lunes, diciembre 28

THIS IS THE WAY

Son tiempos difíciles para la rebelión. Quiero decir, son tiempos difíciles para los fans de Star Wars. Con la nueva trilogía ya  finiquitada podemos hacer balance de lo que supuso la compra de Disney y la explotation que la industria del  raton iba a hacer del universo de George lucas. Y sin querer pasarme de hater creo que es justo decir que J.j. Abrams, Rian Johnson y Kathleen Kennedy no cumplieron las expectativas que habían levantado.

Así que con la ceja escéptica ya en todo lo alto es cuando avanzan el siguiente paso: Disney va a tratar al universo de Star Wars en la televisión. No ya las consabidas series de animación que estaban revitalizando el producto hace décadas, si no con una serie de imagen real que se convertiría en el buque insignia de su nuevo canal de Streaming. Y  podemos ser claros. La maniobra sonaba a puro marketing en muchos aspectos. Pero dos nombres sobresalían en la misma para mantener la esperanza. Por un lado Jon Favreau como director principal de la misma, que se ha ganado su buena fama como un artesano del entretenimiento: de su mano surgen productos tan bien paridos como Iron Man, Cowboys vs Aliens o el libro de la Selva y el rey león (éstas ya trabajando para Disney) Y el segundo nombre a destacar es el de David Filoni, que a la mayoría no nos dirá nada, pero los que le han seguido le tienen como el salvaguardas de las esencias de Star Wars. Siendo el Showrunner de las series de animación donde se ha expandido de manera digna y coherente el universo lucasiano su paso a la dirección en imagen real era lógico y ambicioso.

Así que aunque se podía esperar que el Mandaloriano pudiera ser solo un producto para enganchar adeptos sin más, enseguida va a ser evidente que el amor, trabajo y respeto que se le pone a la serie está fuera de toda duda. Vamos, que en poco tiempo podremos decir que es el producto más Star Wars que nos ha llegado a la pantalla desde hace mucho, mucho tiempo. Basta un primer vistazo para sentirnos en un sitio familiar: Esa cienciaficción de chatarra, donde todo parece viejo, usado, crepuscular, y esos aires fronterizos de Tattoine o Nevarro que conectan directamente a Star Wars con el Western. La primera escena del mismo no puede ser más icónica al respeto. Y el mismo personaje mandaloriano, cazarrecompensas lacónico, que apenas habla, forajido sin sentimientos es un cliché del viejo oeste más clásico.

Si hay un aspecto en que la serie ralla la excelencia es en la factura técnica de la misma. El mejor halago que se puede decir de la misma es que te olvidas que ha sido creada para la televisión. Cualquier imagen, cualquier fotograma no desentonaría en pantalla grande de una gran superproducción. Y eso hablará bien del presupuesto, imagino, mejor de la curiosa manera de rodar la serie (en la que no me extenderé porque no entiendo mucho de apartados técnicos pero viene a replantear el futuro de los rodajes) y extraordinario del diseño de producción. Realmente hay que ponerle un diez en todo. En como revisita el universo postREtorno del jedi y nos lo hace familiar, creible y accesible, pero también como  todo nuevo planeta, nave o criatura están imaginados para ser creación propia pero que no desentonen con todo lo creado hace más de treinta años. Visualmente la  serie no baja del diez.

Y hay que pararse también en el personaje principal, que lleva todo el peso de la serie de manera rotunda, y ya se ha ganado un hueco en el corazoncito del fandom. La verdad es que la elección era complicada, pues tener a un protagonista que no se quita el casco el 99% de su metraje no puede ser más arriegado, pero hay que reconocer que Pedro pascal hace un trabajazo sin mostrar su rostro, con una actuación corporal enorme. Junto al Mandaloriano van a pupular un grupo importante de secundarios, que siendo bastante unidimensionales si consiguen ser atractivos para el espectador. Sin tener demasiado metraje en pantalla ni pararnos en su profundidad personajes como Kuiil o el androide asesino de la primera temporada funcionan en pantalla a la perfección y dotan de un abanico a  la serie que se va a reaprovechar en cuanto tengan oportunidad.

Lo que sí va a llamar la atención es su narrativa seriéfila. Estamos acostumbrados a las series del nuevo siglo en que todas las tramas se cruzan y bifurcan en busca de un plan mayor y más ambicioso, dejando de lado muchas veces la narrativa capitular. Y en esto el Mandaloriano se convierte en un rara avis. Ya lo es en la duración de los mismos. Que una serie tan ambiciosa se conforme con un formato de capítulos cortos, y de narrativa muy simple.  Juega a la vez al largo y corto plazo. Sí tiene un plan final, con la figura del Niño ejerciendo de leit motiv, cuando no de simple mcguffin, pero a la hora de la verdad en muchos casos sirve de excusa para introducir capítulos casi autoconclusivos, donde el protagonista lucha “contra el monstruo de la semana” para luego seguir con su misión. Y ahí depende de la tolerancia de cada uno ante este formato. Yo entiendo y estimo que es agradable una serie sin tanta pretenciosidad, simplemente una serie de aventuras y evasión como hablábamos antes de los productos de Favreau. Pero sí es verdad que hay ocasiones en que la cosa se dispersa demasiado y que parece que no va hacia ningún sitio.

Así en la primera temporada tras un excelente inicio que pone las bases de la mitología Mandaloriana y del niño como objetivo de repente se decide a desviar la atención con capítulos intrascendentes. Que si el personaje ha de ir a ayudar a un poblado sitiado por un AT-ST, que si tiene que ayudar a unos prisioneros en una misión de rescate… pueden ser capítulos trepidantes, divertidos o inocuos, pero sea lo que sea están desviando  mucho la trama principal.  Uno no sabe muy bien a qué carta quedarse.

Lo bueno que tiene Finoli, y que vamos a descubrir como su marca de fábrica es que sabe aprovechar las migas de pan que va dejando por el camino. Así de estos capítulos intrascendentes y evasivos  vamos a rescatar a un grupo de secundarios la mar de interesantes. Nos topamos con una final season (los dos últimos capítulos en verdad) que es todo lo que nos había negado los capítulos anteriores: centrados en la trama principal, con un villano de categoría como Moff Gideon y unas amenazas de entidad más allá de los stormtroopers de siempre, explicando y aumentando la mitología del personaje principal, y con momentos de sacrificio, drama, intensidad  e importancia para todos los personajes que han pululado por la serie.

Desde luego la primera temporada acaba en todo lo alto, y promete aún más para el futuro, así que la segunda temporada va a  reincidir en el sistema pero radicalizando su propuesta. Finoli ya ha convertido el Mandaloriano en su ghetto particular y aprovecha la serie para tirar de la amplia mitología que ha construido en las series de animación. Así elementos pertenecientes al universo expandido, o al canon más alejado de las grandes pantallas van a ser importantes en mayor o menor medida en la serie. Y está suficientemente bien jugado y narrado como para que los ignorantes de tamaño background podamos disfrutar igualmente con las aventuras del personaje, pero sí es cierto que en ocasiones te sientes como el invitado que ha llegado a mitad de una fiesta. La importancia de los personajes de Bo Kathan o Ahsoka Tano es correcta y coherente en la trama interna de la serie, pero lo es más por ser personajes que proceden de otras series. El mismo villano en su final season deja un cliffhanger que solo tiene impacto si has seguido la mitología previa mandaloriana.

Así que por momentos la trama principal no deja de ser accesoria. La primera temporada con el rescate del personaje del niño, y la segunda con la búsqueda de algún Jedi para entregarle es una excusa para meter al personaje en aventuras independientes, o como decimos que retapean historias que Filoni tenía inconclusas en otras series. Si piensas en la trama de Grovu la puedes resumir en apenas una línea. Lo que hace funiconar al 1000% la serie es su impecable atractivo visual y su ritmo narrativo. Ver capítulos en que luchan contra un gusano de arena o estar encerrados en una cueva llena de arácnidos aliens, seamos sinceros , no aportan absolutamente nada a la trama, pero en ellos nunca hay lugar para el aburrimiento. Bien por los buenos directores aportados (Favreau, Filoni, Dallas Howard, Rober Rodriguez, Waitiki…) el buen plantel de secundarios (parece mentira que actores como Nick Nolte, titus Belliver, Timothy Oliphant, Natalia Tena o Rosario Dawson fichen para un solo capitulo) y la pasada visual en que es la serie, que igual te presentan una persecución selvática a lo Indiana Jones, como un duelo de sables en mitad de la niebla que es una pasada. Nuevamente la factura de la serie vuelve a maquillar sus titubeos narrativos.

Y al fin llegamos a la final season tan esperada, donde de nuevo Filoni vuelve a recuperar las miguitas esparcidas durante toda la temporada, para darnos una  misión de rescate espectacular en el último capítulo. Recuperar a varios de los personajes importantes de la serie como Cara Dune o ese Bobba fett redivivo para la ocasión y plantear un clímax por todo lo alto. Tienes que pasar algún peaje para ello como hacer un abordaje tremendamente facilón, reírte una vez más de cuantos stormtroopers aparezcan y sobre todo mancillar a Moff Gideon de villano principal a pelele inútil que es usado para barrer sin miramientos el suelo. Pero se consigue la intensidad y la sensación de amenaza total, un poco artificiosa con esos blacktroopers creados para la ocasión. Y llega la irrupción, cual Deus Ex Machina, más controvertida de la serie. Porque sí, la llegada de Luke Skywalker es coherente con la construcción de toda la temporada, en que se está buscando algún maestro jedi, es espectacular y emotiva como fue el final de Rogue One, e incluso aunque le queramos poner pegas al rejuvenecimiento digital, ver al Luke de 1983 es un subidón.  Pero quizás es un comodín demasiado goloso, que más que ser el colofón de la temporada, es una distracción de la resolución de la trama. Pues al final el desenlace de Grovu, leitmotiv de la serie hasta ahora, parece quedar en segundo plano, contando la enormísima escena de despedida entre el Mandaloriano y el Niño que le ha acompañado todos estos capítulos.

Sé que andan pensando que me he pasado de hater con Filoni y compañía. Y no es verdad. Pero en un análisis severo hay que rebuscar elementos que no están funcionando como debieran. Entiendo que hay gente que no tiene un background suficiente de Star Wars para pillar todos los huevos de pascua que pululan en la serie, y cuya mitología le queda muy lejos. Y no es exagerar si digo que a esta serie le perdonamos  capítulos irrelevantes, por no llamarlos de paja, y valles de intensidad que no haríamos en otras series, quizás porque nos compensa con la imaginería visual y entretenimiento de primer orden, que eso siempre, siempre lo tiene.  He de reconocer aunque no lo haya parecido que a mi la serie me gusta. Y bastante. En esta segunda temporada que ya conozco Como funciona la serie y lo que puedo esperar de ella, que es un espectáculo de primer orden sin piruetas narrativas o densidad dramática, solo queda sentarse y disfrutar de la aventura en mayúscula que plasma el Mandaloriano en la pequeña pantalla. 

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