Porque ya conocemos al director canadiense lo suficiente para poder hablar de su estilo y personalidad. Y es cierto que ha demostrado ser uno de los directores más interesantes de la actualidad, con una visión de grandeza muy marcada. Y a la vez es un director de ritmo muy bajo, que mastica mucho la narración y que tiene problemas en el metraje. Vamos, todo lo que se le podía echar en cara en Blade Runner 2049 va a ser lo mismo que pasará en Dune, pero es algo ya característico en su film. Ya Prisioneros se le iba a tres horas o Sicario necesitaba de dos películas.
Así que nos plantamos ante Dune. Yo soy desconocedor del clásico literario de Frank Herbert, así que la fidelidad a la obra primordial no será relevante. Tampoco lo será la comparación con el film de David Lynch, del que reconozco que poco tengo en mi memoria. Tendremos a David Lynch como un director importante en los últimos cuarenta años, pero seguro que poco lo asociamos con una epopeya galáctica en los años ochenta. Así que se puede hablar de traslación fallida aquélla.
Aquí Villeneuve gana por goleada a Lynch. No ya por los evidentes medios que cuentan en 2021 que no contaban en los años ochenta, pero es una película en que brilla especialmente toda la mitología de Dune, se puede seguir sin problemas los movimientos políticos, como se presenta cada bando, cada planeta, cada lore y todos son explicados, tienen su importancia y se relacionan de manera coherente. Y brilla con toda la construcción de este universo y se hace hincapié en la épica y grandeza más grande de la vida que relata la obra original.
Entrando al trabajo de Villeneuve lo principal a destacar es el nivel de monumentalidad que gasta la película. De verdad, la escala con la que juega esta Dune está a la altura de pocos. El trabajo del diseño de producción para la película es magnífico, la recreación de los mundos de este universo es prácticamente perfecta y como consigue mover ejércitos, plasmar los elementos sobre el desierto, o cuan colosales aparecen las ciudades y los imperios. En ese sentido Villeneuve convierte Dune en una experiencia audiovisual impresionante.
Y más que experiencia audiovisual yo lo aumentaría a experiencia sensorial. Realmente es una película que solo se puede disfrutar en pantalla grande. Porque las imágenes colosales que nos va ofreciendo Dune son acompañadas con una utilización del sonido absolutamente determinante. Como atrona en momentos intensos y duplica la espectacularidad de las imágenes. Añadamos un banda sonora de Hans Zimmer, que es brutal en esa nueva vertiente que tiene desde Dunkerke, con esos graves metálicos que parece que están zumbando en tu oído constantemente.
Destacar también el trabajo actoral de la película, donde Timotée Chamelet lleva buena parte del peso de la película. Es cierto que yo tengo ciertos prejuicios contra el actor pero he tenido que comérmelos por ahora pues creo que está notable en el papel de Pol Atreides. Luce haciendo de aristócrata que tiene que abrazar su destino, pero ya veremos si con la evolución del personaje demuestra el mismo tino cuando tenga que erigirse de líder de una revolución. A su alrededor un elenco impresionante donde prácticamente todos tienen tiempo para lucirse. Desde Rebeca Ferguson como su madre, hasta Oscar Isaac enseñando jerarquía, un irreconocible y viscoso Stellan Skangard como villano Harkonen, y un Jason Momoa que hace de Jason Momoa, pero que se le cae el carisma por todos lados.
Queda claro que la apuesta visual es ganadora al 100%. Vamos al tema en el que VIlleneuve siempre es discutido. El ritmo y la duración de la película. Evidentemente la película es larguísima. Primero y principal porque son dos horas y media y sólo es la primera parte del libro. Cosa que sería de agradecer que se hubiese publicitado más, porque creo que hay varia gente que se queda en coitus interruptus cuando acaba el film. Y en estas dos horas y media tampoco hay tanta historia que contar. Realmente hemos tenido, la llegada de los Atreides a Arrakis, la traición de los Harkonen y el exilio al desierto. Vale, he resumido de más y ciertas partes de la mitología de Dune merece reposar y que nos la expliquen bien. Creo que el problema del ritmo con el que asocio a Villeneuve no es un error, si no que está claramente buscado por él. El director acepta recrearse en esos aspectos visuales, porque cuando quiere y debe ser un buen narrador lo es con creces. Solo necesita un prólogo para explicar toda la mitología de Arrakis y el imperio galáctico, la secuencia del ataque del gusano de arena a los trasbordadores de especia es ejemplar y en ningún momento pierdes el hilo de lo que está pasando ni lo que aporta cada jugador al tablero.
Pero es cierto que Villeneuve abusa del ritmo lento, moroso y suele ser muy contemplativo con sus (hermosas) imágenes. En ocasiones en demasía. Creo que aquí hay un abuso excesivo de la cámara lenta, en especial en las visiones de Pol, en especial en las visiones sobre Zendaya.
También dota toda la película de un misticismo que se puede atragantar en su momento. Sí, entiendo que esto proviene de la novela original, pero le da un carácter mesiánico tan marcado y transcendente al protagonista que a veces es plomizo. Que el chico además es el mesías para todos. El lógico sucesor de su padre, el salvador del pueblo Femen, el elegido del clan de brujas al que pertenece su madre… Desde luego vaya peso le cae sobre sus espaldas al muchacho en un momento. No estoy pidiendo que ésta sea una película Marvel, ni siquiera Star Wars, pero un puntito menos de transcendencia en algún momento le hubiese hecho bien.
La película de por sí no es que tenga demasiadas escenas de acción. Pero las que se saca de la manga son inmejorables. Como decía la escena del ataque de gusano de arena al trasbordador me parece magnífica. Como recrea Villeneuve toda la sensación desértica, como hace lucir la especia encima de la arena, ese gusano que se intuye más que se ve, y con un solo trazo dibuja a Lato Atreides como una líder honorable. Igualmente pasa con el ataque a la capital, donde una vez más la escala colosal a la que se mueve la película la convierte en terriblemente épica, por no hablar de las soluciones visuales que se ha currado esta película. El uso y funcionamiento de los escudos, o el diseño de los dípteros son especialmente satisfactorios.
Por eso queda un poco extraño el clímax de la película. Ya sabemos que las veces que han cogido un libro y lo han dividido en dos películas surgen estos problemas, porque básicamente se tienen que inventar un clímax forzado que para el narrador no existe en ese punto. Pero aquí, tras los momentazos que acaban de pasar como el ataque a la capital, el accidente del díptero y la persecución de un gusano… pues se acaba la película cuando Pol y su madre se unen a los Fremen. Que vale, que por metraje será lo ideal, pero es un poco bajón el momento en que acaba la película. Se saca un enfrentamiento final con un don nadie y venga que nos vamos. Creo que es algo que deberían haber cuidado más, porque la sensación de final de la película no es la deseada precisamente.
EN fin, no quiero acabar en plan negativo, porque la película no es que me haya gustado, es que me ha gustado muchísimo. Villeneuve está en el punto de hacer películas enormes, épicas y grandilocuentes y salir airoso de ello. Cierto que a cambio nos tenemos que tragar ese ritmo machacón y pesadote pero creo que al cambio gana por mucho lo positivo que lo negativo. Sin paños calientes, de lo mejor del año sin duda alguna y solo lamentar que no esté ya rodada la segunda parte.
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