Michael Jordan. El nombre resuena y brilla con luces de neón. No sé si la gente que no es de mi generación puede llegar a reconocer lo que significa nombrar a Jordan, ya no en el mundo del baloncesto, si no en el mundo en general. Todos los que conocimos la NBA a partir de los noventa veíamos al 23 como un Dios en la tierra. Si el baloncesto americano nos deslumbraba a todos los del viejo continente con un juego que parecía de otro planeta, con el mayor Showtime del momento Michael Jordan escenificaba ese baloncesto para todo el mundo. La superioridad física, la magia en el tiro, los requiebros en el aire, los mates desde su casa. Ver a Michael Jordan de niño era no salir del asombro. Ver traspasar los límites de un deportista.
Ahora gracias al documental The Last Dance podemos volver a contemplar la carrera de Michael Jordan. Y juntar todos los highlights de la carrera de Jordan en ocho horas pues es un espectáculo para enmarcar. Pónganse el babero y disfruten, desde el famoso concurso de mates del 84, al Dream Team del 92 al robo de Malone en el 97. La carrera de Michael Jordan desde el principio hasta su último anillo, con la oportunidad de tener al mismo Jordan comentando sus mejores años y sus acciones más icónicas. Y bueno, ahí se abre un interrogante sobre la veracidad del documental. Evidentemente no existe el documental objetivo al 100%. Todo se trata con una intención y un mensaje. Y si The last dance ha sido producido y revisado por Michael Jordan pues es lógico pensar que vivimos una visión sesgada de la época, donde Jordan debería ser glorificado por encima del resto.
Por eso lo que más llama la atención sin duda del documental es la poderosa mentalidad ganadora de Jordan. Poderosa hasta niveles psicóticos. Es el ejemplo paradigmático de líder con mano de hierro. Cuyo objetivo único es ganar. Perdón, GANAR. A costa de lo que haga falta, y pasando por encima de quien haga falta. Y eso se plasma en el documental de forma ferviente. SI tenía que enfrentarse a sus compañeros lo hacía, sí tenía que insultarles, humillarles o incluso llegar a las manos con alguno que pensaba que no estaba en su carro lo hacía. Por supuesto como hablamos se pretende blanquear a Michael y el mensaje es que “el fin justifica los medios” y que era una manera de motivar a los compañeros para que se subiesen al carro. No sé si todos los compañeros de Jordan estarán de acuerdo con esto (de hecho ya se dice que algunos con los que no acabó bien están vetados en el documental) pero plasma el carácter del 23 de manera manifiesta. Que ser el mejor jugador de la historia no tiene que ir acompañado con ser buena persona.
De hecho es un punto en el que vale la pena pararse. Porque no es ni el primero ni el último gran campeón que demuestra una mentalidad difícil. Seguramente esa actitud de superación, de querer ganar y ganar por encima de todo, es innata para que los grandes se conviertan en los más grandes. Pero puedes hablar de Rossi de Mohammed Ali, de Pelé, de Cristiano Ronaldo, de Eddy Merx, de Senna, de Armstrong…. los que han conseguido ser los mejores en sus respectivos deportes, a base de tener una mentalidad ganadora por encima de lo normal. Que junto a su talento innato tuvieron una enorme capacidad para trabajar en superarse a sí mismo y a todos los demás para pasar a la historia. Y de ellos Michael Jordan demuestra que es el mas ganador. Porque podría dejarse llevar, después de haber conseguido lo que ha conseguido, pero siempre quería más. Llegó a un equipo loser, y podría haber pasado como uno más. De hecho no fue ni el número uno de su draft, así que por buenas condiciones que tuviese no daba para pensar que estábamos ante el mejor jugadro de la historia. Pero él se rebeló ante eso. Se rebelaba ante sus compañeros que se dejaban llevar por la inercia. Michael dijo NO, dijo que él no estaba aquí para pasar el rato, si no para hacer historia. Y a fe que la hizo
El documental que sigue la vida de Michael tiene varios puntos interesantes. Está estructurado a partir del “ultimo baile”. O sea, la última temporada donde se iba a desmembrar el equipo de los Bulls y pugnaba por su sexto anillo. De hecho es un poco maniqueo como el General Manager aparece como el malo de la película, sin pararse en las razones deportivas o económicas que explicaban un cambio de ciclo. Pero cada capítulo daba para recordar toda la trayectoria de Jordan y los Bulls desde que llega a la élite. Por ejemplo el primer capítulo que prometía ser el menos espectacular y simple introducción al final es el que cuenta con el material más desconocido de la estrella, con sus años en la universidad y sus primeros años de fracasos. Para entender la mentalidad de Jordan estos primeros años en que él era un jugador prometedor pero su equipo no podía aspirar prácticamente a nada han debido ser claves.
El documental también tiene espacio para los gregarios de la estrella, especialmente para Scottie Pippen y Dennis Rodman, a los que se les dedica un capítulo a cada uno, siendo bastante diferente el trato a cada uno. Siendo Pippen el mejor amigo y acompañante de Jordan esos años no se frena a la hora de señalarlo como uno de las claves del equipo, mientras que con el bad boy se paran sobre todo en sus excentricidades y su vida disoluta, lo que es cierto que da para mucho. Steve kerr, Paxon o Toni Kukoc también tendrán sus momentos importantes, pero parece que el resto de equipo se difumina mucho más ante las estrellas y la figura importante de Phil Jackson, que da la clave para convertir al conjunto con la mejor individualidad de la NBA en el mejor equipo.
Los mejores capítulos del documental se cimentan en las grandes rivalidades de los Bulls. Es realmente disfrutable sus enfrentamientos contra los Pistons. Éstos sí que son los malos de la película. Los bad boys aparecen como el peor y más indeseable rival, usando todas las malas artes disponibles para competir, y muy a menudo ganar, a los Bulls. Isaiah Thomas como némesis de Jordan queda realmente expuesto, y su animadversión más de veinte años después sigue vigente. Aunque lo niegue no cuesta mucho creerse la leyenda del veto de Thomas para la selección. El otro gran rival de la época, diametralmente opuesto son los Lakers de Magic. Sí da la sensación que cuando llega el enfrentamiento entre ellos los Lakers del Showtime parece que ya están de capa caída y que podemos pensar que nos ha faltado un enfrentamiento de ambos en su cénit.
Y otro de los aspectos que tiene el documental es incidir en la importancia de Jordan como icono mundial. Creo que esa NBA con los Bird, Johnson, Jordan…era el momento en que estaba en su máxima expresión, y se dinamitó para todo el mundo. El dream Team de Barcelona 92 es el mejor exponente. Pero Michael Jordan había transcendido por encima de su deporte. Era un icono planetario. Una personalidad que definía los años noventa. De ahí que fuese el primer deportista anuncio o que protagonizase le película de Space Jam.
Quizas sí queda un poco más difuso su vida personal, porque apenas se incide en sus matrimonios (recordemos que su divorcio fue el más caro de la historia) y se pasa de soslayo por los que parecen evidentes problemas de adicción al juego y a las apuestas. Como hablamos anteriormente es lo que tiene que el protagonista tenga todo el control creativo del producto. Sí se utiliza acertadamente dos hechos capitales que no se podían pasar por alto: el asesinato de su padre, hecho que yo desconocía, y el abandono del baloncesto para irse a jugar al béisbol. Una excentricidad del 23 en su día, y que realmente le salió bastante rana, aunque aquí ya se encargan de embellecerla con humildad y de nuevo afán de superación.
Si es cierto, es innegable que The last dance va de más a menos. Pero es algo inevitable. Porque tras sus enfrentamientos con los Pistons la hegemonía de los Bulls es incuestionable que no tienen un rival en condiciones al que enfrentarse. No es lo mismo enfrentarse a Magic Johnson y esos Lakers que a Clyde Drexler. Y por mucho que nos quiera pintar de épica, tres cuartos de lo mismo con mi admirado Reggie Miller y los Pacers. Si nos quedan esas últimas finales con Los Jazz de Stockton y Malone, pero creo que sigue pasando lo mismo, que se reviste de épica unas finales que eran bastantes desiguales. Y claro, si encima el bueno de Michael Jordan se marca los dos últimos minutos de la final, donde es protagonista absoluto, pues te da para un clímax bastante oportuno.
En fin, The last dance es todo un disfrute para todos lo que vivimos a Michael Jordan en los noventa. Disfrutar y rememorar, de manera mucho más completa que las escasas imágenes que guardábamos en la memoria. Pero es sobretodo el vistazo a la mentalidad de un deportista superior. Y a lo mejor su mentalidad y sus formas son bastante chocantes e incluso podemos decir que nocivas, pero sin duda algun es parte inherente de lo que ha convertido a Michael Jordan en el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.
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