No se hablan más que maravillas de la etapa de Brubaker en el Capitán América. La serie que hay que seguir. La mejor grapa del mercado. La mejor etapa del personaje… Y reconociéndole el valor de sacar del ostracismo al Capitán América y poniéndole en una inesperada primera línea mediática, la verdad es que su resurrección es bastante controvertida.
No es casualidad lo de utilizar la palabra resurrección. Por supuesto estamos hablando de la saga Otro Tiempo, con la que arranca la etapa de Brubaker y que debería hacer correr ríos de tinta por su revelación. Justo es reconocer que la saga empieza bien o muy bien, con un primer capítulo muy bueno, con el cubo cósmico utilizado de MacGuffin para dejar un auténtico e inesperado cliffhanger, como es la muerte de Cráneo Rojo por un misterioso francotirador. No tarda mucho Brubaker en colocar su marca de fábrica. Se nota que él es sobre todo un untor de género negro (como ya ha demostrado en D.C. en Catwoman y Gotham central, y en Marvel con su obra más personal, Criminal) La colección del Capi sufre pronto un oscurecimiento tanto temático como formal, convirtiéndose en una serie de espionaje más que de superhéroes, sin que el tono desentone en la colección.
Por supuesto la polémica estalla cuando descubrimos la identidad del asesino de Cráneo Rojo. Al principio creemos que juega al despiste, primero metiendo con calzado recuerdos de la II Guerra Mundial y después lanzando lo que suponemos solo pueden ser pistas falsas. Pero no. Resulta que el Soldad de invierno es ni ás ni menos que Bucky Barnes. Toma bombazo de los gordos. Y yo no puedo estar más en contra. Tocar el tema Bucky debería ser anatema para cualquier guionista. La muerte de Bucky y la hibernación del Capitán América es parte ineludible de lo que esl el Capi en la era Marvel moderna, así que tocar ahí es sacrilegio, no ya de la continuidad, si no de lo que representa el personaje. Es el equivalente a que sea un movimiento impactante que ahora se descubra que Tío Ben estaba tomando cañas, cuando es el catalizador de que exista Spiderman. Y es que Brubaker ha hecho lo mismo en todas las colecciones que ha cogido. Tanto en la infame génesis Mortal como en la “pulp” Puño de Hierro ha metido un pedazo de retcom que cambia todo lo que sabíamos del pasado de los personajes hasta ahora. Ya sea con el grupo X secreto en Krakoa, el legado de distintos Puños de Hierro o el pasado de Bucky Barnes. Y siempre que puede metiendo elementos que oscurecen a los personajes. O sea, ya no es solo que Bucky haya estado amnésico años trabajando como asesino para los rusos. Es que dejan caer, como quien no quiere la cosa que ya en la II Guerra Mundial la misión del chaval era hacer operaciones encubiertas sanguinarias. Así que se carga de cuajo la imagen del pipiola Barnes que siempre se ha tendio.
Además es un gesto bastante inmaduro pensar que por hacer a un tío más duro va a ser mejor personaje. Más bien al contrario. Porque tampoco es que hagan nada realmente extraordinario con el soldado de Invierno. Su movimiento más impactante es cargarse a un exnovio de Sharon Carter del que no habíamos hablado y de manera totalmente gratuita a Jack Monreo. Y después, cuando el tío descubre quien es tampoco mejora demasiado, dedicándose a pulular por la serie de manera ominosa, buscando venganza y justicia por igual. Bucky está en entredicho como personaje y habrá que ver si tienen un plan para él, más allá del impacto inicial.
Para que una idea tan execrable haya tenido éxito, justo es de reconocer que se lo han tenido que trabajar. La factura de la serie es muy buena, eso hay que reconocerlo, incluso los que estamos en contra del argumento principal. Buena parte de la culpa la tiene Steve Epting, dibujante que parecía que se iba a quedar en el montón (había estado en los Vengadores de Busiek, que a la postre ha sido cantera de Epting, Inmonen o Ivan Reis) pero que ha dado un salto de calidad. Se ha pasado a la referencia fotográfica y su trabajo ha ganado y mucho en detallismo. Además sale airoso de las coreografías de acción con el Capi, que siempre son difíciles de ejecutar. Incluso el oscurecimiento que tiene su dibujo va a las mil maravillas con el tono de la serie. Aunque está por ver si esto ha sido un recurso del dibujante o viene del editor, porque los número dibujados por Perkins, sensiblemente inferior, mantienen la misma homogeneidad cromática. Si al buen hacer de Epting le sumamos además que los flashbacks de la IIWW están dibujados por Michael Lark a.k.a. el hijo bastardo de Mazzuchelli, pues podemos corroborar que el apartado gráfico es más que solvente.
Además hay que reconocer que a pesar de los retcom irritantes Brubaker demuestra ser un guionista hábil dosificando el suspense: las revelaciones están conseguidas y son importantes, siendo fluidas sin que dé la sensación que se te oculta información de manera gratuita. Además hemos de admitir que el guionista ha hecho los deberes en relación al Capi. Lo demuestra las apariciones del Nómada o el Halcón, la utilización del cubo Cósmico de IMA en la trama y la recuperación de viejos personajes como son los Invasores (respetando su estatus actual) o utilizar personajes made in Gruenwarld de manera satisfactoria como es el caso de un muy conseguido Calavera o Pecado, creando una pareja a lo Asesinos Natos bastante divertida.
Seguramente la aportación más positiva al vengador abanderado (obviando al plomizo del soldado de Invierno) sea la figura de Lukin. La verdad es que el personaje no podía empezar con peor pie, cargándose al villano por excelencia de la serie (y ya recibes con ceja escéptica que la nueva invención del guionista se cargue lo establecido para demostrar lo bueno rival que va a ser) Pero no, porque está escrito con los suficientes matices para que terminemos empatizando con el ruso. Es más un hombre de negocios oscuros que un villano al uso, y siempre da la sensación que está metido en algo que le va grande y lidia con ello como puede, encontrándose más a gusto en la sombra y evitando en la medida de lo posible el enfrentamiento directo. Sus dudas se ven confrontadas con la ambición de poder que le subyuga el cubo cósmico, cual anillo de poder. Finalmente la relación que va a entrelazar a Lukin y Cráneo promete mucho para el futuro de la colección. Una buena adquisición para la leyenda viviente.
Y precisamente leyenda es una palabra que le va bastante grande al Capi de Brubaker. Porque ya desde el primer capítulo nos vamos a encontrar a un Steve Rogers taciturno y con constante cara de palo. A medida que se vaya esclareciendo la trama de Otro tiempo y poniendo en entredicho todo lo que ha creído hasta ahora su estabilidad mental va a peor y en ocasiones se comporta como un desequilibrado dejándose llevar por los impulsos y actuando de manera precipitada. Vale que argumentalmente pude entenderse, pero está lejos, lejísimos del espíritu de superación icónico que debería representar el personaje.
Del resto, Sharon Carter a mí es un personaje que nunca me ha entusiasmado (porque antes de la resurrección de Bucky estuvo la de Sharon en la etapa Waid, que fue poco más o menos) Nunca deja de ser la típica chica dura que anda por Shield. Furia sí está bien escrito, con esa dualidad que le hace ser director general por un lado y viejo amigo del Capi por otro. Pero por cuestiones editoriales deja la serie en mitad de campaña. Por el otro bando, además de Lukin Cráneo Rojo cumple sobradamente con sus discursos filonazis, y sus discusiones en la cabeza de Lukin son interesantes y destaca poderosamente la personalidad de Caravela, obstinado en mantener el legado de Cráneo en lo más alto.
En definitiva como pueden ver la nota podría ser alta, porque hay muchas cosas que me gustan de la colección. Por eso me irrita más que se haya buscado directamente la vía más rápida para llamar la atención con un argumento que injustificable a todas luces, del que le va a costar remontar el vuelo, considerando lo que hemos visto de Bucky hasta ahora, y el futuro que sabemos le espera en breve a Steve Rogers. Pero no adelantemos acontecimientos.
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