lunes, abril 13

LA MEDIDA DEL VILLANO

Llega la cuarta temporada de la Casa de Papel con la serie consolidada como lo que es: un titán absoluto dentro de la ficción televisiva. Los números vuelven a demostrar que el plan del Profesor sigue siendo ganador, convirtiendo la serie española en lo más visto a nivel mundial de una plataforma como Netflix. No creo que haga falta subrayar mucho más el pepinazo en el que se ha convertido La casa de Papel y ante tal circunstancia era previsible que la serie iba a mantenerse por los mismos derroteros que las temporadas anteriores. La cuarta temporada de la casa de Papel da todo lo que podemos esperar de ella, con sus aciertos y sus errores.
Por supuesto la Casa de Papel no es perfecta. Pero es que no aspira a serlo. Tampoco lo era en las dos primeras temporadas en que enamoró a su audiencia. Los fallos que ahora se le achacan ya estaban allí. Los giros de guion con poco sentido, las situaciones forzadas al máximo, la molonidad por encima del realismo y los deus ex machina del profesor ya eran moneda común desde el principio d de la serie. Pero la audiencia asumía un pacto con la serie desde el principio: nos tragamos lo que sea con tal que nos tengas enganchados. La Casa de Papel nunca ha aspirado a ser una serie sesuda de la HBO. Ha preferido siempre ser más 24 que The Wire. Y se ha convertido en lo que se ha convertido: Un espectáculo de acción de primer nivel.
Sí, podemos echarle en cara el evidente estiramiento de la serie. Uno, acaba esta cuarta temporada y se da cuenta que en realidad todo ha sido dar una vuelta para no moverse, que a la postre el atraco está en el mismo sitio y que si hubiesen optado por acabar la serie en esta temporada podrían haber suprimido casi cualquier cosa que pasa y seguro que no le echaríamos de menos. Y todo es verdad, pero qué diablos. Mientras a mí me estiren la cosa con el nivel de adrenalina, enganche y entusiasmo que se hace aquí yo seguiré saboreando el chicle. ¿Qué más da si la trama de Gandía es un añadido a la trama central de la serie si la hemos disfrutado mucho más que la trama central? Estos son los añadidos que yo quiero.
Bueno, vamos a pormenorizar un poco la temporada, que por más que yo la apruebo y con nota ya verán que hay algunos sapos que me cuesta más tragar que otros. Igual que pasó con la segunda temporada, la manera de introducir conflictos internos en la serie se antoja demasiado artificial. Nos centramos en el personaje de Palermo. El argentino que se esforzó en ser un nuevo Berlín y conseguirlo solo a medias en la tercera temporada se topa como de repente es apartado del equipo. ¿Por qué?¿Que ha hecho mal? Le han pegado un tiro a Nairobi sí, pero creo que de difícil manera le van a acusar a Palermo de ello. Sin comerlo ni beberlo deciden que es primero un estorbo, y luego un peligro para el plan. Ponen a Tokio (¡Tokio!) al mando y al hacedor del plan fuera de juego y como consecuencia de ello, acaba como otro prisionero. Les ha podido las ganas de tener a Palermo como una bomba de relojería que acabará por explotar la mecha de lo que será Gandía, más allá de actuar con un mínimo de coherencia. Está visto que en cuanto no tienen al profesor detrás el atraco se convierte en un recreo de colegio.
Para más incongruencia luego el argentino vuelve al redil como si no hubiese sido él culpable de nada. Es un salto de tiburón excesivo que el resto de personajes (que ya han demostrado en varias ocasiones que son de gatillo fácil) no le pidan responsabilidades. Aunque se haga un esfuerzo por justificarle en relación por su fidelidad al plan y al personaje de Berlín. Un Berlín por cierto, que sigue pululando por la serie en forma de flashbacks, pero que hay que reconocer que se han trabajado más que en la tercera temporada y nos deja muy buenas escenas en el banco de España o la manera resolutiva en que encara a alguien que se reía de él. Berlín sube el listón cada vez que sale en pantalla.
Una de las claves de como acabó la tercera temporada es que por fin alguien le había ganado una partida al profesor. Para mí aquí estriba en que la serie funcione mejor esta cuarta temporada que en la tercera y en momentos anteriores: los antagonistas de la serie. Siempre hemos echado en cara que el Profesor es un personaje demasiado perfecto. Que tiene calculado cualquier variable hasta el último milímetro y que va no uno, si no cinco o seis movimientos por delante de las fuerzas del orden. Por eso agradecíamos la presencia de Sierra. El personaje de Nawja Nimri se alzaba como la gran contrincante del personaje de Álvaro Morte y prometía una partida mucho más encarnizada, ganándole la mano con el abatimiento de Nairobi y la jugada con Lisboa. Por fin el Profesor está contra las cuerdas y en estos primeros capítulos se le nota poco resolutivo, dudoso y escapando a duras penas (con la ayuda de un Marsella que hasta ahora no parecía contar nada pero que se ha ganado su sueldo esta temporada), mientras que Sierra parece tener la situación controlada y se dedica a jugar con Murillo en su poder. Podría ser mejor, si de nuevo el CNI no figurase como los tontos de la sesión y atasen las manos a Sierra en el momento en que tienen todas las manos de la baraja. Es una pena que no dejen explayarse a este personaje todo lo que merece porque me parece un personajazo: extravagante, una embarazada supersádica, que disfruta por igual de chucherías que de torturar a sus enemigos y donde la actriz da su mejor versión: el momento que confiesa la muerte de su pareja me parece extraordinario.
Y si hablamos de villanos por fin vemos al grupo enfrentarse a alguien que supone un verdadero problema. No, sé que estás pensando en Arturito, pero no es él. Lejos de lo que podía parecer algún buen giro para el personaje (cuando provoca a Denver para que le pegue una paliza delante del resto) la temporada de este personaje ha sido una pala de tierra definitiva. Porque ha pasado de ser un tipo patético, a ser un tipo despreciable. Sus intentos de ser héroe de pacotilla eran irritantes, estúpidos y bochornosos. Aún tenía el servicio de alivio cómico, aunque no funcionase. Pero ahora le han convertido en un villano, convirtiéndolo en un depravado que en pleno secuestro se dedica a drogar y abusar de otras rehenes. Un giro demasiado estúpido, demasiado forzado para que el personaje nos caiga aún más mal, a costa de forzar las cosas en demasía.
Pero a lo que iba era al personaje de Gandia. El Guardia de seguridad que ya asomó la cabecita en la tercera temporada y que ya mostraba buen empaque entonces va a ser la gran sorpresa de esta temporada. Como digo al fin los atracadores tienen un némesis que les pone las cosas difíciles y de qué manera. Gandía la verdad es que en seguida deja huella. Por sus maneras de soldado profesional, por su acento andaluz, por su hijoputismo… Se da la circunstancia a explorar que él, el villano, está en clara inferioridad numérica contra los buenos, y consigue dejarlos en evidencia en no pocas ocasiones. ¡Es el jodido John McClane desde el punto de vista de Hans Gruber! En serio, es maravilloso. Los capítulos de Gandía, el nudo de la serie, se desatan como lo que decíamos. Un espectáculo de acción como pocos hay en la televisión. Y puedo hablar de televisión mundial, que no hay serie que haya vivido de manera más adrenalítica y con más ganas de pasar al siguiente capítulo que el asalto de Gandía en el ascensor, el aprisionamiento de Tokio o el capítulo que tiene de rehén a Nairobi. Que le puedes poner pegas, que sí, que parece Call of Duty con ocho personas disparándole y sin acertar, pero eso me vale para cualquier película de Bruce Willis o Vin Diesel. Estamos hablando de molar.
Por supuesto el golpe de gracia que convierte a Gandía en el mejor personaje de la temporada lo da al corazoncito de los espectadores. La muerte de Nairobi. Los guionistas han sido valientes e inteligentes a la vez. Valientes porque se han atrevido a cargarse a Nairobi, que me atrevo a decir que era ya el personaje favorito de casi todos en la banda, después que Berlín desapareciera. La tercera temporada se esforzó en convertir a Alba Flores en el rol más carismático y más querido de la serie, adelantando a otros. Así que sacrificarla en esta cuarta temporada tiene un impacto emocional intensísimo. Y digo que han sido además muy inteligentes, porque han jugado perfectamente con las expectativas. Tras el cliffhanger de la tercera temporada y la duda sobre si viviría o moriría, una operación a corazón abierto de tokio (¡!) salvaba la vida al personaje, para respiro de muchos. Así que lo que menos podía llegar a imaginar es que la salvasen en el primer capítulo para que cayese cinco después. Parecía que sería el personaje que más a salvo iba a estar, hasta que el andaluz le mete un tiro entre ceja y ceja.
Y aquí, con la temporada en todo lo alto, con los fans consternados, entusiastas, enganchados a más no poder….la serie da un paso en falso. Para preparar la final season vuelve a caer en vicios anteriores. Al menos los que no me gustan a mí. El más evidente: el profesor vuelve a ser todopoderoso. De nuevo le vuelven a dar el control de la situación por encima de sus posibilidades y vuelve a sacarse de la manga un plan que lo tiene todo atado hasta niveles inconcebibles. Y lo siento, pero a mí se me cae aquí la serie. Acepto que el profesor aproveche la pata coja que tiene el CNI respecto a las torturas y el trato antidemocrático con el que ha actuado la policía en general y Sierra en particular. Me hubiese gustado que se hubiese explorado la pérdida del favor de la masa social de los atracadores, que se había apuntado en algún momento en la serie, pero que va a quedar como un camino sin recorrer. Pero claro, para esto ya tenemos al Profesor que tiene acceso a todo. Que puede encontrar una base secretísima en pleno desierto, acceder a emails secretísimos de las más altas instancias gubernamentales, y hacerlo público en las pantallas de Callao a toda la población. Volvemos a tener a un personaje que está demasiado por encima del resto. No en vano es capaz de idear la fuga de la criminal más importante del país con la ayuda de cinco mineros. Si como mantenemos la medida del villano es lo que da nivel a tu grupo, no hace falta hacer a la policía tan inútil para que todo te salga bien. Al final tú no tienes que ser tan bueno cuando parece que cualquiera puede ejecutar tu plan.
Esto ya me echa para atrás, pero más me duele como deshonran al personajazo de Gandía. Para que su truquito de encantador de serpientes tenga efecto, necesita la colaboración del guardia de seguridad… al que convencen/amenazan con insulsa facilidad. Y no. Ya nos habían dibujado a este personaje arrogante, echado para adelante, que preferiría que le pegasen un tiro a acceder a esto. Así lo hizo en la tercera temporada. Diablos si hasta Berlín, había advertido en flashbacks anteriores que o se cargaban a ese tipo o el plan fallaba porque éste no es de los que se amedrentan. Y ahora, con la que ha liado el pollito, solo con hablarle de su hijo y su familia accede a jugar al juego del profesor. Insisto demasiado fácil, todo demasiado bien colocado, para que el Plan tenga éxito. A mí me gusta más la Casa de Papel cuando se acerca más a La Jungla de Cristal que a Ocean’s Eleven. Afortunadamente se guardan el as de Alicia Sierra para el final, que en su nuevo rol de fugitiva de la justicia, sigue siendo la piedra en el zapato del profesor dejando un cliffhanger a la altura de la serie.
Esos pequeños (o grandes) borrones terminan por manchar una temporada que cuando ha sido lo que le pedimos ha sido impoluta, trepidante y todo lo vibrante que podríamos pedir. En esto, la Casa de Papel siguen siendo los mejores. Admitimos que se puede acusar de obvio estiramiento de la serie, pero insisto, cuando está bien ejecutado son ganas de ponerle peros a una serie que sabe perfectamente lo que quiere ser: un blockbuster seriéfilo de primer nivel. Y pese a quien le pese siguen en la cima.

1 comentario:

Mr. FIXIT dijo...

Pues pensaba que se refería en todo momento a Arturito.

Parcialmente de acuerdo con la crítica, aunque para mi los dos capítulos finales al ser adrenaliticos y con mucha acción evitan que los personajes hagan de las suyas.
Y hacer de las suyas son los constantes vaivenes de sus personalidades o actos, empezando por Palermo y acabando con Tokio. Que se pasan la serie tomando decisiones sin sentido simplemente para volver a contradecirse a la media hora.
Con todo es disfrutable, con Gandia y Sierra. Y el plan final del Profesor es de traca, pero traca de la buena.
Y si... Prescindible totalmente Arturito... No hacía falta convertirlo ahora en un acosador, ni tiene sentido ni es necesario para dejar peor al personaje... Peor ya no nos va a caer.
Y la muerte de Nairobi hubiera estado mucho mejor sin telegrafiarla... Que en cuanto ves que le dedican planos, minutos y trama enblos flashback(en serio lo del embarazo) Por no hablar de liarse con el de la barba... Vamos, que sabes que va a morir. Podían haber jugado más con eso para que realmente hubiera sido un mazazo.

Por lo demás más de lo que mismo, con sus mismos errores y aciertos.
PD: Me apuesto a que Sierra se pone de parto y el Profesor la atiende... 😅