domingo, abril 5

DOOMSDAY CLOCK. MANCILLANDO A MOORE

Y llegó el día que DC, cuan amante despechado, empezó a olvidarse de todas la promesas que le había hecho a Alan Moore. Supongo que harto que el guionista de Northampton no se cansase nunca de ningunearlos y de ponerlos a la altura del betún siempre que había oportunidad la compañía entendió que ya no le debían ningún tipo de fidelidad y respeto que según ellos se había tenido hacia Watchmen. Primero fue de manera velada, como quien no quiere hacer daño. Aquel Before Watchmen se traía al dream team de la compañía por entonces pero buscaba solo tocar tangencialmente los personajes y dejar inmaculado el material original. Ahora, definitivamente terminan por culminar su infidelidad y sacan el bombazo: Doomsday Clock, que no sólo mancilla el Watchmen de Moore y Gibbons, planteando una secuela a aquel, si no que lo hace uniéndolos al Universo DC, exactamente como Moore pregonaba que se haría hace más de tres décadas si él no tenía el control absoluto. No, a Alan Moore no le va a gustar esto.
Para Doomsday Clock se va a contar con la figura de Geoff Johns, que es el arquitecto principal que ha tenido DC este siglo. Y no voy a negar las aptitudes como guionista del bueno de Geoff, que a buen seguro que son prodigiosas, pero no me gustaría a mí estar en su pellejo. Porque de por sí la premisa de toda la serie es terriblemente equivocada. El concepto de Watchmen es claro: en la ucronia de Moore no hay superhéroes. Tan solo Manhanttan, que es un semidios, y que marca una diferencia total en ese mundo. El resto son enmascarados, justicieros sin más habilidades que éstas. Así que la búsqueda del paradero de Manhattan por parte de Ozymandias le va a traer a otro universo. Con lo que de la manera más burda (un botón en Archie cambiadimensiones. ¿en serio?) te has cargado todo el realismo de la serie original. Son conceptos que están claramente fuera de sitio para estos personajes, y como digo, incluso mancillan la obra original. Si Ozymandias tenía acceso a esta tecnología o cosas parecidas, bien podía haber elegido otras maneras de cambiar su mundo que un genocidio.
Bueno, que se ha optado por un tira pa adelante en cuanto a mezclar ambos mundos y que la gente no se plantee demasiado las cosas. Que no tienen bastante con esto, si no que en el siguiente capítulo aparece el comediante revivido en, seguramente, la aportación más gratuita de la historia. Y sí, luego es divertido jugar a los espejos, con Ozymandias-Lex Luthor o Batman-Rorscharch como los más detacados, y que funcionan bien, a que negarlo. Un Rorshcharch nuevo para la ocasión, por cierto, que podíamos plantear la historia dejándonos a varios protagonistas en casa, pero no a su figura más ejemplar. Que esté muerto tampoco debería ser razón suficiente para no contar con él.
Enseguida Johns nos va a contar de donde viene este tal Rorscharch en un capítulo dedicado enteramente a él, que aunque está muy bien escrito no tiene demasiado sentido que este personaje idolatre al que dejó lisiado anímicamente a su padre (como la misma miniserie rectificará capítulos después) Mejor funcionan los nuevos personajes que acompañan a Veidt de manera algo gratuita. Mimo y Marionette son divertidos, son salvajes y tienen mucho carisma. Era inevitable que se topasen con el Joker, y el capítulo centrado en ellos está muy bien narrado. Porque Johns va a hacer el esfuerzo de intentar imitar a Moore. Mucha narrativa paralela, acabar con frases pedantes cada capítulo y dedicar capítulos enteros a determinados personajes.
Tres cuartos de lo mismo hace Gary Frank en el dibujo respecto a Dave Gibbons. Se autoimpone el panel de viñetas tres x tres y hay que reconocerle que sus aires de dibujante clásico no se ven encorsetados por ello y les saca bastante partido. Con Frank yo siempre he tenido más el problema de dinamismo y de ubicación espacial de sus personajes (algo en lo que ha ganado con los años, justo es decirlo) pero está claro que su punto fuerte es la expresividad que consigue. Pero confía tanto en esto, que en ocasiones se le va la mano y termina dibujando a personajes que parecen estar sobreactuando en muchas ocasiones. Siempre parezco un poco crítico con Gary, pero es que para mí le falta un puntito para ser la estrella que se le supone. Aunque admito que el acabado de Doomsday Clock puede ser el mejor de su carrera.
Con Johns “ejerciendo” de Moore busca encauzar el marco del conflicto. Igual que en el 86 la guerra fría era parte inherente de la historia construida, aquí se busca algo similar. Una guerra fría superheroica. En este caso el conflicto de la teoría de los superhombres, que viene a tirar a la cara que la mayoría de superhumanos son americanos porque son creación del gobierno. Y bueno, plantear este debate en un Universo con décadas de historia es un poco tonto, al menos tomárselo en serio. Y hacerlo para llevarlo a un enfrentamiento entre los dos bloques, con la aparición de superhéroes rusos y del mismo Vladimir Putin… en fin. Ya digo, puede salir alguna historia decente, pero que a mitad de serie centremos el foco en Rusia, en el personaje de Firestorm o en Black Adam parece una pérdida de tiempo. Más cuando, como suele pasar en las grandes macrosagas toda la parte de Batman va a quedar minimizada cuando salgan los pesos pesados, y no hemos tenido casi noticias de Superman ni del ansiado y buscado Doctor Manhattan.
Y si, me vas a contar que todo es un plan orquestado por Adrian Veidt. Pero el tema es que no funciona. Porque para que la teoría de los superhombres termine explotando se ha debido de plantar esa semilla mucho antes y que germinase poco a poco. Es inaudito que en el tiempo que lleva Ozymandias en el universo DC haya causado el suficiente revuelo para cambiar la opinión pública sobre los superhéroes radicalmente. Y sobre todo Ozymandias hace plantes definitivos. No se queda en medias tintas. SI quieres usar a Veidt como el maquinador, deber ser el maquinador perfecto, el tipo que mueve todos los hilos. Mientras aquí los hilos que se supone mueve no sirven para nada significativo. Porque la historia que se quiere contar no es la suya, es la del Doctor Manhattan. Se supone que todo lo que ha buscado Adrian poniendo el mundo DC patas arriba es que Manhattan salga de su madriguera. Y lo consigue, vale. Pero es poco premio para tan buen mago.
Al fin, ocho números después, y con los retrasos de la serie casi dos años tenemos al verdadero protagonista de la misma. A Jon Osterman que cuando dijo en el número doce de Watchmen que se iría a un lugar más tranquilo se refería al universo DC, fíjate. Y nuevamente hay que reconocerle el buen hacer a Johns, pues escribe un doctor Manhattan bastante bien, donde su simultaneidad temporal luce de manera sobresaliente. Tiene el típico número centrado en el personaje donde las paradojas temporales van arriba y abajo que está bien escrito, pero se centra en su relación con un personaje secundaria que es un poco raro. Y por aquí vendrá el gran pero que le veo yo a este Manhattan. En la obra de Moore Jon Osterman iba perdiendo paulatinamente su humanidad, convirtiéndose en más frío y aséptico a cada paso, hasta llegar al punto que entiende el plan de Ozymandias y la necesidad de ocultarlo, y que directamente abandona a la humanidad en busca de “galaxias más tranquilas” (como debe ser la de DC, por lo visto) Pero aquí recupera un afecto por ciertas personas que no comulga con el desarrollo del personaje, si no más bien con épocas pasadas del mismo. Es poco reconocible su historia de amistar con el actor en blanco y negro, y sobre todo la relación que va a entablar con Superman.
El desenlace final, no podía ser de otra manera, es entre el hijo de Kripton y el hijo del átomo. Se agradece por una parte que en este universo no hayan minimizado a Manhattan como un superhéroe más. El sigue siendo un Dios entre hormigas y el barrido de suelo marciano que hace con la JLA es digno de ver. El tema es que durante toda la serie han dejado entrever que nos avecinaba un enfrentamiento entre los dos seres más poderosos y que sería definitivo para hacernos un regate al final. Porque lo que plantea Johns en definitiva es que la llegada de Superman a la tierra, es el símbolo de esperanza que sirve como motor de este Universo. Cada Universo Dc necesita un Superman. Y no un Superman cualquiera. Uno que represente lo que representa este Superman. Una propuesta algo naif, muy de superhéroe blanco, pero que cala perfectamente en el personaje. En lo que no cala es en este Manhattan, en que la humanidad, la bondad del universo personificada en Clark Kent , pues se le debería traer al pairo, siendo consecuente con Moore. No solo eso, le emociona, le conmueve lo suficiente primero para sacrificarse si hace falta, y después para cambiar las reglas.
Y ahí llegamos a donde quería llegar Johns desde el principio. Ya definíamos al guionista como el arquitecto de DC. Y si algo tiene DC son unos cimientos inestables con tanta Crisis, relanzamientos, renacimientos y lo que sea. Pues resulta que el propósito final de Doomsday Clock era una vez más volver a reordenar el origen (los orígenes) dcnianos. Así que traerse a los personajes de Moore, mancillar el final de la obra magna del cómic, sirve para justificar otro puñetero Rebirth, Crisis, New52 o la madre que los parió a todos. Que para un fan de DC será la bomba vincular cada uno de los orígenes a partir del nacimiento de Superman como nexo común y que todos y cada uno de los relanzamientos tengan sentido. Y seguro que nadie te lo va a hacer mejor que Johns, pero lo que hemos llegado aquí siguiendo a Ozy y compañía nos sentimos como invitados de piedra en una fiesta que no es la nuestra, y que solo nos querían para jugar con nuestros juguetes más lustrosos. Así que el enfado es importante.
Asi que ya puedo decir que esto no era para mí. Duele hablar mal cuando tanto Gary Frank como Geoff Johns se han esforzado sobremanera. El primero con uno de las obras más trabajadas de su carrera y aportando un toque clásico que homenajea a Gibbons. El segundo partiendo de una muy mala premisa ha dado buena voz a los personajes de Moore, los ha hecho reconocibles e incluso ha aportado nuevos personajes interesantes. Pero es frustrante que un buen trabajo sea utilizado para que no debería existir desde el principio. Que sirve para sacar una secuela que no debería existir, con decisiones cuestionables, y cuyo propósito ni siquiera es homenajear o ampliar su concepto, si no una excusa para arreglar los desaguisados que tiene DC en su casa. No, a Moore no le va a gustar esto. A nosotros tampoco.





































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