Como Millar y Hitch son estrellas del medio, pues no van a bajarse al fango y ensuciarse con los crossovers de otros (hay que pillar la ironía de la frase, claro), así que mientras los dos seguían haciendo el ganso con el Marqués de Muerte salió fuera de la colección unos números relacionados con Reinado Oscuro. Tampoco tenía especial relevancia en los asuntos de Osborn y se centraba más en Reed Richards y en viajes a mundos paralelos. Unos capítulos normalitos, con algo de imaginación pero sin nada específico para llamar la atención. Quien nos iba a decir que aquello iba a ser el punto de partida de la mejor etapa de los 4F desde John Byrne.
Sí, Sí, sí, como suena. Ni Stern, ni Engleharth, ni Simonson, defalco, Lobdell, Claremont, Pacheco, Waid, JMS, McDuffie o Millar. Es aclamación popular que Johnattan Hickman ha adelantado a todos esos y está haciendo una etapa memorable en la colección (y que The Best se vaya preparando…) Y yo me quedo con cara de tonto, y me cabreo por la maravilla que se supone me estoy perdiendo. Porque incrédulo de mi necesitaré el olvidado poder de Susan Richards de hacer visible lo invisible, pues para mí es como está la supuesta calidad de esta etapa.
Hickman empieza su estancia con la continuación inmediata de lo que vimos en Reinado Oscuro. El puente, la máquina saltadimensiones que creó en aquellos números llama la atención del Concilio: Un grupo de Reed Richards de mundos paralelos que han llegado a la conclusión que tienen que arreglar todo el Universo. Cuesta creer que algunos de los tipejos que aparecen allí sean los verdaderos Reed Richards, por muchas circunstancias diferentes que hayan tenido en su vida, aunque bueno, esto se debe m habituales prejuicios contra las realidades alternativas que otra cosa. La saga en su conjunto está bien. Tiene el potente hándicap de utilizar a los celestiales como villanos genéricos sin saber muy bien para qué (como en todas sus apariciones postkirby) pero la conclusión y el sacrificio que no está dispuesto a conceder Reed está bien logrado y es parte intrínseca de la colección.
Y a partir de aquí empieza la constante que va a marcar toda la etapa. La continua exposición de ideas, conceptos y argumentos a largo plazo, pero que no llevan a ningún sitio. Esto alcanza el sinsentido en la historia de las cuatro ciudades. Los Cuatro Fantásticos van descubriendo nuevos emplazamientos en sitios claves del universo Marvel: La ciudad del Hombre Topo, Atlantis, La zona Azul y la Zona Negativa… y ya está. O sea, llegan, presentan la ciudad y su idiosincrasia y se acaba. Nada de desarrollo, nada de drama, nada de motor para la historia. Ya no es que la grapa no tenga entidad por sí misma. ¡es que no tiene entidad la saga entera!
Sí, no soy tan lerdo como para no darme cuenta que Hickman tendrá pensado algo grande para todas las piezas que ha ido poniendo por el camino, pero eso me hace insistir en que da la impresión que el guionista ingles no sabe escribir comics. Que historias con subargumentos se han hecho toda la vida. Que aprenda Hickman del Namor de Byrne o del Thor de Simonson y entenderá que puedes poner pinceladas para el futuro y que vayan creciendo poco a poco, MIENTRAS estás contando otras cosas a su alrededor. Pero aquí no. Nada de Pinceladas. Brocha gorda que lo acapara todo.
¿Por qué además de esperar que pase algo hay algo más que echarse a la boca? Pues no. Ni un diálogo brillante, ni una escena que te cale ni nada especialmente significativo con los personajes. Los protagonistas son planísimos. Cuesta recordar si Johnny ha tenido cinco frases en un año. El único con el que ha querido hacer algo más profundo de los protagonistas ha sido Reed, y básicamente ha sido continuar por el sendero que habían abierto para el personaje otros autores como Stranzcinsky y sobre todo McDuffie.
Tampoco ayuda mucho al producto final la elección del dibujante, Dale Eaglesman, que es bastante limitado con la figura humana. Tiene la peculiaridad de dibujar a todas las personas con enormes hombros y una enorme espalda, que queda terriblemente forzado en sus posturas para los hombres y simplemente fatal para las mujeres. Además cuenta con el dudoso honor que, junto a Heroes Reborn, dibuja el peor Redd Richards de la historia de la colección. Musculado, cachas, que parece que va a hacer estallar el uniforme de moléculas inestables, y con barba de tres días. Un desconocimiento absoluto del personaje. De igual manera, Su Cosa nos deja a todos indiferentes. Y sí, tiene algunos positivos. Es imaginativo y colorido para la colección de los 4F, pero sus puntos negativos pesan demasiado.
Y no pocas veces han tenido que tirar del suplente oficial de la serie, el tal Edwards, que ya andaba por aquí en la etapa Millar. Es una mejora, se cree Hitch e intenta emularle, sobretodo en su planificación cinemascope. Pero además de que se le van las caras un montón es irritantemente estático. O será que soy muy exigente con el apartado gráfico porque las pedazo de portadas de Alan Davis no hacen más que recordar lo que nos estamos perdiendo.
No deja de ser frustrante la sensación final de la etapa, porque Hickman tiene puntos a favor y buenas intenciones. Tiene un acercamiento original y más excéntrico a la ciencia ficción (más inglés, a lo Doctor Who) que aporta aire fresco. No le importa lidiar con la continuidad anterior, aunque sacar algo positivo de Neomundo y los defensores de Millar se antoja harto complicado. Pero por ejemplo hace un gran trabajo con Valeria, que casi se convierte en la quinta fantástica, y en menor medida también esto ayuda a dar cancha a Franklin. En ese sentido el guionista sí vislumbra un fallo endémico de la colección e intenta dotarlos de un plantel de secundarios variopinto, desde topoides inadaptados a miembros de Power Pack (otro guiño a la continuidad) Y sobre todo tiene una idea muy clara de lo que es la colección más grande del mundo, expuesta de manera brillante por Reed Richards en el capítulo que se crea la Fundación Futuro: No hay límites para la exploración y la investigación, y los 4 Fantásticos, los modernos Magallanes encabezan el anhelo de llegar “allí donde no llegó nadie antes”
Por supuesto esta reseña se ha pretendido que llegue antes de “tres”, la saga donde Hickman empieza a poner toda la carne en el asador (además de un esperado cambio de dibujante) y que traerá consigo la muerte de un miembro del equipo. Mmmmm, Franklin adulto, muerte de un miembro, Nathaniel Richards, subargumentos solapados, Reed Richards alternativos… si esta etapa no recuerda a la de defalco que baje Kirby y lo vea.
Claro, cuando dentro de unos años se hable de esta etapa (si es todo lo fructífera como nos están vendiendo) seguro que se empezará por esta etapa como pistoletazo de salida, obviando el año y pico que nos hemos tragado hasta ahora de larguíiiiiisimos preparativos. Es la metáfora del campesino que solo siembra y siembra y nada recoge. A lo mejor nos espera una cosecha importante, pero mientras estamos pasando un hambre… La etapa necesita despegar con urgencia o solo nos habrán vendido fuegos de artificio.
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