A los fieles seguidores de este blog no le habrá pasado por alto que el mismo cuenta con un considerable déficit en cuanto a productos de terror. Y es verdad, es un género con el que tengo una relación complicada, ya que no disfruto pasando miedo. Aún así reconozco que objetivamente se dan obras a considerar y muy a regañadientes me he puesto con ellas. Así empezaba a ver La maldición de Hill House, la serie de la que todo el mundo hablaba maravillas y que yo entendía que debería pasar por el suplicio para comprobar si valía la pena.
Por supuesto no vamos a negar que The Haunting of Hill House es un producto de miedo. Vamos, tiene todos los elementos característicos del mismo, empezando por casas encantadas y terminando por fantasmas martirizadores. Lo que no es y hay que diferenciar es una película de sustos, que parece lo mismo pero no lo es. En todo momento la serie de Mike Flanagan sigue los cánones del género, pero no busca epatar de manera sistemática, y lanzar golpes de efecto para mantener al público chillando. EN toda la serie podremos contar tres o dos momentos de saltar del asiento (que al no ser usuales funcionan de manera estupenda) Tampoco abraza de manera directa el rollo malrollero que se lleva más a menudo este siglo. Si no que su acercamiento al miedo tiene mucho de espíritu clásico. La aparición de fantasmas se solventa normalmente con alguna puesta en escena clásica, jugando con los movimientos de cámara y éstos tienen movimientos parsimoniosos y no agresivos. Recuerda bastante en este sentido a los muertos que se veian en el sexto sentido.
Pero andamos dándole demasiada importancia al género en sí de la serie y lo que hay que valorar de verdad es el nivel que demuestra, y la verdad es que está excelente. Aprovechando la historia manida de la casa encantada, ahonda en el drama que les supuso a los supervivientes de la misma años después, con lo que no en pocas ocasiones la serie se acerca más al drama que al terror. La verdad es que una de las claves para que funcione de verdad es el buen tratamiento de personajes. Los hermanos Crain están perfectamente escritos, tienen sus personalidades diferenciadas y lo más importante, son coherentes a lo que han vivido y como han sido moldeados por las experiencias vividas en la mansión de su infancia.
Para ello se vale de un muy interesante formato, deudor de Lost, en que cada capítulo inicial pertenece a uno de los hermanos Crain, y nos sirve de la misma forma para empezar a indagar en los misterios que van aconteciendo a la vez que nos va calando la personalidad de cada uno: el escepticismo de Steve, la negatividad de Shirley, la drogadicción de Luke… éstos primeros capítulos funcionan igualmente como capítulos independientes, como engranaje de una historia mayor. Nos dejan capítulos enormes, como el de Luke y su lucha contra el mono, encarnado en un fantasma que le sigue, y sobre todo el de Nelly. La menor de los Crain pasa por ser la única que no ha pasado nunca página respecto a lo vivido en la mansión y se encuentra la pasividad, cuando no el rechazo de sus hermanos. El capítulo que indaga en la infelicidad que ha acompañado constantemente a Nelly y acaba descubriendo la naturaleza de la Mujer del cuello torcido es simplemente redondo.
Lo que eleva a la serie es lo bien que equilibra los momentos dramáticos con el misterio de la misma. Es especialmente bueno como te saben dosificar la información necesaria. Yo me aventuré en describir como error que en el primer capítulo ya viésemos la noche clave en que la familia escapa de la casa, pero una vez que indagamos en ella nos damos cuenta que faltan muchos agujeros por rellenar, y que se van dejando pildoritas a través de los capítulos que más tarden van a montarse con precisión milimétrica. Elementos que en su momento no le encontramos mucho sentido o pasan como inexplicables, como el pomo moviéndose del primer capítulo o la existencia de la cabaña del árbol terminarán por ser explicados más adelante.
Mucho nos han gustado los personajes principales, están muy bien escritos y realmente todos perfectamente interpretados (incluyendo a los niños, que no siempre es fácil) pero hemos de contar todavía con otros que son igualmente significativos. Por un lado la propia casa, que se convierte en un personaje más. La verdad es que es una mansión que sin dejarse llevar por una exuberancia gótica excesiva, sí consigue su propósito de tener vida propia, aún pareciendo suficientemente real. ES cierto que el exceso de estatuas y adorno ayudan a esa parafernalia de casa maldita, pero se mezcla muy bien con el costumbrismo de ruidos y crujidos que debería tener una casa vieja y abandonada. Durante buena parte del metraje se esfuerzan en dar verosimilitud a todo lo que está pasando en la casa. Sótanos secretos, paredes tapiadas o enormes vidrieras rompiéndose tienen una explicación racional a priori, hasta que llegue el momento de no retorno dentro del encantamiento.
Seguramente la noche que describe el sexto capítulo ya da por imposible no creer en el encantamiento de la casa. Este capítulo merece un tratamiento aparte, pues formalmente es impecable. Resuelto mediante planos secuencias fabulosos, y mezclando sin parangón las escenas en el velatorio de Nelly con la noche de la tormenta cuando eran niños nos narra simultáneamente las únicas veces en que toda la familia está unida y las diferencias que se han acrecentado estos años. Vuelve a ser un capítulo magnífico, donde de nuevo los momentos terroríficos son lo de menos ante el drama familiar que se nos dibuja.
EL otro personaje clave del que no hemos hablado es obviamente la madre, Olivia, a la postre la clave de toda la serie. Ya desde el primer capítulo se nos advierte que algo terrible ha pasado con ella, e incluso se puede especular con posesiones demoníacas o elementos así. Durante los siguientes capítulos vamos a ir indagando sobre la psique deteriorada de Oliva, refrendando al parecer la idea de enfermedad mental que de manera obtusa mantiene Steve que tiene toda la familia. En el magnífico noveno episodio, dedicado por completo a este personaje, surgirá y entenderemos toda la naturaleza de la serie. De manera enfermiza Olivia entiende que lo que debe hacer es proteger a sus hijos de los peligros que acechan en el exterior hasta llegar a la perturbada decisión que para ello lo mejor es asesinarles para que siempre se queden en la casa.
Es significativamente bueno como los autores han sabido jugar con nosotros todo el tiempo y aprovechan el background que traemos de casa para metérnosla doblada si es el caso. El misterio de la habitación roja hacía suponer un descenso a los infiernos una vez abierta, cuando en verdad es una habitación la mar de sencilla, y el golpe magistral es el del personaje de Abigail, que conocedores de las historias de fantasmas nosotros suponemos desde la primera vez que se nombra que es un fantasma amigable que se le está apareciendo a Luke en todo momento, cuando le dan una vuelta y resulta ser real, ser la hija de unos personajes secundarios y a la postre la única víctima de la locura que se había apoderado de Olivia.
Llegamos así al último capítulo donde todos los personajes vuelven a la Mansion Hill y a la Habitación roja en particular. Me consta que es un capítulo que ha levantado controversia, porque el fandom más cañero esperaba un apocalipsis total en cuanto a sustos, fantasmas malvados y terror más puro. Pero parece obvio que esto no es la naturaleza de la serie en ningún momento. Así que va a ser un capítulo sobre todo más dramático, donde todos los personajes puedan afrontar y a la postre vencer a sus demonios internos. Puede que sea algo flojo en cuanto a revelaciones importante (casi que el sensiblero destino de lo Dudley es el único cabo suelto que faltaba por atar) pero muy coherente con lo que ha sido la serie y a la postre con la naturaleza de la mansión Hill y de Olivia: su intención era atraerlos a la casa y que allí estuviesen a salvo. Una vez que su marido hace el sacrifico de quedarse con ella y de dejar volar a sus pipiolos que la maldición acabe para los Crain es lo apropiado.
EN fin, que empezaba el artículo advirtiéndome a mí mismo que esto sería un suplicio, y he de admitir mi equivocación total. Más allá de mis prejuicios en contra de los productos de terror ha sido realmente una de las mejores experiencias seriéfilas de los últimos años, donde tanto la trama como los personajes han brillado de manera notable y ha terminado entrelazando de manera perfecta todo el entramado. Con series tan buenas sí pueden venir a asustarme
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