domingo, octubre 15

LOS TRES VISITANTES DE TWIN PEAKS

Hace veinticinco años una serie cambió el panorama televisivo para siempre. Twin Peaks, la creación de David Lynch (y Mark Frost) se convirtió por supuesto en sus días en un fenómeno de masas y más tarde en una serie de culto absoluta. Todo el mundo que estuvo allí recuerda a Dale Cooper, la música de Badalamenti, la habitación roja y la coletilla ¿quién mató a Laura Palmer? Todo esto entra dentro del imaginario colectivo televisivo de las últimas décadas.  Por eso la vuelta veinticinco años después (como ya le advirtió Laura Palmer a Cooper) era el acontecimiento, que obviamente no ha dejado indiferente a nadie.  Vamos a encontrar varias maneras de acercarse a esta nueva temporada, lo suficientemente diferenciadas para que cada uno tenga un grado de satisfacción diferente.
Empezamos por los fans de la serie de los noventa. Para todos ellos Twin peaks fue un acontecimiento sin precedentes. Se pasaba a hacer una serie de televisión como no se hacía entonces, sin capítulos autoconclusivos, con personajes complejos, cliffhangers importantes, y una calidad cinematográfica y actoral muy por encima de lo que se hacía en televisión por entonces. Y sobre todo abacamos enganchados de manera casi hipnótica al ambiente de ese pueblo del norte de Estados Unidos, a sus personajes excéntricos que nos interesaban y la construcción de una mitología que seguro que por entonces no entendíamos casi nada, pero que nos tenía hipnotizados. Es verdad que todas la escenas en la Logia negra, con su enano bailando y sus frases declamadas al revés nos dejaba tan confusos como alucinados.
  Todo esto es cierto, pero también lo es que todos los que fuimos fans irredentos de esta Twin Peaks magnética terminamos hastiados de la misma. El mismo David Lynch confirmaba que a él no le interesaba para nada quién era el asesino de Laura Palmer, que estaba más interesado en cómo el mal va imbuyendo una sociedad hasta pervertirla del todo. Por lo tanto la razón del ser que había enganchado a medio mundo y que nos tenía a todos en vilo no dejaba de ser solo un mcguffin para el autor de la serie. Era una situación que terminó siendo bastante insostenible, con una segunda temporada que da palos de ciegos para todos lados, a partir que por presión de la cadena se descubre al verdadero asesino de Laura.  Posesiones, fantasmas de ultratumba,  y espectros fantasmagóricos se apoderan de la serie hasta hacerla irreconocible y perder ese aura de misterio que te atrapa. Al menos hasta el último capítulo que efectivamente Lynch hizo lo que le dio la gana y dejó el final más abierto posible sin vistas a  recuperarla nunca.
Bien, para este grupo la Vuelta de LA SERIE  es un acontecimiento único, pero también va a ser  un tortazo en toda la cara. Para empezar Twin Peaks, el escenario, es casi inexistente. Durante buena parte de la misma la acción transcurre en Nueva York, en Washington y sobre todo en las Vegas, siendo las escenas en el famoso pueblo una especie de cameo para nostálgico, totalmente desligado de la trama. Siempre se ha supuesto que de los dos creadores de la serie Lynch es el encargado de toda la mitología, mientras que es Mark Frost el que dota de humanidad a ese pueblo repleto de personajes excéntricos. Pues en este retorno la serie parece dejar de lado a Frost para ser totalmente de Lynch.
Para alegría de todos los irredentos fans de David Lynch. Huelga decir que el cineasta ya era un personaje de culto en 1989. Pero ahora aún ha crecido más su mitomanía, y su radicalización. Si estamos hablando que el Twin Peaks del 92, en su final, se puede describir como una ida de olla de Lynch, pues lo mismo vale para el de 2017, con la salvedad de que no es lo mismo una ida de olla del autor de Terciopelo Azul y Corazón Salvaje, que del autor de Carretera Perdida o Mullholland Drive. Efectivamente Lynch en todo este tiempo ha radicalizado su estilo hasta hacerse totalmente indescifrable. Y eso nos vamos a encontrar en esta nueva Twin Peaks. Si ya sin Frost Lynch pepretró aquella precuela como es Fuego Camina conmigo, que ya supuso un golpe a todos los que queríamos la Twin Peaks original. Así que imagínate ahora con doppelgangers viajando por las corrientes eléctricas, enanos convertidos en ramas, o los multiplex viajes a la Logia Negra.  Habrá mucho fan lynchiano que tenga orgasmos simultáneos con el principio del tercer capítulo, veinte minutos de un personaje viajando por la red, o en especial con el octavo, que viene a describir el origen del mal, pero que es la cosa más loca que yo he visto nunca en la Televisión. Y no quiero quitarle méritos a las tremendas imágens que aporta, más cercano al artepop digital que a una narrativa convencional, pero no me creeré a nadie que diga que ha entendido la serie de principio a fin. Simplemente es imposible descifrar a este Lynch.
Por no hablar de un clásico que suele pasar para no admitir errores de determinados genios. Cuando hace propuestas fallidas y directamente absurdas es fácil decir “es que Lynch se está riendo de todos nosotros” aguantar los Hellooos en las Vegas una y otra vez, los estúpidos personajes que persiguen a Dougie para cobrar su seguro y que terminan dando vergüenza ajena, o tramas que duran capítulo y medio y que no solo no aportan nada, si no que se dejan de lado  de manera abrupta sin necesidad de resolverse…. Un sinfín de cosas que están directamente mal hechas, pero que tenemos que aguantar a los fanzombies diciendo que Lynch es un genio por colarnos esas fantochadas. Pues mire usted, a lo mejor yo no quiero que se rían de mí en mi cara. A lo mejor yo prefiero que me traten de manera inteligente y que me cuenten las cosas de manera lógica. Déjenme decir a mí si lo planteado funciona o no , si es correcto o si me gusta, en lugar de suponer que el director nunca se equivoca, y los demás no somos suficientemente listos para pillarle sus intenciones irónicas.

Y esta manera de contar historias va a ahuyentar a casi todo el mundo. Hay un tercer grupo de espectador potencial, los que nos llevan oyendo a los más viejos de lugar batallitas cual abuelo cebolleta sobre Twin Peaks como la serie que cambió la televisión, y que fue imprescindible para la última década de oro de la televisión. Pues bien, éstos se habrán encontrado con una serie que se aleja de todos los parámetros establecidos como normales en la actualidad. Un ritmo de la serie insoportable, sin contar los episodios como unidades compactas, sin cliffhangers, con personajes haciendo directamente NADA durante capítulos y capítulos. Es virtualmente imposible que un espectador con el bagaje actual aguante un personaje como Doug durante más de diez capítulos, que no se ría de la manera en que desaparecen los personajes (que ya sería naif en los cincuenta) o que pueda aguantar atento con viajes en coche de más de quince minutos sin intercambiar una palabra. En honor de la verdad a nadie le puede extrañar que Twin Peaks haya sido un relativo fracaso comercial, pues solo los más irredentos aguantaríamos hasta el final. Y no todos.

En definitiva de los tres posibles espectadores que tendría que haber aglutinado Lynch solo los  fans incondicionales del director van a disfrutar de este retorno, y a expensas de tener que tragar por muchas cosas por el camino. Si a “nuestro” agente Cooper vamos a tardar quince capítulos en verlo, si los personajes clave del pueblo han desaparecido, si tramas como la de Dougie y la del Cooper malo ocupan toda la serie para no conducir al final a nada. Si todo se va a resolver en el capítulo y medio final sin casi tener conexión con el resto de la serie. En definitiva, que muchísimas cosas que si no fuesen firmadas por David Lynch serían desechadas por completo. Un nuevo final sugerente, difícilmente interpretable e igual de abierto que el 1992 vuelve a dejarnos con el culo torcido, y quizás con ganas de tener una nueva explicación. Y seguramente caigamos en la tentación si se diese la oportunidad de una nueva temporada,  aunque tenemos demasiado presente que está actualización de Twin Peaks no ha sido suficiente en casi ningún aspecto.

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