cartas se manejan fuera de la casa de Moneda y Timbre. Las unidades fuera de ella tienen algo más de enjundia, con el CNI siendo una mosca cojonera detrás de la Teniente murillo, y con ésta y su segundo de a bordo llevando una buena cooperación que planea que podría ser algo más. Pero lo que no puedo dejar pasar es la trama más importante y a la vez la más cogida por los pelos de la serie: la historia de amor entre Murillo y el profesor. Lo siento pero me parece un giro inconsistente. Paso porque el profesor busque acercarse a ella para estar más cerca de la información que manejan los cuerpos de seguridad. Pasa como parte de su plan, pero eso es una cosa y luego volver esto en una historia de amor real, donde los personajes, ambos, enfrascados en el suceso más importante de sus vidas se dediquen a hacer manitas y enamorarse profundamente. Entre lo metódico que se nos presenta el profesor y lo calculado que se le supone todo, y lo entregada a su trabajo que se muestra la inspectora, hasta el punto de dejar en segundo plano su vida privada, es absolutamente irreal que se lo jueguen por tener esta relación, que aunque la vemos en quince capítulos, en tiempo real no son más de cinco días. Lo siento, pero para mí es un salto de fe pensar en el final de la misma, cuando ella decide tirar todo por la borda y traicionar todo lo que había creído hasta ahora por una semidesconocido.
Pero bueno, vamos a ver que lo construido durante la primera parte de la temporada va a desestabilizarse bastante en la segunda. No es que la serie tuviese los cimientos más sólidos y es cierto que en varias ocasiones la lógica estaba cogida por los pelos en pos de alguna escena molona y algún giro de guion interesante, pero llega un momento que se llega a un todo vale excesivo. Entre la salida de Tokio de la casa que solo sirve para volver a entrar, la llegada del matriarcado que no sirve para absolutamente nada, el enamoramiento de Berlin, la enésima inutilidad de Arturito, los cabos sueltos inconclusos que no llevan a ningún sitio, el profesor haciendo barrabasadas sin sentido poniéndose en riesgo (la escena del hospital o el enfrentamiento con el ex, que serán emocionantes pero que no tienen sentido, más aún cuando se sacan de la manga un grupo alternativo que podría estar ayudando en todo momento, pero que solo aparece cuando no hay más remedio) EN fin, muchas decisiones para el fin de temporada que son abiertamente cuestionables, para llegar al final deseado, que como toda la serie es más espectacular que sutil, más rockandroll que trazo fino, pero que bueno, funciona como colofón de la serie que se terminó convirtiendo la Casa de Papel
Y soy consciente que parece que estoy poniendo la serie a parir, pero creo de verdad que esos defectos están ahí, pero todos son relegados ante el enganche que nos crea la Casa de Papel . Yo, como Perdidófilo que soy y seré siempre, soy consciente que si consigue que la serie se te meta en la cabeza y tengas unas ganas locas del siguiente capítulo se perdonarán todas las incongruencias que te tengas que tragar. Y evidentemente La casa de Papel no es perfectas, y seguramente ha habido y hay en la actualidad series españolas mejor ejecutadas que ésta, pero sin duda no hay ninguna que haya conseguido crear este hype a su alrededor. Es ésta la gran baza de la Casa de Papel y la que la ha convertido en el fenómeno que la ha convertido. Y seguro que es lo más complicado de conseguir.
2 comentarios:
De acuerdo en dos puntos. Muerte a Arturito y la historia de amor entre Murillo y el Profesor algo pillada por los pelos.
El mejor... Berlín, bella ciao, bella ciao....
Sinceramente la serie se sostiene por como nos engancha y todo el mundo la consume en plan atracón... es buena manera de obviar el bajón y las sinlógicas de los últimos seis capítulos. especialmente en la relación amorosa, que a poco que uno se pare a pensar es un pastiche que no tiene sentido ni coherencia para los personajes.
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