domingo, noviembre 5

BLADE RUNNER 2049

Cuando lo escuchas por primera vez no das demasiado crédito. Cuando ves que la cosa tira para delante quieres creer que n o va en serio. Y cuando sabes que sí va en serio desearías que no lo fuese. Plantear una secuela de clásicos de los setenta y los ochenta ya no es una sorpresa. Terminator, Mad Max, Star Wars, los Cazafantamas, Parque Jurásico… hasta el mismo Ridley Scott ha vuelto a traer su saga de Alien, con resultados poco efusivos, pero uno creía que Blade Runner estaría fuera de esta liga. Porque no hablamos de un blockbuster clásico. Blade Runner fue un fracaso en su estreno de los ochenta y solo los años posteriores valoraron en su medida y se convirtió en la película de culto por antonomasia. Un cinta tan referencial e icónica, tan especial a su manera, debería haber pasado de soslayo por el boom de las secuelas, pero Scott ya había clavado las garras en ella.
De hecho si Ridley Scott hubiese sido el elegido para dirigir Blade Runner 2049 los peores augurios se cernerían sobre la cinta. La verdad es que Scott lleva viviendo de rentas desde sus dos obras maestras de inicio de su carrera. Alguien que creó Alien el octavo Pasajero y Blade Runner debería tener el cielo abierto para siempre, pero los vaivenes que han dado desde entonces, que si Thelma i Louise, que si Black Rain, que Si Gladiator, que si el reino de los cielos…  y más ponemos la vista en su aproximación a recuperar sus clásicos. Prometheus fue una película con pretensiones pero rematadamente fallida, y Alien Covenant es un remake encubierto de una película de Alien genérica que tiene poquita chispa. Afortunadamente no sólo dejó la dirección en otras manos, si no en manos inmejorables. Dennis Villeneuve llevaba llamando la atención estos últimos años, convirtiéndose en un tipo a tener en cuenta ya desde hace tiempo. Películas como Enemy o Prisioneros le ponían en la pole position de los nuevos directores dispuestos a convertirse en el nuevo Nolan, más aún después de ver la Llamada (con sus parecidos con Interstellar y su gusto por los requiebros). Si había que hacer una secuela de Blade Runner éste era el director adecuado.
También es cierto que Villeneuve tiene  defectos. O no, es su manera de rodar, pero sí es cierto que por regla general el metraje de sus obras suele irse de madre, ya que es dado a un ritmo lento por lo general. Tampoco debería ser un problema per se, al menos si nos atenemos que no se está buscando un blockbuster con Blade Runner. De hecho la película del 82 tampoco tenía un ritmo adrenalítico ni mucho menos. Pero, y esto ya es opinión, entiendo que a Villeneuve se le ha ido el asunto de las manos. Parece más pendiente de ser contemplativo y de mostrar planos espectaculares que de la narración que necesita la película, hasta llegar a unos 168 minutos de película que se hacen, por interesante que sea, interminables.
Porque es harto evidente que visualmente es una de las películas más fascinantes con las que me he topado. En serio, es una absoluta maravilla como está construido cada plano, como se trabaja la fotografía de cada localización, como se reconstruye Los Angeles del 82, siendo diferente y fiel a la vez al original. Como luce los elementos acuáticos en el edificio de Jared leto, la recargada luz ocre en Las Vegas, o momentos visualmente poderosos como el anuncio gigante de Joy interactuando con K. Justo es hablar del tratamiento del sonido, como los zumbidos de la naves retumban con una fuerza apisonadora. En serio, es un trabajo de diez. Igualmente hemos de hablar de la música de Zimmer que sin mimetizar los temas de Vangelis sí alcanza esas cotas de profundidad y solemnidad que convirtieron aquella BSO en un clásico instantáneo.
Por eso molesta más que todo el continente vaya en contra de la narración de la cinta. No estoy en contra de las películas lentas ni de las películas largas. Una película lenta puede tener mucho que contar, muchas cosas en las que pararse a reflexionar, pero en Blade Runner 2049 tengo mis reservas. No voy a criticar la trama porque sí me parece que es suficientemente interesante, consecuente con la original y que plantea suficientes preguntas interesantes como para mantener el espíritu de Phillip K dick, pero a todas luces no da para tanto metraje.
En verdad la trama no es tan complicada como parece. Resumiendo brevemente: Un blade Runner encuentra el cadáver de un replicante embarazada que le lleva a la investigación de la misma, con las sospechas que él mismo pueda ser el hijo de la misma, y la búsqueda del padre, en este caso Rick deckard, que podría tener la clave para que los replicantes se reproduzcan. Como ven el argumento de la cinta no es para tanto. Le confiero el aire detectivesco que acerca a Blade Runner a la serie negra. El detective que empieza un caso en principio simple pero que va entretejiéndose mientras entra en conflicto consigo mismo. Esto mola porque Blade runner siempre ha querido ser serie negra en formato ciencia ficción. Pero a la vez Villeneuve se aleja de eso. Principalmente no hay uso de la voz en off, tan característica en el género y capital en Blade Runner (por más que Ford y Scott siempre la odiasen) Y en lugar de buscar bajos fondos, lugares claustrofóbicos y sombríos 2049 se caracteriza por los grandes espacios abiertos y la fotografía grisácea. O sea, por más que el argumento quiera volver a ser cine noir el director reniega de eso.  De hecho Los Angeles de Scott, seguramente lo más característico del film de culto, es apenas reconocible en esta cinta, más allá de los gigantescos anuncios visuales. Pero no se revisitan escenarios, ni el ambiente sórdido de la primera. Los resultados visuales son tan espectaculares que no se puede poner ni un pero al respecto a la decisión del director.
El casting de Ryan Gosling como el replicante protagonista también se puede entender como una concesión a la serie negra, pues el aspecto hierático y taciturno de K parece  sacado de cualquier protagonista de Raymond Chandler. Aquí sí se puede decir que no es que el actor interprete al personaje sino lo contrario, porque a Gosling se le empieza a pillar el truco. Es un tipo que apenas mueve una ceja en pantalla, y no cambia de expresión en ningún momento. Por eso hacer de un replicante sin mostrar sentimientos le va como anillo al dedo.
Los problemas de ritmo de la cinta empiezan a ser evidentes en cuanto K empieza su investigación sobre Rachel. En serio, entre la visita al orfanato, la caída entre chatarreros, los  recuerdos del replicante… se comen más de una hora de la película sin que ésta avance lo más mínimo. Ante tanta lentitud y parsimonia uno corre el riesgo de que la película se te llene de pretenciosidad. Que parezca más de lo que es. Esto me pasa únicamente en el personaje de Jared Leto, que no deja de ser un villano al uso, buscando lo mismo que el protagonista, pero que su discurso creyéndose él mismo el Dios de la robótica y lanzando mensajes encriptados y solemnes, pero bastante vacíos.
Por otra parte en el lado positivo está la historia de K con Joy, la inteligencia artificial que vive con él. En verdad es una historia de amor muy bien llevada entre ambos, con una Ana de Armas que no solo luce guapísima, sino que demuestra ser una actriz capaz de expresar todas las emociones y parecer un encanto. Sin ir más lejos, reconozco que la escena de sexo que tienen ensamblándose en el cuerpo físico de una prostituta me parece la escena más bonita de la película, una idea excelsa y muy bien resuelta. El problema no lo tiene nada en este trama. El problema es que este personaje es y debe ser tangencial a la trama principal. Si como está pasando nos está interesando mucho más la interacción con Joy que la investigación principal es síntoma que la película no está funcionando como debiera.
Así que la misma no va a arrancar hasta que llegamos a una lánguida Las Vegas y encontramos a Deckard. Atención que estamos hablando de más de 100 minutos de metraje. Ahí lo dejo. Con Deckard en pantalla, voluntarioso Harrison Ford, al fin la película se centra en lo que debe  y el dilema de la posible reproducción replicante, (y tenemos una escena de acción decente, con la esbirro de Leto luciendo potencia) Por una parte tenemos la mala malísima idea de tener la típica rebelión de turno, con replicantes bajo tierra esperando para alzarse contra los opresores. No tienen más importancia en esta película que descubrir al verdadero descendiente de Deckard y Rachel, pero subyace como posible argumento para postergar la saga, y no por demasiado buen camino.
Por otra parte más interesante es la tentación diabólica de Leto a deckard, para conseguir el secreto de la reproducción, y como éste le da de lado por más que le entregasen el amor de su vida. Es una escena en la que Harrison Ford está bastante bien, aunque tiene el problema de ser casi herejía para la película clásica. Aquí nos hemos de parar en la ambigüedad que acompaña al personaje desde hace años. Según Ridley Scott Deckard ha sido un replicante desde el principio, y por eso ha hecho mil versiones diferentes para dejar claro algo de lo que en la primera película no había ni una sola pista. Así que la interpretación siempre ha estado abierta al respecto. Yo por mi parte, para el que la película estrenada en el 82 es canónica, nunca he entendido al Blade Runner como replicante. Es más, desde mi punto de vista la película es mejor con Deckard como humano: Es mejor que Batty tenga un gesto humanista con un humano que con una de los suyos. Es mejor que una Replicante se enamore de un humano que con uno de los suyos.
Y ahí volvimos a 2049 donde se reescribe a los dos personajes, y aunque se juega suficientemente con los diálogos para que la naturaleza de Deckard sea ambigua, sí se estipula que Rachel y Deckard habían sido “elegidos” para  ser procreadores. O sea, que la historia de amor  del 82 había sido preestablecida por su compatibilidad, lo que como digo, desde mi punto de vista hace peor la primera película.
Acabamos con un duelo por la vida de Deckard (que ya lo podían haber diseccionado allí mismo, digo yo), pero entre que la lucha es con una segundona (poderosa físicamente pero segundona al fin al cabo) y la poca importancia que tiene un personaje capital como Decakrd no deja de ser un poco frustrante. Por supuesto el final vuelve a dejar claro las virtudes de la cinta. Una muerte algo vacua, pero con una puesta en escena de antología, la nieve sobre el cuerpo de K y el tema lágrimas en la lluvia que ponen la escena muy por encima de lo que están contando.

En fin, creo que están muy claras las conclusiones de Blade Runner 2049. Es de alegrar que no hayan mancillado el producto ofreciendo un blockbuster de verano. Han buscado un director talentoso, una historia interesante y confluyente con la anterior y sobre todo un espectáculo visual único. Un diez en todo esto, pero es evidente que la película se gusta tanto a sí misma visualmente que merma temas como el ritmo, la narración y el metraje que hubiesen convertido Blade Runner 2049 en una experiencia para el recuerdo.

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