viernes, julio 25

CALIFORNICATION

Que no les embauquen. Igual que hace una década, cuando estaba mal visto ver series de televisión se hacían obras meritorias que pasaban sin pena ni gloria, ahora, en la que se nos vende como época dorada de la televisión americana, no significa que todos los productos forrados de oro mantengan el nivel de calidad que se les supone. Esto viene a cuento porque he acabado la primera temporada de Californication, de la que se hablaba solo cosas buenas, y la verdad es que la serie no me ha transmitido demasiado.

Porque la serie no tiene mucho que transmitir la verdad. Quizás los que fueran a ver la serie esperando a Fox Mulder entre tetas y culos se llevan una grata sorpresa de que la serie es algo más que eso. Duchovny está divertido en el papel de un escritor bloqueado, separado e irresponsable. Pero es que Californication pierde la baza principal en su personaje principal, que debía ser el principal gancho. No es que esté mal, pero es que es un camino que empieza a estar ya demasiado trillado. Porque para construir a su antihéroe, termina convirtiéndose en el arquetipo que ya estamos hartos de ver repetido: el típico desarreglado, irresponsable, cínico, que se comporta como un niño grande y tiene su casa hecha un desastre... que fuma y lleva gafas de sol todo el día para tapar sus ojeras. Vamos un desastre de persona pero que en el fondo tiene un buen corazón, que su causa es justa y está enamorado de su exmujer. En definitiva nada que no hayamos visto un millón de veces en la última década (al final va a ser ir a contracorriente crear un personaje con valores, que asco de década) A partir de que el protagonista, creado como único gancho de la serie, no consigue hacérsenos especialmente carismático la serie naufraga.

Porque además de seguir a Hank Muddy la serie no sabe lo que quiere ser. En principio cuando se le pide al autor que escriba un blog, todos pensamos que se podría convertir en una versión masculina de Sexo en Nueva York, pero a diferencia de Carrie Bradsaw y sus amigas, que tras su aura de superficialidad tenían cosas interesantes que contar sobre relaciones humanas, Muddy no tiene nada que decir. Simplemente se acuesta con mujeres y anhela a su mujer, hasta comportarse de cualquier manera ilógica. Por eso la serie parece que tiene que estar justificando su título en cada momento. "Significativo es el prólogo del piloto donde los guionistas nos guiñan el ojo y nos dicen mira que transgresores somos que ponemos a una monja haciendo una mamada" Pero la realidad es que el sexo NO es importante en la serie. El sexo es un pretexto para ubicar la misma y contar lo que de verdad quieren contar: la historia de amor con Karen (Natasha Mcelhone), que se acaba de prometer con un tío responsable, serio y con criterio. Siguiendo cualquier tipo de criterio que no sea el sentido común Muddy se dedica a atosigar a la pareja en todo momento para conseguir rehacer su vida con el amor de su vida, y hay que reconocerles que se respira una química especial entre ellos. Lo dicho. Los buenos diálogos, la relación interesante con su hija y el pretendido carisma del personaje intentan esconder una trama la mar de obvia y considerablemente incoherente.

Porque además todo lo que se escapa de la trama principal no supera el aprobado. Se utilizan a otros personajes para incrustrar el sexo como motor de la serie, y todos los personajes que aparecen lo hacen en este sentido. El agente y mejor amigo de Muddy, que oh, casualidad, se lía con su secretaria (que oh, casualidad, se lía con su mujer, que oh, casualidad, es directamente un personaje gilipollas que solo está para decir frases soeces y para hacer referencias sexuales en tres de cada cuatro palabras que dice), la hijastra de Karen, con la que se acuesta el exFox Mulder en el primer capítulo (rebuscado, pero interesante leit motiv) o incluso su profesor de literatura... Todos los personajes son grotescos. Y en un aladid de sofisticación las mujeres son responsables, inteligentes y poderosas, mientras los hombres (excepto el "malo", casualmente) son estúpidos, pusilánimes y salidos. Una caracterización no tan alejada de la de los Serrano, por mucha calité que se le suponga a la serie.
Sé que me estoy pasando de duro, y tampoco es para tanto. La serie tiene buenos momentos, guiños cómplices divertidos y sin ir más lejos, lo mejor de la serie es lo más alejado del sexo que tiene, como es el personaje de Becca, la hija de Hank y Muddy. Cierto es que la personajilla peca de sabelotodismo y lleva ese aura deprimente de adolescente encima, pero su relación con sus padres es bastante ocurrente y sincera. Conseguir que la niña no se convierta en insoportable ya es un mérito incuestionable.
Así, entre alguna teta, mucha diálogo malsonante y algún momento tierno va pasando la temporada. A medida que avanzamos gana fuerza el personaje de la hijastra de Karen, que debería haber recibido una bofetada por capítulo, ya que su comportamiento, su actitud y sus accciones traspasan lo delictivo. Hasta que en una season finale apelotonada se le corta el grifo a la niñita como deberían haber hecho desde el segundo capítulo. Y de aquí al final de la serie, que por conseguir un Happy End se saltan a la torera todo tipo de lógica, coherencia y terminan por joder al personaje de Karen. Lo daremos por bueno si es para que no haya otras temporadas porque no me imagino Californication siguiendo tras este último giro. Tampoco la echaremos de menos. Sin ser una serie mala (que no lo es) es un caso claro de un producto en el que había mucho más ruido que nueces. Que no les embauquen.

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