Que pedazo de serie.
Éstas son las primeras palabras que pronuncié cuando di carpetazo a las siete temporadas de Clone wars, y cubría así la cuenta pendiente más importante que quedaba con el Universo galáctico. Mucho y bien se había hablado de la serie de animación de Lucasfilm, pero he de reconocer que mi acercamiento hacia ella estaba cerca de la desidia. Bien por lo tibio que me dejaron en su día las precuelas, bien por el recuerdo tirando a bochornoso de la película que iniciaba esta serie, bien por el elevado número de capítulos que tenía por delante no parecía nunca una prioridad.
Incluso cuando llegó el momento en que las miradas de todos los fans galácticos tenían que virar hacia allí, yo seguía poniendo peros. Esto es evidente que es cuando el nombre de David Filoni gana enteros entre el fandom. Filoni se ha convertido para todo el mundo en el guarda de las esencias del universo de Star Wars, consiguiendo la ecuación perfecta entre ser respetuoso con la mitología conocida, poder ampliar el canon en la medida necesaria sin caer en contradicciones y expandir un universo que si de algo peca es de ser demasiado endogámico. Si no que le pregunten a las secuelas Disney. Pero Filoni en esto demuestra ser el mejor discípulo de George Lucas, al que hay que reconocer aunque parece que nos pese su implicación en toda la serie de Clone Wars. Porque algunos, y yo me incluyo, teníamos la mente de un Lucas dejado y ajado de la saga galáctica tras las precuelas, y que había perdido la ilusión y la implicación por ella, más allá del dinero que le daba, y vimos con buenos ojos su venta a Disney. Pero aquí se nos descubre que no es así. Que llevaba implicado activamente en este proyecto, que fueron varios años dedicado a extender el universo Star Wars y crear conceptos y lugares nuevos. Una vez que Lucas sí se separó definitivamente de su creación y la pasó a la compañía del ratón toda la fe se depositaba en manos de una persona. No, no es J. J. Abrams ni Ryan Johnson. David Filoni está aquí para demostrar que el espíritu Star Wars estaba en buenas manos y nos trajo el Mandaloriano, serie que nos sedujo desde el principio y se llevó todos los elogios habidos y por haber. Así que valía la pena mostrar atención en su creador y ver su obra anterior, para darnos cuenta a día de hoy que aquello que nos ha maravillado en la serie de acción real ya estaba años atrás en su serie de animación, ampliado y potenciado.
Aún así, aunque ya pululaban cerca de mí elogiosas y entusiastas opiniones yo seguía sin lanzarme al 100% en esta serie. Muchas veces he contado la anécdota: Hasta tres veces me puse el primer capítulo de la serie y tres veces lo abandone. No era capaz de encontrar el punto de interés en una serie que me quería vender la lucha entre unos robots genéricos separatistas y unos soldados genéricos fieles a la alianza. Ufff. Cuan equivocado estaba.
Porque la serie va a partir de dos hándicaps importantes, que se llaman Episodio II y Episodio III Para empezar, lo mal explicada que estaban las Guerras Clon en las precuelas. Las Guerras clon aparecen de soslayo en un diálogo de la Trilogía clásica y a partir de ahí se empezó a especular como fueron y en qué circunstancias se dieron para que la República derivase en Imperio Galáctico. Lucas lo abordó en las precuelas, y como en (casi) todo lo que contó allí naufragó. Entre tener que contar el origen de Anakin Skywalker, el ascenso de Palpatine, la historia de amor con Amidala, la caída al lado oscuro y la purga contra los Jedi, el asunto de las guerras clon pues pasa por ser algo tangencial. Sí, está la subtrama del Ataque de los Clones donde nos muestran cómo se creó el universo Clon, pero los movimientos militares o geopolíticos de la guerra parecen apenas abocetados y sobre todo mal definidos. Nos ponemos de parte de la República porque nos dicen que son los buenos y porque los jedis están allí, pero no tenemos idea de a qué se debe la guerra, que partes están implicadas y qué busca cada una de ellas. Todo tejido por un plan en la sombra de Palpatine que apenas enseña una parte de toda la telaraña cosida.
Otro hándicap que le deja las dos películas a la serie son sus personajes. Reconozcamos que los personajes de las precuelas no es que sean los mejor tratados de la saga. Salvaremos a Obiwan por su deje irónico, pero todos en su día le pillamos ojeriza al Anakin de Hayden Cristensen, y Amidala nos daba más o menos igual, por no sacar a colación a otros como Jar Jar Binks. Aquí se tienen que poner el traje de faena y trabajarse mucho las personalidades y el carisma de los protagonistas para esta serie. Y a fe que hacen un trabajo encomiable. Porque en poco tiempo conseguirán ni más ni menos que los personajes que recordemos en nuestra memoria sean los de la serie de animación en lugar que los de carne y hueso. Muy meritorito. Escribir a este Anakin Skywalker no es tarea fácil, pues tiene ese aire arrogante que debe tener, pero sin caer mal ni ser forzado, lo reconduce para mostrarse intrépido, impetuoso y de vez en cuando con ataques de ira que dan miedo. Obiwan es una continuación del Obiwan de ataque de los clones, aunque con una serenidad más latente, y lo que es más importantes tenemos más tiempo con los dos jedis juntos afianzando y mostrando su amistad sincera, pues en las películas a la postre casi no pasaban tiempo juntos. Y su relación funciona tremendamente bien, con un Obiwan que tiene más de relación fraternal y de igual a igual que de mentor, pero que le aporta serenidad y control al futuro Darth vader.
Lo mismo o incluso mejor se puede hablar de su trato con los villanos. EL poco tiempo que tenían en pantalla durante las películas hacía que éstos careciesen bastante de personalidad. El más importante, Darth Sidious si aparecía poderoso cuando debía pero como comentaba anteriormente conocemos más las consecuencias de su plan que el plan en sí. Aquí es al contrario. Se nos dibuja un escenario en que el Sith tiene el control absoluto de todo lo que está pasando y juega y utiliza a unos y a otros para su beneficio. Y tanto su alter ego Palpatine sabe aparecer ladino cuando debe, como Darth Sidious tiene quizás el momento más poderoso y tremendo que ha tenido nunca en pantalla. No solo del gran villano vive la serie, porque sus subalternos también ganan profundidad: el conde Dooku aparece aquí como un villano con enorme entereza, con un deje de aristocracia atrás. Con Grieovus tengo más problemas, porque cada vez que se enfrenta a los protagonistas pero si hablamos de dotar de personalidad a personajes debemos de parar forzosamente en la reaparición de Darth Maul. Que debería ser controvertida, pero que han creado un personaje tan bueno que nadie le pone un solo pero. Y si de Darth Maul nos reíamos que apenas tenía una línea de diálogo en su carrera, Filoni utiliza esa tábula rasa para crear un personaje astuto, taimado, controlador, mezquino, vengativo y poderoso. Llega un momento en que cada capítulo en que sale Maul sube exponencialmente el nivel.
Ya de por sí utilizar bien a los personajes que ya conocimos es un éxito necesario para que te funcione la serie, pero Filoni y Lucas lanzan dos apuestas arriesgadas sobre la mesa. La primera y muy difícil: Ashoka Tano. El personaje creado por Filoni que será la Padawan de Anakin Skywalker va a ser parte principal del reparto. Y es jugársela mucho, porque Ashoka tano no puede entrar con peor pie en la película piloto de la serie, apareciendo como una niña con discurso infantiloide, con fracesitas bochornosas y siendo bastante cargante en todos sus minutos. Y el comienzo de la serie no se aleja demasiado de esta versión. Afortunadamente Filloni va a tener toda una serie entera para hacer evolucionar al personaje, y terminar siendo uno de los más queridos de la serie. Es mágico como el personaje va ganando en madurez, en responsabilidad y en importancia sin dejar de tener ese punto juvenil (que no ya infantil) y termina siendo la mar de encantadora. Que a día de hoy para el fandom sea una jedi tan o más querida como el elenco clásico habla totalmente del triunfo total de Filoni con el personaje.
El otro éxito lo considero especialmente importante para el devenir de la serie. Se trata de darle voz a los clones. Recuerden si quieren mis primeras objeciones a la misma: ¿Cómo iba yo a interesarme por un ejército de soldados intercambiables? Pues solo podía interesarme con el espectacular trabajo de caracterización que se hace con ellos. Ya lo avisaba Yoda en ese mismo piloto que me costaba Dios y ayuda. Seres individuales sois para la Fuerza. Y así van a ser tratado. Se va a poner mucho énfasis y trabajo en que conectemos y empaticemos con el núcleo duro de la 501, hasta el punto arriesgado de dedicarles capítulos y tramas enteras en las primeras temporadas que podían ir en contra del interés de la serie. Parece que desde el principio se estaba gestando una serie en que los clones debían ser importantes y a fe que lo consiguieron. Digo desde ya que el Capitán Rex se va a convetir en el mejor personaje de la serie. Así que cuenten ustedes lo que significa: una serie de Star Wars que cuenta con todo el elenco clásico y que terminas disfrutando igual o incluso más cuando éstos están ausentes y disfrutas igual con los clones, con Ashoka, con capítulos dedicados a villanos como Assaj Ventress o Darth Maul.
Esta diversificación de la serie es otro de sus éxitos. Si algo tiene Star Wars es que es multireferencial, y Filoni lo entiende perfectamente. Todos los capítulos son aventureros, claro, pero se pueden circunscribir en diferentes géneros: Western, Terror, detectivesco, Bélico (obvio) gangster. Aunque en principio parecía que la serie podía pecar de capítulos procedimentales en su primera temporada la serie evoluciona para tocar distintos temas:
-Aventureros. Evidentemente es el núcleo de la serie. Paladines Jedis que llegan a planetas y luchan contra elementos de la facción separatista. Venía a ser el modus operandi de la primera temporada y se quedaba un poco limitado, aunque siempre aportaba ideas interesantes de los mundos que contemplaban.
-Bélicos. Espectaculares en grado máximo. Con el tiempo se convierten en los más queridos por mí, por el apego que terminamos teniendo a los clones. Y la perfección técnica evoluciona de manera que nos termina trayendo escenas de guerra absolutamente espectaculares y conflictos morales que aportan una profundidad inusitada
-Capítulos de la fuerza. Imprescindibles. Quizás hay menos de los que podíamos esperar, pero cada saga que está centrada en la Fuerza es una saga importante, te guste más o menos. Puede pecar en algunos de ser sobreexplicativa, pero la manera en que Filoni expande el background de la Fuerza siendo siempre fiel tanto a la continuidad como al espíritu inicial de la Fuerza es para quitarse el sombrero.
-Bajos fondos. Hablando de sombreros… Otro de los puntos made in Star Wars es el Universo de frontera, y aquí en Clone Wars se lucen. Lo bueno que tiene Clone Wars es que no se limita a contar historias de alta altura (algo que pasaba en las precuelas) si no que bajan también al fango, y el tipo de historias de contrabandistas, justicieros y forajidos siempre han tendido cabida y gran estima en esta galaxia muy muy lejana. Y los capítulos de bajos fondos son casi siempre un subidón, sobre todo porque consigue crear personajes supercarismáticos de la nada. Obligado me veo a hablar de mi admirado Cat Bane como uno de los mejores personajes de la serie, y cada enfrentamiento con los jedi y, en inferioridad, que se sale con la suya son para celebrarlos. Sumemos otros personajes como el pirata Hondo, contrabandistas que pululan por la serie y si ya hablamos cuando Ventress y sobre todo DArth Maul se unen a estas tramas, que se convierten todas en imprescindibles.
-Política. Suelen ser los menos valorados, y lo entiendo pues por general tienen de protagonista a Amidala, que no deja de ser un personaje poco desarrollado en la serie. Yo por mi parte los disfruto muchísimo porque me gusta mucho cómo se dibuja la situación geopolítica de la galaxia. Es bueno profundizar en las razones de los separatistas, en la corrupción latente que existe en el senado, en las dudas de países neutrales en acoplarse al grupo de los “buenos”, o la idiosincrasia política de cada planeta con lo que hay que lidiar… Y ayuda a entender como el plan de Palpatine se extiende y éste mueve los hilos tras la tramoya.
-Cómicos. Éstos son difíciles de defender hasta para mí, pero sí lo voy a hacer. Parece que es un peaje que tienes que pagar para el público infantil, y muchos optarían por saltárselo. Yo reconozco que en todos he extraído algún apunte, algún detalle que vale la pena. Aunque no soportemos la torpeza de Jar Jar, sus capítulos como embajador dejan algún detalle político aprovechable. Los capítulos con los droides son más infantiles aún, y en especial hay una saga a la que luego me referiré que no hay por dónde cogerla.
Por supuesto lo más importante es que éstos no son compartimentos estancos y lo mejor es cuando en los mismos capítulos se tocan diversos aspectos. Capítulos bélicos donde la diplomacia tiene fuerza, capítulos infantiles que tocan con acierto la mitología de la fuerza, capítulos de bajos fondos donde el plan final va relacionado con los Jedi. En ese aspecto todas las tramas de Mandalore brillan con luz propia por traer en conjunto todo lo bueno de clone wars, multiplicado y potenciado.
Todos los parabienes que estamos contando de la serie deben verse refrendados por un nivel técnico que esté a la altura. Y por supuesto será así, pero es cierto que igual que en el resto de apartados la serie evoluciona una barbaridad desde sus primeras temporadas a las últimas. Ya de por sí la apuesta por el diseño de producción de esta serie es un poco peculiar. SE opta por una animación muy angulada, muy rectilínea que en cierta manera te echa un poco para atrás. Partiendo del perjuicio que supone animar a personajes que hemos visto en imagen real el traslado a la animación pasa por ser demasiado abrupto, y cuesta hacernos en un principio a los rasgos casi caricaturescos de los personajes. Una vez pasado ese umbral, solo queda disfrutar. Personajes que deberíamos tener asociados a sus actores pasan a ser su imagen animada su referente, y otros como Dooku, Palpatine o Maul alcanzan aquí su versión definitiva. Y no contento con conquistarnos con el peculiar diseño de la serie, la misma evoluciona en el plano técnico a pasos agigantados. Ya al final de la primera temporada hay un salto cualitativo en cuanto a escenas de acción y sobre todo batallas aéreas. Pero no contento con eso el paso que se da en cuanto a la coreografía de los combates de espadas es definitivo. No soy exagerado si digo que en esta serie vamos a disfrutar con algunos de los mejores combates de sables de la saga, un cuidado por cada movimiento, cada estilo de lucha y puesta en escena que dota de espectacularidad máxima los mismos.
Pasamos ya a diseccionar la serie paso por paso, y ya advierto que en la primera temporada toca pagar un ligero peaje hasta hacerte con ella. En un principio la serie peca de ser demasiado procedimental, con capítulos autoconclusivos en que los jedis llegaban un planeta y pugnan por él con lo separatista de por medio, hasta conseguir el éxito. Encima la intención de querer que nos encariñemos con la (por entonces) insoportable Ashoka y el papelón que se le otorgaba entonces al general Grievous que básicamente no hacia otra cosa que quedar como el perdedor más grande de la galaxia, amenazando mucho pero siempre teniendo que salir con el rabo entre las piernas… pues no auguraba que la serie sacase nada de provecho. Se veía algún brote verde, como el capítulos de los soldados clon novatos, pero poco más. EN este caso la mejora técnica se avanzó a la esperada mejora narrativa, y para el final de esta temporada se da un salto cualitativo en cuanto a escenas de acción y batallas navales que ayuda que la serie entre al fin por el ojo. Junto a ello, un final de temporada con ideas más potentes (guerra vírica, bombardeo de civiles) y una final season donde se nos presenta al supercarismático Cat Bane ya nos enfila hacia el despegue total de la serie.
Ëste será definitivo en la segunda temporada. Aquí ya está todo el núcleo de lo que es Clone Wars: la capacidad de crear personajes que te lleguen enseguida, de nuevo con Cat Bane, cuya saga es espectacular, y consigue poner en jaque en todo momentos a héroes muchos más poderosos que él mismo. Pero es que en breve nos van a presentar a la padawan Barris, al pirata Hondo Honaka y hasta a un joven cazarrecompensas llamado Bobba Fett. Recuperar aspectos de la mitología ya creada y expandir y potenciar: la Batalla de geonosis consigue ser eminentemente espectacular en su arranque (un desembarco que vale la pena verlo en pantalla grande) pero a la vez dar un giro terrorífico y enseñando más de esos geonosianos que apenas eran carne de cañón en el Ataque de los clones. Y crear su propia mitología, y en esto nada mejor que se sacan del pañuelo todo Mandalore, lo que es un lujo en todos los sentidos: por su posición dentro del mapa galáctico, en la que están en contra de los separatistas, pero se niegan a recibir ayuda del Senado para no vivir una ocupación. Un diseño alucinante de Mandalore que brilla con luz propia con esos apuntes cubistas y de art deco que quitan el sentido. Y se crean personajes, perdón personajazos singulares. Esta Satine es maravillosa, fiel a su pueblo, pacifista hasta la médula y con una relación con Obiwan que es para disfrutarla desde el principio. Ya le gustaría a Amidala y Anakin tener la mitad de la química que la duquesa y el Jedi (de hecho, está tan bien escrito que era innecesario verbalizar que entre ellos pudo haber algo más, antes que Kenobi eligiese el camino de la fuerza) Pero es que además de esto la serie apuesta definitivamente por la diversificación, y tenemos capítulos detectivos con Amidala y el senado de protagonistas, capítulos donde se le da todo el protagonismo a una Ashoka deseosa de conquistar nuestro corazoncito o esa pequeña joya que es el desertor, donde ya tenemos al capitán Rex como elemento importante de la serie para demostrarnos que los clones van a ser algo más que meros peones
La tercera temporada va a ser consagratoria a todos los niveles. Basta refrendar como éxito la estrategia de Filoni de empaparnos de soldados clones solo con la saga inicial, donde nos cuenta como fue la formación del escuadrón de Rex en la academia y nos engancha una historia en que no aparece apenas ninguno de los protagonistas. Nuestra afinidad hacia Rex, Cincos, Cody Jesse o Echo es total. Y a partir de esta tercera temporada empiezan a eclosionar todas las semillitas que ha ido plantando Filoni durante toda la serie. Volvemos a lugares comunes, a personajes ya conocidos que nos ocupan y nos preocupan lo suficiente. Pero no por eso suena a repetido, si no que tiene mil vertientes que explotar. Volvemos a Mandalore y vemos como la corrupción está haciendo mella en el gobierno de Satine. O recuperamos a Cat Bane para verle poner en jaque a todo el consejo jedi, en pos de rescatar al Hutt Ziro, seguramente el personaje más detestable creado por Filoni.
Además de su política de recoger lo sembrado a partir de la tercera temporada se hace evidente que la construcción de las temporadas de Clone Wars está pensada en picos y valles para acabar en un fuerte in crescendo. Así que es normal que después del inicio de la temporada haya algunos capítulos que podían ser algo más irrelevantes (que yo admito que nunca lo son. Por ejemplo en esta tercera temporada un capítulos donde una antigua amiga de Amidala es separatista y se nos da su punto de vista) Y a partir del undécimo o duodécimo capítulo se pone las pilas hasta el final. Aquí es evidente desde el momento que empieza la saga de Assaj Ventres. La sith creada en la serie de Tartakovsky tiene una presencia brutal y se erigia como una rival a la altura. Pero la verdad es que los capítulos pasaban y apenas se le daba más importancia que estar a la sombra de Grievous (y si éste ya era un perdedor…) Llega la saga de las Hermanas de la noche y es espectacular. Filoni y Lucas se sacan toda una mitología de la manga que debería desentonar con el espíritu galáctico, pero al contrario, se acopla de lujo. Magia oscura, brujería como otra manera de transmitir la fuerza y una historia de odio y venganza entre los villanos, que no solo nos expande a Ventress, nos enseña de donde viene, el odio que puede tener con Dooku, y nos crea un nuevo y poderosísimo villano a la altura como es Savage Opress.
No tiene pensado quitar el pie del acelerador y a continuación viene la controvertida saga de Mortis. Filoni le va a dar un vuelco de nuevo al tema de la Fuerza, aunque puede que aquí se le va la mano, con esos seres demiurgos poderosos en la fuerza que representan el equilibrio: Una hija la luz, uno la oscuridad, y su padre que mantiene la neutralidad entre ellos. Reconozco que la saga te atrapa, visualmente es muy atractiva y aporta elementos relevadores, pero para mí no encaja exactamente con la mitología de la fuerza tal como yo la contemplo (que se le aparezca su futuro a Anakin lo considero directamente un anatema) El mismo Filoni tiene que poner la marcha atrás y dejarlo todo como una ensoñación para que el tema no se le vaya de las manos.
Volviendo para el final de temporada a temas más prosaicos, una buena saga es la de la Ciudadela, muy deudora de películas de la II guerra Mundial como el desafío de las Águilas destaca la incorporación por primera vez del personaje de Tarkin, aquí todavía Teniente, y su peculiar visión y animadversión sobre como dirimen los asuntos bélicos los jedis. El final de temporada, con un mundo donde juegan a los cazadores, y usan el manido comodín de Chewbacca está un poco más bajo que el resto de temporada que ha sido de diez.
Justo es decir que la cuarta temporada empieza un poco renqueante. Ya consolidado el formato de sagas empieza con una saga en el mundo de Mon Cala que es un poco olvidable. Entre el poco interés de los personajes que nos presentan y que el mundo submarino tampoco es especialmente agradecido para ser espectacular pues la verdad es que son capítulos que pasan sin pena ni gloria y ni siquiera van a ser recuperados más tardes como si pasan con otros. Además sumamos peajes infantiles con Jar Jar y R2 y C3pO emulando a los viajes de Gulliver y parece que la serie está cerca del traspiés.
Entonces llega Umbara.
Ya ven ustedes que me cuesta hablar mal de casi ninguna saga de Clone Wars, pues llegado a un punto todas son potables y algunas realmente tremendas. Si me tuviese que quedar con una solo sería la saga de Umbara. Porque es un espectáculo visual de primer orden. Se ve en el primer capítulo donde hay una batalla alucinante en un mundo oscuro y con luces fluorescentes que luce en pantalla una barbaridad, porque es la prueba que Star Wars es multigenérica y aquí sacan una saga de cine bélico 100% y funciona a la perfección. Porque es la consolidación de la idea troncal de Clone Wars: los clones son los protagonistas. Y aquí se erige, si no lo era ya el Capitán Rex como el mejor personaje de la función. Firme, leal a los altos cargos, pero siempre cuidando a los suyos y buscando la mejor opción. Y porque la saga tiene conflictos importantes desarrollándose, con ese general Krell tratando a los clones como si fuesen muñecos en su tablero a los que no importa sacrificar en favor de una victoria, caiga quien caiga, y a Rex entre la espada y la pared de seguir las órdenes de su general, o llamar a la insurgencia a sus hombres. Y sí, reconozco que a mí se me cae un poco la saga cuando descubrimos que Krell era un quintacolumnista de Doku y todo lo que hacía era traicionar a los suyos desde dentro. Pero eso no resta que nos han dado unos capítulos con unos conflictos morales y una profundidad en el drama de la guerra que parece mentira que lo estemos sacando en una serie infantil de animación. Una obra maestra, vamos.
Después de esta pedazo de saga no era fácil estar a la altura, y vienen otras que son de nivel notable pero que no llaman la atención tanto como debieran. La saga de los esclavistas, con Anakin teniendo que lidiar con fantasmas de su pasado y enseñando retazos de su lado oscuro y Obiwan viéndose sometido, y los capítulos del Obiwan contrabandista, que es otra saga de cuatro números que lo tiene todo para ser molona, con Obiwan infiltrado en un grupo de cazarrecompensas, teniendo que ir codo con codo con Cat Bane y con pruebas de todo tipo, personajes chulos y acción desmedida. Pero no te puedes quitar de la cabeza la peli de Cara a Cara de John Woo, lo que es un poco freno.
Por supuesto para el final de esta temporada nos esperaba otro in crescendo notable. Para empezar la vendetta de Doku contra las hermanas de la noche, con un Grievous que, cinco años después, consigue salir airoso de una misión. Cargarse a las hermanas de la noche a mí me parece un desperdicio enorme, porque podían haber dado mucho juego, pero sirve para seguir desarrollando al personaje de Assaj Ventress, ya alejadas de sus inicios Sith y entrada en los bajos fondos para buscarse la vida. Y no contento con esto la gran sorpresa vendrá en los capítulos finales. Cuando el personaje de Savage Opress concluya la búsqueda de su hermano perdido que ya nos anticiparon en su día, y que no es otro que el mismíisimo y cosido por la mitad Darth Maul. Lástima que cuando llegamos aquí algunos ya habíamos visto su aparición en Solo y ya lo sabíamos redivivo, pero el impacto de vivirlo in situ tuvo que ser algo brutal. Y ojo, antes de desarrollar al personaje, seguro que corrieron ríos de tinta por tratarlo como una resurrección anatema.
Porque ¿qué vamos a decir de Darth Maul? Pues que seguro que es arriesgado traerse a un personaje que es una imagen icónica de Star Wars… y poco más. Porque el recuerdo que tenemos todo de Darth Maul en la amenaza fantasma está asociado al Duel of the Fates, pero hasta ahí no era otra cosa más que un esbirro de Darth Sidious, sin personalidad ninguna y que apenas esbozaba tres frases. Entonces parece que aportar, va a aportar lo mismo que su hermanos Savage en la serie. Un rival físico poderoso y ya está. Pues señores, todo lo contrario. Aquí Filoni sí que hace una exhibición y partiendo de la tábula rasa que era el personaje se marca uno de los más interesantes de toda la serie. Porque a pesar de su primera aparición totalmente ida que podría presagiar algo malo, enseguida se nos dibuja un personaje taimado, astuto, sibilino y que va varios cuerpos por delante de los demás. Sus movimientos estratégicos, bien sea con alianzas o con ataques preventivos van encaminados a un plan más sofisticado por detrás. Y todos sus planeas buscan dos objetivos: primero, Vengarse de Obiwan Kenobi, y no deja de tenderles cebos para atraer al jedi, aunque le salgan rana como en el primer capítulo de la quinta temporada. Y segundo, fastidiar todo el plan de Darth Sidious. Maul es el único que sabe y llega a vislumbrar parte de la telaraña tejida por Sidious en la Galaxia y se encarga de ser una mosca cojonera en cuanto puede… hasta que es una molestia demasiado importante, como veremos más adelante.
Ya se ha instaurado definitivamente en la serie el formato de saga. Apenas existen ya capítulos autoconclusivos, y todas las historias parecen tener que contar por decreto con cuatro capítulos, lo que termina siendo algo contraproducente. Lo vemos en esta quinta temporada. La historia de Onderon donde nos presentan a los Guerrera tiene apuntes interesantes para trazar la estrecha línea entre libertadores y terroristas, pero es verdad que en cuatro capítulos se hace largo y repetitivo. Pero es que después vamos a enlazar la siguiente saga con unos niños jedi que le pasa lo mismo. El capítulo donde ellos tienen que superar sus miedos para conseguir el cristal de sus espadas laser me parece acertadísimo y un aporte a la mitología jedi, pero de ahí tenemos que seguir a los personajes tres capítulos más en una historia de piratas y rescates que es totalmente prescindible. Y en este punto, encima nos encontramos seguidamente con la saga más ridícula de la serie, protagonizada por un grupo de droides comandando por un general que parece salido de una película Disney de las malas. Un despropósito que podría resultar asumible en un capítulo, pero directamente insoportable en una saga de cuatro.
Lo que Filoni sí parece haber aprendido como trauma es: cuando la cosa decae vuelve a Mandalore. O cuando la cosa decae trae a Maul. ¿Pues qué mejor que las dos cosas juntas? Empieza aquí la saga que va a coronar a Maul como uno de los mejores personajes de la serie. Con un plan a gran escala y un ritmo trepidante, tenemos a Maul haciéndose poderoso en los bajos fondos galácticos, pactando con la guardia de la noche, poniendo al gobierno de Satine contra las cuerdas y arrebatándole el poder, primero para el clan Vizla y después, sable negro mediante, para él mismo. Y lo que es la pauta del personaje: todo este plan tan amplio y tan desarrollado tiene como propósito únicamente su venganza contra ObiWan. El capítulo de los Sinley brilla con luz propia y puja por el título de mejor capítulo de la serie, cuando descubrimos los verdaderos planes de Maul, como los intentos de Satine de escapar solo era un cebo para atrapar a Kenobi y azotarle con el mayor dolor del mundo, la muerte de Satine delante suyo. ¡Cómo llegó a doler ese momento! Y que el propio Obiwan no se dejase llevar por el odio en ese momento es la mejor descripción de Jedi que nos llevamos. Así que en apenas diez minutos ha subido a Maul a los altares como el villano más deleznable de la serie… hasta que llega Darth Sidious que respira malevolencia por los cuatro costados. Es de no creerse el poder que exhala Sidious contra los guardias mandalorianos, pero la pelea en combate de sable contra Maul y Savage es IMPRESIONANTE. Directamente la mejor de la serie y midiendo perfectamente las fuerzas. Porque Savage y Maul ya se habían visto como enormes luchadores y aq uí no hacen otra cosa que barrer el suelo frente a Darth Sidious. La manera en que Maul, recién ascendido a villano más infame de la serie, acaba el capítulo con su hermano muerto y él subyugado totalmente, pidiendo clemencia a su antiguo maestro (sin conseguirla) pone a Darth Sidious al nivel estratosférico que merece.
Para acabar la temporada una saga centrada en Ashoka Tano, la que yo le llamo la saga Hitchcock por el título de los capítulos y por la trama del falso culpable. Es una buena saga para el final de temporada, aunque sí es verdad que el verdadero culpable se ve venir de lejos. Pero lo importante sobre todo es la decisión final de Ahsoka de dejar la orden jedi, al sentirse traicionada por ellos. Un golpe duro para Anakin sin duda, y necesario para la visión a largo plazo de la serie.
Me refiero claro a que cuanto más nos acercamos al final de la serie, más tenemos que tener en cuenta el status quo de episodio III. Así que es imprescindible alejar a la padawan de la primera línea para explicar el porqué de su ausencia en la Venganza de los Sith. Y sobre todo hay que ir preparando a la audiencia para la Orden 66. Como en las películas los clones no tenían ningún tipo de desarrollo entendías la orden 66 como algo establecido desde siempre. Cuando Cody recibe la orden y dispara a Obiwan en la película entiendes que éste ha sido siempre su plan, y que estaba fingiendo servir a los jedi porque siempre habían trabajado para sidious. Una vez visto Clone Wars no es sólo que sabes que esto no es así, si no que tienes una conexión emocional con los Clones que sabes imposible la traición subsiguiente. Por eso en la sexta temporada se tienen que sacar de la manga el chip biológico. Todos los clones llevan un chip incorporado que hará que cuando se active esta orden no puedan desobedecerla y ejecuten cuantos Jedis encuentren. No es la idea más sutil del mundo, pero a estas alturas era el único paso que no hubiese quedado demasiado abrupto. Y que además nos regalan una saga trepidante con Cincos como protagonista y con un final fatalista bastante potable.
Por eso cuanto más nos acercamos al episodio III en peor posición está quedando el Consejo Jedi. Ya en la decisión de Ashoka se describió un consejo petulante y equivocado. Pero ahora le están explotando elementos en la cara y siguen sin darse cuenta. El asunto del Chip biológico se queda archivado y en los siguientes números van a quedarse mirando mientras Palpatine también se hace con el control financiero de la Galaxia o se descubra que en la creación del ejército está ni más ni menos que Doku. Yoda, Mace Windu y el resto se ven abocados en una huida hacia adelante. Saben que hay algo que no controlan pero no pueden parar la guerra en la que están inmersos.
Pues justito a las puertas de enlazar con Episodio III…. Estamos a punto de no hacerlo. En una operación controvertida llegó Disney, con los derechos de Star Wars recién adquiridos, y se pulió la serie de Clone Wars, que a fin de cuentas estaba saliendo en una serie de la competencia. Así que Filoni se encuentra de golpe que le cancelan la serie sin llegar a su final satisfactorio. Si le da tiempo a acabar la saga de Yoda, que es muy recomendable y una de las sagas sobre la fuerza más recomendables. Filoni te lo explica todo. Desde los fantasmas de la fuerza, a como se pasa la fuerza de generación en generación, a los elementos del lado oscuro, incluso el papel de los midiclodianos en ellos… Con Yoda como protagonista, con la aparición de Dagiobah, de QUin Gon jinnn y un combate medio onírico contra Sidious. Pero si es verdad que siendo una saga muy interesante en el apartado temático queda un poco coja como final de serie, que a la postre es lo que parece que se va a quedar.
Asi que la serie se daba por muerta durante años, hasta que el fandom por un lado y Filoni entre líneas presionaron lo suficiente para obligar a Disney a retomar la serie. Así que tras cuatro años y con Rebels como la serie sucesora en Disney, los mismos que la habían matado sacaban pecho por resucitar Clone Wars y darle a Filoni trece capítulos para rematar su serie como habría querido. En fin.
Es por esto que la serie pilla con el paso cambiado en esta séptima temporada a más de uno. Porque sabiendo que te dan la oportunidad de cerrar todas las tramas y personajes que habías utilizado, no deja de ser raro que el bueno de Filoni opte por situaciones diferentes. En su primer arco presentando nuevos personajes. Esa remesa mala que yo creo que se aprovechó ya pensando en el futuro spinoff que nos ha terminado llegando, aunque es un concepto con el que yo tengo problemas (prefiero la audacia de los clones normales que los superpoderes de estos chulitos de barrio), y aún peor, recuperando a Ashoka Tano sí, pero en una saga sin pies ni cabeza, donde acompaña a dos hermanas que se quieren meter a contrabandistas, y que al final es una aportación pobre, sobre todo si contamos que estás desperdiciando los pocos capítulos que te habían otorgado. Pero tranquilos que Filoni tenía un plan.
Estaba claro que tenía muy claro como quería acabar Clone Wars. Y los cuatro últimos capítulos de la serie así nos lo demuestran. Uno se hacía cábalas en su cabeza pensando en cómo enlazarían clone Wars con Episodio III. Yo había imaginado un escenario parecido al final de Rogue One, en el que el final de Clone Wars enlazase directamente con el principio de Episodio III. Que se avisase a los Jedi del secuestro del canciller y partiesen a rescatarlo. Pero sí tenía un problema, que no veríamos en la serie de animación el culmen de la orden 66, que a la postre, si estamos siguiendo tan seguidamente a los clones era un momento vital. Así que la opción de Filoni es hacer una especie de cara b de Episodio III. Toda esta saga es simultánea a la película de Lucas, y nos están llegando ecos de lo que está pasando entre bambalinas. Tienes que pagar el peaje de perder en el momento final a personajes tan importantes como Obiwan y Luke o vivir el final de Doku en off, cuando ha sido un personaje más importante en la serie que en las películas, pero se paga con gusto dando el protagonismo total a los personajes de la serie. A aquéllos que nacieron y crecieron con ella: EL capitán Rex y Ashoka Tano.
Y justo es recordar el mantra apuntado hace unas páginas. Si tienes problemas vuelve a Mandalore. Si tienes problemas vuelve a Maul. Para esta última saga se vuelve a recuperar ambos conceptos y funcionan de manera brutal. A pesar de algún problema de continuidad (pues existe una serie de cómics entre la última aparición de Maul y ésta) volver a contar con el mejor villano de la función siempre es un lujo y esta vez no es para menos. Vuelve a salir a relucir ese personaje taimado, inteligente y que se avanza a sus enemigos. En este caso su intención principal es destrozar los planes de Palpatine, pues él conoce la iporatancia de Anakin Skywalker en el plan de Darth Sidious y está dispuesto a acabar con él para truncar sus planes. Le sale rana cuando sea Ashoka Tano la encargada de lidiar con Maul, y en un combate espectacular, conseguir apresarlo.
Pero será la segunda parte de esta saga la que nos lleva al culmen. Mucho más ominosa que el resto de la serie, con unas letras en rojo, con una música mucho más tenebrosa, y un aire de fatalidad que acompaña los instantes previos a la orden 66. Esos momentos están también en la cumbre de la serie. Cuando tú como espectador sabes lo que está a punto de pasar en esa nave, pero los personajes aún no. El momento en que Rex, nuestro queridísimo Rex, recibe la Orden 66 y no puede hacer otra cosa que obedecerla e intentar matar a Ashoka directamente es de gallina de piel.
Y a partir de ahí, un espectacular escenario de acción, con Ashoka y afortunadamente también Rex contra todos. Está bien hilado con la saga de Cincos para devolver a Rex al redil, y es un disfrute por un lado contar con los mejores personajes de la serie, y por otro con su mejor villano. Maul se dedica a crear el caos y de qué manera. Hasta conseguir huir y hacer caer todo el destructor. Y las escenas intensas se multiplican: Rex diciendo que ellos no van a matar a ninguno de sus hombres, la huída de Maul y como AShoka lo retiene, y después lo tiene que dejar marchar para ayudar a Rex. La espectacular caída del crucero a tierra, y la impactante escena en que todos los soldados clones (customizados con los signos de Ashoka para la ocasión) han sido muertos y enterrados. Los dos personajes más queridos de la serie consiguen sobrevivir, pero bajo ningún concepto es un final feliz. Las guerras Clon concluyen con la victoria del emperador, con su plan funcionando y con la purga de todos los Jedi de la galaxia.
Por si esto no había sido suficientemente intenso llega un epílogo para recoger los pedazos de nuestro corazón y retorcerlo sin miramientos. Cuando una tropa imperial da paso ni más ni menos que a DArth Vader, pues allí descubren el sable Jedi al que Ashoka había renunciado. Pelos como escarpias, oiga. Y final de serie.
No puedo estar más contento que Disney rectificase a tiempo (si es que a tiempo son siete años..) y nos diese el final que esta serie merecía. La serie había sido todo un disfrute pero es verdad que había quedado como un coitus interruptus por su cancelación, y era imprescindible tener el final trágico que la serie prometía.
Y ya como reflexión final sólo puedo darle las gracias a Filoni, a Lucas y a todos los que hayan estado a cargo de esta maravillosa serie. Porque hemos tenido que soportar muchos proyectos del universo Star Wars que sinceramente no han estado a la altura. Bien porque Lucas había perdido el punto como director, bien porque los otros que vinieron hicieron buenos a los que ya estaban. Pero Clone Wars sí. Clone Wars contiene todo el espíritu Star Wars, es respetuoso con el pasado de la franquicia, se amolda a la mitología de la misma, pero no tiene miedo de expandir, de abrir nuevas puertas y de mirar hacia el futuro en Star Wars. Crear nuevos personajes que a día de hoy forman tan parte del fandom como los personajes clásicos y un entretenimiento de primera calidad, tanto técnica como narrativa, para todas las generaciones. Lo que viene a ser puro Star Wars. Y desde luego esto es la mejor virtud que podemos alabar de Clone Wars.
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