Hace veinticinco años una serie cambió el panorama
televisivo para siempre. Twin Peaks, la creación de David Lynch (y Mark Frost)
se convirtió por supuesto en sus días en un fenómeno de masas y más tarde en
una serie de culto absoluta. Todo el mundo que estuvo allí recuerda a Dale
Cooper, la música de Badalamenti, la habitación roja y la coletilla ¿quién mató
a Laura Palmer? Todo esto entra dentro del imaginario colectivo televisivo de
las últimas décadas. Por eso la vuelta
veinticinco años después (como ya le advirtió Laura Palmer a Cooper) era el
acontecimiento, que obviamente no ha dejado indiferente a nadie. Vamos a encontrar varias maneras de acercarse
a esta nueva temporada, lo suficientemente diferenciadas para que cada uno
tenga un grado de satisfacción diferente.
Empezamos por los fans de la serie de los noventa. Para
todos ellos Twin peaks fue un acontecimiento sin precedentes. Se pasaba a hacer
una serie de televisión como no se hacía entonces, sin capítulos
autoconclusivos, con personajes complejos, cliffhangers importantes, y una
calidad cinematográfica y actoral muy por encima de lo que se hacía en
televisión por entonces. Y sobre todo abacamos enganchados de manera casi
hipnótica al ambiente de ese pueblo del norte de Estados Unidos, a sus
personajes excéntricos que nos interesaban y la construcción de una mitología
que seguro que por entonces no entendíamos casi nada, pero que nos tenía
hipnotizados. Es verdad que todas la escenas en la Logia negra, con su enano
bailando y sus frases declamadas al revés nos dejaba tan confusos como
alucinados.
Todo esto es cierto, pero también lo es que
todos los que fuimos fans irredentos de esta Twin Peaks magnética terminamos hastiados
de la misma. El mismo David Lynch confirmaba que a él no le interesaba para
nada quién era el asesino de Laura Palmer, que estaba más interesado en cómo el
mal va imbuyendo una sociedad hasta pervertirla del todo. Por lo tanto la razón
del ser que había enganchado a medio mundo y que nos tenía a todos en vilo no
dejaba de ser solo un mcguffin para el autor de la serie. Era una situación que
terminó siendo bastante insostenible, con una segunda temporada que da palos de
ciegos para todos lados, a partir que por presión de la cadena se descubre al
verdadero asesino de Laura. Posesiones,
fantasmas de ultratumba, y espectros
fantasmagóricos se apoderan de la serie hasta hacerla irreconocible y perder
ese aura de misterio que te atrapa. Al menos hasta el último capítulo que
efectivamente Lynch hizo lo que le dio la gana y dejó el final más abierto
posible sin vistas a recuperarla nunca.
Bien, para este grupo la Vuelta de LA SERIE es un acontecimiento único, pero también va a
ser un tortazo en toda la cara. Para
empezar Twin Peaks, el escenario, es casi inexistente. Durante buena parte de
la misma la acción transcurre en Nueva York, en Washington y sobre todo en las
Vegas, siendo las escenas en el famoso pueblo una especie de cameo para
nostálgico, totalmente desligado de la trama. Siempre se ha supuesto que de los
dos creadores de la serie Lynch es el encargado de toda la mitología, mientras
que es Mark Frost el que dota de humanidad a ese pueblo repleto de personajes
excéntricos. Pues en este retorno la serie parece dejar de lado a Frost para
ser totalmente de Lynch.
Para alegría de todos los irredentos fans de David Lynch.
Huelga decir que el cineasta ya era un personaje de culto en 1989. Pero ahora
aún ha crecido más su mitomanía, y su radicalización. Si estamos hablando que
el Twin Peaks del 92, en su final, se puede describir como una ida de olla de
Lynch, pues lo mismo vale para el de 2017, con la salvedad de que no es lo
mismo una ida de olla del autor de Terciopelo Azul y Corazón Salvaje, que del
autor de Carretera Perdida o Mullholland Drive. Efectivamente Lynch en todo
este tiempo ha radicalizado su estilo hasta hacerse totalmente indescifrable. Y
eso nos vamos a encontrar en esta nueva Twin Peaks. Si ya sin Frost Lynch
pepretró aquella precuela como es Fuego Camina conmigo, que ya supuso un golpe
a todos los que queríamos la Twin Peaks original. Así que imagínate ahora con
doppelgangers viajando por las corrientes eléctricas, enanos convertidos en
ramas, o los multiplex viajes a la Logia Negra. Habrá mucho fan lynchiano que tenga orgasmos
simultáneos con el principio del tercer capítulo, veinte minutos de un
personaje viajando por la red, o en especial con el octavo, que viene a
describir el origen del mal, pero que es la cosa más loca que yo he visto nunca
en la Televisión. Y no quiero quitarle méritos a las tremendas imágens que
aporta, más cercano al artepop digital que a una narrativa convencional, pero
no me creeré a nadie que diga que ha entendido la serie de principio a fin.
Simplemente es imposible descifrar a este Lynch.
Por no hablar de un clásico que suele pasar para no admitir
errores de determinados genios. Cuando hace propuestas fallidas y directamente
absurdas es fácil decir “es que Lynch se está riendo de todos nosotros”
aguantar los Hellooos en las Vegas una y otra vez, los estúpidos personajes que
persiguen a Dougie para cobrar su seguro y que terminan dando vergüenza ajena,
o tramas que duran capítulo y medio y que no solo no aportan nada, si no que se
dejan de lado de manera abrupta sin
necesidad de resolverse…. Un sinfín de cosas que están directamente mal hechas,
pero que tenemos que aguantar a los fanzombies diciendo que Lynch es un genio
por colarnos esas fantochadas. Pues mire usted, a lo mejor yo no quiero que se rían
de mí en mi cara. A lo mejor yo prefiero que me traten de manera inteligente y
que me cuenten las cosas de manera lógica. Déjenme decir a mí si lo planteado
funciona o no , si es correcto o si me gusta, en lugar de suponer que el
director nunca se equivoca, y los demás no somos suficientemente listos para
pillarle sus intenciones irónicas.
Y esta manera de contar historias va a ahuyentar a casi todo
el mundo. Hay un tercer grupo de espectador potencial, los que nos llevan
oyendo a los más viejos de lugar batallitas cual abuelo cebolleta sobre Twin
Peaks como la serie que cambió la televisión, y que fue imprescindible para la
última década de oro de la televisión. Pues bien, éstos se habrán encontrado
con una serie que se aleja de todos los parámetros establecidos como normales
en la actualidad. Un ritmo de la serie insoportable, sin contar los episodios
como unidades compactas, sin cliffhangers, con personajes haciendo directamente
NADA durante capítulos y capítulos. Es virtualmente imposible que un espectador
con el bagaje actual aguante un personaje como Doug durante más de diez
capítulos, que no se ría de la manera en que desaparecen los personajes (que ya
sería naif en los cincuenta) o que pueda aguantar atento con viajes en coche de
más de quince minutos sin intercambiar una palabra. En honor de la verdad a
nadie le puede extrañar que Twin Peaks haya sido un relativo fracaso comercial,
pues solo los más irredentos aguantaríamos hasta el final. Y no todos.
En definitiva de los tres posibles espectadores que tendría
que haber aglutinado Lynch solo los fans
incondicionales del director van a disfrutar de este retorno, y a expensas de
tener que tragar por muchas cosas por el camino. Si a “nuestro” agente Cooper
vamos a tardar quince capítulos en verlo, si los personajes clave del pueblo han
desaparecido, si tramas como la de Dougie y la del Cooper malo ocupan toda la
serie para no conducir al final a nada. Si todo se va a resolver en el capítulo
y medio final sin casi tener conexión con el resto de la serie. En definitiva,
que muchísimas cosas que si no fuesen firmadas por David Lynch serían desechadas
por completo. Un nuevo final sugerente, difícilmente interpretable e igual de
abierto que el 1992 vuelve a dejarnos con el culo torcido, y quizás con ganas
de tener una nueva explicación. Y seguramente caigamos en la tentación si se
diese la oportunidad de una nueva temporada, aunque tenemos demasiado presente que está
actualización de Twin Peaks no ha sido suficiente en casi ningún aspecto.
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