domingo, noviembre 1

LA MALDICION DE BLY MANOR

Una de las grandes series que nos ha dejado Netflix en los últimos años fue la Maldición de Hill House. Y que diga yo esto, con los prejuicios subjetivos que traigo sobre los elementos de terror pues ya quiere decir mucho. En Hill House Mike Flanagan nos ofreció una serie en la que actualizaba una obra clásica de la mejor manera dejando un sello personalísimo y  con capítulos que han sido de lo mejor filmado en los últimos años. Así fue tan bueno que como era de esperar la multinacional televisiva le dio manga ancha para repetir la jugada. No con una segunda parte afortunadamente, pues la historia de los hermanos Crain y de la casa Hill quedó más que cerrada, si no con esta La Maldición de Bly Manor que va a repetir varios de los elementos que tan bien le funcionaron en la primera temporada.

El acercamiento de Flanagan al terror sigue siendo coherente con Hill house. Ésta sigue sin ser una serie de susto, de subida de música y tensión, de vísceras, o torture porn. De malrollismo. No. En Bly Manor volvemos a incidir en ese terror clásico, sin golpes de efecto de cara al espectador, si no una sensación de malestar, de que algo no funciona como debe que se va apoderando de ti y que hace que cualquier elemento te mantenga a flor de piel. Estatuas, sombras moviéndose, crujidos de las escaleras, movimientos de cámara para ocultar y luego mostrar. Son los elementos propios de las películas de casa encantadas de la Hammer y es por ahí donde se va a incidir, pero sí es verdad que bien porque ya venimos resabiados de Hill House y ya conocemos a Flanagan, bien porque no está tan bien medido como lo estuvo en la anterior temporada la sensación de miedo va a estar muy mitigada durante toda la serie. Empieza la misma viendo que hay cosas raras en la mansión donde empieza a trabajar la nueva cuidadora, y en especial en esos niños que están brillantes cuando pasan de agradables a perturbadores, pero en el momento en que entiendes la naturaleza de la mitología de la serie puedes ver todos los capítulos sin tener terror ni desasosiego en ningún momento.

Vaya por delante que el propio título de la serie es un autospoiler, pues a pocos que indagues sabes que Bly Manor es la mansión donde da lugar la trama de Una Vuelta de Tuerca, el clásico de Herny James sobre historias fantasmagóricas, así que ya te pone sobre aviso de hacia dónde pueden apuntar Flanagan y su equipo para esta temporada. Sabiendo como sabemos que es la naturaleza fantasmal el principal plottwist con la que nos sorprendía la novela, uno empieza a ver la Maldicion de Bly Manor con esa mentalidad en mente.

Así que Bly Manor tarda lo justo en enseñar sus cartas. Como dije parecen más sugerente los capítulos en que no entiendes los elementos que forman el puzzle. El comportamiento de Flora y Miles, el porqué el chico se esforzó para que le forzasen a volver de su internado ,las visiones que tiene Danny de Peter Quint,  la casa de muñeca, los huellas de barro, la grieta que no para de ver Hannah… las pequeñas pildoritas que te va dejando Flanagan para después construir toda su historia. Pero con una vuelta de tuerca en mente tu no puedes dejar de pensar que estás viendo una historia de fantasmas que no saben que lo son. Evidentemente te están dirigiendo para que tus sospechosos sean los críos, pero en una buena decisión tienden a no plantear este como el giro final, pues hubiese sido previsto por todo el mundo. Así que hacia el cuarto capítulo ya dejan las cartas sobre la mesa para quien quiera tenerlas. Estamos ante una historia de fantasmas.

Claro, una vez quitamos el velo a casi todos los elementos sobrenaturales pues la sensación de miedo e incertidumbre se mitiga drásticamente. En lugar de ser una historia de miedo de fantasmas pasamos a ver un drama con fantasmas. Y no quiero decir que eso sea necesariamente malo. La historia de amor de Peter Quint y Rebecca es dramática a su manera, o enterarnos del destino de Hannah es bastante impactante y desolador. Pero si es cierto que la serie pierde un poco de brillo. Creo que buena parte de esto viene porque no hay capítulos propios que brillen con luz propia. Mientras que en Hill House podemos aislar capítulos que son una verdadera maravilla. El capítulo del entierro de aquélla, grabado en planos secuencias, y yendo atrás y adelante narrativamente es una maravilla total y no tiene parangón en esta temporada. Pero otros como el de la adicción, o el del origen de la mujer del cuello torcido brillaban con luz propia. Aquí se intenta hacer algo parecido explicando el fantasma que acecha a Danny de su propio pasado pero queda bastante diluido.

Porque también hay elementos que se quedan por explicar en la trama fina. Se empeñan mucho en darnos la explicación de qué es un fantama en Bly manor, de la naturaleza del mismo, de cómo están vinculados a ese sitio y como se desvanecen en tanto en cuanto están vinculados a los recuerdos. Pero a la vez nos presenta a otros elementos como el exprometido de Danny que la acecha tras su decisión de dejarlo, o el Doppelganger de Henry… que directamente no tienen sentido en la mitología que nos estas creando. Son “otro tipo de fantasma” de los que te aprovechas para construir elementos perturbadores o misteriosos, pero no deberían tener cabido en Bly Manor.

Aunque hayamos perdido la carta de la serie de miedo no por eso la trama se está construyendo mal. Todo lo contrario. El tema de Peter Quint y Rebecca se nos va mostrando poco a poco, construyendo su historia y como llegaron al punto que llegan, y entendemos sus motivaciones y su relación para con los niños, y lo que pretenden de ellos. Creo que es una historia que está bien hilada y que va hacia buen sitio hasta el capítulo siete. Queda suelto el cabo de la dama del Lago que aparece abruptamente al final del séptimo capítulo para ponerlo todo patas arriba.

Y ahí… la serie se tuerce. No quiero decir que se tuerce en calidad, si no que se desvía de su hoja de ruta. Los dos últimos capítulos podrían pertenecer a una antología de historias de fantasmas, o de terror gótico o cotidiano o lo que quieras. Podrías apartarlos de la trama y no pasaría nada. Y no digo con esto que sean malos. El octavo es una delicia gótica, en blanco y negro, un homenaje a los clásicos góticos de casas encantadas que parecen salidas de la pluma de Edgar Allan Poe. Pero la historia de Viola es totalmente independiente de la historia central que nos están contando. Sí, se lo compro como capítulo explicativo ante un elemento que es tangencial a la trama principal pero que necesitas entender su naturaleza. Y me vale esa calma antes de la tormenta, aunque no deja de ser un poco coitus interruptus de la trama principal.

Pero es que en el último nos hacen la misma jugada y buena parte del mismo es un capítulo autoconclusivo de una historia trágica de amor con fantasma. Que resulta que los protagonistas de la misma son los protagonistas de la serie, pero que está muy remotamente ligada con la historia principal. Y sí, es una historia bonita, con un amor verdadero y que tiene un final impactante (aunque creo que los tempos están mal medidos y no se da el nivel de amenaza que debería dar para tomar decisiones drásticas) Pero es un error de base contar esto en lugar de la historia PRINCIPAL

Resultado: La trama de la que va la serie, la trama de Bly Manor, que es la trama de Peter, Rebecca, Miles y Flora se resuelve en cinco minutos. Diablos, si no estás atento hasta te pierdes el momento en que los fantasmas de la mansión desaparecen.  Es narrativamente frustrante, porque es la trama a la que el espectador ha dedicado su atención durante nueve capítulos para quitártela de en medio de un plumazo.

Así que el resultado es demasiado irregular. Podrán decir que me quejaba de no tener capítulso con entidad propia como si había en Hill House, y estos dos últimos lo son. Y es verdad pero precisamente eso es lo que está mal. No están tan bien intregados dentro de la trama principal de la serie, y sobre todo guardarlos para el final de la serie es una estaca en el corazón para la trama principal de la misma. Puedo comprar que la serie abandone el miedo, porque al final es el sello de Flanagan. A la hora de la verdad, aunque Hill House fuese mucho más perturbadora también se trataba de un drama fraternal con fantasmas, igual que aquí es un drama romántico con fantasmas. Puedo aceptar la mitología de Bly manor, aunque me tenga que tragar algún sapo que otro y el tema de los recuerdos se haga un poco farragoso, pero no te puedo aceptar que a la hora de la verdad abandones tu trama principal en favor de un final que te parece más bonito. En este sentido se da la circunstancia que los dos últimos capítulos de la serie pueden ser los mejores de la misma individualmente, pero desde un punto de vista global le hacen más daño que bien a la misma.

En resumidas cuentas, una serie apreciable. No perdamos la perspectiva, Flanagan sigue siendo un elemento a seguir en el espacio del terror.  Muy suy generis (varias de sus inquietudes ya las demostró igualmente en Doctor Sueño), con un terror muy comedido y sin apoyarse en los jumpscares, pero que construye historias muy sugerentes. Quizás que él no haya estado detrás de la cámara en todos los episodios como sí hizo en Hill House haya mitigado su estilo en demasía. Y que no ha acabado de redondear al 100% todo lo que había construido para darle un final coherente a la serie no elimina las muchas virtudes que sigue teniendo.

 

 

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