Estamos de lleno en la “segunda fase Marvel” Tras la explosión de los Vengadores y haciendo tiempo hasta la llegada de Ultrón en la segunda parte hay tiempo y necesidad que el universo Marvel cinematográfico se asiente. Con el filón de Vengadores hace que comercialmente sea un resultado fiable y tiene el ecosistema perfecto para que nos ofrezcan algo más que lo mismo. A la primera fase marvelita se le deben poner muchos peros. Tras el sorpresivo éxito de Iron Man el resto de películas tienen una falta de personalidad alarmante, simples vehículos a favor del blockbuster definitivo pero que se quedan con muy poca entidad analizándolas por sí mismas. Seguramente la película que más acusaba esto era Thor, pues meter al Dios Nórdico en los mismos parámetros que Iron Man o el Capitán América, dejó al Dios Nórdico en un perfil muy bajo. Sin oportunidad para aprovechar la grandiosidad de Asgard, la necesidad (tanto económica como creativa) de llevar la trama a Nuevo Méjico y enlazarla con Shield y una dirección timorata como acostumbran los Marvels Studios dejan la película de Brannagh como una más, cuando por concepto bien podía ser la película más espectacular y fantástica de la franquicia.
Así que parece que ahora los mimbres van a ser mejores para que el novato Alan Taylor pueda resarcirse un poco. Pero ojo, que el primer avance de esta nueva fase, Iron Man III, fue un exitazo comercial pero un truño de película. Aquí ya avanzamos que no será la mejor película de la historia, pero que es una mejora significativa ante la primera película. Se trata en definitiva de un producto más grande y mejor acabado en todos los aspectos. No solo se nota que un mayor presupuesto consigue imágenes más espectaculares y conseguidas que hace dos años, si no que todos los implicados están mejor en sus respectivas facetas.
La película va a contar con Malekith y los elfos oscuros como grandes enemigos. Todo parecido de Malekith con el personaje de Simonson es pura coincidencia, pero ya habían utilizado el cofre de los antiguos inviernos, así que ahora se sacan de la manga un mcguffin raro llamado el éter, que le otorga un considerable poder al enemigo, pero que el padre de Odín consiguió eliminar y esconder, en un poderoso prólogo (¿cuántas películas utilizan prólogo épico desde que lo puso en moda el señor de los Anillos?)
Desde ahí recogemos la película donde acabó Vengadores, con Loki preso devuelto a Asgard y el anterior Thor con el Brifost destrozado y Thor lejos de su amada, Jane Foster, cuestión que se va a recuperar antes que después. Los aficionados a Thor tenemos que pasar como siempre por el peaje de aguantar las aventuras en la Tierra, y esta vez no iba a ser menos. Aunque Foster está mejor en esta película que en la anterior (y su becaria a mí siempre me ha hecho gracia) la manera en que ella accede al éter es totalmente gratuita. No solo entra por casualidad en una especia de portal interdimensional, sino que, oh fortuna, ahí está la fuente de poder perdida durante milenios. Como ya dije en la crítica de Superman es usual que los guionistas tengan que buscar soluciones peregrinas para que los personajes femeninos se mantengan en primera fila de la acción.
Así pues Foster ya no es el interés romántico del héroe (que también, y tiene que lidiar con la incongruencia que el Dios del Martillo volvió para la peli de Whedon pero no para buscar a su amada) sino el recipiente del poder buscado por los elfos oscuros. De ahí su traslado a Asgard. La Asgard de Taylor es espectacular, pero difiere un poco de la de Brannagh, gustándome quizás más la primera. Aunque ésta es visualmente potente la noto demasiado poco mitológica, como si los elementos de ciencia ficción preponderasen sobre los míticos. Odín y Frigga van a hacer acto de aparición pero si alguien se come la pantalla cada vez que sale es Loki. Ya fue el mejor con solvencia en la primera entrega y lo bordó con su ironía en Vengadores. Así que el tío está que se sale. Se sabe importante y se disfruta cada vez que lanza su lengua viperina, pero además se le da importancia en otros aspectos, como el amor sincero que sentía por su madre. Eso sí, el tenerlo un tercio de película en una prisión de cristal recuerda demasiado a los Vengadores. Deberían haber buscado otra cárcel más original.
Los momentos en Asgard se van a convertir en lo mejor de la película y un atisbo de lo que debería ser una película de Thor verdaderamente potente. El ataque de los elfos contra Asgard en busca del éter es bastante intensa, y no por casualidad con Algrim, el segundo de los elfos oscuros, a la cabeza. No en vano durante toda la película éste siempre va a aparecer un malo más contundente y con una presencia mayor que su jefazo. El sacrificio de Frigga y las fricciones entre Thor y Odín después sobre el destino de Foster marcan seguramente los mejores momentos de la cinta: la traición de Thor y sus amigos al reino. Llevándose a Foster y a Loki. Hasta tiene momentos buenos para los Tres Guerreros, Lady Sif y Heimdall, que falta le hacían.
Loki como aliado forzoso del reino es uno de las constantes de estas historias y se veía venir desde el principio. También es la manera más lógica de darle su (necesaria) cuota de protagonismo. Lo que pasa, y no es un fallo de la película, es que a todos los que conocemos al personaje no nos cuelan ni una sola de sus traiciones y artimañas. Cuando parece que va a traicionar a su hermano y aliarse con los elfos tu sabes que hay gato encerrado, cuando parece que está muerto con más sentido aún… en definitiva, que si el guión dibuja algunos trances sorpresivos a nosotros no nos las dan-
El clímax final nos vuelve a llevar a la Tierra, pero es un avance que nos situemos en Londres en lugar de la anodina Nuevo Mejico de la primera parte, porque da pie a más espectacularidad y a mayor escala. Como viene siendo habitual se busca el rizar el rizo una vez más, y se aprovecha de los portales interdimensionales que aparecieron en el primer tercio para lanzarse en un juego de saltos espaciales. Y no es que esté bien rodado y claro visualmente. Solo que es un poco blandito. Si uno esperaba que el final rezumase épica por los cuatro costados… pues va a ser que no. Hasta los momentos divertidos son más recordados que los pretendidamente espectaculares.
Buena parte de que el final no tenga la intensidad necesaria es, por una parte, que Loki está fuera de pantalla para entonces. Y sobre todo que cuando el malo debe dar el do de pecho… demuestra que ha sido lo peorcito de la cinta. Nunca ha tenido un ápice de carisma en toda la película como malo en la sombra. Y cuando sale a primera línea, con el poder del éter en su poder, lo que le convertía casi en omnipotente visto lo visto apenas hace nada. No demuestra ninguna peligrosidad ni se ve por encima del Dios Nórdico en poder o magnificiencia. Vamos, que su presencia es bastante insignificante. Mero motor para que triunfe el héroe y a otra cosa.
Chris Herwosth ha mejorado bastante como Thor. Se le ve más aposentado en su papel y ya no aparece solo con pinta de paleto, sino que te lo crees cuando debe mostrar su lado más heroico y el sacrificio que supone traicionar a su padre. De todas maneras como ya decimos Tom Hiddelston sigue siendo la pieza clave. Su Loki es imprescindible ahora mismo en cualquier película de Thor que se precie. Entiende perfectamente el personaje, su lado irónico y divertido y su lado malvado, además tiene escenas en que se profundiza en otros temas como la relación con su madre que mejoran todavía más al personaje. Los consagrados parece que se han tomado esta película más en serio. Si en la primera Hopkins solo pareció presente a la hora de recoger el cheque ahora parece tomarse el trabajo un poco más en serio. Y Natalie Portman también tiene momentos más agradecidos que en la primera y responde.
Así que casi todo ha sido un avance respecto a la primera parte. Está lejos, mucho, de la película soñada de Thor, pues queda cortita en cuanto a dramatismo y verdadera épica, y los problemas de personalidad de todas las películas Marvel siguen ahí. Pero afortunadamente la escala de la película ha subido, ha permitido una mayor espectacularidad y mejor implicación de todos los apartados. No pasara a la historia de películas de superhéroes pero se deja ver.
martes, diciembre 31
jueves, noviembre 28
CUATRO DE CUATRO
Sebastian Vettel no tiene rival. Ni él ni por supuesto Red Bull, escudería dominante prácticamente en el último lustro y que sigue siendo hegemónica por más que cada año venden cambios en la reglamentación destinados en teoría para mitigar el poderío de la escudería austríaca. Pero no hay manera en que los corredores del toro no terminen paseándose por los circuitos como este año, donde el alemán imparable ha empatado el record de victorias en un campeonato.
Evidentemente hace mucho que no ha habido historia en este campeonato viendo los números. Pero es justo decir que el inicio del mismo fue muy diferente a lo que hemos terminado viendo. Ferrari, vendehúmos oficial del paddock auguraba que este año sí, que este año estaba dispuesto a luchar de tú a tú contra Vettel y compañía y que habían conseguido un coche fiable de verdad y competitivo. Y a decir verdad las primeras carreras prometían que iba a haber guerra. Aunque la punta de velocidad seguía del lado austríaco, en estas primeras carreras Ferrari y Alonso no se quedaban atrás, y sobretodo tenían una mejor gestión de neumáticos, por lo que todas las carreras acababan mejor que sus rivales, consiguiendo remontadas importantes y poniendo en entredicho en las últimas vueltas la superioridad de Red Bull ¿era posible pues, que este año teníamos mundial?
Los que me conoces y estiman saben que yo aún así mantenía la ceja escéptica. Tenía muy claro que el coche campeón no estaba al 100% de prestaciones, y que llegados a Europa darían el salto cualitativo que solemos vivir en el campeonato (todos los años las carreras en Asia son una toma de contacto, y las escuderías hacen los arreglos necesarios para que a partir de la quinta carrera los resultados sean más reales de lo que nos espera el resto del año) Y desde mi punto de vista el hecho que Vettel saliese aún líder del campeonato mientras tenían las vacas flacas, teniendo mucho más margen de mejora que sus rivales, auguraba lo que luego veríamos. Alonso había tenido sus chances y debería haber puesto más tierra de por medio de ser posible.
Porque como estaba cantado Red Bull dio el salto cualitativo y se acabó el suspense. No creo engañar a nadie si digo que hoy día se juega el 50% de la carrera en sábado. Si no más. Alcanzar la pole en la Fórmula 1 actual es una ventaja indiscutible, de la que Vettel ha hecho su marca de fábrica. Arrancar primero, abrir hueco en cuatro vueltas y a partir de ahí gestionar desde la más absoluta superioridad. Es la hoja de ruta que ha escrito todos las carreras el tetracampeón del mundo. Y es precisamente el déficit más grande de Ferrari. No es serio aspirar al campeonato cuando tus clasificaciones te relegan a la quinta o sexta posición todas las carreras.
A partir de ahí el guión siempre era el mismo. Alonso demostraba que sigue siendo un Dios en las salidas, hacía una carrera espectacular, la buena gestión de Ferrari de la que hablábamos le aseguraba acabar las últimas vueltas siendo el mejor coche y todos alabamos su espíritu de remontada quedando segundo o tercero… pero perdiendo puntos con Vettel. El goteo incesante que el austríaco iba sacando día sí, día también convertía la remontada en utopía, porque lejanos quedan los tiempos en que Vettel no era fiable a los mandos y su Red Bull era un interrogante. Hoy día ambos son una máquina perfecta y, salvo un abandono, solo tenía delante una autopista hasta el circuito. Hasta el insultante punto que Ferrari ya anunció cuatro carreras antes que no iban a perder el tiempo en intentar mejorar el coche este año. Pues ya podeís empezar para el año que viene, teniendo en las poles un déficit que les quita toda la competitividad posible.
Como cada año el resto de pilotos está muy lejos de los dos mejores del circuito. El compañero de Vettel sigue siendo una isla desierta dentro de Red Bull. Después de ser ninguneado una vez más en su equipo, y no callarse delante las cámaras ante el niño bonito isotónico, ya hizo la guerra por su cuenta y ofreció más o menos lo de siempre. Excelentes clasificaciones, lo mínimo que le debemos pedir a un red bull, y pésimas salidas que le alejaban continuamente de la lucha por las victorias. No creemos que siga el año que viene. Hemos recuperado a Kimi Raikkonen como piloto de verdad, sacando jugo de su Renault y haciendo carreras verdaderamente meritorias cuando ha estado centrado. Porque fue anunciar su fichaje por Ferrari (nótese que Felipao no aparece en el análisis, aunque ha hecho mejor temporada que la pasada) y olvidarse de toda carrera que quedaba, hasta el punto que su compañero Grossjean ha terminado adelantándole por la derecha. El piloto francés, calamitoso e incluso peligroso otros años, ha demostrado madurez y se perfila como un piloto para seguir de cara al futuro. Pero lo mismo decíamos de Perez el año pasado y su año en McClaren ha sido para olvidar. La escudería británica ha sido la gran decepción del año, ya que ni Button, experto en exprimir hasta una piedra ha tenido algún momento de brillantez. Al menos así se darán cuenta de la pérdida que supone un pilotazo como Lewis Hamilton, que motivado por el cambio de escudería ha sido uno de los agitadores del paddock. Los Williams eran la antítesis de los Ferrari. No tenían ningún ritmo de carrera, pero se la jugaron a hacer unas poles espectaculares y durante la primera parte del campeonato era usual verlos salir en primera línea.
Pero mejores o peores pilotos si hay un rey indiscutible es Sebastian Vettel. Me gustaría que se quitasen encima la losa (que seguro solo existe en este país) que es un piloto mediocre en un coche omnipotente. Y este año no va a servir para ello porque sus carreras, en la mayoría de ocasiones han sido sin rival por delante. Pero Vettel está hoy día por encima de todos los pilotos de la parrilla. Hay que admirar lo que ha aumentado su fiabilidad con el coche, que prácticamente no falla nunca, y su conjunción es perfecta (es fácil verle marcar vueltas rápidas en los últimos tramos de las carreras, lo que habla del dominio y confianza que tiene en el mismo) Aunque no haya bajado al barro este año los momentos en que ha tenido que ensuciarse y luchar de tú a tú con otros rivales sigue demostrando que no se achanta ante nadie y que asume los riesgos (controlados) que la situación requiere.
Ahora ya sabemos lo que viene. Que si van a cambiar cosas para el año que viene. Que mirarán los coches de los Red Bull a conciencia para buscar ilegalidades que expliquen su dominio, se postularán nuevas reglamentaciones para mitigar a la escudería campeona y Ferrari no parará de anunciar durante todo el invierno que su coche en 2014 será el mejor Ferrari de la historia y que ahora sí va a competir… Vamos, lo que llevamos viendo los últimos tres años y que hasta ahora solo han dado como resultado convertir a Red Bull y a Sebastian Vettel en ya leyenda presente de este deporte.
Evidentemente hace mucho que no ha habido historia en este campeonato viendo los números. Pero es justo decir que el inicio del mismo fue muy diferente a lo que hemos terminado viendo. Ferrari, vendehúmos oficial del paddock auguraba que este año sí, que este año estaba dispuesto a luchar de tú a tú contra Vettel y compañía y que habían conseguido un coche fiable de verdad y competitivo. Y a decir verdad las primeras carreras prometían que iba a haber guerra. Aunque la punta de velocidad seguía del lado austríaco, en estas primeras carreras Ferrari y Alonso no se quedaban atrás, y sobretodo tenían una mejor gestión de neumáticos, por lo que todas las carreras acababan mejor que sus rivales, consiguiendo remontadas importantes y poniendo en entredicho en las últimas vueltas la superioridad de Red Bull ¿era posible pues, que este año teníamos mundial?
Los que me conoces y estiman saben que yo aún así mantenía la ceja escéptica. Tenía muy claro que el coche campeón no estaba al 100% de prestaciones, y que llegados a Europa darían el salto cualitativo que solemos vivir en el campeonato (todos los años las carreras en Asia son una toma de contacto, y las escuderías hacen los arreglos necesarios para que a partir de la quinta carrera los resultados sean más reales de lo que nos espera el resto del año) Y desde mi punto de vista el hecho que Vettel saliese aún líder del campeonato mientras tenían las vacas flacas, teniendo mucho más margen de mejora que sus rivales, auguraba lo que luego veríamos. Alonso había tenido sus chances y debería haber puesto más tierra de por medio de ser posible.
Porque como estaba cantado Red Bull dio el salto cualitativo y se acabó el suspense. No creo engañar a nadie si digo que hoy día se juega el 50% de la carrera en sábado. Si no más. Alcanzar la pole en la Fórmula 1 actual es una ventaja indiscutible, de la que Vettel ha hecho su marca de fábrica. Arrancar primero, abrir hueco en cuatro vueltas y a partir de ahí gestionar desde la más absoluta superioridad. Es la hoja de ruta que ha escrito todos las carreras el tetracampeón del mundo. Y es precisamente el déficit más grande de Ferrari. No es serio aspirar al campeonato cuando tus clasificaciones te relegan a la quinta o sexta posición todas las carreras.
A partir de ahí el guión siempre era el mismo. Alonso demostraba que sigue siendo un Dios en las salidas, hacía una carrera espectacular, la buena gestión de Ferrari de la que hablábamos le aseguraba acabar las últimas vueltas siendo el mejor coche y todos alabamos su espíritu de remontada quedando segundo o tercero… pero perdiendo puntos con Vettel. El goteo incesante que el austríaco iba sacando día sí, día también convertía la remontada en utopía, porque lejanos quedan los tiempos en que Vettel no era fiable a los mandos y su Red Bull era un interrogante. Hoy día ambos son una máquina perfecta y, salvo un abandono, solo tenía delante una autopista hasta el circuito. Hasta el insultante punto que Ferrari ya anunció cuatro carreras antes que no iban a perder el tiempo en intentar mejorar el coche este año. Pues ya podeís empezar para el año que viene, teniendo en las poles un déficit que les quita toda la competitividad posible.
Como cada año el resto de pilotos está muy lejos de los dos mejores del circuito. El compañero de Vettel sigue siendo una isla desierta dentro de Red Bull. Después de ser ninguneado una vez más en su equipo, y no callarse delante las cámaras ante el niño bonito isotónico, ya hizo la guerra por su cuenta y ofreció más o menos lo de siempre. Excelentes clasificaciones, lo mínimo que le debemos pedir a un red bull, y pésimas salidas que le alejaban continuamente de la lucha por las victorias. No creemos que siga el año que viene. Hemos recuperado a Kimi Raikkonen como piloto de verdad, sacando jugo de su Renault y haciendo carreras verdaderamente meritorias cuando ha estado centrado. Porque fue anunciar su fichaje por Ferrari (nótese que Felipao no aparece en el análisis, aunque ha hecho mejor temporada que la pasada) y olvidarse de toda carrera que quedaba, hasta el punto que su compañero Grossjean ha terminado adelantándole por la derecha. El piloto francés, calamitoso e incluso peligroso otros años, ha demostrado madurez y se perfila como un piloto para seguir de cara al futuro. Pero lo mismo decíamos de Perez el año pasado y su año en McClaren ha sido para olvidar. La escudería británica ha sido la gran decepción del año, ya que ni Button, experto en exprimir hasta una piedra ha tenido algún momento de brillantez. Al menos así se darán cuenta de la pérdida que supone un pilotazo como Lewis Hamilton, que motivado por el cambio de escudería ha sido uno de los agitadores del paddock. Los Williams eran la antítesis de los Ferrari. No tenían ningún ritmo de carrera, pero se la jugaron a hacer unas poles espectaculares y durante la primera parte del campeonato era usual verlos salir en primera línea.
Pero mejores o peores pilotos si hay un rey indiscutible es Sebastian Vettel. Me gustaría que se quitasen encima la losa (que seguro solo existe en este país) que es un piloto mediocre en un coche omnipotente. Y este año no va a servir para ello porque sus carreras, en la mayoría de ocasiones han sido sin rival por delante. Pero Vettel está hoy día por encima de todos los pilotos de la parrilla. Hay que admirar lo que ha aumentado su fiabilidad con el coche, que prácticamente no falla nunca, y su conjunción es perfecta (es fácil verle marcar vueltas rápidas en los últimos tramos de las carreras, lo que habla del dominio y confianza que tiene en el mismo) Aunque no haya bajado al barro este año los momentos en que ha tenido que ensuciarse y luchar de tú a tú con otros rivales sigue demostrando que no se achanta ante nadie y que asume los riesgos (controlados) que la situación requiere.
Ahora ya sabemos lo que viene. Que si van a cambiar cosas para el año que viene. Que mirarán los coches de los Red Bull a conciencia para buscar ilegalidades que expliquen su dominio, se postularán nuevas reglamentaciones para mitigar a la escudería campeona y Ferrari no parará de anunciar durante todo el invierno que su coche en 2014 será el mejor Ferrari de la historia y que ahora sí va a competir… Vamos, lo que llevamos viendo los últimos tres años y que hasta ahora solo han dado como resultado convertir a Red Bull y a Sebastian Vettel en ya leyenda presente de este deporte.
jueves, octubre 31
LA VIDA ES TRANSFORMACION
Un tipo en calzoncillos con una máscara de gas. Esta es la más que extraña carta de presentación de una serie en 2008. Lo que nadie podía esperar es que de ahí surgiese la mejor serie de la presente década y digna candidata al pódium del presente siglo. Y eso es decir mucho. Breaking Bad se presentaba de esta guisa en una temporada irregular, que encima le tocaba lidiar con la huelga de guionistas, y que difícilmente te podía hacer pensar en los techos que iba a llegar a tocar Walter White y compañía.
La premisa de la serie es simple y puede tirar por cualquier lado. Walter White, recién cumplido los cincuenta años en una vida gris, ve como se desmorona su realidad el día en que le diagnostican cáncer incurable. A partir de ahí decide dar un giro de 180 grados y buscar dejar la vida solucionada a su familia, aunque sea entrando en el mundo de la droga junto a un exalumno suyo. Como decimos, no sabemos qué se puede esperar de ella. Puede ser una serie excéntrica como Weeds (muy similar en el argumento) o un drama familiar. Pero Breaking Bad va a ser más ambicioso que todo esto.
De todas maneras esta temporada sirve para poner los pilares de la serie y poco más. Dos tipos mundanos, y algo patéticos, metidos en situaciones que por lo general los desbordan y que tienen que lidiar con ello como pueden. Es una temporada en lo que funciona mejor los aspectos cómicos (el cuñado fanfarrón, los amigos de Jesse, incluso el propio Jesse aporta más como contrapunto que como personaje) que los momentos dramáticos. Skyler y la familia siempre va a ser una pata coja en la serie, como veremos. Pero es cierto que sí que llama la atención por uno de los valores más escondidos de la serie, pero que va a estar ahí de manera regular. Breaking Bad es, seguramente, la serie mejor rodada que nunca he visto. Lejos de la impersonalidad fílmica de otras joyas, la serie de Vince Gilligan tiene un cuidado en buscar enfoques sugerentes (especialmente tiene unos cold open que son hipnotizadores) y una fotografía como no se ha visto en televisión, que hace que la serie sea siempre reconocible. Esa Alburquerque, ese desierto que va a ser tan importante… éste va a ser uno de los valores que va a agarrarnos a la serie hasta en los momentos más inestables.
La primera temporada nos deja momentazos (la decisión de matar a Crazy Eight, el afeitado de Whalt y la primera aparición de Heisenberg) pero siempre da la impresión que es una serie más de extremos de lo que será después. Que juega a pasar del drama más duro a la comedia más pura. Se ejemplifica por ejemplo en la elección de los malos del principio de la seire. Tuco Salamanca, su hermano, incluso Tortuga un poco más adelante, son personajes excéntricos, pasados de vueltas a los que cuesta tomarse en serio. Si los comparas con la profundidad que van a tener otros personajes más adelante te das cuenta de la evolución que va a tener la serie. Evolución es la palabra clave de Breaking Bad.
Para la segunda temporada los guionistas saben que tienen que dar un salto cualitativo. Porque el papel de Jesse es divertido y simpático, pero va a tener poco recorrido si no se trabaja mejor al personaje. Asi que se pone empeño en dar protagonismo al personaje y… es un acierto total. Siempre cuento la anécdota que yo quise dejar la serie en esta segunda temporada con la coartada de “no soporto al chico joven”, y de verdad que merezco gran penitencia. Bastó darle mayor profundidad y tramas independientes para que Aaron Paul explotase como pocos. Si no fuese porque Cranston está por encima del bien y del mal sería la legendaria actuación de la serie, porque Jesse va a pasar por todos los estados de ánimo posibles y de verdad que se luce todo y más. Extraordinario como pasa de ser el tipo más patético, al que le pasan las vicisitudes más rocambolescas (la historia con la casa de sus padres, o las fiestas en su casa) a los momentos más dramáticos de la serie (sus posteriores enfrentamientos con Walt son una gozada, y el final de la tercera temporada no sería un momentazo sin la carismática interpretación de Jesse)
La historia de Jesse con Jane es uno de los pilares de la segunda temporada. La pareja se toma un tiempo, y la verdad es que tienen una química muy buena, con Jane actúando como diablillo en el hombro de Jesse para que éste se desvincule de Walt y busque chantajearle después. La entrada en la drogadicción de ambos no es agradable, pero es consecuente con los personajes, la verdad.
Otro personaje que gana muchos mimbres es el de Hank. Si en la primera temporada era simplemente el familiar tocapelotas del protagonista va a ir ganando enteros y tramas a continuación. Ya tiene su papel principal en el final de los Salamanca (el interrogatorio a Hector Salamanca, otro momento a recordar) después va a ganar puntos con su trama paralela, cuando se va a convertir en miembro de la DEA en la frontera. Una vez más la construcción y evolución de personaje es maravillosa. Pasa de ser el machote de su oficina local, quien se puede permitir mirar a todos por encima del hombro a luchar en “primera división” y encontrarse allí como un mindundi superado por los (macabros) acontecimientos que les rodean.
Sin embargo es precisamente la trama de Walter la que más tambalea en esta temporada. Básicamente porque está a verlas venir. Tiene que lidiar con Skyler y es complicado. Había que hacer algo con la mujer para que no se ganase el adjetivo de tonta que no se está enterando de nada de lo que pasa a su alrededor, así que empieza a sospechar de la doble vida de su marido. Pero aún así queda un pelín artificial, de drama barato para lo que la serie apunta. Skyler sobredimensiona en exceso sus sospechas, encima con la situación médica de Walt, así que no fuciona tan bien como debiera.
Creo que el aspecto esencial es que en esta temporada Walt no tiene villano con quien lidiar. Con Salamanca fuera de concurso muy pronto Heisenberg monta su negocio propio y solo las reticencias de Jesse parecen ser un estorbo. De hecho se puede decir que el villano de la segunda temporada sería Jane, que es la que obstaculiza los planes que Walt tiene, al necesitar a Jesse para ello. De ahí, el momento más recordado de la misma, aquél en que Walt ve a Jane ahogarse en su propio vómito, víctima de una sobredosis, y aunque hace un alarde de ayudar (qué grande llega a ser Cranston, por favor) se lo repiensa y la deja morir allí mismo. Una manera maquiavélica de solucionar el conflicto que tenía, de devolver la oveja descarriada al redil y un paso importante en la evolución de Walt.
Aunque el final parece que necesitaba un potente argumento, la historia del padre de Jane que es responsable de un accidente de avión que, descubrimos poco a poco en unas inicios hipnotizadores, cae sobre la casa de Walt es demasiado rocambolesco, e incluso innecesario (se verá de la fantástica manera en que se quitan todo el tema en un único episodio de la tercera temporada) pero sí nos deja puntos vitales para la serie a partir de ahora. Primero, la irrupción de nuevos personajes que van a ser importantes. En la recta final de la tercera temporada aparecen casi de manera consecutiva Saul Goodman, Mike y Gustavo Fring. La serie se vuelve ambiciosa y está dispuesta a expandir su universo para temporadas posteriores. Y aunque no se recuerda mucho ahora mismo pasa un hecho capital: Walt vence al cáncer. Se le diagnostica una cura y tras una operación el mismo ha remitido en su práctica totalidad. Ojo que tiene más implicación que la que parece, pues su enfermedad había sido el leitmotiv por el que Walt estaba haciendo lo que hacía. ¿Qué hacen los guionistas con este salto adelante? Porque sería perfectamente coherente que la serie acabase aquí, con Walt volviendo a su vida anterior como si nada. Pero nos adentramos en lo que están creando los guionistas, lo que va a hacer esta serie fantástica. El orgullo de Walter White se ha destapado. Él un hombre gris, timorato y reprimido ha visto como ha salido de la burbuja, como es el mejor en lo que hace y no quiere volver a ser aquél que mendiga favores. Ahora no. Su orgullo se ve fortalecido y puede permitirse mirar cara a cara a sus “amigos” y renunciar a su caridad a la hora de pagarle el tratamiento, a forzar un enfrentamiento con Hank por el cariño de su hijo y a llevar a Jesse por el camino que a él le conviene. Puede dejar de crear meta azul, claro, el horizonte no es tan negro, pero no quiere hacerlo.
Desde la llegada de Gus Fring, sin paños calientes, la serie es perfecta. Gustavo Fring es uno de los antagonistas mejor escritos nunca de la televisión contemporánea. Tan exagerada descripción habla a las claras de la percepción que tengo sobre el villano de la serie. Que habrá otros antes y otros después pero Gus será para siempre el villano de la serie. Y es perfecto solo desde su primera entrada, siendo el encargado de los pollos amigos, y negándose a hablar con Walt. Gus es un benefactor de la ciudad, querido por todos y con una cara amable para cada uno de sus clientes… que esconde en la sombra al mayor narcotraficante de Alburquerque. Este personaje no sería lo mismo sin la interpretación de Giancarlo Expósito, que en su hieratismo sabe traslucir todo lo inflexible que puede llegar a ser, y su pragmática catadura moral a pesar de su apariencia débil en principio. Gus le pone en bandeja de plata una organización a Walt y Jesse, la tapadera perfecta, los mecanismos perfectos, el ayudante perfecto para que terminen trabajando para él en sus laboratorios, siendo éste el que se encargue de una distribución a mayor escala que hasta ahora. Una oferta que el dúo Whitman Pinkman no podrá rechazar.
Esta tercera temporada es difícil encontrarle fallos. Si la figura de Skyler era la más esquemática de la anterior temporada ahora se da el salto adelante definitivo cuando la señora descubre los verdaderos planes de Walter, y se apunta al carro. Mrs. White consigue así más complejidad en sus acciones y por fin aporta cosas. Su ambición y pragmatismo serán importantes a partir de aquí, dejando a Walter Jr. El papel del ciego ingenuo dentro de la familia. Hank sigue creciendo cada vez más como personaje y será el encargado de subir la adrenalina en momentos importantes, que serán muchos. De hecho en esta temporada se alcanza la perfección absoluta en los finales de capítulos adrenalíticos. En meter en apuros a Walt y compañía y salir airosos cada vez (¿alguien ha dicho Pollos?) Y además hemos ganado enteros. Saúl es puro estereotipo, pero está bien introducido y funciona como alivio cómico y extravagante. Hay que pararse también en Mike, que en principio parece iba a ser solo el matón de Saúl/Gus, pero apuesto que al ver lo increíble que es el actor decidieron darle más cancha a todo su personaje y tener mucho más presencia. Otro de los añadidos de la temporada es Gale, personaje que será capital al final de campaña, y que aparece como el nuevo ayudante de Walt, experimentado y devoto por Walt al que reconoce como un genio,y que va a dañar la relación Walt-Jesse.
Porque la relación entre Walt y Jesse es uno de los pilares de la serie. La química entre ambos es soberbia. Walt tiene en su exalumno un instrumento para acercarse a la calle y a la distribución, pero sí consigue un cariño sincero hacia él y una relación paterno filial (marcada de manera más directa con el distanciamiento de Jesse con sus padres) Pero vuelve a salir la palabra evolución en este escrito y es una constante. Fácil hubiese sido mantener esa buena química entre ellos inalterable, porque además funcionaba a la perfección. Pero en este aspecto van a volver a ser ambiciosos y coherentes con sus respectivos personajes. Pinkman va a crecer como personaje y conlleva una emancipación. White va a ser cada vez más controlador y maquiavélico y conlleva una (alucinante) manipulación hacia su pupilo. Poco a poco la relación entre ambos va a ir pudriéndose hasta llegar a un punto de no retorno. Esta tercera temporada es maravillosa en ese sentido. Es el momento en que Jesse despierta y recrimina a su partenaire las desgracias que le ha supuesto conocerle (pocos actores importantes han salido más veces con la cara reventada a golpes) y aún así se tiene que mantener fiel a él por el negocio que comparten. Cada escena que comparten ambos es una delicia absoluta.
Y por encima de todo esto, la serie se ha transformado en el mejor trhiller del mercado. Está rodado con una fuerza inusitada, abismal. Cada aparición de los hermanos Salamanca es absolutamente brutal, las investigaciones de Hank en Alburquerque y las maquinaciones de Mike y Walt para no ser descubiertos pertenecen al cine negro. Todo desboca en One Minute, con el ataque de los hermanos a Hank. Uno de los momentos de acción más físicos, impactantes y mejor rodados que se han podido ver en los últimos tiempos. No contentos con esto nos regalan un final de temporada apoteósico, brutal como pocos ha habido. Si el personaje de Gale desentonaba dentro del tono de la serie, al ser un personaje tan blanco e inmaculado, es porque había un plan detrás. Gale va a ser el comodín de una partida de ajedrez entre las dos mentes más calculadoras de Alburquerque. Dos mentes tan fascinantes que estaban destinadas a chocar. Gus y Walt no pueden trabajar mucho tiempo más juntos, pues el enfrentamiento se antoja inevitable, y Jesse será el punto de partida. Teniendo el dueño de los Pollos Amigos las cartas sobre la mesa, es Walt el que tiene que lanzar el órdago más brutal de la serie. Para hacerse indispensable a los ojos de mr. Fring hay que sacar a Gale de la ecuación. Que sea Jesse el encargado, el que se ha convertido en la brújula moral del relato, le da un perfil de tragedia shakespeariana. No me cansaré de elogiar a Aaron Paul, en ese último plano de la tercera temporada. Maravilla.
La cuarta temporada sigue el binomio de Gus Fring. La situación entre Walt y Gus es insostenible. Se odian pero se necesitan y Gus, más sibilino que nunca, va a tratar de ganarse a Jesse para su causa. La temporada sigue al excelente nivel de la pasada, si bien se da algún paso en falso. La necesidad de darle interés a Skyler vuelve a surgir y su trama es lo peor de la temporada, liándola con su jefe y metida en el blanqueo de dinero, que bueno, la perjudican como personaje. No es que sea fácil lidiar con su marido desatado a estas alturas (¡Yo soy el peligro! Le grita en un brillante monólogo) pero entre que le engaña y luego le sale todo mal queda como bastante inútil. Además se abandona un poco la tónica de temporadas anteriores de dejar cliffhangers de infarto para resolverlos en capítulos siguientes. La jugada maestra como se cerró la tercera temporada fue de tal impacto que van a repetirlo en la cuarta, aunque sea a costa de rebajar un poco el ritmo adrenalítico de la serie.
Ojo, que esto no significa que la temporada baje enteros ni muchos menos. Los creadores andan enamorados del personaje de Gus Fring, y con razón. Así que le van a dar cancha máxima al mismo, hasta el punto de eclipsar en ocasiones a Mr. White. Vamos a conocer los orígenes del traficante chileno y la red a la que está asociado y cómo ha llegado al puesto que tiene. Los intereses de Fring van a estar a la altura de los de Walter o Hank en este temporada, y nos dejan momentos realmente brillantes, como los flashbacks con Salamanca o el potentísimo capítulo “Salud”, que abre las vías para un final de impacto.
Si el final orquestado de la tercera temporada nos dejó el sabor por todo lo alto, el órdago se va a multiplicar para los últimos capítulos del cuarto año. Es difícil encontrar cimas más grandes en la televisión. De manera soberbia todos los engranajes puestos esta campaña (la rivalidad Gus Walt, la nueva vida de Jesse, incluso el tropiezo, irónico adjetivo, de la trama Beneke) terminan en su sitio para llegar a una situación de no retorno, irresoluble para Walt. Las carcajadas de Walter White bajo su casa, de fugaz locura al perder la última salida, es una de las imágenes de la serie (¿he dicho ya alguna vez lo fabuloso que puede llegar a estar Cranston?) ¿Cómo ganar una partida de ajedrez sin torres, reinas, alfiles, ni peones contra un jugador experto delante de ti? Saltándote todas las reglas. Adrenalítico es adjetivo que se queda pequeño en estos últimos capítulos, en los que Walt vuelve a contar con Jesse como aliado al ver amenazada su nueva familia, y orquestan un plan perfecto para deshacerse de Gustavo Fring, con la carismática participación de Héctor Salamanca. Cuando llegado el momento, después de haber ganado ya, nos enseñan en el último plano de cámara el verdadero plan de Walter, eres consciente que estás ante una verdadera obra maestra. Walter White había dado otro paso más camino del infierno, ya definitivo. Ya no se trata de matar en defensa propia, de dejar morir por omisión a una inocente o de decretar un asesinato como opción de salvar el pellejo. Ahora has puesto un inocente (¡un niño inocente!) al borde de la muerte para conseguir un aliado en tu plan de venganza. ¿Cómo seguir defendiendo a Walter White?
Porque ahora es cuando están todas las cartas sobre la mesa. Sin la imponente sombra de Gus Fring tapándolo todo nos damos cuenta de la verdad. Se han cargado al Doctor Muerte de la serie y ahora nos damos cuenta que hay un villano peor: Walter White. Sí, el verdadero malo de la serie es ya Walter. En la quinta temporada ya no hay antagonista que nos sirva de coartada para las acciones de Walt. Éste se mueve únicamente por la ambición: Tiene dinero suficiente, lidera una organización sin contratiempos ni luchas internas, está en paz con su familia, y el cáncer ha remitido… pero su ego le puede. Expandirse no era necesario para su negocio, era necesario para que Walt termine siendo el mejor. Su relación con Mike esta temporada es sintomática de ello. Mike (que gran personaje, por favor) vale, ningunea a Walt, y le desprecia hasta cierto punto, pero en el fondo sabe que es una bomba de relojería, porque nunca dice basta, y su ansia terminará exponiendo al negocio. Vamos, se puede decir que la opción de Mike es la acertada, pero Walt no tiene bastante y busca un enfrentamiento innecesario e impropio. Hasta en el momento de su muerte, una muerte con una belleza inusitada, el propio Walt reconoce que hubiese tendido otras opciones, pero su rabia le hizo reaccionar así.
Ya no hay coartada ni disimulo posible. Walt está desatado y se verá de manera impactante en la relación con Skyler. Hasta ahora la familia White servía al protagonista y ante nosotros mismos como eficiente coartada. Aunque Walter se movía entre personajes de la peor calaña siempre volvíamos a verle con su hija recién nacida, y nos creíamos que lo estaba haciendo por su familia, por la que sí que sigue sintiendo amor verdadero. Pero en esta quinta temporada incluso aquí Walt ha dado un paso definitivo. La manera en que manipula a su hijo para que éste siempre esté de su parte y como arrincona por completo a Skyler (durísima conversación en la cama (dejándola sin opciones, con miedo a su marido e incluso con un hipnótico conato de suicidio. Al fin Skyler y su trama estaban entre lo mejor de la campaña.
El otro puntal de la serie para demostrarnos que Walter White está mucho más lejos de la ralla es Jesse Pinkman. Con el progresivo ennegrecimiento de las tramas parece que Heisenberg ya lo abarca todo y que hay tonos de la serie que sobran. Vamos, que llegué a escuchar que Jesse (como sus colegas) ya sobraban en una serie que no tiene nada de comedia. Sí, pero es que hace mucho que Jesse dejó su papel de secundario cómico. Jesse ha terminado convertido en el ancla moral de la serie. Sí, el drogata irresponsable de la primera campaña. Pero es así. Ha visto como Walt le ha adelantado por la derecha, poniéndole en situaciones comprometedoras en principio y obligándole a ir mucho más lejos de lo que debiera. Con el progresivo alejamiento de Jesse de Walt y acercamiento a Mike nos dejan claro lo que estamos viendo, que las acciones de Walt están ya muy lejos de ser benévolas. Cuando tras el contundente robo del tren, el nuevo fichaje mata a sangre fría a un chaval espectador, Jesse lo recrimina hasta el extremo, pero Walt lo exculpa. Realmente queda muy poco de aquel profesor de química que hacía listas sobre beneficios e inconveniencias morales de matar a una persona.
Y de repente… todo se para. Es algo extraño. Pero en el último capítulo de esta primera temporada, Walt se da por saciado y deja la empresa. Es chocante porque precisamente era por lo que habían tenido el enfrentamiento con Mike toda la campaña. La explicación está en el mismo formato de la temporada. Habían conseguido dos partes de ocho capítulos en lugar de los doce de rigor, por lo que en base se contaba con “temporaditas” de ocho capítulos. Lo que en principio se debía ver como mejor, por ir directamente a saco y no haber relleno (aunque en honor a la verdad, la serie puede ser lenta por momentos pero nunca ha habido relleno) termina siendo algo contraproducente, pues no dejan respirar lo necesario. En efecto, si Walt va a dejar todo lo que no ha querido dejar en cinco temporadas… necesitamos tiempo y espacio para que cale la opción de Walt (sí que hay elipsis que ha pasado tiempo, pero para el espectador no está suficientemente masticada esta decisión) Es obvio sí, para quien lo vea que la decisión viene marcada desde dentro por la más que posible (y más tarde confirmada) reaparición del cáncer de Walt y desde fuera por las ganas y necesidad de acabar la campaña con el cliffhanger más esperado. Sí, con Hank descubriendo la verdad sobre su cuñado.
Hank, Hank, Hank… recordar al policía fanfarrón y cachondo del principio, que solo servía de antítesis a la vida gris y diluída de Walter viene a colación, porque en el final de temporada tendrá una importancia capital. Aunque había ganado mucho, muchísimo peso como personaje por su paso por la DEA y sus ascensos, sí parecía condenado a ser el pobre que siempre buscaba palos de ciego sin opción a poder descubrir el pastel. Hasta el punto que tras One Minute parece que el acoso de la policía se mitiga mucho en la serie. Al final de campaña Hank va a tener toda la importancia que merece al descubrir el papel de su cuñado. El primer enfrentamiento entre ambos con las cartas levantadas es de una intensidad brutal, tremenda. La integridad de la familia Schrader contra la de los Whitman. Porque el papel de ambas mujeres también va a ser importante (Marie, no lo vamos a negar, siempre ha sido la pata coja de la serie). Skyler se pone de manera categórica de parte de su marido, algo que se podía adivinar como incoherente con lo que Walt le estaba haciendo pasar en la pasada campaña, pero es bastante coherente con lo que ha sido la mujer en la serie, siempre buscando el equilibrio que salve a su familia. De nuevo Walt hace gala de su sibilinismo máximo, en Confessions, dejando en un callejón sin salida a Hank de manera efectiva. Mr. White, de nuevo tirando de ingenio y de escasa moralidad, había vuelto a salirse con la suya y tenía el camino despejado. Pero quedaba Jesse.
La última temporada es una delicia para todos los fans de Breaking Bad, porque está lleno de pequeños guiños de continuidad y referencias a cabos sueltos de antiguas temporadas (volver al desierto, personajes olvidados como los amigos de Jesse o los socios de Walt…). Por ahí va a explotar Jesse Pinkman, que sabíamos que tenía que liarla. Ha sido un personaje demasiado importante como para ver el final desde la barrera y será la bomba que le explotará en la mano a Walter. Con Jesse dándose cuenta de la jugada que Walt hizo con Brock ya no hay redención posible entre ellos. Surge una alianza entre Hank y Jesse para hacer caer en una trampa definitiva a Walter White.
Había dudas de cómo cerrarían este pedazo de serie. Han sido cinco temporadas excelentes y había miedo que se marcasen lo que en el argot se llama “un Lost”. Hacer un final decepcionante que anule las virtudes que se han ido acumulando. Lejos de esto Gilligan y compañía van a conseguir acabar por todo lo alto. Conseguir que la última temporada no solo sea redonda y coherente con lo anterior, si no que se convierta en la más épica, potente y brutal de todas las temporadas. Cada capítulo es una bofetada en toda la cara, más intensa que el anterior, más adrenalítico y con soluciones más en el filo… Y luego llega Ozymandias.
Ozymandias es el capítulo que estábamos esperando para certificar, si no lo era ya, que Breaking Bad acaba en el Olimpo de las grandes series de la historia. Es posiblemente el mejor capítulo de la serie, y viendo el nivel que se gasta es decir mucho. Ya sería un capítulo memorable por el ajusticiamiento de Hank, que muere con una integridad bárbara (y ese Gomie, que ha estado en la serie desde el principio y merece unas líneas) y el aborrecible, rencoroso y odioso momento en que Walt, no solo entrega a Jesse para que le ejecuten si no que le escupe en la cara su quietud en la muerte de Jane (cerrando cabos de tres temporadas anterior, que pedazo de serie) ¿Cómo pasas en ese momento de sentir pena y lástima de un Walt desmoronado, vencido por no poder dar el paso definitivo que le quedaba (cargarse a un familiar querido) a odiarle con toda la intensidad del mundo al “matar” y destrozar por completo a su pupilo (recuerden, nuestro ancla moral de la serie) No vas a encontrar mejor personaje que Walter White. Y punto.
No contentos con eso aún quedaba lo mejor, la sentencia final de la serie. El Factor Flynn. Como ya había dicho más arriba la familia seguía existiendo como coartada de la serie. No para el personaje, que hace mucho que pasó esa línea. Pero sí para el espectador que seguía viendo en las mentiras de Walt en el seno familiar los pequeños salvavidas de su alma. En ese punto ejerce Walter Jr., ciego todavía de lo que pasa alrededor, que mantiene una idolatría por su padre sincera y sentida (recordad la entrevista que le hacen en la segunda temporada) Para el hijo su padre es por encima de todo una buena persona, lo que había sido siempre antes que el cáncer, Jesse, Tuco, Jane, Gus, Saul, Mike y la meta azul se cruzasen en su vida. Así que el momento en que descubre que su padre no solo tiene los pies de barro, si no que los tiene manchados de sangre es EL MOMENTO de la serie. Insistimos mucho que Breaking Bad está a años luz de otras series en cuanto a dirección. La escena de la cocina es uno de los ejemplos paradigmáticos. Tres personajes y unos cuchillos en primeros planos sirven para crear una escena perfecta, impactante física, pero sobretodo emocionalmente. Todas las muertes que ha habido en Breaking Bad (sí, incluso la de Hank) quedan en nada ante el plano en que Walter Jr. Se interpone entre padre y madre y llama a la policía, tomando partido. Éste sí es la tragedia homérica definitiva. Walt lo ha perdido todo. El último bastión que le quedaba ha terminado derribado y no queda nada a lo que agarrarse. Bueno, siempre quedará su orgullo.
No sé si he comentado suficientes veces lo grandísimo actor que me parece Brian Cranston. Si lo he hecho no ha sido tanto como se merece. Su personaje ha pasado por todos los estados de ánimo inimaginables, ha pronunciado una evolución (otra vez la palabreja) como no se recuerda a ningún personaje en pantalla (nótese la diferencia del primer Heisenberg “disfrazado” de tipo duro en el que se respira el miedo a la del gangsteril tipo de Say my name) En Ozymandias, el bueno de Brian da el do de pecho definitivo: desde un prólogo ejerciendo del Walt mentiroso primerizo, a sus reacciones diferenciales ante el destino de Hank y Jesse, al momento del desmoronamiento. La llamada final, con la que cierra el capítulo solo puede ser tildada de memorable. Necesaria para exculpar a Skyler de todo, es abrumador como entendemos la mentira que está contando, aunque sea contando verdades. Como insulta a su mujer mientras está llorando su pérdida. En serio. Me cuesta pensar mejores actuaciones en mi vida que la de Brian Cranston.
Ozymandias es el final de la serie. Lo que queda del resto es atar los cabos sueltos para cerrar satisfactoriamente. Una vendetta de Walt que se venía cociendo en los flashfowards contra los tipejos nazis que ejercen de villanos de opereta y que sirven prácticamente de transfondo para lo que de verdad importa. Walt una vez más vuelve a la carga por su motivación última: su orgullo. Si la definitiva sentencia de Walt Jr. De no querer volver a verle nunca más fue una helada puñalada para su maltrecho cuerpo, es el ninguneo que siente en pantalla por sus antiguos socios el que levanta el último rescoldo para terminar de dejarlo todo atado. Destaca de manera brillante su última conversación con Skyler donde por fin se sincera y cuenta lo que todos ya sabíamos: la motivación de Walt no ha sido otra que él mismo. Que sentirse vivo cuando ya estaba muerto en vida y eso le ha llevado por el camino que le ha llevado.
El final funciona correctamente, aunque tampoco será el capítulo más recordado de la serie. El asunto de la metralladora es un poco facilón (cuando menos me gusta Breaking Bad es cuando se pone en plan Mcgiveriano, como el Imán gigante, la metralladora por control remoto o el robo del tren, aunque son escenas perfectamente rodadas, cierto es) Le achaco eso sí, que para la última rúbrica Jesse merecía algún trazo más, que se ha quedado de esclavo de los nazis, viéndolas venir. Eso sí, su último enfrentamiento con Walt es justo y coherente con el personaje. Finalmente mr. White morirá allí, en su laboratorio, rodeado de su metanfetamina azul, su Baby Blue (como dice la canción) que le convertirá en leyenda. Final perfecto para una serie perfecta.
La premisa de la serie es simple y puede tirar por cualquier lado. Walter White, recién cumplido los cincuenta años en una vida gris, ve como se desmorona su realidad el día en que le diagnostican cáncer incurable. A partir de ahí decide dar un giro de 180 grados y buscar dejar la vida solucionada a su familia, aunque sea entrando en el mundo de la droga junto a un exalumno suyo. Como decimos, no sabemos qué se puede esperar de ella. Puede ser una serie excéntrica como Weeds (muy similar en el argumento) o un drama familiar. Pero Breaking Bad va a ser más ambicioso que todo esto.
De todas maneras esta temporada sirve para poner los pilares de la serie y poco más. Dos tipos mundanos, y algo patéticos, metidos en situaciones que por lo general los desbordan y que tienen que lidiar con ello como pueden. Es una temporada en lo que funciona mejor los aspectos cómicos (el cuñado fanfarrón, los amigos de Jesse, incluso el propio Jesse aporta más como contrapunto que como personaje) que los momentos dramáticos. Skyler y la familia siempre va a ser una pata coja en la serie, como veremos. Pero es cierto que sí que llama la atención por uno de los valores más escondidos de la serie, pero que va a estar ahí de manera regular. Breaking Bad es, seguramente, la serie mejor rodada que nunca he visto. Lejos de la impersonalidad fílmica de otras joyas, la serie de Vince Gilligan tiene un cuidado en buscar enfoques sugerentes (especialmente tiene unos cold open que son hipnotizadores) y una fotografía como no se ha visto en televisión, que hace que la serie sea siempre reconocible. Esa Alburquerque, ese desierto que va a ser tan importante… éste va a ser uno de los valores que va a agarrarnos a la serie hasta en los momentos más inestables.
La primera temporada nos deja momentazos (la decisión de matar a Crazy Eight, el afeitado de Whalt y la primera aparición de Heisenberg) pero siempre da la impresión que es una serie más de extremos de lo que será después. Que juega a pasar del drama más duro a la comedia más pura. Se ejemplifica por ejemplo en la elección de los malos del principio de la seire. Tuco Salamanca, su hermano, incluso Tortuga un poco más adelante, son personajes excéntricos, pasados de vueltas a los que cuesta tomarse en serio. Si los comparas con la profundidad que van a tener otros personajes más adelante te das cuenta de la evolución que va a tener la serie. Evolución es la palabra clave de Breaking Bad.
Para la segunda temporada los guionistas saben que tienen que dar un salto cualitativo. Porque el papel de Jesse es divertido y simpático, pero va a tener poco recorrido si no se trabaja mejor al personaje. Asi que se pone empeño en dar protagonismo al personaje y… es un acierto total. Siempre cuento la anécdota que yo quise dejar la serie en esta segunda temporada con la coartada de “no soporto al chico joven”, y de verdad que merezco gran penitencia. Bastó darle mayor profundidad y tramas independientes para que Aaron Paul explotase como pocos. Si no fuese porque Cranston está por encima del bien y del mal sería la legendaria actuación de la serie, porque Jesse va a pasar por todos los estados de ánimo posibles y de verdad que se luce todo y más. Extraordinario como pasa de ser el tipo más patético, al que le pasan las vicisitudes más rocambolescas (la historia con la casa de sus padres, o las fiestas en su casa) a los momentos más dramáticos de la serie (sus posteriores enfrentamientos con Walt son una gozada, y el final de la tercera temporada no sería un momentazo sin la carismática interpretación de Jesse)
La historia de Jesse con Jane es uno de los pilares de la segunda temporada. La pareja se toma un tiempo, y la verdad es que tienen una química muy buena, con Jane actúando como diablillo en el hombro de Jesse para que éste se desvincule de Walt y busque chantajearle después. La entrada en la drogadicción de ambos no es agradable, pero es consecuente con los personajes, la verdad.
Otro personaje que gana muchos mimbres es el de Hank. Si en la primera temporada era simplemente el familiar tocapelotas del protagonista va a ir ganando enteros y tramas a continuación. Ya tiene su papel principal en el final de los Salamanca (el interrogatorio a Hector Salamanca, otro momento a recordar) después va a ganar puntos con su trama paralela, cuando se va a convertir en miembro de la DEA en la frontera. Una vez más la construcción y evolución de personaje es maravillosa. Pasa de ser el machote de su oficina local, quien se puede permitir mirar a todos por encima del hombro a luchar en “primera división” y encontrarse allí como un mindundi superado por los (macabros) acontecimientos que les rodean.
Sin embargo es precisamente la trama de Walter la que más tambalea en esta temporada. Básicamente porque está a verlas venir. Tiene que lidiar con Skyler y es complicado. Había que hacer algo con la mujer para que no se ganase el adjetivo de tonta que no se está enterando de nada de lo que pasa a su alrededor, así que empieza a sospechar de la doble vida de su marido. Pero aún así queda un pelín artificial, de drama barato para lo que la serie apunta. Skyler sobredimensiona en exceso sus sospechas, encima con la situación médica de Walt, así que no fuciona tan bien como debiera.
Creo que el aspecto esencial es que en esta temporada Walt no tiene villano con quien lidiar. Con Salamanca fuera de concurso muy pronto Heisenberg monta su negocio propio y solo las reticencias de Jesse parecen ser un estorbo. De hecho se puede decir que el villano de la segunda temporada sería Jane, que es la que obstaculiza los planes que Walt tiene, al necesitar a Jesse para ello. De ahí, el momento más recordado de la misma, aquél en que Walt ve a Jane ahogarse en su propio vómito, víctima de una sobredosis, y aunque hace un alarde de ayudar (qué grande llega a ser Cranston, por favor) se lo repiensa y la deja morir allí mismo. Una manera maquiavélica de solucionar el conflicto que tenía, de devolver la oveja descarriada al redil y un paso importante en la evolución de Walt.
Aunque el final parece que necesitaba un potente argumento, la historia del padre de Jane que es responsable de un accidente de avión que, descubrimos poco a poco en unas inicios hipnotizadores, cae sobre la casa de Walt es demasiado rocambolesco, e incluso innecesario (se verá de la fantástica manera en que se quitan todo el tema en un único episodio de la tercera temporada) pero sí nos deja puntos vitales para la serie a partir de ahora. Primero, la irrupción de nuevos personajes que van a ser importantes. En la recta final de la tercera temporada aparecen casi de manera consecutiva Saul Goodman, Mike y Gustavo Fring. La serie se vuelve ambiciosa y está dispuesta a expandir su universo para temporadas posteriores. Y aunque no se recuerda mucho ahora mismo pasa un hecho capital: Walt vence al cáncer. Se le diagnostica una cura y tras una operación el mismo ha remitido en su práctica totalidad. Ojo que tiene más implicación que la que parece, pues su enfermedad había sido el leitmotiv por el que Walt estaba haciendo lo que hacía. ¿Qué hacen los guionistas con este salto adelante? Porque sería perfectamente coherente que la serie acabase aquí, con Walt volviendo a su vida anterior como si nada. Pero nos adentramos en lo que están creando los guionistas, lo que va a hacer esta serie fantástica. El orgullo de Walter White se ha destapado. Él un hombre gris, timorato y reprimido ha visto como ha salido de la burbuja, como es el mejor en lo que hace y no quiere volver a ser aquél que mendiga favores. Ahora no. Su orgullo se ve fortalecido y puede permitirse mirar cara a cara a sus “amigos” y renunciar a su caridad a la hora de pagarle el tratamiento, a forzar un enfrentamiento con Hank por el cariño de su hijo y a llevar a Jesse por el camino que a él le conviene. Puede dejar de crear meta azul, claro, el horizonte no es tan negro, pero no quiere hacerlo.
Desde la llegada de Gus Fring, sin paños calientes, la serie es perfecta. Gustavo Fring es uno de los antagonistas mejor escritos nunca de la televisión contemporánea. Tan exagerada descripción habla a las claras de la percepción que tengo sobre el villano de la serie. Que habrá otros antes y otros después pero Gus será para siempre el villano de la serie. Y es perfecto solo desde su primera entrada, siendo el encargado de los pollos amigos, y negándose a hablar con Walt. Gus es un benefactor de la ciudad, querido por todos y con una cara amable para cada uno de sus clientes… que esconde en la sombra al mayor narcotraficante de Alburquerque. Este personaje no sería lo mismo sin la interpretación de Giancarlo Expósito, que en su hieratismo sabe traslucir todo lo inflexible que puede llegar a ser, y su pragmática catadura moral a pesar de su apariencia débil en principio. Gus le pone en bandeja de plata una organización a Walt y Jesse, la tapadera perfecta, los mecanismos perfectos, el ayudante perfecto para que terminen trabajando para él en sus laboratorios, siendo éste el que se encargue de una distribución a mayor escala que hasta ahora. Una oferta que el dúo Whitman Pinkman no podrá rechazar.
Esta tercera temporada es difícil encontrarle fallos. Si la figura de Skyler era la más esquemática de la anterior temporada ahora se da el salto adelante definitivo cuando la señora descubre los verdaderos planes de Walter, y se apunta al carro. Mrs. White consigue así más complejidad en sus acciones y por fin aporta cosas. Su ambición y pragmatismo serán importantes a partir de aquí, dejando a Walter Jr. El papel del ciego ingenuo dentro de la familia. Hank sigue creciendo cada vez más como personaje y será el encargado de subir la adrenalina en momentos importantes, que serán muchos. De hecho en esta temporada se alcanza la perfección absoluta en los finales de capítulos adrenalíticos. En meter en apuros a Walt y compañía y salir airosos cada vez (¿alguien ha dicho Pollos?) Y además hemos ganado enteros. Saúl es puro estereotipo, pero está bien introducido y funciona como alivio cómico y extravagante. Hay que pararse también en Mike, que en principio parece iba a ser solo el matón de Saúl/Gus, pero apuesto que al ver lo increíble que es el actor decidieron darle más cancha a todo su personaje y tener mucho más presencia. Otro de los añadidos de la temporada es Gale, personaje que será capital al final de campaña, y que aparece como el nuevo ayudante de Walt, experimentado y devoto por Walt al que reconoce como un genio,y que va a dañar la relación Walt-Jesse.
Porque la relación entre Walt y Jesse es uno de los pilares de la serie. La química entre ambos es soberbia. Walt tiene en su exalumno un instrumento para acercarse a la calle y a la distribución, pero sí consigue un cariño sincero hacia él y una relación paterno filial (marcada de manera más directa con el distanciamiento de Jesse con sus padres) Pero vuelve a salir la palabra evolución en este escrito y es una constante. Fácil hubiese sido mantener esa buena química entre ellos inalterable, porque además funcionaba a la perfección. Pero en este aspecto van a volver a ser ambiciosos y coherentes con sus respectivos personajes. Pinkman va a crecer como personaje y conlleva una emancipación. White va a ser cada vez más controlador y maquiavélico y conlleva una (alucinante) manipulación hacia su pupilo. Poco a poco la relación entre ambos va a ir pudriéndose hasta llegar a un punto de no retorno. Esta tercera temporada es maravillosa en ese sentido. Es el momento en que Jesse despierta y recrimina a su partenaire las desgracias que le ha supuesto conocerle (pocos actores importantes han salido más veces con la cara reventada a golpes) y aún así se tiene que mantener fiel a él por el negocio que comparten. Cada escena que comparten ambos es una delicia absoluta.
Y por encima de todo esto, la serie se ha transformado en el mejor trhiller del mercado. Está rodado con una fuerza inusitada, abismal. Cada aparición de los hermanos Salamanca es absolutamente brutal, las investigaciones de Hank en Alburquerque y las maquinaciones de Mike y Walt para no ser descubiertos pertenecen al cine negro. Todo desboca en One Minute, con el ataque de los hermanos a Hank. Uno de los momentos de acción más físicos, impactantes y mejor rodados que se han podido ver en los últimos tiempos. No contentos con esto nos regalan un final de temporada apoteósico, brutal como pocos ha habido. Si el personaje de Gale desentonaba dentro del tono de la serie, al ser un personaje tan blanco e inmaculado, es porque había un plan detrás. Gale va a ser el comodín de una partida de ajedrez entre las dos mentes más calculadoras de Alburquerque. Dos mentes tan fascinantes que estaban destinadas a chocar. Gus y Walt no pueden trabajar mucho tiempo más juntos, pues el enfrentamiento se antoja inevitable, y Jesse será el punto de partida. Teniendo el dueño de los Pollos Amigos las cartas sobre la mesa, es Walt el que tiene que lanzar el órdago más brutal de la serie. Para hacerse indispensable a los ojos de mr. Fring hay que sacar a Gale de la ecuación. Que sea Jesse el encargado, el que se ha convertido en la brújula moral del relato, le da un perfil de tragedia shakespeariana. No me cansaré de elogiar a Aaron Paul, en ese último plano de la tercera temporada. Maravilla.
La cuarta temporada sigue el binomio de Gus Fring. La situación entre Walt y Gus es insostenible. Se odian pero se necesitan y Gus, más sibilino que nunca, va a tratar de ganarse a Jesse para su causa. La temporada sigue al excelente nivel de la pasada, si bien se da algún paso en falso. La necesidad de darle interés a Skyler vuelve a surgir y su trama es lo peor de la temporada, liándola con su jefe y metida en el blanqueo de dinero, que bueno, la perjudican como personaje. No es que sea fácil lidiar con su marido desatado a estas alturas (¡Yo soy el peligro! Le grita en un brillante monólogo) pero entre que le engaña y luego le sale todo mal queda como bastante inútil. Además se abandona un poco la tónica de temporadas anteriores de dejar cliffhangers de infarto para resolverlos en capítulos siguientes. La jugada maestra como se cerró la tercera temporada fue de tal impacto que van a repetirlo en la cuarta, aunque sea a costa de rebajar un poco el ritmo adrenalítico de la serie.
Ojo, que esto no significa que la temporada baje enteros ni muchos menos. Los creadores andan enamorados del personaje de Gus Fring, y con razón. Así que le van a dar cancha máxima al mismo, hasta el punto de eclipsar en ocasiones a Mr. White. Vamos a conocer los orígenes del traficante chileno y la red a la que está asociado y cómo ha llegado al puesto que tiene. Los intereses de Fring van a estar a la altura de los de Walter o Hank en este temporada, y nos dejan momentos realmente brillantes, como los flashbacks con Salamanca o el potentísimo capítulo “Salud”, que abre las vías para un final de impacto.
Si el final orquestado de la tercera temporada nos dejó el sabor por todo lo alto, el órdago se va a multiplicar para los últimos capítulos del cuarto año. Es difícil encontrar cimas más grandes en la televisión. De manera soberbia todos los engranajes puestos esta campaña (la rivalidad Gus Walt, la nueva vida de Jesse, incluso el tropiezo, irónico adjetivo, de la trama Beneke) terminan en su sitio para llegar a una situación de no retorno, irresoluble para Walt. Las carcajadas de Walter White bajo su casa, de fugaz locura al perder la última salida, es una de las imágenes de la serie (¿he dicho ya alguna vez lo fabuloso que puede llegar a estar Cranston?) ¿Cómo ganar una partida de ajedrez sin torres, reinas, alfiles, ni peones contra un jugador experto delante de ti? Saltándote todas las reglas. Adrenalítico es adjetivo que se queda pequeño en estos últimos capítulos, en los que Walt vuelve a contar con Jesse como aliado al ver amenazada su nueva familia, y orquestan un plan perfecto para deshacerse de Gustavo Fring, con la carismática participación de Héctor Salamanca. Cuando llegado el momento, después de haber ganado ya, nos enseñan en el último plano de cámara el verdadero plan de Walter, eres consciente que estás ante una verdadera obra maestra. Walter White había dado otro paso más camino del infierno, ya definitivo. Ya no se trata de matar en defensa propia, de dejar morir por omisión a una inocente o de decretar un asesinato como opción de salvar el pellejo. Ahora has puesto un inocente (¡un niño inocente!) al borde de la muerte para conseguir un aliado en tu plan de venganza. ¿Cómo seguir defendiendo a Walter White?
Porque ahora es cuando están todas las cartas sobre la mesa. Sin la imponente sombra de Gus Fring tapándolo todo nos damos cuenta de la verdad. Se han cargado al Doctor Muerte de la serie y ahora nos damos cuenta que hay un villano peor: Walter White. Sí, el verdadero malo de la serie es ya Walter. En la quinta temporada ya no hay antagonista que nos sirva de coartada para las acciones de Walt. Éste se mueve únicamente por la ambición: Tiene dinero suficiente, lidera una organización sin contratiempos ni luchas internas, está en paz con su familia, y el cáncer ha remitido… pero su ego le puede. Expandirse no era necesario para su negocio, era necesario para que Walt termine siendo el mejor. Su relación con Mike esta temporada es sintomática de ello. Mike (que gran personaje, por favor) vale, ningunea a Walt, y le desprecia hasta cierto punto, pero en el fondo sabe que es una bomba de relojería, porque nunca dice basta, y su ansia terminará exponiendo al negocio. Vamos, se puede decir que la opción de Mike es la acertada, pero Walt no tiene bastante y busca un enfrentamiento innecesario e impropio. Hasta en el momento de su muerte, una muerte con una belleza inusitada, el propio Walt reconoce que hubiese tendido otras opciones, pero su rabia le hizo reaccionar así.
Ya no hay coartada ni disimulo posible. Walt está desatado y se verá de manera impactante en la relación con Skyler. Hasta ahora la familia White servía al protagonista y ante nosotros mismos como eficiente coartada. Aunque Walter se movía entre personajes de la peor calaña siempre volvíamos a verle con su hija recién nacida, y nos creíamos que lo estaba haciendo por su familia, por la que sí que sigue sintiendo amor verdadero. Pero en esta quinta temporada incluso aquí Walt ha dado un paso definitivo. La manera en que manipula a su hijo para que éste siempre esté de su parte y como arrincona por completo a Skyler (durísima conversación en la cama (dejándola sin opciones, con miedo a su marido e incluso con un hipnótico conato de suicidio. Al fin Skyler y su trama estaban entre lo mejor de la campaña.
El otro puntal de la serie para demostrarnos que Walter White está mucho más lejos de la ralla es Jesse Pinkman. Con el progresivo ennegrecimiento de las tramas parece que Heisenberg ya lo abarca todo y que hay tonos de la serie que sobran. Vamos, que llegué a escuchar que Jesse (como sus colegas) ya sobraban en una serie que no tiene nada de comedia. Sí, pero es que hace mucho que Jesse dejó su papel de secundario cómico. Jesse ha terminado convertido en el ancla moral de la serie. Sí, el drogata irresponsable de la primera campaña. Pero es así. Ha visto como Walt le ha adelantado por la derecha, poniéndole en situaciones comprometedoras en principio y obligándole a ir mucho más lejos de lo que debiera. Con el progresivo alejamiento de Jesse de Walt y acercamiento a Mike nos dejan claro lo que estamos viendo, que las acciones de Walt están ya muy lejos de ser benévolas. Cuando tras el contundente robo del tren, el nuevo fichaje mata a sangre fría a un chaval espectador, Jesse lo recrimina hasta el extremo, pero Walt lo exculpa. Realmente queda muy poco de aquel profesor de química que hacía listas sobre beneficios e inconveniencias morales de matar a una persona.
Y de repente… todo se para. Es algo extraño. Pero en el último capítulo de esta primera temporada, Walt se da por saciado y deja la empresa. Es chocante porque precisamente era por lo que habían tenido el enfrentamiento con Mike toda la campaña. La explicación está en el mismo formato de la temporada. Habían conseguido dos partes de ocho capítulos en lugar de los doce de rigor, por lo que en base se contaba con “temporaditas” de ocho capítulos. Lo que en principio se debía ver como mejor, por ir directamente a saco y no haber relleno (aunque en honor a la verdad, la serie puede ser lenta por momentos pero nunca ha habido relleno) termina siendo algo contraproducente, pues no dejan respirar lo necesario. En efecto, si Walt va a dejar todo lo que no ha querido dejar en cinco temporadas… necesitamos tiempo y espacio para que cale la opción de Walt (sí que hay elipsis que ha pasado tiempo, pero para el espectador no está suficientemente masticada esta decisión) Es obvio sí, para quien lo vea que la decisión viene marcada desde dentro por la más que posible (y más tarde confirmada) reaparición del cáncer de Walt y desde fuera por las ganas y necesidad de acabar la campaña con el cliffhanger más esperado. Sí, con Hank descubriendo la verdad sobre su cuñado.
Hank, Hank, Hank… recordar al policía fanfarrón y cachondo del principio, que solo servía de antítesis a la vida gris y diluída de Walter viene a colación, porque en el final de temporada tendrá una importancia capital. Aunque había ganado mucho, muchísimo peso como personaje por su paso por la DEA y sus ascensos, sí parecía condenado a ser el pobre que siempre buscaba palos de ciego sin opción a poder descubrir el pastel. Hasta el punto que tras One Minute parece que el acoso de la policía se mitiga mucho en la serie. Al final de campaña Hank va a tener toda la importancia que merece al descubrir el papel de su cuñado. El primer enfrentamiento entre ambos con las cartas levantadas es de una intensidad brutal, tremenda. La integridad de la familia Schrader contra la de los Whitman. Porque el papel de ambas mujeres también va a ser importante (Marie, no lo vamos a negar, siempre ha sido la pata coja de la serie). Skyler se pone de manera categórica de parte de su marido, algo que se podía adivinar como incoherente con lo que Walt le estaba haciendo pasar en la pasada campaña, pero es bastante coherente con lo que ha sido la mujer en la serie, siempre buscando el equilibrio que salve a su familia. De nuevo Walt hace gala de su sibilinismo máximo, en Confessions, dejando en un callejón sin salida a Hank de manera efectiva. Mr. White, de nuevo tirando de ingenio y de escasa moralidad, había vuelto a salirse con la suya y tenía el camino despejado. Pero quedaba Jesse.
La última temporada es una delicia para todos los fans de Breaking Bad, porque está lleno de pequeños guiños de continuidad y referencias a cabos sueltos de antiguas temporadas (volver al desierto, personajes olvidados como los amigos de Jesse o los socios de Walt…). Por ahí va a explotar Jesse Pinkman, que sabíamos que tenía que liarla. Ha sido un personaje demasiado importante como para ver el final desde la barrera y será la bomba que le explotará en la mano a Walter. Con Jesse dándose cuenta de la jugada que Walt hizo con Brock ya no hay redención posible entre ellos. Surge una alianza entre Hank y Jesse para hacer caer en una trampa definitiva a Walter White.
Había dudas de cómo cerrarían este pedazo de serie. Han sido cinco temporadas excelentes y había miedo que se marcasen lo que en el argot se llama “un Lost”. Hacer un final decepcionante que anule las virtudes que se han ido acumulando. Lejos de esto Gilligan y compañía van a conseguir acabar por todo lo alto. Conseguir que la última temporada no solo sea redonda y coherente con lo anterior, si no que se convierta en la más épica, potente y brutal de todas las temporadas. Cada capítulo es una bofetada en toda la cara, más intensa que el anterior, más adrenalítico y con soluciones más en el filo… Y luego llega Ozymandias.
Ozymandias es el capítulo que estábamos esperando para certificar, si no lo era ya, que Breaking Bad acaba en el Olimpo de las grandes series de la historia. Es posiblemente el mejor capítulo de la serie, y viendo el nivel que se gasta es decir mucho. Ya sería un capítulo memorable por el ajusticiamiento de Hank, que muere con una integridad bárbara (y ese Gomie, que ha estado en la serie desde el principio y merece unas líneas) y el aborrecible, rencoroso y odioso momento en que Walt, no solo entrega a Jesse para que le ejecuten si no que le escupe en la cara su quietud en la muerte de Jane (cerrando cabos de tres temporadas anterior, que pedazo de serie) ¿Cómo pasas en ese momento de sentir pena y lástima de un Walt desmoronado, vencido por no poder dar el paso definitivo que le quedaba (cargarse a un familiar querido) a odiarle con toda la intensidad del mundo al “matar” y destrozar por completo a su pupilo (recuerden, nuestro ancla moral de la serie) No vas a encontrar mejor personaje que Walter White. Y punto.
No contentos con eso aún quedaba lo mejor, la sentencia final de la serie. El Factor Flynn. Como ya había dicho más arriba la familia seguía existiendo como coartada de la serie. No para el personaje, que hace mucho que pasó esa línea. Pero sí para el espectador que seguía viendo en las mentiras de Walt en el seno familiar los pequeños salvavidas de su alma. En ese punto ejerce Walter Jr., ciego todavía de lo que pasa alrededor, que mantiene una idolatría por su padre sincera y sentida (recordad la entrevista que le hacen en la segunda temporada) Para el hijo su padre es por encima de todo una buena persona, lo que había sido siempre antes que el cáncer, Jesse, Tuco, Jane, Gus, Saul, Mike y la meta azul se cruzasen en su vida. Así que el momento en que descubre que su padre no solo tiene los pies de barro, si no que los tiene manchados de sangre es EL MOMENTO de la serie. Insistimos mucho que Breaking Bad está a años luz de otras series en cuanto a dirección. La escena de la cocina es uno de los ejemplos paradigmáticos. Tres personajes y unos cuchillos en primeros planos sirven para crear una escena perfecta, impactante física, pero sobretodo emocionalmente. Todas las muertes que ha habido en Breaking Bad (sí, incluso la de Hank) quedan en nada ante el plano en que Walter Jr. Se interpone entre padre y madre y llama a la policía, tomando partido. Éste sí es la tragedia homérica definitiva. Walt lo ha perdido todo. El último bastión que le quedaba ha terminado derribado y no queda nada a lo que agarrarse. Bueno, siempre quedará su orgullo.
No sé si he comentado suficientes veces lo grandísimo actor que me parece Brian Cranston. Si lo he hecho no ha sido tanto como se merece. Su personaje ha pasado por todos los estados de ánimo inimaginables, ha pronunciado una evolución (otra vez la palabreja) como no se recuerda a ningún personaje en pantalla (nótese la diferencia del primer Heisenberg “disfrazado” de tipo duro en el que se respira el miedo a la del gangsteril tipo de Say my name) En Ozymandias, el bueno de Brian da el do de pecho definitivo: desde un prólogo ejerciendo del Walt mentiroso primerizo, a sus reacciones diferenciales ante el destino de Hank y Jesse, al momento del desmoronamiento. La llamada final, con la que cierra el capítulo solo puede ser tildada de memorable. Necesaria para exculpar a Skyler de todo, es abrumador como entendemos la mentira que está contando, aunque sea contando verdades. Como insulta a su mujer mientras está llorando su pérdida. En serio. Me cuesta pensar mejores actuaciones en mi vida que la de Brian Cranston.
Ozymandias es el final de la serie. Lo que queda del resto es atar los cabos sueltos para cerrar satisfactoriamente. Una vendetta de Walt que se venía cociendo en los flashfowards contra los tipejos nazis que ejercen de villanos de opereta y que sirven prácticamente de transfondo para lo que de verdad importa. Walt una vez más vuelve a la carga por su motivación última: su orgullo. Si la definitiva sentencia de Walt Jr. De no querer volver a verle nunca más fue una helada puñalada para su maltrecho cuerpo, es el ninguneo que siente en pantalla por sus antiguos socios el que levanta el último rescoldo para terminar de dejarlo todo atado. Destaca de manera brillante su última conversación con Skyler donde por fin se sincera y cuenta lo que todos ya sabíamos: la motivación de Walt no ha sido otra que él mismo. Que sentirse vivo cuando ya estaba muerto en vida y eso le ha llevado por el camino que le ha llevado.
El final funciona correctamente, aunque tampoco será el capítulo más recordado de la serie. El asunto de la metralladora es un poco facilón (cuando menos me gusta Breaking Bad es cuando se pone en plan Mcgiveriano, como el Imán gigante, la metralladora por control remoto o el robo del tren, aunque son escenas perfectamente rodadas, cierto es) Le achaco eso sí, que para la última rúbrica Jesse merecía algún trazo más, que se ha quedado de esclavo de los nazis, viéndolas venir. Eso sí, su último enfrentamiento con Walt es justo y coherente con el personaje. Finalmente mr. White morirá allí, en su laboratorio, rodeado de su metanfetamina azul, su Baby Blue (como dice la canción) que le convertirá en leyenda. Final perfecto para una serie perfecta.
domingo, septiembre 29
TEMPORADA 2013/14
Nos encontramos con una temporada con muchos interrogantes a priori de manera inesperada. Los dos gigantes de la Liga Española se encuentran con unos nuevos proyectos y tienen que asimilar y amoldarse a sus respectivos nuevos clubs. Si con Mourinho quemando naves a final de campaña estaba cantada la llegada de un nuevo entrenador en Madrid, la fatídica enfermedad de Tito Vilanova nos pilló a todos desprevenidos y por eso la contratación del Tata Martino fue sorpresiva y estimulante para conocer qué puede aportar al sistema típico del Barça.
El Barcelona es esclavo de su propia idiosincrasia. Juego de posición del 70%, técnica exquisita por encima de fondo físico y conservadurismo con el balón. La propuesta de Guardiola se convirtió en legendaria y es normal que haya dejado una losa en el club. El año pasado, con Tito Vilanova, el equipo se paseó literalmente por la Liga, teniendo en Messi el al alfa y omega de ello, pero sí se notaban síntomas alarmantes de agotamiento de la propuesta: previsibilidad absoluta, jugadores encorsetados hasta el ridículo y una alarmante transición defensiva que convertía al equipo, Messi aparte, en no competitivo contra las grandes potencias del continente.
Con Vilanova el sistema no parecía tener maniobra de cambio. Habría variaciones, pero a fin de cuentas el del Lleida estuvo demasiado cerca en los éxitos como para renegar de su propio sistema. Con Martino se abre opciones en este aspecto. El discurso seguirá siendo el mismo (más posesión que el rival y jugar en campo contrario) pero sí hay matices respecto a lo que quería hacer Vilanova. Mayor ritmo de juego, y menos conservadurismo. Si el Barça tiene que empezar a dejar de pensar que Xavi les asegura la pelota, el técnico argentino parece haber encontrado en Cesc el jugador franquicia. Si Cesc en el Pepsistema se sentía frustrado por no tener la capacidad técnica suficiente para jugar en el campo culé, parece que ahora empieza como el hombre fuerte, regido por un juego más vertical, más de ida y vuelta y con más mordiente de lo que vivíamos el año pasado. Ha empezado como un tiro sí, pero tampoco nos podemos fiar de él, que ya ha habido dos años que se ha bajado del carro en las dos próximas campañas.
Sin duda alguna la novedad máxima, más allá de Martino, la vamos a encontrar en Neymar. El brasileño parece haber nacido para ser crack y juntar a dos estrellas como el ex del santos con Messi, pues asusta a cualquiera, eso es inevitable. Neymar tiene una magia brasileña indudable, parece que flota jugando con el balón y más allá de su uno contra uno, sus movimientos y paredes made in Brasil van a ser una salvajada en el Barça. Supone un salto exponencial a lo que ofrecía el Barça en ataque, que era Messi y luego el desierto. El Rosarino fagocita tanto a sus compañeros que terminó convirtiendo en cero a Villa, Alexis, Pedro, Tello… Neymar debería estar por encima de todos ellos, y esperemos que le den más cancha que ser “el jugador abierto a la izquierda para que Messi tenga espacios” porque si no nos perderíamos a uno de los jugadores a seguir en los próximos años.
Pero con la contratación galáctica de Rosell el equipo se quedó cojo en otros cambios, que sin duda necesitaba con más ahínco. La transición defensiva de este equipo es indigna de un equipo de primer nivel. Cualquier equipo que consiga salir con un poco de desparpajo, apretarle arriba, o irse con gente, le hace un roto al Barça. Con solo Busquets, (imperial majestuoso, lo que quieran. Pero solo) intentando achicar y Xavi, iniesta viendo pasar a jugadores a su lado, llegar a la portería de Valdés ya no es utopía. Piqué y Mascherano, a la postre los únicos centrales fiables, deben multiplicarse por mil para que defensivamente el equipo no sea un coladero. Martino, conocedor de que su equipo atrás es queso gruyere, insiste en intentar perder la pelota muy arriba y ejercer una presión inmediata, recuperando la pelota lo antes posible. Puede ser buena idea y le está funcionando en un principio, pero no parece de largo recorrido. Una vez que se acabe la activación de la novedad del nuevo técnico veremos si jugadores como Messi. Neymar o Iniesta van a morder en seguida, pues no está en su naturaleza.
En definitiva el mismo Barça con un lavado de cara, donde Martino intenta imprimir su propia personalidad sin salirse de la idiosincrasia culé. No sabemos si el híbrido terminará teniendo efecto o se caerá con el equipo. De lo único que no dudamos es que con Messi este equipo siempre estará en condiciones de tocar techo. Y si Neymar se puede sumar sin perder parte de su juego… pues ya ni te cuento.
El Madrid tiene un cambio aún más rupturista. Mourinho salió disparado al club que más le quiere, dejando enemistades desde el capitán hasta el utillero. Y la apuesta de Florentino fue exactamente opuesta a lo que ofrecía el técnico de Setúbal. Se traen de París a Carlo Ancelotti. Si uno piensa en Ancelotti como entrenador le viene una palabra. Lento. Lo que no es necesariamente malo. Es un técnico que apuesta por un futbol combinativo, ordenado, asentado en el campo contrario y mezclando juego en corto y juego en largo. Bien jugado, como con cualquier sistema, puede ser precioso y efectivo. Pero venimos de un gigante en transiciones rápidas, quizás lo mejor que hemos visto nunca. Así que parece que este cambio de discurso va contra natura con los jugadores que cuenta. Di María, Ozil, sobre todo Cristiano Ronaldo… han sido dioses corriendo con espacios, y ahora decides restárselo por decisión propia. Es algo rarito.
De todas maneras la maquinaria blanca se va a mover para arropar la idea de Carleto. En especial con la estrategia perdida hace años en Chanmartín, como es potenciar el mercado nacional. La llegada de Isco es paradigmática. El mejor jugador español que no está en los grandes. Isco va a ser una maravilla. Es un jugador con una calidad técnica infinita, que puede mirar al centro del campo culé a la cara e incluso como fantasista y de cara al arco es más resolutivo. Va a terminar siendo un referente para la próxima década. El y Modric, cada día más importante, son capitales para la idea de juego del italiano y dominar el juego por la posesión en lugar que por la transición. Illarramendi también viene con esa intención. Ha sido pagado a precio de oro, la verdad, pero tiene la vítola de ser el heredero de Xabi Alonso como mediocentro y también añade calidad y sobretodo seguridad a la circulación de balón
. Así, con todo esto montado, parece que se perfila las intenciones de Ancelotti y se es coherente con las mismas. Hasta que a Florentino se le cruzan los cables y paga 100 millones por Gareth Bale. No lo voy a criticar, ha llegado con el caché de jugadorazo extraordinario y lo será por algo (yo lo última vez que me fijé en él todavía era lateral izquierdo asi que…) Pero en definitiva es un superclase que domina espacios, que tiene una velocidad inaudita y un perfecto golpeo de balón desde las grandes distancias. O sea un jugador más de Mourinho que de Ancelotti. No parece que espacios para aprovechar su velocidad sea algo que vaya a encontrar con facilidad (aquí hay algo de falsedad, porque el Milan de Ancelotti era de los mejores equipos que he visto en mezclar juego en corto y en largo, Pirlo mediante) Así que Bale ha parecido más capricho que la guinda del pastel. Y si encima pierden a un jugador tan delicioso y determinante como Ozil, pues aún peor. No es que Ozil sea “posesión con seguridad” que busca Ancelotti, pero es una maravilla verlo jugar y el rey de las asistencias, así que a la postre es un crack que tienen que echar de menos sí o sí en el Madrid.
Así que el giro de 180 grados que propone el Madrid tiene sus sombras. Centrales inmensos al espacio ahora juegan encerrados en su área. La necesidad de jugar con mucho tocón deja muy tocada la transición defensiva, donde apenas hay ningún jugador que se quede a fijar. Han salido jugadores abrelatas para los partidos menores (Ozil por su calidad, Higuaín por su intensidad continua) y se apuesta por la cantera, sin saber si va a tener lo suficiente para revulsivo. Y sobre todo se minimiza el impacto de Cristiano Ronaldo, que parece que solo quieren que incida arriba (incluso como delantero) cuando el año pasado dio su último salto competitivo abarcando la zona del diez y jugando como nunca. Y que Cristiano pierda importancia dentro del juego del Madrid no puede ser de ninguna manera buena noticia, aunque se quiera construir un esqueleto detrás suyo. Ancelotti va a necesitar tiempo para que sus conceptos e ideas cuajen. Y el año pasado ya se vio que Madrid y Barça no pueden permitirse tiempo sin descolgarse de la Liga.
Vamos a los mundanos o no tanto. Con los interrogantes que se plantean con los cambios en los grandes se podría esperar que se recortasen las diferencias a priori. Pero la crisis galopante en el futbol español está haciendo mella de manera inevitable. Y los equipos están perdiendo calidad diferencial de manera contundente. Falcao, Soldado, Negredo, Navas, Joaquín… todo jugador en equipos de clase media que ha despuntado se ha ido a buscar oropeles en zonas mejores, así que parece que las diferencias serán iguales si no mayores que otros años.
El talento que queda en España está en los banquillos y entre ellos pocos como Simeone. El Atlético que ha creado el Cholo es cosa muy seria. Uno de los equipos que mejor defiende del continente, sin excepción. Duro, aguerrido, ordenado… es evidente que la baja de Falcao debe ser impresionante, porque el tigre pasa por ser el nueve del momento. Para suplirle se han traído a Villa, que es de lo mejor que puede pillar en el mercado el Atlético, pero que a la fuerza estará por detrás del colombiano. Villa lleva tres años viviendo a la sombra de Messi y abandonando la posición del nueve, así que hay dudas si puede volver a ser el tipo determinante del Valencia. Aunque podamos preveer que el Guaje sea poquito para llevar todo el peso de la delantera colchonera tiene un lujo de acompañante. Diego Costa la va rompiendo cada año. Es un jugador fabuloso. Intensidad, velocidad en espacios, juego de espaldas… un delantero completísimo y muy coherente con la idea de esfuerzo del entrenador argentino.
Además el Atlético, cada vez más pleno de confianza, sigue sumando mejoras en su equipo. Con Costa ya amenazan en profundidad, pero el paso delante del centro del campo con Koke y Arda Turan jugando a un nivel combinativo impresionante consigue también margen de maniobra a la hora de jugar en estático. Hombre, no creo que les pueda aguantar el tipo toda la liga a los grandes, pero la construcción de este equipo es altamente estimulante. Djukic también viene de ser un entrenador a tener en cuenta. Llega a Valencia con algunas ideas establecidas claras. Pero la casa che es una jaula de grillos. No es posible imponer ideas particulares como el serbio en un vestuario en que cada uno va por su lado. Guaita, Rami o Mathieu ya han puesto el grito en el cielo y no hay paz institucional en ningún momento. Las ideas de Miroslav parecen atractivas, pero se está quedando a medio camino de todo. Quiere jugar más arriba, pero no encuentra una salida de balón convincente. Y si ya el año pasado parecía limitadito arriba, más allá de las rupturas de Soldado, pues perder a su nueve hace que la cosa vaya aún a menos. Postiga es el nueve portugués que nunca ha metido goles y ni Canales, el Banega irregular de siempre, Feghouli… nada asusta. A la postre un jugador con poca chica como Jonas es el que está sacando las castañas del fuego. Pero mucho tendrá que mejorar el Valencia para estar donde se le supone.
Equipos que otros años han sorprendido tienen la ceja escéptica encima. La Real Sociedad mantiene el bloque, exceptuando a Illarramendi pero perdió a su entrenador. Y sobre todo tiene la problemática de juntar Liga y Champions y lo que suele percutir al fin de año. Además puede que la Real que acabó la temporada pasada no fuera “de verdad”. Estaban en una nube absoluta y bordaban todo tipo de juego. Esta temporada, si no pueden contraatacar se ve a Vela o Xabi Prieto con más problemas para elaborar que antaño. El Málaga ha perdido casi toda la calidad diferencial que tenía. Isco, Toulalan, DeMichelis, Joaquín, Saviola… y Pellegrini. Se han traído a Schuster que viendo el percal ha optado por incidir en la defensa del equipo y convertirse especialmente en sólido. Pero deben luchar más por la permanencia que por cuotas más altas. Los petrodólares han dado la espalda.
Entre apuestas que nos atraen destaca como cada año el Betis de Pepe Mel que sigue siendo un equipo fluído en las transiciones ofensivas como pocos y que, con el entrenador asentado desde hace tanto, sabe perfectamente a que juega. En los vecinos encontramos un cambio rupturista. Por primera vez en muchos años el Sevilla no es el equipo de Navas. Y el sevillano es quizás el jugador más desequilibrante fuera de Barça y Madrid, así que la pérdida será trágica, es lógico. Pero es una oportunidad para el Sevilla de salir del Sevilla postjuandismo. Será que le tengo demasiada fe a Emery como entrenador y se ha traído jugadores que tienen su punto. Marco Marin parecía Messi hace cuatro años. Vitolo y Jairo, más peso en Rakitic. El Sevilla será peor pero hay que verlo como una oportunidad para crecer. El Athletic intenta olvidar el último año de Bielsa y se ha traído a Valverde, lo que parece valor seguro. Ernesto es un entrenador de los buenos de verdad y tiene suficiente calidad para aportar cosas buenas a la Liga. Con Miguel Rico y Bernat Etxebarría van a intentar controlar más en el centro del campo, para que sus jugadores diferenciales tengan más peso arriba. Muniaín tiene que empezar a ponerse las pilas. Hace dos años era la gran esperanza blanca, pero ahora se ha quedado por el camino y ya le ha comido la tostada Ander Herrera, y esperate que no lo haga también Ibai. Aguirre sigue en el Espanyol y bueno, no hay propuesta más simple que la del mejicano, pero funciona y saca resultados. Aunque la baja de un talentoso Verdú debe pesar en el juego creativo de los blanquiazules. Y la más estimulante hasta ahora viene de segunda. El Villarreal es equipo que nunca debería habernos abandonado. Vuelve a su lugar con sus ideas muy claras, siendo fiel a sí mismo. Su 4-4-2 con delanteros móviles y hábiles y con un centro del campo rápido y atractivo. Jugadores como Cani y sobretodo Bruno deberían haber pisado la selección.
El resto de equipo pues un incógnita de hacia dónde pueden ir. Desde el estimulante Rayo que con todo lo que ha perdido no sabemos si podrá mantener su idea de juego, a equipitos que tiene que demostrar cosas. Almería y Elche parece que les falta empaque para estar en primera. El Celta ha conseguido a Luís Enrique y varios jugadores importantes, pero tiene que mejorar mucho su línea defensiva para no sufrir como antaño. Granada tiene bastante más calidad de lo que parece arriba, pero también está condenado a sufrir. Getafe, que no transmite nada, Valladolid y Levante, con entrenadores abonados al trabajo y sufrimiento, y Osasuna y Mallorca que ya han lidiado demasiadas veces con el descenso… demasiados candidatos de perfil bajo.
Ahora sí que sí. Predicciones. La Liga será para…. Messi. Vale, no es sorpresa ninguna. Puede que el Barça le cueste hacer cambios que quiera Martino, pero Messi solo se basta para ganar el 90% de los partidos, así que, a no ser que se despiste por la cercanía del mundial, no tiene freno para este equipo. Siempre que esté Messi nos vamos a ir a una Liga de 100 puntos y Ancelotti es demasiado pachorra y quiere un cambio de tono tan drástico que dudo que pueda aguantar la marcha azulgrana. Y como Cristiano deje de sentirse cómodo en esa manera de jugar… puede arda Troya otra vez. El Atlético volverá a ser tercero y con suficiencia, pero puede que haya inicio de desgaste en el Cholo con sus jugadores y que éstos bajen algo el nivel que se les está suponiendo. El cuarto puesto debe estar muy abierto. Yo me la juego y pongo al Athletic de Bilbao. Valverde ha estado lidiando con Europa tanto con el Espanyol, Athletic o Valencia, así que pienso que es bueno gestionando una plantilla sólida como la bilbaína. Por detrás pues puede ser cualquiera. Me gustaría ver a Betis y Villarreal, pero Valencia es un equipo demasiado grande para no estar en la pomada. Del descenso me cuesta mojarme. Creo que Almería tiene muy poquitas cosas para estar en Primera y Málaga ha “olvidado” sufrir y puede pasarlo mal. El Rayo sería una mala noticia, pero la propuesta suicida de Jémez necesita una calidad individual, que cada verano va a perder. Repasaremos notas cuando toque
El Barcelona es esclavo de su propia idiosincrasia. Juego de posición del 70%, técnica exquisita por encima de fondo físico y conservadurismo con el balón. La propuesta de Guardiola se convirtió en legendaria y es normal que haya dejado una losa en el club. El año pasado, con Tito Vilanova, el equipo se paseó literalmente por la Liga, teniendo en Messi el al alfa y omega de ello, pero sí se notaban síntomas alarmantes de agotamiento de la propuesta: previsibilidad absoluta, jugadores encorsetados hasta el ridículo y una alarmante transición defensiva que convertía al equipo, Messi aparte, en no competitivo contra las grandes potencias del continente.
Con Vilanova el sistema no parecía tener maniobra de cambio. Habría variaciones, pero a fin de cuentas el del Lleida estuvo demasiado cerca en los éxitos como para renegar de su propio sistema. Con Martino se abre opciones en este aspecto. El discurso seguirá siendo el mismo (más posesión que el rival y jugar en campo contrario) pero sí hay matices respecto a lo que quería hacer Vilanova. Mayor ritmo de juego, y menos conservadurismo. Si el Barça tiene que empezar a dejar de pensar que Xavi les asegura la pelota, el técnico argentino parece haber encontrado en Cesc el jugador franquicia. Si Cesc en el Pepsistema se sentía frustrado por no tener la capacidad técnica suficiente para jugar en el campo culé, parece que ahora empieza como el hombre fuerte, regido por un juego más vertical, más de ida y vuelta y con más mordiente de lo que vivíamos el año pasado. Ha empezado como un tiro sí, pero tampoco nos podemos fiar de él, que ya ha habido dos años que se ha bajado del carro en las dos próximas campañas.
Sin duda alguna la novedad máxima, más allá de Martino, la vamos a encontrar en Neymar. El brasileño parece haber nacido para ser crack y juntar a dos estrellas como el ex del santos con Messi, pues asusta a cualquiera, eso es inevitable. Neymar tiene una magia brasileña indudable, parece que flota jugando con el balón y más allá de su uno contra uno, sus movimientos y paredes made in Brasil van a ser una salvajada en el Barça. Supone un salto exponencial a lo que ofrecía el Barça en ataque, que era Messi y luego el desierto. El Rosarino fagocita tanto a sus compañeros que terminó convirtiendo en cero a Villa, Alexis, Pedro, Tello… Neymar debería estar por encima de todos ellos, y esperemos que le den más cancha que ser “el jugador abierto a la izquierda para que Messi tenga espacios” porque si no nos perderíamos a uno de los jugadores a seguir en los próximos años.
Pero con la contratación galáctica de Rosell el equipo se quedó cojo en otros cambios, que sin duda necesitaba con más ahínco. La transición defensiva de este equipo es indigna de un equipo de primer nivel. Cualquier equipo que consiga salir con un poco de desparpajo, apretarle arriba, o irse con gente, le hace un roto al Barça. Con solo Busquets, (imperial majestuoso, lo que quieran. Pero solo) intentando achicar y Xavi, iniesta viendo pasar a jugadores a su lado, llegar a la portería de Valdés ya no es utopía. Piqué y Mascherano, a la postre los únicos centrales fiables, deben multiplicarse por mil para que defensivamente el equipo no sea un coladero. Martino, conocedor de que su equipo atrás es queso gruyere, insiste en intentar perder la pelota muy arriba y ejercer una presión inmediata, recuperando la pelota lo antes posible. Puede ser buena idea y le está funcionando en un principio, pero no parece de largo recorrido. Una vez que se acabe la activación de la novedad del nuevo técnico veremos si jugadores como Messi. Neymar o Iniesta van a morder en seguida, pues no está en su naturaleza.
En definitiva el mismo Barça con un lavado de cara, donde Martino intenta imprimir su propia personalidad sin salirse de la idiosincrasia culé. No sabemos si el híbrido terminará teniendo efecto o se caerá con el equipo. De lo único que no dudamos es que con Messi este equipo siempre estará en condiciones de tocar techo. Y si Neymar se puede sumar sin perder parte de su juego… pues ya ni te cuento.
El Madrid tiene un cambio aún más rupturista. Mourinho salió disparado al club que más le quiere, dejando enemistades desde el capitán hasta el utillero. Y la apuesta de Florentino fue exactamente opuesta a lo que ofrecía el técnico de Setúbal. Se traen de París a Carlo Ancelotti. Si uno piensa en Ancelotti como entrenador le viene una palabra. Lento. Lo que no es necesariamente malo. Es un técnico que apuesta por un futbol combinativo, ordenado, asentado en el campo contrario y mezclando juego en corto y juego en largo. Bien jugado, como con cualquier sistema, puede ser precioso y efectivo. Pero venimos de un gigante en transiciones rápidas, quizás lo mejor que hemos visto nunca. Así que parece que este cambio de discurso va contra natura con los jugadores que cuenta. Di María, Ozil, sobre todo Cristiano Ronaldo… han sido dioses corriendo con espacios, y ahora decides restárselo por decisión propia. Es algo rarito.
De todas maneras la maquinaria blanca se va a mover para arropar la idea de Carleto. En especial con la estrategia perdida hace años en Chanmartín, como es potenciar el mercado nacional. La llegada de Isco es paradigmática. El mejor jugador español que no está en los grandes. Isco va a ser una maravilla. Es un jugador con una calidad técnica infinita, que puede mirar al centro del campo culé a la cara e incluso como fantasista y de cara al arco es más resolutivo. Va a terminar siendo un referente para la próxima década. El y Modric, cada día más importante, son capitales para la idea de juego del italiano y dominar el juego por la posesión en lugar que por la transición. Illarramendi también viene con esa intención. Ha sido pagado a precio de oro, la verdad, pero tiene la vítola de ser el heredero de Xabi Alonso como mediocentro y también añade calidad y sobretodo seguridad a la circulación de balón
. Así, con todo esto montado, parece que se perfila las intenciones de Ancelotti y se es coherente con las mismas. Hasta que a Florentino se le cruzan los cables y paga 100 millones por Gareth Bale. No lo voy a criticar, ha llegado con el caché de jugadorazo extraordinario y lo será por algo (yo lo última vez que me fijé en él todavía era lateral izquierdo asi que…) Pero en definitiva es un superclase que domina espacios, que tiene una velocidad inaudita y un perfecto golpeo de balón desde las grandes distancias. O sea un jugador más de Mourinho que de Ancelotti. No parece que espacios para aprovechar su velocidad sea algo que vaya a encontrar con facilidad (aquí hay algo de falsedad, porque el Milan de Ancelotti era de los mejores equipos que he visto en mezclar juego en corto y en largo, Pirlo mediante) Así que Bale ha parecido más capricho que la guinda del pastel. Y si encima pierden a un jugador tan delicioso y determinante como Ozil, pues aún peor. No es que Ozil sea “posesión con seguridad” que busca Ancelotti, pero es una maravilla verlo jugar y el rey de las asistencias, así que a la postre es un crack que tienen que echar de menos sí o sí en el Madrid.
Así que el giro de 180 grados que propone el Madrid tiene sus sombras. Centrales inmensos al espacio ahora juegan encerrados en su área. La necesidad de jugar con mucho tocón deja muy tocada la transición defensiva, donde apenas hay ningún jugador que se quede a fijar. Han salido jugadores abrelatas para los partidos menores (Ozil por su calidad, Higuaín por su intensidad continua) y se apuesta por la cantera, sin saber si va a tener lo suficiente para revulsivo. Y sobre todo se minimiza el impacto de Cristiano Ronaldo, que parece que solo quieren que incida arriba (incluso como delantero) cuando el año pasado dio su último salto competitivo abarcando la zona del diez y jugando como nunca. Y que Cristiano pierda importancia dentro del juego del Madrid no puede ser de ninguna manera buena noticia, aunque se quiera construir un esqueleto detrás suyo. Ancelotti va a necesitar tiempo para que sus conceptos e ideas cuajen. Y el año pasado ya se vio que Madrid y Barça no pueden permitirse tiempo sin descolgarse de la Liga.
Vamos a los mundanos o no tanto. Con los interrogantes que se plantean con los cambios en los grandes se podría esperar que se recortasen las diferencias a priori. Pero la crisis galopante en el futbol español está haciendo mella de manera inevitable. Y los equipos están perdiendo calidad diferencial de manera contundente. Falcao, Soldado, Negredo, Navas, Joaquín… todo jugador en equipos de clase media que ha despuntado se ha ido a buscar oropeles en zonas mejores, así que parece que las diferencias serán iguales si no mayores que otros años.
El talento que queda en España está en los banquillos y entre ellos pocos como Simeone. El Atlético que ha creado el Cholo es cosa muy seria. Uno de los equipos que mejor defiende del continente, sin excepción. Duro, aguerrido, ordenado… es evidente que la baja de Falcao debe ser impresionante, porque el tigre pasa por ser el nueve del momento. Para suplirle se han traído a Villa, que es de lo mejor que puede pillar en el mercado el Atlético, pero que a la fuerza estará por detrás del colombiano. Villa lleva tres años viviendo a la sombra de Messi y abandonando la posición del nueve, así que hay dudas si puede volver a ser el tipo determinante del Valencia. Aunque podamos preveer que el Guaje sea poquito para llevar todo el peso de la delantera colchonera tiene un lujo de acompañante. Diego Costa la va rompiendo cada año. Es un jugador fabuloso. Intensidad, velocidad en espacios, juego de espaldas… un delantero completísimo y muy coherente con la idea de esfuerzo del entrenador argentino.
Además el Atlético, cada vez más pleno de confianza, sigue sumando mejoras en su equipo. Con Costa ya amenazan en profundidad, pero el paso delante del centro del campo con Koke y Arda Turan jugando a un nivel combinativo impresionante consigue también margen de maniobra a la hora de jugar en estático. Hombre, no creo que les pueda aguantar el tipo toda la liga a los grandes, pero la construcción de este equipo es altamente estimulante. Djukic también viene de ser un entrenador a tener en cuenta. Llega a Valencia con algunas ideas establecidas claras. Pero la casa che es una jaula de grillos. No es posible imponer ideas particulares como el serbio en un vestuario en que cada uno va por su lado. Guaita, Rami o Mathieu ya han puesto el grito en el cielo y no hay paz institucional en ningún momento. Las ideas de Miroslav parecen atractivas, pero se está quedando a medio camino de todo. Quiere jugar más arriba, pero no encuentra una salida de balón convincente. Y si ya el año pasado parecía limitadito arriba, más allá de las rupturas de Soldado, pues perder a su nueve hace que la cosa vaya aún a menos. Postiga es el nueve portugués que nunca ha metido goles y ni Canales, el Banega irregular de siempre, Feghouli… nada asusta. A la postre un jugador con poca chica como Jonas es el que está sacando las castañas del fuego. Pero mucho tendrá que mejorar el Valencia para estar donde se le supone.
Equipos que otros años han sorprendido tienen la ceja escéptica encima. La Real Sociedad mantiene el bloque, exceptuando a Illarramendi pero perdió a su entrenador. Y sobre todo tiene la problemática de juntar Liga y Champions y lo que suele percutir al fin de año. Además puede que la Real que acabó la temporada pasada no fuera “de verdad”. Estaban en una nube absoluta y bordaban todo tipo de juego. Esta temporada, si no pueden contraatacar se ve a Vela o Xabi Prieto con más problemas para elaborar que antaño. El Málaga ha perdido casi toda la calidad diferencial que tenía. Isco, Toulalan, DeMichelis, Joaquín, Saviola… y Pellegrini. Se han traído a Schuster que viendo el percal ha optado por incidir en la defensa del equipo y convertirse especialmente en sólido. Pero deben luchar más por la permanencia que por cuotas más altas. Los petrodólares han dado la espalda.
Entre apuestas que nos atraen destaca como cada año el Betis de Pepe Mel que sigue siendo un equipo fluído en las transiciones ofensivas como pocos y que, con el entrenador asentado desde hace tanto, sabe perfectamente a que juega. En los vecinos encontramos un cambio rupturista. Por primera vez en muchos años el Sevilla no es el equipo de Navas. Y el sevillano es quizás el jugador más desequilibrante fuera de Barça y Madrid, así que la pérdida será trágica, es lógico. Pero es una oportunidad para el Sevilla de salir del Sevilla postjuandismo. Será que le tengo demasiada fe a Emery como entrenador y se ha traído jugadores que tienen su punto. Marco Marin parecía Messi hace cuatro años. Vitolo y Jairo, más peso en Rakitic. El Sevilla será peor pero hay que verlo como una oportunidad para crecer. El Athletic intenta olvidar el último año de Bielsa y se ha traído a Valverde, lo que parece valor seguro. Ernesto es un entrenador de los buenos de verdad y tiene suficiente calidad para aportar cosas buenas a la Liga. Con Miguel Rico y Bernat Etxebarría van a intentar controlar más en el centro del campo, para que sus jugadores diferenciales tengan más peso arriba. Muniaín tiene que empezar a ponerse las pilas. Hace dos años era la gran esperanza blanca, pero ahora se ha quedado por el camino y ya le ha comido la tostada Ander Herrera, y esperate que no lo haga también Ibai. Aguirre sigue en el Espanyol y bueno, no hay propuesta más simple que la del mejicano, pero funciona y saca resultados. Aunque la baja de un talentoso Verdú debe pesar en el juego creativo de los blanquiazules. Y la más estimulante hasta ahora viene de segunda. El Villarreal es equipo que nunca debería habernos abandonado. Vuelve a su lugar con sus ideas muy claras, siendo fiel a sí mismo. Su 4-4-2 con delanteros móviles y hábiles y con un centro del campo rápido y atractivo. Jugadores como Cani y sobretodo Bruno deberían haber pisado la selección.
El resto de equipo pues un incógnita de hacia dónde pueden ir. Desde el estimulante Rayo que con todo lo que ha perdido no sabemos si podrá mantener su idea de juego, a equipitos que tiene que demostrar cosas. Almería y Elche parece que les falta empaque para estar en primera. El Celta ha conseguido a Luís Enrique y varios jugadores importantes, pero tiene que mejorar mucho su línea defensiva para no sufrir como antaño. Granada tiene bastante más calidad de lo que parece arriba, pero también está condenado a sufrir. Getafe, que no transmite nada, Valladolid y Levante, con entrenadores abonados al trabajo y sufrimiento, y Osasuna y Mallorca que ya han lidiado demasiadas veces con el descenso… demasiados candidatos de perfil bajo.
Ahora sí que sí. Predicciones. La Liga será para…. Messi. Vale, no es sorpresa ninguna. Puede que el Barça le cueste hacer cambios que quiera Martino, pero Messi solo se basta para ganar el 90% de los partidos, así que, a no ser que se despiste por la cercanía del mundial, no tiene freno para este equipo. Siempre que esté Messi nos vamos a ir a una Liga de 100 puntos y Ancelotti es demasiado pachorra y quiere un cambio de tono tan drástico que dudo que pueda aguantar la marcha azulgrana. Y como Cristiano deje de sentirse cómodo en esa manera de jugar… puede arda Troya otra vez. El Atlético volverá a ser tercero y con suficiencia, pero puede que haya inicio de desgaste en el Cholo con sus jugadores y que éstos bajen algo el nivel que se les está suponiendo. El cuarto puesto debe estar muy abierto. Yo me la juego y pongo al Athletic de Bilbao. Valverde ha estado lidiando con Europa tanto con el Espanyol, Athletic o Valencia, así que pienso que es bueno gestionando una plantilla sólida como la bilbaína. Por detrás pues puede ser cualquiera. Me gustaría ver a Betis y Villarreal, pero Valencia es un equipo demasiado grande para no estar en la pomada. Del descenso me cuesta mojarme. Creo que Almería tiene muy poquitas cosas para estar en Primera y Málaga ha “olvidado” sufrir y puede pasarlo mal. El Rayo sería una mala noticia, pero la propuesta suicida de Jémez necesita una calidad individual, que cada verano va a perder. Repasaremos notas cuando toque
miércoles, septiembre 11
KICK ASS 2 VS. KICK ASS 2
Hace unos años Mark Millar y John Romita Jr. Montaron un divertimento fuera del Universo Marvel que tanto dominan ambos, y de ahí nació Kick Ass. Obra sin demasiadas pretensiones y ligerita, y que tampoco debió hacer demasiado ruido en su día. Hasta que la maquinaria hollywoodiense, ávida de buscar personajes superheróicos tan de moda, puso sus garras encima. Así, sin comerlo ni beberlo ambos autores se encontraron con un éxito inesperado y la lógica dicta que había que seguir explotando el material, y convertirlo directamente en franquicia, aunque se tuviese dudas del recorrido de la misma.
No es que el primer Kick Ass no pudiera tener continuación. Sí es una historia cerrada, pero los personajes de más caldao pueden perfectamente volver a ser utilizados. Lo que no sé es si Millar puede insistir en lo mismo y que tenga cosas que decir. Recordemos ahora el primer tomo de Kick Ass, donde David Lizewski decide probar ser un superhéroe para encontrarse con la dolorosa realidad. Pero ya entonces el guionista escocés se encontraba que su primera idea no tenía mucho recorrido y tenía que tirar al final de personajes y tópicos superheroicos (con la molona Hit Girl a la cabeza) para acabar la historia, aunque bien se pueda ver como traición a su historia.
Asi que no sabemos muy bien que pretende Millar. Parece que los primeros capítulos quieren devolvernos al David del principio de la historia, obviando el baño de sangre en que se convirtió el clímax de entonces. Lizewski vuelve a patrullar por las calles y la consecuencia lógica es terminar creando su propia Liga de la Justicia. Grupo de vigilantes, que se han unido bajo el nombre de Justicia Forever. Éstos tienen algunos conceptos originales (cristianos renacidos, padres con hijos desaparecidos…) y se ahonda un poco en el espíritu idealista que tenía en origen la obra. El hecho que el grupo funcione como una simple patrulla de vigilancia, que utilicen el dinero para ayudar a la gente, o hacer de voluntarios… Eso sí, la cosa se nota que no tiene la misma frescura que la primera parte. Porque Millar como suele no sabe estarse quieto con sus tics mequetrefes. El meter a un amigo de David en el grupo para hacer una coña, el constante vocabulario provocativo y la necesidad de violencia gratuita, y en definitiva, escribir lo que él no piensa. Hay un intento en convertir al Capitán Barras y Estrellas en el Capitan América (obvio) de su grupo. Y hace un personaje idealista no es el fuerte del guionista, así que nunca consigue que el personaje nos guste e imbuya su espíritu tanto como se supone.
También es cierto que en estos capítulos echamos de menos al personaje más molón de la historia. Hit Girl apenas tiene incidencia en la historia, pues su padre adoptivo la tiene reprimida y fuera del juego superheroico. Fue el personaje más reconocible de la primera entrega y el que más huella dejó, pero insisto: Hit Girl no tiene cabida en esta historia. Con Hit Girl Justicia Eterna no existe, es una niña de diez años capaz de cargarse a cualquiera. Con Hit Girl se acaba la premisa “Vestirse de superhéroe en el mundo normal” porque ella ya es una superheroina. Por eso Millar la tiene que dejar fuera del juego, mientras quiera seguir explotando la premisa inicial.
Porque si en el primer volumen la idea se trunca con la aparición de los verdaderos superhéroes, aquí se termina olvidando por completo con la aparición de los supervillanos. Sí, igual que la aparición de un grupo de superhéroes la llegada de supervillanos parece la evolución lógica de la serie. Pero a Millar se le va la pinza. Olvidate si alguna vez salió el concepto “mundo real” hablando de Kick Ass, porque el guionista tiene ahora libertad para ser un cafre. Y siempre que puede ser cafre Millar supera las expectativas. Como lo que más llamó la atención de la obra en su día fue el insano nivel de violencia que había, Millar tiene la oportunidad de doblar las apuestas. Los supervillanos pasan a ser una panda de sádicos, viciosos y enfermos que no se mueven con un ápice de cordura. Que disparan a niños a la cara, violan en grupo a la ex de Kick Ass o decapitan a un perro para ponerlo en la cara de su dueño (¡!) Millar provocando en estado puro. Que es supercool llamar a villano el Hijoputa y a su grupo los megacabrones tóxicos. ¿Realismo? ¡No! Bueno, de hecho el personaje de Madre Rusia es ya definitorio de lo que quiere Millar. Es directamente una villana con superpoderes, capaz de cargarse a una decena de policías con sus propias manos, y esperando el enfrentamiento final con Hit girl, que ahora sí, en este nuevo contexto sí va a tener el contexto que necesitaba para volver a molar.
Por eso a partir de aquí, Millar sigue jugando a dos bandas que ya no van a funcionar nunca más. El intentar jugar de nuevo la carta realista con la policía deteniendo a enmascarados y el sacrificio de su padre ya no consigue transmitirnos nada. De hecho el funeral del mismo solo es antesala de otra escena de acción (quizás la mejor de la serie) y el esperado clímax… se trata de un enfrentamiento a campo abierto en pleno Times Square. Contrasta el profesional combate entre Madre Rusia y Hit Girl con la riña de niñatos que es lo que parecen los dos verdaderos antagonistas.
Pero en fin. Que todas las armas que hicieron interesante a Quick Ass en su inicio (idealismo quijotesco, referencias frikis y humor divertido) se han visto enterrado por lo superficial. Un Manto de violencia que ya es marca de fábrica de la saga y los típicos intentos superficiales de Millar por querer molar mucho con ideas, diálogos y ocurrencias vergonzosamente impactantes.
La traslación a la gran pantalla era un hecho incluso antes de empezar a escribir el segundo volumen, así que en poco tiempo nos encontramos con kick ass: con un par. Que sigue dejando a esta franquicia como líder indiscutible en títulos idiotas. Aunque Matthew Vaugh dejó su sitio en busca de mejores oropeles el sello que dejó en la primera película sigue presente en ésta, siendo la película igual de entretenida y divertida que la primera. Ya advertimos en su día que quizás en la película buscaron un producto bastante más superficial que el cómic, sobresaliendo un lado humorístico y semiparódico. Aquí van a intentar hacer lo mismo.
Uno de los problemas que tiene el cómic lo van a intentar subsanar en la película. El hecho que Hit Girl no tenga importancia en la historia hasta el final era un follón en la película, pues es el personaje más recordado. Para ello se inventan un subargumento en que Mindy intenta conectar con sus amigas de instituto, para encontrarse el típico grupito de chicas populares que le dan la espalda. Suena tan mal como parece. La intentona es buena pero es que realmente no aporta nada bueno, y encima tiran por el lado más escatológico posible (el cacapota es una idea a olvidar inmeditamente, sí) Además el personaje se va a encontrar con el problema adolescente. La actriz que la interpreta ha crecido lo suficiente para considerarla adolescente… y se pierde la gracia de la niña armada con metralleta. El impacto no es igual de original y agresivo por lo que Hit Girl pierde bastante impacto visual.
Por el resto pasa como en la antigua película, se mantiene la historia en rasgos generales pero mitigando los momentos más agresivo y suavizando el lenguaje. Haciéndolo más amable en definitiva, cosa que no me parece mal, ante las barrabasadas de Millar. Estos cambios a veces se cargan directamente personajes (Jim Carrey haciendo bromas sádicas como el capitán Barras y Estrellas es insultante al personaje) en especial a Chris, que pasa de ser un hijoputa sádico y enfermizo a un payasete con ganas de gloria pero bastante patético en la realidad. Pero mira, yo es un cambio que agradezco, porque el sadismo por sadismo me pone enfermo.
Lo mismo me pasa en las batallas finales, donde la violencia se mitiga y sobre todo se hace más ligera y accesible. No se toma demasiado en serio todo lo que está pasando y por eso es bastante más amable toda la película. No es necesario ver a Hit Girl arrancándole la cabeza a Madre Rusia para que su combate sea espectacular. Eso sí, los cambios sustanciales en el final con el Hijoputa y de Hit Girl hacen que será difícil lidiar con una tercera visión del cómic.
Mi conclusión viene siendo que la secuela de la película es mejor que la secuela del cómic. La segunda película mantiene más y mejor el espíritu desenfadado que tenía la primera, mientras que el cómic fue bastante más rupturista y sin vuelta atrás con la premisa inicial del mismo. Si de los primeros volúmenes creo que el cómic era mejor ahora pienso que se han girado las tornas y es más recomendable la segunda película que el segundo cómic.
No es que el primer Kick Ass no pudiera tener continuación. Sí es una historia cerrada, pero los personajes de más caldao pueden perfectamente volver a ser utilizados. Lo que no sé es si Millar puede insistir en lo mismo y que tenga cosas que decir. Recordemos ahora el primer tomo de Kick Ass, donde David Lizewski decide probar ser un superhéroe para encontrarse con la dolorosa realidad. Pero ya entonces el guionista escocés se encontraba que su primera idea no tenía mucho recorrido y tenía que tirar al final de personajes y tópicos superheroicos (con la molona Hit Girl a la cabeza) para acabar la historia, aunque bien se pueda ver como traición a su historia.
Asi que no sabemos muy bien que pretende Millar. Parece que los primeros capítulos quieren devolvernos al David del principio de la historia, obviando el baño de sangre en que se convirtió el clímax de entonces. Lizewski vuelve a patrullar por las calles y la consecuencia lógica es terminar creando su propia Liga de la Justicia. Grupo de vigilantes, que se han unido bajo el nombre de Justicia Forever. Éstos tienen algunos conceptos originales (cristianos renacidos, padres con hijos desaparecidos…) y se ahonda un poco en el espíritu idealista que tenía en origen la obra. El hecho que el grupo funcione como una simple patrulla de vigilancia, que utilicen el dinero para ayudar a la gente, o hacer de voluntarios… Eso sí, la cosa se nota que no tiene la misma frescura que la primera parte. Porque Millar como suele no sabe estarse quieto con sus tics mequetrefes. El meter a un amigo de David en el grupo para hacer una coña, el constante vocabulario provocativo y la necesidad de violencia gratuita, y en definitiva, escribir lo que él no piensa. Hay un intento en convertir al Capitán Barras y Estrellas en el Capitan América (obvio) de su grupo. Y hace un personaje idealista no es el fuerte del guionista, así que nunca consigue que el personaje nos guste e imbuya su espíritu tanto como se supone.
También es cierto que en estos capítulos echamos de menos al personaje más molón de la historia. Hit Girl apenas tiene incidencia en la historia, pues su padre adoptivo la tiene reprimida y fuera del juego superheroico. Fue el personaje más reconocible de la primera entrega y el que más huella dejó, pero insisto: Hit Girl no tiene cabida en esta historia. Con Hit Girl Justicia Eterna no existe, es una niña de diez años capaz de cargarse a cualquiera. Con Hit Girl se acaba la premisa “Vestirse de superhéroe en el mundo normal” porque ella ya es una superheroina. Por eso Millar la tiene que dejar fuera del juego, mientras quiera seguir explotando la premisa inicial.
Porque si en el primer volumen la idea se trunca con la aparición de los verdaderos superhéroes, aquí se termina olvidando por completo con la aparición de los supervillanos. Sí, igual que la aparición de un grupo de superhéroes la llegada de supervillanos parece la evolución lógica de la serie. Pero a Millar se le va la pinza. Olvidate si alguna vez salió el concepto “mundo real” hablando de Kick Ass, porque el guionista tiene ahora libertad para ser un cafre. Y siempre que puede ser cafre Millar supera las expectativas. Como lo que más llamó la atención de la obra en su día fue el insano nivel de violencia que había, Millar tiene la oportunidad de doblar las apuestas. Los supervillanos pasan a ser una panda de sádicos, viciosos y enfermos que no se mueven con un ápice de cordura. Que disparan a niños a la cara, violan en grupo a la ex de Kick Ass o decapitan a un perro para ponerlo en la cara de su dueño (¡!) Millar provocando en estado puro. Que es supercool llamar a villano el Hijoputa y a su grupo los megacabrones tóxicos. ¿Realismo? ¡No! Bueno, de hecho el personaje de Madre Rusia es ya definitorio de lo que quiere Millar. Es directamente una villana con superpoderes, capaz de cargarse a una decena de policías con sus propias manos, y esperando el enfrentamiento final con Hit girl, que ahora sí, en este nuevo contexto sí va a tener el contexto que necesitaba para volver a molar.
Por eso a partir de aquí, Millar sigue jugando a dos bandas que ya no van a funcionar nunca más. El intentar jugar de nuevo la carta realista con la policía deteniendo a enmascarados y el sacrificio de su padre ya no consigue transmitirnos nada. De hecho el funeral del mismo solo es antesala de otra escena de acción (quizás la mejor de la serie) y el esperado clímax… se trata de un enfrentamiento a campo abierto en pleno Times Square. Contrasta el profesional combate entre Madre Rusia y Hit Girl con la riña de niñatos que es lo que parecen los dos verdaderos antagonistas.
Pero en fin. Que todas las armas que hicieron interesante a Quick Ass en su inicio (idealismo quijotesco, referencias frikis y humor divertido) se han visto enterrado por lo superficial. Un Manto de violencia que ya es marca de fábrica de la saga y los típicos intentos superficiales de Millar por querer molar mucho con ideas, diálogos y ocurrencias vergonzosamente impactantes.
La traslación a la gran pantalla era un hecho incluso antes de empezar a escribir el segundo volumen, así que en poco tiempo nos encontramos con kick ass: con un par. Que sigue dejando a esta franquicia como líder indiscutible en títulos idiotas. Aunque Matthew Vaugh dejó su sitio en busca de mejores oropeles el sello que dejó en la primera película sigue presente en ésta, siendo la película igual de entretenida y divertida que la primera. Ya advertimos en su día que quizás en la película buscaron un producto bastante más superficial que el cómic, sobresaliendo un lado humorístico y semiparódico. Aquí van a intentar hacer lo mismo.
Uno de los problemas que tiene el cómic lo van a intentar subsanar en la película. El hecho que Hit Girl no tenga importancia en la historia hasta el final era un follón en la película, pues es el personaje más recordado. Para ello se inventan un subargumento en que Mindy intenta conectar con sus amigas de instituto, para encontrarse el típico grupito de chicas populares que le dan la espalda. Suena tan mal como parece. La intentona es buena pero es que realmente no aporta nada bueno, y encima tiran por el lado más escatológico posible (el cacapota es una idea a olvidar inmeditamente, sí) Además el personaje se va a encontrar con el problema adolescente. La actriz que la interpreta ha crecido lo suficiente para considerarla adolescente… y se pierde la gracia de la niña armada con metralleta. El impacto no es igual de original y agresivo por lo que Hit Girl pierde bastante impacto visual.
Por el resto pasa como en la antigua película, se mantiene la historia en rasgos generales pero mitigando los momentos más agresivo y suavizando el lenguaje. Haciéndolo más amable en definitiva, cosa que no me parece mal, ante las barrabasadas de Millar. Estos cambios a veces se cargan directamente personajes (Jim Carrey haciendo bromas sádicas como el capitán Barras y Estrellas es insultante al personaje) en especial a Chris, que pasa de ser un hijoputa sádico y enfermizo a un payasete con ganas de gloria pero bastante patético en la realidad. Pero mira, yo es un cambio que agradezco, porque el sadismo por sadismo me pone enfermo.
Lo mismo me pasa en las batallas finales, donde la violencia se mitiga y sobre todo se hace más ligera y accesible. No se toma demasiado en serio todo lo que está pasando y por eso es bastante más amable toda la película. No es necesario ver a Hit Girl arrancándole la cabeza a Madre Rusia para que su combate sea espectacular. Eso sí, los cambios sustanciales en el final con el Hijoputa y de Hit Girl hacen que será difícil lidiar con una tercera visión del cómic.
Mi conclusión viene siendo que la secuela de la película es mejor que la secuela del cómic. La segunda película mantiene más y mejor el espíritu desenfadado que tenía la primera, mientras que el cómic fue bastante más rupturista y sin vuelta atrás con la premisa inicial del mismo. Si de los primeros volúmenes creo que el cómic era mejor ahora pienso que se han girado las tornas y es más recomendable la segunda película que el segundo cómic.
domingo, agosto 18
TEUTONES AL TIKI TAKA
Me apetece muy mucho hablar del Bayern de Munich de Pep Guardiola. La mezcla entre un entrenador destinado a ser leyenda(si no lo es ya) y el mejor equipo del mundo es lo suficientemente interesante y tiene tantos matices que vale la pena pararse en ello. Pep Guardiola, después de salir del Barça a tiempo de no tener que enfrentarse con la directiva, y tras un año sabático ya se vio con ganas de pillar un proyecto importante. Y en enero ya tenía cerrado su acuerdo para el año que viene con el Bayern de Munich. Los muniqueses estaban en la terna de los tres mejores equipos de Europa, y con los banquillos de Barcelona y Madrid cerrados por diferentes razones, parecía una opción beneficiosa para Guardiola, aunque sea a costa de dejar al colega Heynkess tirado cual colilla. Tampoco parecía una gran pérdida, porque Jupp cogió a este equipo de la mano de Van Gaal y prácticamente ha sido un mero continuador. Solo la aportación de su hijo predilecto Toni Kroos se puede considerar legado del alemán. Además el Borussia de Dortmund se le ha subido a las barbas y lleva dos años campeonando por encima del Bayern, con lo que supone eso para la hegemonía absoluta de los bávaros en las tierras germánicas.
Pero hete aquí que cosas del destino esta temporada el Bayern rompió a jugar como no se había visto. Heynkess consiguió sacar lo mejor de todos sus jugadores y los de Munich lo ganaron todo. Pero todo todo, con un triplete histórico y la sensación de ser el mejor equipo del continente arrollando a su paso a cuantos se le pusieron por delante. Lo que parecía un lugar idílico para Guardiola se había tornado en una empresa puñetera, pues mantener el listón ya sería complicado, cuánto más mejorarlo.
Heynkess construyó un equipo virtuoso en lo técnico de ritmo alto y físicamente superior. Su jugador franquicia era Bastian Schwensteiger, que con Van Gaal pasó a mediocentro, pero no es mediocentro al uso. Bastian no cierra posición, más bien no se queda quieto. Baja hasta los centrales, acompaña la jugada, tiene conducción, desplazamiento en largo, tiro y llegada. Un todocampista referencia en Europa. La llegada de Toni Kroos y Javi Martínez fue fundamental para apuntal este tipo de juego. Kroos hacía las veces de enlace entre Bastian y la delantera. Si Bastian bajaba el ocupaba ese espacio para sacar el balón. Y Martínez hacia lo mismo. La particularidad de no jugar con un mediocentro defensivo puro debería haber sido un obstáculo pero nunca lo fue por el inmenso dominio en todas las líneas de los germanos. Especialmente virtuosa era la salida de balón a través de los dos mejores laterales del momento, Alaba y Lahm que conseguían llegar hacia la letal punta de ataque. El equipo funcionó como un tiro y su eliminatoria contra el Barcelona fue el punto álgido que certificaba un cambio de hegemonía en el continente.
A esto se enfrentaba Guardiola y uno tenía dudas de cómo afrontaría el reto. Todos tenemos en mente la maravilla que hizo Pep en el Barcelona, pero Barça y Bayern son dos equipos diferentes, con urgencias diferentes y con patrones de juego diferentes ¿Guardiola es flexible para cambiar su manera de jugar o no tiene variantes más allá del juego de posesión ilimitado de los culés? Pues por ahora parece que la segunda opción va ganando. Guardiola llegó y se cargó el sistema de Heynkess a favor de su sempiterno 4-3-3, y el Bayern va a jugar a tener la pelota constantemente. O sea, va a intentar volver a hacer su proyecto Barça. No se puede acusar a Guardiola, pues es el sistema en el que cree, el que él considera que es canónico para su fútbol y en definitiva el que le ha dado éxitos en esto del fútbol. Pero está por ver si es idóneo para este equipo y plantilla.
Para empeza en el 4-3-3 guardiolista la función de varios jugadores varía demasiado respecto al anterior modelo. Guardiola siempre saca la pelota por dentro. Siempre. Alves que era una vía de escape alucinante en el Sevilla nunca fue en cuatro años modelo para empezar a jugar en los azulgranas. Así que el papel fundamental que tenían Alaba y Lahm en los primeros pases muniqueses se olvida por completo. Y desde luego sus centrales, Dante y Boateng (incluso Neuer que diablos), no tienen la calidad suficiente para conseguir una salida fluida como le gusta a Pep. La solución a corto plazo va a ser bajar a Javi Martínez a central (ya lo quiso fichar para el Barcelona para esa posición) y a largo plazo será incrustar en salida a Bastian entre centrales.
Eso nos lleva al problema del centro del campo. Y hay que hablar de lo maravilloso que supone tener a Busquets en el campo. Tener un mediocentro con capacidad de recuperación apabullante, pero que tiene la calidad técnica como para recibir de espaldas al juego presionado e iniciar desde el primer toque sin perderla nunca, no tiene precio. En el Bayern no tiene eso. Lo más parecido será la jeraquía de Scwensteiger pero seguimos juntando problemas. El centro del campo de Guardiola es una cosa muy específica, donde los jugadores tienen apenas movilidad. Son pivotes colocados en su sitio que solo por su irreal capacidad asociativa consiguen hacer fluir el juego como lo hacen. Pero el Bayern tiene jugadores de enorme recorrido y presencia. El falso doble pivote Javi-Bastian fue una máquina de jugar al fútbol, precisamente porque ninguna guardaba su posición. Bastian caía a una banda, Martínez subía al ataque, Schwensteiger iba a los pies de Neuer a buscar el balón, Martínez corregía y basculaba… Si lo que quiere Pep es fijar a Bastian como si fuese Busquets… pfff. El capitán muniqués necesita mucho contacto con balón en todas las partes del campo, tanto al lado de Lahm como de Ribery. Parece claro que el mejor Schwensteiger no lo vamos a ver con el catalán.
Y Martínez tampoco cumple su perfil de cinco, porque Guardiola prima la resolución técnica sobre el sacrificio defensivo (como se ha visto en la venta de un gran stopper como Luiz Gustavo) y ahí le falta un punto al vasco. Así que en un movimiento rarito se ha traído a Thiago Alcantara para hacerlo jugar de mediocentro. Y es rarito, porque Thiago si tiene esa capacidad primorosa de hacer todo lo que quiera con el balón, y gusta de sentirse protagonista con la pelota, y si me apuran tiene más intensidad defensiva que casi todos los jugadores culés. Pero es lo contrario a lo que significa Busquets. Thiago arriesga en cada pase que da, no importa en qué zona del campo esté, y es todo menos seguridad. Es un virtuoso que te puede dejar solo delante del portero, como te puede dejar vendido en la salida de balón. Muy alejado de la red de seguridad que se supone que quiere Guardiola que signifique su 70% de posesión. ¿Pero puede Guardiola aspirar a jugar al 70% de posesión? ¿Aspirar al Xavisistema? Pues él cree que sí, porque desde luego no se puede sostener el centro del campo que pretende Pep si no es con el control absoluto del esférico. Thiago, Bastian y Kroos, que parece es hacia donde tira Pep no tienen la capacidad defensiva mínimamente exigible para hacer presión tras pérdida, al no ser que la pérdida sea algo tan inhabitual como lo era con el Busquets, Xavi Iniesta del 2011. Pero es que eso tampoco lo va a conseguir. Sería cambiar la mentalidad de los jugadores un 100%. De Thiago y Bastian ya hemos hablado. Virtuosismo técnico pero con ganas de arriesgar balón en cada jugada. Kroos es algo más fiable, y su reconversión de mediapunta a volante en la que más confío, pero es un jugador puramente de ataque y les pasa como al resto. Guardiola no tiene red de seguridad sobre la que construyó su utopía culé. Ha hecho experimentos como poner a Lahm o Muller en esas posiciones, pero en plantilla no tiene nada que le consiga lo que le conseguía Xavi. Si se empecina en esto Guardiola se estará equivocando.
Sin laterales con importancia, y cargándose el falso doble pivote. Con las líneas más virtuosas que había dejado Heynkess anuladas por el sistema Guardiola nos centramos en el ataque, que forzosamente dejará de ser tan vertiginoso como solía, pues el equipo de Guardiola es un equipo mucho más masticado y de ritmo más lento. Podría ser malo para los extremos, pero la verdad Robben es tan determinante, Muller tan complejo y Ribery tan bueno que no debe suponer problemas para el caudal ofensivo. Sí puede serlo el gol si Guardiola quiere ser un espejo del Barça también aquí. En sus primeros años culés Guardiola amaba la figura del nueve. Más aún. Del nueve jugando de espaldas. Se pasó un verano pidiendo a Adebayor y un año después consiguió la perfección de ese tipo específico: Zlatan Ibrahimovic. Su fracaso con Ibra conllevó la jugada por la que será recordada toda la carrera de Guardiola. Hacer de Messi un falso nueve y terminar de convertir en todopoderoso al astro argentino. Parece que el resultado fue lo suficientemente convincente para que ahora el de Sant Pedor reniegue de sus antiguas creencias. No en vano se ha cargado nada más llegar a Mario Gómez y se ha quedado solo con Manzukic como nueve específico. ¿va a buscar Pep un falso nueve en su plantilla? Las malas lenguas dice que se lo propuso a Ribery y éste dijo que ni loco. Quizás Muller se ajustaría bien a ese movimiento, aunque Guardiola seguramente lo querría como su Pedro (las buenas actuaciones de Robben hacen que el holandés siga en el equipo contra viento y marea, porque aporta muchísimo, pero uno tiene el feeling que es el jugador de ataque que menos sintoní a ha de tener con el entrenador)
El otro nombre que aparece es Mario Gotze, flamante fichaje del verano al máximo rival y quizás el tipo más técnico de la Bundesliga. Se ajustaría como un guante a esa posición… de no ser que no mete un gol. Y ahí radica el problema. Que el falso nueve es una mentira, porque Messi es irreal. Estamos hablando de quitar un tío del área para poner un tío que promedia cincuenta goles por temporada. Pues claro, así no se resiente nada ni nadie. Pero en el Bayern, con Gotze o Muller ejerciendo de nueve ¿quién mete los goles? Robben tiene trece goles por temporada y Ribery ocho. Creo que el equipo tendría un déficit importante en ese sentido. Por ahora parece que Guardiola tira por la calle del medio y le toca apostar por Mandzukic, que es un nueve con movimientos de apoyo muy interesantes, pero igualmente apostar toda la campaña con un solo delantero no parece inteligente.
Si se queda Mandzukic de ariete quedarán dos puestos para Ribery, Gotze, Robben y Muller (y Saquiri, ya que nos ponemos) La apuesta por los dos primeros parece obvia, por calidad y precio (si alguien decide que Ribery es el tercer mejor jugador del mundo es difícil rebatirle) Pero dejar ese talento en el banquillo se antoja complicado. Que sí, que ganarán partidos y golearán y dejarán momentos maravillosos, porque tienen un grupo talentoso como pocos, pero está por ver si estos cambios no siembran dudas entre el equipo al tocar demasiados engranajes. Y al final a lo que yo voy es ¿no sería mejor volver a jugar con un mediapunta? ¿cargarte los tres del centro del campo por un Gotze detrás del punta y un Robben o muller en derecha? Y dejar dos hombres atrás que sería Schwensteiger con libertad más acompañante. A mí me parece el sistema perfecto para sacar todo el partido a sus mejores jugadores. Sí, no os engañéis es el sistema de Heynkess, y el que Guardiola quiere arrinconar. Porque piensa que está caduco y que los jugadores requieren una renovación para volver a ilusionar(se). Pero quizás las ideas preconcebidas de Guardiola chocan con los jugadores, e incluso con la idiosincrasia del club (salir a avasallar, vértigo, tiros desde todas las posiciones…) Y quizás, solo quizás, no vale la pena cambiar lo que ya funciona.
Pero hete aquí que cosas del destino esta temporada el Bayern rompió a jugar como no se había visto. Heynkess consiguió sacar lo mejor de todos sus jugadores y los de Munich lo ganaron todo. Pero todo todo, con un triplete histórico y la sensación de ser el mejor equipo del continente arrollando a su paso a cuantos se le pusieron por delante. Lo que parecía un lugar idílico para Guardiola se había tornado en una empresa puñetera, pues mantener el listón ya sería complicado, cuánto más mejorarlo.
Heynkess construyó un equipo virtuoso en lo técnico de ritmo alto y físicamente superior. Su jugador franquicia era Bastian Schwensteiger, que con Van Gaal pasó a mediocentro, pero no es mediocentro al uso. Bastian no cierra posición, más bien no se queda quieto. Baja hasta los centrales, acompaña la jugada, tiene conducción, desplazamiento en largo, tiro y llegada. Un todocampista referencia en Europa. La llegada de Toni Kroos y Javi Martínez fue fundamental para apuntal este tipo de juego. Kroos hacía las veces de enlace entre Bastian y la delantera. Si Bastian bajaba el ocupaba ese espacio para sacar el balón. Y Martínez hacia lo mismo. La particularidad de no jugar con un mediocentro defensivo puro debería haber sido un obstáculo pero nunca lo fue por el inmenso dominio en todas las líneas de los germanos. Especialmente virtuosa era la salida de balón a través de los dos mejores laterales del momento, Alaba y Lahm que conseguían llegar hacia la letal punta de ataque. El equipo funcionó como un tiro y su eliminatoria contra el Barcelona fue el punto álgido que certificaba un cambio de hegemonía en el continente.
A esto se enfrentaba Guardiola y uno tenía dudas de cómo afrontaría el reto. Todos tenemos en mente la maravilla que hizo Pep en el Barcelona, pero Barça y Bayern son dos equipos diferentes, con urgencias diferentes y con patrones de juego diferentes ¿Guardiola es flexible para cambiar su manera de jugar o no tiene variantes más allá del juego de posesión ilimitado de los culés? Pues por ahora parece que la segunda opción va ganando. Guardiola llegó y se cargó el sistema de Heynkess a favor de su sempiterno 4-3-3, y el Bayern va a jugar a tener la pelota constantemente. O sea, va a intentar volver a hacer su proyecto Barça. No se puede acusar a Guardiola, pues es el sistema en el que cree, el que él considera que es canónico para su fútbol y en definitiva el que le ha dado éxitos en esto del fútbol. Pero está por ver si es idóneo para este equipo y plantilla.
Para empeza en el 4-3-3 guardiolista la función de varios jugadores varía demasiado respecto al anterior modelo. Guardiola siempre saca la pelota por dentro. Siempre. Alves que era una vía de escape alucinante en el Sevilla nunca fue en cuatro años modelo para empezar a jugar en los azulgranas. Así que el papel fundamental que tenían Alaba y Lahm en los primeros pases muniqueses se olvida por completo. Y desde luego sus centrales, Dante y Boateng (incluso Neuer que diablos), no tienen la calidad suficiente para conseguir una salida fluida como le gusta a Pep. La solución a corto plazo va a ser bajar a Javi Martínez a central (ya lo quiso fichar para el Barcelona para esa posición) y a largo plazo será incrustar en salida a Bastian entre centrales.
Eso nos lleva al problema del centro del campo. Y hay que hablar de lo maravilloso que supone tener a Busquets en el campo. Tener un mediocentro con capacidad de recuperación apabullante, pero que tiene la calidad técnica como para recibir de espaldas al juego presionado e iniciar desde el primer toque sin perderla nunca, no tiene precio. En el Bayern no tiene eso. Lo más parecido será la jeraquía de Scwensteiger pero seguimos juntando problemas. El centro del campo de Guardiola es una cosa muy específica, donde los jugadores tienen apenas movilidad. Son pivotes colocados en su sitio que solo por su irreal capacidad asociativa consiguen hacer fluir el juego como lo hacen. Pero el Bayern tiene jugadores de enorme recorrido y presencia. El falso doble pivote Javi-Bastian fue una máquina de jugar al fútbol, precisamente porque ninguna guardaba su posición. Bastian caía a una banda, Martínez subía al ataque, Schwensteiger iba a los pies de Neuer a buscar el balón, Martínez corregía y basculaba… Si lo que quiere Pep es fijar a Bastian como si fuese Busquets… pfff. El capitán muniqués necesita mucho contacto con balón en todas las partes del campo, tanto al lado de Lahm como de Ribery. Parece claro que el mejor Schwensteiger no lo vamos a ver con el catalán.
Y Martínez tampoco cumple su perfil de cinco, porque Guardiola prima la resolución técnica sobre el sacrificio defensivo (como se ha visto en la venta de un gran stopper como Luiz Gustavo) y ahí le falta un punto al vasco. Así que en un movimiento rarito se ha traído a Thiago Alcantara para hacerlo jugar de mediocentro. Y es rarito, porque Thiago si tiene esa capacidad primorosa de hacer todo lo que quiera con el balón, y gusta de sentirse protagonista con la pelota, y si me apuran tiene más intensidad defensiva que casi todos los jugadores culés. Pero es lo contrario a lo que significa Busquets. Thiago arriesga en cada pase que da, no importa en qué zona del campo esté, y es todo menos seguridad. Es un virtuoso que te puede dejar solo delante del portero, como te puede dejar vendido en la salida de balón. Muy alejado de la red de seguridad que se supone que quiere Guardiola que signifique su 70% de posesión. ¿Pero puede Guardiola aspirar a jugar al 70% de posesión? ¿Aspirar al Xavisistema? Pues él cree que sí, porque desde luego no se puede sostener el centro del campo que pretende Pep si no es con el control absoluto del esférico. Thiago, Bastian y Kroos, que parece es hacia donde tira Pep no tienen la capacidad defensiva mínimamente exigible para hacer presión tras pérdida, al no ser que la pérdida sea algo tan inhabitual como lo era con el Busquets, Xavi Iniesta del 2011. Pero es que eso tampoco lo va a conseguir. Sería cambiar la mentalidad de los jugadores un 100%. De Thiago y Bastian ya hemos hablado. Virtuosismo técnico pero con ganas de arriesgar balón en cada jugada. Kroos es algo más fiable, y su reconversión de mediapunta a volante en la que más confío, pero es un jugador puramente de ataque y les pasa como al resto. Guardiola no tiene red de seguridad sobre la que construyó su utopía culé. Ha hecho experimentos como poner a Lahm o Muller en esas posiciones, pero en plantilla no tiene nada que le consiga lo que le conseguía Xavi. Si se empecina en esto Guardiola se estará equivocando.
Sin laterales con importancia, y cargándose el falso doble pivote. Con las líneas más virtuosas que había dejado Heynkess anuladas por el sistema Guardiola nos centramos en el ataque, que forzosamente dejará de ser tan vertiginoso como solía, pues el equipo de Guardiola es un equipo mucho más masticado y de ritmo más lento. Podría ser malo para los extremos, pero la verdad Robben es tan determinante, Muller tan complejo y Ribery tan bueno que no debe suponer problemas para el caudal ofensivo. Sí puede serlo el gol si Guardiola quiere ser un espejo del Barça también aquí. En sus primeros años culés Guardiola amaba la figura del nueve. Más aún. Del nueve jugando de espaldas. Se pasó un verano pidiendo a Adebayor y un año después consiguió la perfección de ese tipo específico: Zlatan Ibrahimovic. Su fracaso con Ibra conllevó la jugada por la que será recordada toda la carrera de Guardiola. Hacer de Messi un falso nueve y terminar de convertir en todopoderoso al astro argentino. Parece que el resultado fue lo suficientemente convincente para que ahora el de Sant Pedor reniegue de sus antiguas creencias. No en vano se ha cargado nada más llegar a Mario Gómez y se ha quedado solo con Manzukic como nueve específico. ¿va a buscar Pep un falso nueve en su plantilla? Las malas lenguas dice que se lo propuso a Ribery y éste dijo que ni loco. Quizás Muller se ajustaría bien a ese movimiento, aunque Guardiola seguramente lo querría como su Pedro (las buenas actuaciones de Robben hacen que el holandés siga en el equipo contra viento y marea, porque aporta muchísimo, pero uno tiene el feeling que es el jugador de ataque que menos sintoní a ha de tener con el entrenador)
El otro nombre que aparece es Mario Gotze, flamante fichaje del verano al máximo rival y quizás el tipo más técnico de la Bundesliga. Se ajustaría como un guante a esa posición… de no ser que no mete un gol. Y ahí radica el problema. Que el falso nueve es una mentira, porque Messi es irreal. Estamos hablando de quitar un tío del área para poner un tío que promedia cincuenta goles por temporada. Pues claro, así no se resiente nada ni nadie. Pero en el Bayern, con Gotze o Muller ejerciendo de nueve ¿quién mete los goles? Robben tiene trece goles por temporada y Ribery ocho. Creo que el equipo tendría un déficit importante en ese sentido. Por ahora parece que Guardiola tira por la calle del medio y le toca apostar por Mandzukic, que es un nueve con movimientos de apoyo muy interesantes, pero igualmente apostar toda la campaña con un solo delantero no parece inteligente.
Si se queda Mandzukic de ariete quedarán dos puestos para Ribery, Gotze, Robben y Muller (y Saquiri, ya que nos ponemos) La apuesta por los dos primeros parece obvia, por calidad y precio (si alguien decide que Ribery es el tercer mejor jugador del mundo es difícil rebatirle) Pero dejar ese talento en el banquillo se antoja complicado. Que sí, que ganarán partidos y golearán y dejarán momentos maravillosos, porque tienen un grupo talentoso como pocos, pero está por ver si estos cambios no siembran dudas entre el equipo al tocar demasiados engranajes. Y al final a lo que yo voy es ¿no sería mejor volver a jugar con un mediapunta? ¿cargarte los tres del centro del campo por un Gotze detrás del punta y un Robben o muller en derecha? Y dejar dos hombres atrás que sería Schwensteiger con libertad más acompañante. A mí me parece el sistema perfecto para sacar todo el partido a sus mejores jugadores. Sí, no os engañéis es el sistema de Heynkess, y el que Guardiola quiere arrinconar. Porque piensa que está caduco y que los jugadores requieren una renovación para volver a ilusionar(se). Pero quizás las ideas preconcebidas de Guardiola chocan con los jugadores, e incluso con la idiosincrasia del club (salir a avasallar, vértigo, tiros desde todas las posiciones…) Y quizás, solo quizás, no vale la pena cambiar lo que ya funciona.
domingo, agosto 11
STAR TREK: EN LA OSCURIDAD
En 2009 J.J. Abrams, un bisoño director que era conocido más por sus trabajos televisivos nos sorprendió a todos recuperando para bien una franquicia que tenía toda la pinta de estar muerta y enterrrada. Star Trek funcionaba perfectamente, le daba más espectacularidad a una franquicia que la necesitaba, modernizaba conceptos y personajes anquilosados y dotaba al universo trekkie de conceptos como ritmo, carisma y diversión de los que no había oído hablar desde hace mucho tiempo.
Eso fue en 2009 y la jugada salió redonda. En 2013 Abrams ya se le ha bautizado como el nuevo Spielberg y ha sido el elegido para pilotar la próxima Star Wars, con lo que eso supone. Así que el acercamiento a En la Oscuridad era obligatorio hacerlo con las buenas sensaciones del primer film y con la esperanza intacta para sus siguientes compromisos. Empecemos ya a decir que la secuela de Star Trek va a suponer un ligero desliz en su carrera. Star Trek: en la Oscuridad va a ser desde el principio un proyecto más ambicioso que la primera película. Y eso no significa forzosamente hacer una película mejor. Van a prescindir de algunos de los grandes aciertos de aquélla para buscar una película más profunda, más oscura como dice el título, más dramática. Y esto casa peor con lo que pretendió Abrams en el reboot. Y es una lástima, porque el prólogo de la película es paradigmático de lo que es Star Trek: Un planeta desconocido y una civilización primitiva, la presentación de la Primera Directriz, y un Kirk saltándose todo protocolo para dejar el mando primero, y salvar a Spock después. Divertido, narrativamente claro, fiel a la serie original… no se puede hacer mejor.
Pero a partir de aquí se abandona el tono aventurero-científico a favor de oscurecer y ennegrecer la trama. Un terrorista se dedica a asolar la Federación con su ataque y el Star Trek tendrá la misión de pararle los pies. ¿El Star Trek no es una nave de investigación? Bueno, va a ser la primera de las licencias que se van a tomar en la precuela. EL terrorista en cuestión, que respondía al nombre de Harrison pero pronto vamos a saber que se trata de Khan, siendo ésta un remake encubierto de la ira de Khan, pues, es localizado en un mundo klingon y trasportado al Star Trek, en la enésima vez en que un villano se deja capturar por los héroes a favor de sus intereses.
¿Sus intereses? Bueno, ¿en qué ayuda a Kahn estar arrestado en el Enterprise para su plan? Nos ayuda a nosotros para que nos exponga las causas de su venganza contra la federación. ¿venganza? Igualito que Eric Bana en la primera película, y para conocer las manzanas podridas dentro de la federación. Pero a Khan le salen las cosas por inspiración divina. Porque Kirk decide aliarse con él sin lógica aparente ni sentido alguno (el ataque de Kirk lo podía haber hecho perfectamente sin Khan a su lado, por mucho que se diga que esta evolucionado genéticamente hasta la perfección) Así que no nos vendan la moto de que Khan lo tenía todo previamente calculado. Suerte tiene que Cumberbatch (el actor que hace de villano) tiene una presencia impresionante y se come la pantalla él solo, porque si no el personaje se habría diluido cual azucarillo mucho antes.
A lo que vamos, la primera película tenía seguramente los mismos, si no más, deus ex machinas a favor del guión. Pero la gracia de aquella es que se dotó a toda la película un ritmo non stop que hacía que no te parases en ningún momento. La película fluía bien, no se tomaba nada demasiado en serio, te divertía y entrabas en el juego. Ahora no. Es más importante pararse para demostrar lo dramático y épico que está siendo todo. Y claro, te da tiempo a hacerte las preguntas de rigor y desmontar absurdos que en 2009 te hubieses tragado. ¿Khan está cabreado porque tienen a su tripulación congelados en unos misiles (¡!) y diez minutos después Montgomery y Spock los han sacado sin problema ninguno? Pues tampoco era para tanto. En el famoso ataque de Kirk, Scotty y Khan lo peor no es que se cuelen por la escotilla diminuta, si no que no se encuentran a nadie hasta llegar al puente de mando, Khan vuelve a cambiar de bando contrariando todo lo que estaba pregonando hasta entonces, porque si no nos quedamos sin final. La teleportación es arbitraria según le convenga a la historia. Y como eso mil cosas que nos dejan patente que el guión es más que flojillo y mal hilado.
El otro gran acierto de la anterior entrega fueron sin duda alguna los personajes. Y aquí también van a involucionar. Kirk sigue siendo el único que aguanta el tipo. Su irresponsabilidad y su hiperactividad, siendo un niñato como es, nos pueden sobrepasar, pero lo cierto es que son rasgos del personaje clásico, así que cuesta cuestionarlo. Otra cosa es que no te guste el actor, pero el tipo mantiene cierto grado de carisma. Pero si habían conseguido darle momentos a todos los secundarios de la serie (que falta les hacían) ahora languidecen por completo. Solo Scotty se mantiene como secundario cómico. Pero Uhura, Checov, un inadvertido Sulu y especialmente Montgomery, no hacen absolutamente nada en la película, más que pegar gritos a favor o en contra de las decisiones de su capitán, sin mostrar ni rastro de personalidad en ninguno de ellos. Hasta Spock está bastante supeditado a Kirk, que le roba la escena mítica de sacrificio de la segunda película clásica, a favor de que sea Kirk el heroico (que un traje antiradiación en toda la nave, pues tampoco venía mal, digo yo)
Para el final dejamos un Enterprise a punto sin control salvado en el último momento y la otra nave arrasando la Federación y medio San Francisco. A la par de un demasiado emocional Spock peleando cuerpo a cuerpo con Khan. Espera ¿Spock con rabia asesina y apalizando casi hasta la muerte? ¿Kahn, el mejorado genéticamente, siendo atrapado por un vulcaniano y apalizado casi hasta la muerte? Pues si que somos fieles a los personajes, sí.
La dirección de Abrams es buena, y no deja que la película decaiga nunca demasiado, pero también está apuntado a la moda actual de rodar las escenas de acción con la cámara al hombro y terminan siendo caóticas y difusas. Eso sí, cuando sabe ser espectacular y sacarte el aliento lo hace como nadie, como el Enterprise saliendo bajo el agua en el prólogo, surcando el hiperespacio o reapareciendo entre las nubes.
Pero en definitiva se trata de un paso atrás para la franquicia. Parecía que habíamos ganado una gama de personajes atractivos, de los que ahora ya no queda nada, y nos demuestran que no conocen el espíritu trekkie como se les suponía (nave de combate, confabulaciones políticas, terroristas y héroes moralmente ambiguos no casan muy bien con el universo de Rodenberry) Para la siguiente película parece que, al fin, el Star Trek va a hacer las veces de nave de exploración. Lo que no sabemos si Abrams seguirá escribiendo el cuaderno de bitácora o habrá marchado a una galaxia muy muy lejana.
Eso fue en 2009 y la jugada salió redonda. En 2013 Abrams ya se le ha bautizado como el nuevo Spielberg y ha sido el elegido para pilotar la próxima Star Wars, con lo que eso supone. Así que el acercamiento a En la Oscuridad era obligatorio hacerlo con las buenas sensaciones del primer film y con la esperanza intacta para sus siguientes compromisos. Empecemos ya a decir que la secuela de Star Trek va a suponer un ligero desliz en su carrera. Star Trek: en la Oscuridad va a ser desde el principio un proyecto más ambicioso que la primera película. Y eso no significa forzosamente hacer una película mejor. Van a prescindir de algunos de los grandes aciertos de aquélla para buscar una película más profunda, más oscura como dice el título, más dramática. Y esto casa peor con lo que pretendió Abrams en el reboot. Y es una lástima, porque el prólogo de la película es paradigmático de lo que es Star Trek: Un planeta desconocido y una civilización primitiva, la presentación de la Primera Directriz, y un Kirk saltándose todo protocolo para dejar el mando primero, y salvar a Spock después. Divertido, narrativamente claro, fiel a la serie original… no se puede hacer mejor.
Pero a partir de aquí se abandona el tono aventurero-científico a favor de oscurecer y ennegrecer la trama. Un terrorista se dedica a asolar la Federación con su ataque y el Star Trek tendrá la misión de pararle los pies. ¿El Star Trek no es una nave de investigación? Bueno, va a ser la primera de las licencias que se van a tomar en la precuela. EL terrorista en cuestión, que respondía al nombre de Harrison pero pronto vamos a saber que se trata de Khan, siendo ésta un remake encubierto de la ira de Khan, pues, es localizado en un mundo klingon y trasportado al Star Trek, en la enésima vez en que un villano se deja capturar por los héroes a favor de sus intereses.
¿Sus intereses? Bueno, ¿en qué ayuda a Kahn estar arrestado en el Enterprise para su plan? Nos ayuda a nosotros para que nos exponga las causas de su venganza contra la federación. ¿venganza? Igualito que Eric Bana en la primera película, y para conocer las manzanas podridas dentro de la federación. Pero a Khan le salen las cosas por inspiración divina. Porque Kirk decide aliarse con él sin lógica aparente ni sentido alguno (el ataque de Kirk lo podía haber hecho perfectamente sin Khan a su lado, por mucho que se diga que esta evolucionado genéticamente hasta la perfección) Así que no nos vendan la moto de que Khan lo tenía todo previamente calculado. Suerte tiene que Cumberbatch (el actor que hace de villano) tiene una presencia impresionante y se come la pantalla él solo, porque si no el personaje se habría diluido cual azucarillo mucho antes.
A lo que vamos, la primera película tenía seguramente los mismos, si no más, deus ex machinas a favor del guión. Pero la gracia de aquella es que se dotó a toda la película un ritmo non stop que hacía que no te parases en ningún momento. La película fluía bien, no se tomaba nada demasiado en serio, te divertía y entrabas en el juego. Ahora no. Es más importante pararse para demostrar lo dramático y épico que está siendo todo. Y claro, te da tiempo a hacerte las preguntas de rigor y desmontar absurdos que en 2009 te hubieses tragado. ¿Khan está cabreado porque tienen a su tripulación congelados en unos misiles (¡!) y diez minutos después Montgomery y Spock los han sacado sin problema ninguno? Pues tampoco era para tanto. En el famoso ataque de Kirk, Scotty y Khan lo peor no es que se cuelen por la escotilla diminuta, si no que no se encuentran a nadie hasta llegar al puente de mando, Khan vuelve a cambiar de bando contrariando todo lo que estaba pregonando hasta entonces, porque si no nos quedamos sin final. La teleportación es arbitraria según le convenga a la historia. Y como eso mil cosas que nos dejan patente que el guión es más que flojillo y mal hilado.
El otro gran acierto de la anterior entrega fueron sin duda alguna los personajes. Y aquí también van a involucionar. Kirk sigue siendo el único que aguanta el tipo. Su irresponsabilidad y su hiperactividad, siendo un niñato como es, nos pueden sobrepasar, pero lo cierto es que son rasgos del personaje clásico, así que cuesta cuestionarlo. Otra cosa es que no te guste el actor, pero el tipo mantiene cierto grado de carisma. Pero si habían conseguido darle momentos a todos los secundarios de la serie (que falta les hacían) ahora languidecen por completo. Solo Scotty se mantiene como secundario cómico. Pero Uhura, Checov, un inadvertido Sulu y especialmente Montgomery, no hacen absolutamente nada en la película, más que pegar gritos a favor o en contra de las decisiones de su capitán, sin mostrar ni rastro de personalidad en ninguno de ellos. Hasta Spock está bastante supeditado a Kirk, que le roba la escena mítica de sacrificio de la segunda película clásica, a favor de que sea Kirk el heroico (que un traje antiradiación en toda la nave, pues tampoco venía mal, digo yo)
Para el final dejamos un Enterprise a punto sin control salvado en el último momento y la otra nave arrasando la Federación y medio San Francisco. A la par de un demasiado emocional Spock peleando cuerpo a cuerpo con Khan. Espera ¿Spock con rabia asesina y apalizando casi hasta la muerte? ¿Kahn, el mejorado genéticamente, siendo atrapado por un vulcaniano y apalizado casi hasta la muerte? Pues si que somos fieles a los personajes, sí.
La dirección de Abrams es buena, y no deja que la película decaiga nunca demasiado, pero también está apuntado a la moda actual de rodar las escenas de acción con la cámara al hombro y terminan siendo caóticas y difusas. Eso sí, cuando sabe ser espectacular y sacarte el aliento lo hace como nadie, como el Enterprise saliendo bajo el agua en el prólogo, surcando el hiperespacio o reapareciendo entre las nubes.
Pero en definitiva se trata de un paso atrás para la franquicia. Parecía que habíamos ganado una gama de personajes atractivos, de los que ahora ya no queda nada, y nos demuestran que no conocen el espíritu trekkie como se les suponía (nave de combate, confabulaciones políticas, terroristas y héroes moralmente ambiguos no casan muy bien con el universo de Rodenberry) Para la siguiente película parece que, al fin, el Star Trek va a hacer las veces de nave de exploración. Lo que no sabemos si Abrams seguirá escribiendo el cuaderno de bitácora o habrá marchado a una galaxia muy muy lejana.
martes, agosto 6
LOBEZNO: INMORTAL
Viniendo de donde venimos tampoco creo que hubiese una legión de seguidores esperando una película de Lobezno. Es más, el bueno de Logan, o más bien la sobresaturación a la que es expuesto, es parte importante de haber dilapidado la franquicia. En Xmen III tenía un protagonismo que no merecía por la historia contada y que era una (entre muchas) de las claves para que no funcionase la película en ningún aspecto. No contentos con eso la película en solitario de Lobezno reincidió en el agotamiento del mismo. Personaje sobreexpuesto, película sin ningún tipo de interés y multitud de cameos innecesarios y horriblemente planos y sin sentido. Parece que tras Orígenes: Lobezno Hugh Jackman había colgado las garras.
Pero resulta que las películas Marvel con Iron Man primero y el boom de Vengadores a las puertas, y Nolan en la Distinguida Competencia consiguieron revitalizar el género superheroico lo suficiente como para que XMen: Primera Clase se sumase también al carro, trayendo la mejor película de los mutantes (al alimón con X2) El buen recibimiento de la película de Vaughn era el pistolezazo que necesitaba la Fox para seguir explotando su franquicia, así que se dio luz verde al proyecto de Lobezno. Asi que ¿ha valido la pena devolver a Logan a la primera línea?
La idea perfilada era adaptar el cómic Honor, de Claremont y Miller. El material de partida es bueno, ya no solo por su calidad sino porque en su momento fue una reescritura del personaje. Si con Byrne Lobezno era un sanguinario con sed de sangre y ganas de bronca, Claremont lo reinventó como un Ronin, como un samurái fracasado por no controlar su parte animal, otorgándole un sentido de la honorabilidad hasta ahora inédito. Más allá de si el cambio fue mejor o peor era importante porque en la anterior película ya habían demostrado que no se encontraban demasiado cómodos con un asesino como protagonista y siempre buscaban justificaciones para sus acciones. De todas maneras Honor solo va a servir como material de partida y utilizar sus personajes y entorno japoneses, porque la historia va a diferir mucho del cómic.
No está suficientemente catalogado cuánto daño le ha hecho el factor curativo a Lobezno. Lo que en principio era un original poder mutante ha terminado siendo una justificación para cualquier barrabasada que se le ocurriese al guionista de turno. Si en los cómics hemos visto al tío aguantar una crucifixión o un viaje hasta el sol (¡!) en el cine aguantó a bocajarro toda la fuerza de fénix o sobrevivió a la bomba de Nagasaki, como inciden en el prólogo de Lobezno: Immortal. Así que el factor curativo va a ser parte importante de la trama. Empezamos con un Lobezno compulgido después de XMen III, y está bien que al personaje le interese más las repercusiones de aquella película que a los propios espectadores. Logan se ha alejado de todo y cuenta con alucinaciones de Jean Grey recordándole constantemente la pérdida de su amada. Es una factor que funciona y dota de profundidad al personaje. De inmediato aparece Yukio para llevar a Logan a Japón. La punk japonesa, sin ser tan rompedora como lo fue para Tormenta en los ochenta, funciona muy bien como sidekick del canadiense, y desprende un buen carisma, siendo al final uno de los personajes mejor retratados. En Japón nos encontramos el resto de familia japonesa que conocemos de los cómics, con el importante añadido del “amigo” de Logan en Nagasaki, que pretende la inmortalidad de Lobezno (o lo que es lo mismo su factor curativo)
Con una doctora que no puede tener más pinta de mala, y que luego se nos descubre como Víbora, consiguen anular el dichoso factor curativo a Logan y ahí tiene los mejores momentos de la película. Tras un intento de asesinato Lobezno y Mariko, a la postre heredera del clan Yashida, terminan huyendo perseguidos por un clan de ninjas (que no se pueden llamar la Mano, por lo visto) Lobezno descubre que su factor curativo le falla… lo que no le impide seguir recibiendo disparos a bocajarro y cortes a tutiplén, así que tampoco es que hayan incidido demasiado en las consecuencias de esto, más alla de ver a Hugh Jackman poner cara de dolor de vez en cuando. Sí, nos traen una escena de acción bastante guapa encima de un tren de Alta Velocidad, sin duda la mejor de la película, pero poca cosa más. Pero más allá de eso la película se vuelve aburrida. Mariko es un personaje anodino (ya lo era en el cómic) así que su enamoramiento de Logan no aporta nada significativo. Como decimos tampoco se ahonda en las consecuencias de la pérdida de poder de Logan lo que se debiera (ya saldrán los listos de turno diciendo que se ha Nolanizado) y luego está el clan Yashida que no hay por donde cogerlo. Personajes que actúan no se sabe muy bien por qué. Porque nos encontramos que no sabemos quién es el malo de la película. Víbora es la más artera y peligrosa, pero es independiente del clan Yashida, así que siempre parece moverse en beneficio de otros. EL prometido de Mariko y su padre solo tienen intenciones egoístas porque lo pide el guión. Y el Samurai de plata, Harada, sí se lleva la palma, porque parece más bien un tonto que un héroe. Lo mismo ataca en el funeral, que defiende a Mariko de los yakuza. Lo mimos se alía con víbora que se alía con Lobezno. Por favor, si no eres capaz de tener claro tus prioridades mereces el final que tienes.
Con la recuperación de Yukio, a fin de cuentas la única que tiene carisma, parece que la película vuelve a ponerse las pilas en la parte final. Logan tiene que volver a buscar a una secuestrada Mariko y aquí la película cambia de tono definitivamente. Si hasta ahora estábamos viendo una película de ninjas más que de superhéroes en su búsqueda final van a tener que subir el nivel de acción. Para ello Lobezno recupera su factor curativo, en una dantesca escena que hace la cirugía de Prometheus cuasi realista. Y ala, ya tenemos al Logan invencible (a ver, que no nos había abandonado nunca, lo que pasa es que el nivel de pelígro había bajado ostensiblemente) para enfrentarse de nuevo a Ninjas, a mutantes reptilíneas y a robots gigantes.
El cambio en Víbora es absolutamente gratuito, para dotarle de un poder mutante que le acerque más a su alias, y para ser adversario en la lucha final. Lobezno ya es experto en tener enfrentamientos aburridos con mujeres de sus películas anteriores. Aunque prácticamente se quita de en medio en seguida a favor del siguiente némesis.El enfrentamiento final con un robot ninja gigante (¡!) nos trae, por fin, al verdadero villano de la película: el antiguo amigo de Lobezno no estaba muerto, estaba tomando sake. Por eso la indefinición que hemos tenido que aguantar toda la película sobre quién era el villano. El combate final no está mal en intensidad después de todo (sorprende cuando le cortan las garras a Lobezno) y la imagen de Lobezno con una espada samurái es emblemática. Bueno, a estas alturas ya sabrás hasta que punto te interesa el sacrificio de Harada, la sorpresa del abuelo, el dilema deMariko o el enfrentamiento de Víbora y Yukio. Yo ya digo que a mí no demasiado.
Así llegamos al final. Mangold no ha hecho mala película, ha aprobado en las escenas de acción (con nota en la del tren, cierto) y ha querido profundizar en aspectos de Lobezno inéditos en la pantalla hasta ahora. Pero los bajones de ritmo y varios personajes sin tino ni interés dentro del clan japonés han terminado por no conseguir la película redonda que se suponía. Si ponemos el listón en Xmen Orígenes, pues sí, se ha incrementado muy mucho el nivel y ha sido un acierto. Si lo hacemos con lo que se espera de la franquicia, tras Xmen: Primera Clase y ese espectacular epílogo post créditos que nos augura un Dias del Futuro Pasado, creo que a Singer y compañía debemos pedirle algo más de lo que nos da esta película.
Pero resulta que las películas Marvel con Iron Man primero y el boom de Vengadores a las puertas, y Nolan en la Distinguida Competencia consiguieron revitalizar el género superheroico lo suficiente como para que XMen: Primera Clase se sumase también al carro, trayendo la mejor película de los mutantes (al alimón con X2) El buen recibimiento de la película de Vaughn era el pistolezazo que necesitaba la Fox para seguir explotando su franquicia, así que se dio luz verde al proyecto de Lobezno. Asi que ¿ha valido la pena devolver a Logan a la primera línea?
La idea perfilada era adaptar el cómic Honor, de Claremont y Miller. El material de partida es bueno, ya no solo por su calidad sino porque en su momento fue una reescritura del personaje. Si con Byrne Lobezno era un sanguinario con sed de sangre y ganas de bronca, Claremont lo reinventó como un Ronin, como un samurái fracasado por no controlar su parte animal, otorgándole un sentido de la honorabilidad hasta ahora inédito. Más allá de si el cambio fue mejor o peor era importante porque en la anterior película ya habían demostrado que no se encontraban demasiado cómodos con un asesino como protagonista y siempre buscaban justificaciones para sus acciones. De todas maneras Honor solo va a servir como material de partida y utilizar sus personajes y entorno japoneses, porque la historia va a diferir mucho del cómic.
No está suficientemente catalogado cuánto daño le ha hecho el factor curativo a Lobezno. Lo que en principio era un original poder mutante ha terminado siendo una justificación para cualquier barrabasada que se le ocurriese al guionista de turno. Si en los cómics hemos visto al tío aguantar una crucifixión o un viaje hasta el sol (¡!) en el cine aguantó a bocajarro toda la fuerza de fénix o sobrevivió a la bomba de Nagasaki, como inciden en el prólogo de Lobezno: Immortal. Así que el factor curativo va a ser parte importante de la trama. Empezamos con un Lobezno compulgido después de XMen III, y está bien que al personaje le interese más las repercusiones de aquella película que a los propios espectadores. Logan se ha alejado de todo y cuenta con alucinaciones de Jean Grey recordándole constantemente la pérdida de su amada. Es una factor que funciona y dota de profundidad al personaje. De inmediato aparece Yukio para llevar a Logan a Japón. La punk japonesa, sin ser tan rompedora como lo fue para Tormenta en los ochenta, funciona muy bien como sidekick del canadiense, y desprende un buen carisma, siendo al final uno de los personajes mejor retratados. En Japón nos encontramos el resto de familia japonesa que conocemos de los cómics, con el importante añadido del “amigo” de Logan en Nagasaki, que pretende la inmortalidad de Lobezno (o lo que es lo mismo su factor curativo)
Con una doctora que no puede tener más pinta de mala, y que luego se nos descubre como Víbora, consiguen anular el dichoso factor curativo a Logan y ahí tiene los mejores momentos de la película. Tras un intento de asesinato Lobezno y Mariko, a la postre heredera del clan Yashida, terminan huyendo perseguidos por un clan de ninjas (que no se pueden llamar la Mano, por lo visto) Lobezno descubre que su factor curativo le falla… lo que no le impide seguir recibiendo disparos a bocajarro y cortes a tutiplén, así que tampoco es que hayan incidido demasiado en las consecuencias de esto, más alla de ver a Hugh Jackman poner cara de dolor de vez en cuando. Sí, nos traen una escena de acción bastante guapa encima de un tren de Alta Velocidad, sin duda la mejor de la película, pero poca cosa más. Pero más allá de eso la película se vuelve aburrida. Mariko es un personaje anodino (ya lo era en el cómic) así que su enamoramiento de Logan no aporta nada significativo. Como decimos tampoco se ahonda en las consecuencias de la pérdida de poder de Logan lo que se debiera (ya saldrán los listos de turno diciendo que se ha Nolanizado) y luego está el clan Yashida que no hay por donde cogerlo. Personajes que actúan no se sabe muy bien por qué. Porque nos encontramos que no sabemos quién es el malo de la película. Víbora es la más artera y peligrosa, pero es independiente del clan Yashida, así que siempre parece moverse en beneficio de otros. EL prometido de Mariko y su padre solo tienen intenciones egoístas porque lo pide el guión. Y el Samurai de plata, Harada, sí se lleva la palma, porque parece más bien un tonto que un héroe. Lo mismo ataca en el funeral, que defiende a Mariko de los yakuza. Lo mimos se alía con víbora que se alía con Lobezno. Por favor, si no eres capaz de tener claro tus prioridades mereces el final que tienes.
Con la recuperación de Yukio, a fin de cuentas la única que tiene carisma, parece que la película vuelve a ponerse las pilas en la parte final. Logan tiene que volver a buscar a una secuestrada Mariko y aquí la película cambia de tono definitivamente. Si hasta ahora estábamos viendo una película de ninjas más que de superhéroes en su búsqueda final van a tener que subir el nivel de acción. Para ello Lobezno recupera su factor curativo, en una dantesca escena que hace la cirugía de Prometheus cuasi realista. Y ala, ya tenemos al Logan invencible (a ver, que no nos había abandonado nunca, lo que pasa es que el nivel de pelígro había bajado ostensiblemente) para enfrentarse de nuevo a Ninjas, a mutantes reptilíneas y a robots gigantes.
El cambio en Víbora es absolutamente gratuito, para dotarle de un poder mutante que le acerque más a su alias, y para ser adversario en la lucha final. Lobezno ya es experto en tener enfrentamientos aburridos con mujeres de sus películas anteriores. Aunque prácticamente se quita de en medio en seguida a favor del siguiente némesis.El enfrentamiento final con un robot ninja gigante (¡!) nos trae, por fin, al verdadero villano de la película: el antiguo amigo de Lobezno no estaba muerto, estaba tomando sake. Por eso la indefinición que hemos tenido que aguantar toda la película sobre quién era el villano. El combate final no está mal en intensidad después de todo (sorprende cuando le cortan las garras a Lobezno) y la imagen de Lobezno con una espada samurái es emblemática. Bueno, a estas alturas ya sabrás hasta que punto te interesa el sacrificio de Harada, la sorpresa del abuelo, el dilema deMariko o el enfrentamiento de Víbora y Yukio. Yo ya digo que a mí no demasiado.
Así llegamos al final. Mangold no ha hecho mala película, ha aprobado en las escenas de acción (con nota en la del tren, cierto) y ha querido profundizar en aspectos de Lobezno inéditos en la pantalla hasta ahora. Pero los bajones de ritmo y varios personajes sin tino ni interés dentro del clan japonés han terminado por no conseguir la película redonda que se suponía. Si ponemos el listón en Xmen Orígenes, pues sí, se ha incrementado muy mucho el nivel y ha sido un acierto. Si lo hacemos con lo que se espera de la franquicia, tras Xmen: Primera Clase y ese espectacular epílogo post créditos que nos augura un Dias del Futuro Pasado, creo que a Singer y compañía debemos pedirle algo más de lo que nos da esta película.
martes, julio 2
MAN OF STEEL
Hoy voy a pasar relativamente rápido de los trailers vistos, pues los más interesantes ya se han comentado por aquí. En la oscuridad, el segundo intento de hacer un Star Trek convertido en Star Wars antes que Abrams haga el propio Star Wars, After Earth la película de ciencia ficción para lujo de Will Smith y de su hijo (que con su premisa tan simple nos hace reflexionar en lo bajo que ha caído la carrera de Night Syamalahan), Gru2, más animación no pixar, aunque la primera parte fue una película simpática y bien resuelta, y Pacific Rim, con Guillermo del Toro desatando su vena más friki-otaku: Monstruos gigantes luchando contra robots gigantes. Espectacular, sí. Pero el espectáculo no es todo como veremos cuando (después de más de veinte minutos entre anuncios y trailers) veamos el Hombre de Acero.
Hacer una película de Superman no es hacer una película más de superhéroes. Superman ha sido el primero, tanto en el cómic como en la traslación a pantalla, y desde luego no existe otro icono cultural entre los personajes de cómics que éste. Por eso uno no puede plantearse hacer una película del Hombre de Acero y que ésta quede en Tierra de nadie, como Green Lantern o los 4 Fantásticos (o Superman Returns) Se trata de un acontecimiento. Sabedor de eso DC jugó sobre seguro y encargó el proyecto a los hacedores de su mejor éxito hasta la fecha: los creadores de la trilogía de Batman. Nolan como producto y David S. Goyer como guionista. Lástimosamente Nolan no hará las veces de director y para tal se fichará a Zack Snyder, que por aquí ya conocemos con experimentos como 300 y Watchmen, con suerte desigual. Un proyecto ambicioso, un presupuesto notable, un grupo de actores envidiable, un director dado a la espectacularidad, unos trailers prometedores. Nada podía salir mal ¿verdad?
La película vuelve a ser un Reboot, pero contar el origen de Superman otra vez, un origen que todo el mundo tiene asimilado en su mente puede resultar cargante e incluso soporífero. Goyer va a conseguir evitar constantemente la comparación con la(s) película(s) de Donner, yéndose a extremos opuestos o con piruetas narrativas de éxito. Para empezar nos encontramos un prólogo en Kripton, que ya nos adelantan las diferencias que se pretenden respecto a versiones anteriores. Aunque estéticamente los kriptonianos parecen salidos de Worlds of Kripton de Byrne este mundo va a ser mucho más orgánico y vívido que el frío mundo Kriptoniano de Marlon Brando. Está conseguido, además que la revolución del General Zod desde el principio nos deja escenas de acción para lujo de un potente Russell Crowe, como Kalel. El mismo va a mandar a su hijo a un planeta desconocido, junto a la combinación del ADN del todo Kripton, el famoso códice que va a ser buena y mala idea por igual (en principio es apropiado que Kalel no solo quiera salvar a su hijo, sino que pretende salvar a toda su especie. Pero más adelante se va a utilizar de manera arbitraria y como truco de guión)
Tras el buen desenlace del prólogo llega la mejor idea de la película. Sableada directamente de Batman Begins deciden contar el origen de Superman a través de flashbacks. Es un acierto, porque estar una hora contando la historia de Smallville hubiese sido redundante y una pérdida de tiempo ante algo que todo el mundo sabía. Así que articula la película de manera paralela: un Clark Kent adulto que va en busca de sus orígenes, y unos flashbacks que resaltan su manera de conocer sus poderes y qué hacer con ellos. Esta parte de la película está bien resuelta, aunque la verdad es que no aporta nada que no hayamos visto antes. La escena de la plataforma petrolífera o el rescate del autobús carecen de la grandiosidad y capacidad de asombro que se le supone a las primeras apariciones de un superhombre. Es más, las intenciones van hacia el sentido contrario: mostrar a un Superman aislado de los humanos, alienado, y sintiéndose culpable de ser diferente. Algo que puede llegar a tener sentido en las primeras apariciones del chico, pero que va a terminar por hacer mucho daño a película y personaje.
En ese sentido lo más reseñable de este tercio de película es el papel de Johnattan Kent. Se habla mucho y bien de ello, primero por el buen hacer de Kevin Costner, y luego porque parece la única idea diferente expuesta de los guionistas respecto al cánon clásico. El padre adoptivo de Superman, temeroso de lo diferente que sea su hijo, aboga porque éste ande oculto y reprimido constantemente, aún a costa de no ayudar a nadie y convertirse en un egoísta. Se agradecen ideas nuevas, pero en serio, a poco que uno piense en ello… ¡Papi Kent es el villano de la película! Le explica a su hijo que no tiene que defenderse de los ataques, que no debe salvar a la gente de la muerte, a favor de su identidad secreta, que su secreto vale más la pena que sus seres queridos… Vamos, que tiene reprimido al chico hasta límites peligrosos. Peligrosos como la escena de la propia muerte de Costner, realmente atroz. Cuando el de Kansas va a salvar a un perro (¡!) de un tornado, a costa de perder él la vida, evitando así que Clark vaya y lo rescate sin más problemas. En serio, el chico tenía que andar traumatizado de verdad con su padre- Cuando conocemos al Clark adulto ya vemos que las lecciones de su padre las mandó al pairo, porque sí es un altruista que anda por ahí salvando gente. Y en cuanto su padre biológico le insta a ser un héroe y una inspiración para su nuevo mundo se pone el traje y se olvida de lo que quería pa Kent para él.
La irrupción de la nave alienígena del Antártico trae malas noticias para la película. El uso de Jorel primero. Está bien que haga su función motivadora para inspirar a su hijo, pero en lugar de quedarse ahí se buscan una manera de interactuar después de muerto con el resto del reparto y se convierte en un recurso de guión excesivamente facilón: pulula por ahí como un fantasma diciendo a los personajes qué es lo que tienen que hacer. Especialmente a Lois Lane, que también se hace partícipe de la película, y bueno, es el peor personaje de la película. Yo no pido que hagan un clon de Margott Kidder y su divertida vena cómica y pasada de vuelta, pero vamos, darle un poco de personalidad a la chica tampoco le vendría mal. Porque cumple uno por uno los requisitos de “chica de peli de acción”. Como es intrascendente en el apartado físico se le otorgan momentos previos a ellos, dándole un protagonismo que la lógica le hubiese negado. Descubre la identidad de Superman en cinco minutos solo haciendo preguntas, se cuela en una nave ultrasecreta protegida por el gobierno, sin dificultad, siguiendo al muchachote de Kansas solo por intuición. Gracias a Jorel descubre el códice y el uso que tiene que hacer de él, lo que termina por hacer “necesaria” de manera forzosa su presencia en el clímax de la cinta. SI añadimos el colofón del incoherente y cuasi sexista beso de película del final del film ya hemos pasado por todos los clichés para conseguir un personaje insípido y sobrante.
Bueno, llevamos hora y pico de película y no ha habido prácticamente escenas de acción (sí vimos momentos espectaculares como el aprendizaje de vuelo de Superman o escenas para mostrar musculitos de Cavill, pero ninguna amenaza real para el Hombre de Acero) así que ahí llegan los kriptonianos. El general Zod y su séquito (que habían sido convenientemente exilidados de un mundo que perecía) llegan a la Tierra siguiendo la estela de Kalel y su códice, con la intención primero de encontrar al hijo de su enemigo y segundo de convertir la Tierra en un nuevo Kripton. Que como premisa para un malo pues no está mal, pero entre el planísimo discurso protofascista de Zod, que le deja sin ningún tipo de ambigüedad moral, y los esperpénticos planes para conseguirlo (la plataforma planetaria, la nave fantasma, la terraformación de la Tierra (¡!)) que es imposible atender mínimamente con interés lo que pretenden . En definitiva, que es la hora de las tortas.
Y aquí es donde va a suspender por completo la película en general y Snyder en particular. Si hasta ahora ya la dirección “parkinson” estaba siendo relativamente mala, en las escenas de acción se va a convertir en algo insoportable. Escenas con zooms imprevistos, con la cámara demasiado cerca de la acción, y con extraños giros a toda velocidad, que suponene vendrían a darnos cuenta de lo frenético e impetuoso que está siendo el enfrentamiento, cuando solo queda caótico y desordenado. Saco a colación Los Vengadores, con la que el planteamiento del final tiene no pocas similitudes y en aquella Joss Whedon hizo un trabajo inmejorable. Escenas para lucimiento de todos los personajes, fotografía nítida (no este filtro amarillo sucio en todo el film) y distancia para conseguir narrar con total nítidez todo lo que pasó en la película. Snyder se coloca en el extremo opuesto y acaba por conseguir la desconexión total que los motivos de los personajes ya anunciaban. A partir de aquí no te interesa NADA de lo que estás viendo.
¿Y es espectacular? Pues sí, claro que es espectacular. El nivel de poder mostrado por los kriptonianos es apoteósico, como pocas veces se ha visto en el cine, y si lo acompañamos con un nivel de destrucción desmedido pues en ese apartado poco se puede añadir. Pero a Superman no le basta con ser espectacular, épico o grandilocuente. Superman no es eso (que también) Superman es Grandioso, un Dios en la Tierra. Y un Dios en la Tierra debe hacer algo más que darse piños. El burdo y obvio símil religioso-mesiánico que adorna toda la película le da a Kalel una relevancia que luego no se ve en la misma. Rescatemos las frases de Jorel en Kripton (y en el tráiler) “Le adorarán como un Dios, les hará caer pero les servirá de inspiración para alcanzar cotas inimaginables” ¿qué inspiración representa aquí Superman para la humanidad? Aparte de que la única vez que le ven es derribando rascacielos uno tras otro. Pero para ilustra ese “más grande que la vida” necesitas enseñarnos la capacidad de asombrar. Es más identificativo de lo que es Superman la cara de un niño al que Superman le acaba de rescatar su gato que el duodécimo edificio que cae al suelo por el poder desmedido. ¿si quitas eso? ¿Si el enfrentamiento entre un fuerza imparable y una fuerza inamovible no lo consiguen vender como algo extraordinario para lo que los rodea ¿Qué queda? Pues queda Matrix Revolution que es lo que parece el enfrentamiento final (encima con un CGI que canta sobre manera donde ya no ves a los actores, si no a muñequitos creado por ordenador) sin un ápice de interés en el desenlace por muy grandilocuente que lo quieran hacer.
Henry Cavill tenía un papelón, como todos aquellos que se pongan en la piel de Cristopher Reeves. Cavill tiene una presencia física imponente, bestial incluso, y el traje le queda perfecto… pero ya está. Quizás su poco parecido con Reeves (cosa que Brandon Routh tenía) me descolocaba demasiado, pero en ningún momento consigue transmitir toda la grandeza y épica del personaje. Cortito de carisma lo veo yo. Michael Sannon intepreta a Zod y en verdad el actor me encanta… pero no había manera de defender a un personaje tan plano. Dado que no tiene otra función más que de hacer de malo, pues básicamente se limita a tener cara de loco (y ya sabemos lo bien que se le da poner cara de loco) y hablar a gritos y con los ojos abiertos. Otro malo histriónico más para la galería. De los padres ya hemos hablado y quizás son los mejores de la película. Kevin Costner ejerce igual de bien siendo paternal y autoritario, y Crowe dibuja un Kalel mucho más enérgico que antaño, y la verdad es que el actor tiene una presencia imponente en pantalla, aunque me sobra mucho su papel fantasma. Amy Adams es sosa, y convierte en más soso a su personaje soso.
Así que cuando hablábamos de ¿qué podía salir mal? La respuesta parece ser “casi todo” Aunque se partió de buenas ideas para hacer un reboot diferenciado de la película del 78 (garrafal error que tuvo Singer en 2006) en seguida se ha demostrado que la dirección torpe, las ideas malas, la indefinición del mensaje del personaje y el espectáculo vacuo no son las mejores herramientas para que volvamos a creer, como antaño, que “un hombre puede volar”
Hacer una película de Superman no es hacer una película más de superhéroes. Superman ha sido el primero, tanto en el cómic como en la traslación a pantalla, y desde luego no existe otro icono cultural entre los personajes de cómics que éste. Por eso uno no puede plantearse hacer una película del Hombre de Acero y que ésta quede en Tierra de nadie, como Green Lantern o los 4 Fantásticos (o Superman Returns) Se trata de un acontecimiento. Sabedor de eso DC jugó sobre seguro y encargó el proyecto a los hacedores de su mejor éxito hasta la fecha: los creadores de la trilogía de Batman. Nolan como producto y David S. Goyer como guionista. Lástimosamente Nolan no hará las veces de director y para tal se fichará a Zack Snyder, que por aquí ya conocemos con experimentos como 300 y Watchmen, con suerte desigual. Un proyecto ambicioso, un presupuesto notable, un grupo de actores envidiable, un director dado a la espectacularidad, unos trailers prometedores. Nada podía salir mal ¿verdad?
La película vuelve a ser un Reboot, pero contar el origen de Superman otra vez, un origen que todo el mundo tiene asimilado en su mente puede resultar cargante e incluso soporífero. Goyer va a conseguir evitar constantemente la comparación con la(s) película(s) de Donner, yéndose a extremos opuestos o con piruetas narrativas de éxito. Para empezar nos encontramos un prólogo en Kripton, que ya nos adelantan las diferencias que se pretenden respecto a versiones anteriores. Aunque estéticamente los kriptonianos parecen salidos de Worlds of Kripton de Byrne este mundo va a ser mucho más orgánico y vívido que el frío mundo Kriptoniano de Marlon Brando. Está conseguido, además que la revolución del General Zod desde el principio nos deja escenas de acción para lujo de un potente Russell Crowe, como Kalel. El mismo va a mandar a su hijo a un planeta desconocido, junto a la combinación del ADN del todo Kripton, el famoso códice que va a ser buena y mala idea por igual (en principio es apropiado que Kalel no solo quiera salvar a su hijo, sino que pretende salvar a toda su especie. Pero más adelante se va a utilizar de manera arbitraria y como truco de guión)
Tras el buen desenlace del prólogo llega la mejor idea de la película. Sableada directamente de Batman Begins deciden contar el origen de Superman a través de flashbacks. Es un acierto, porque estar una hora contando la historia de Smallville hubiese sido redundante y una pérdida de tiempo ante algo que todo el mundo sabía. Así que articula la película de manera paralela: un Clark Kent adulto que va en busca de sus orígenes, y unos flashbacks que resaltan su manera de conocer sus poderes y qué hacer con ellos. Esta parte de la película está bien resuelta, aunque la verdad es que no aporta nada que no hayamos visto antes. La escena de la plataforma petrolífera o el rescate del autobús carecen de la grandiosidad y capacidad de asombro que se le supone a las primeras apariciones de un superhombre. Es más, las intenciones van hacia el sentido contrario: mostrar a un Superman aislado de los humanos, alienado, y sintiéndose culpable de ser diferente. Algo que puede llegar a tener sentido en las primeras apariciones del chico, pero que va a terminar por hacer mucho daño a película y personaje.
En ese sentido lo más reseñable de este tercio de película es el papel de Johnattan Kent. Se habla mucho y bien de ello, primero por el buen hacer de Kevin Costner, y luego porque parece la única idea diferente expuesta de los guionistas respecto al cánon clásico. El padre adoptivo de Superman, temeroso de lo diferente que sea su hijo, aboga porque éste ande oculto y reprimido constantemente, aún a costa de no ayudar a nadie y convertirse en un egoísta. Se agradecen ideas nuevas, pero en serio, a poco que uno piense en ello… ¡Papi Kent es el villano de la película! Le explica a su hijo que no tiene que defenderse de los ataques, que no debe salvar a la gente de la muerte, a favor de su identidad secreta, que su secreto vale más la pena que sus seres queridos… Vamos, que tiene reprimido al chico hasta límites peligrosos. Peligrosos como la escena de la propia muerte de Costner, realmente atroz. Cuando el de Kansas va a salvar a un perro (¡!) de un tornado, a costa de perder él la vida, evitando así que Clark vaya y lo rescate sin más problemas. En serio, el chico tenía que andar traumatizado de verdad con su padre- Cuando conocemos al Clark adulto ya vemos que las lecciones de su padre las mandó al pairo, porque sí es un altruista que anda por ahí salvando gente. Y en cuanto su padre biológico le insta a ser un héroe y una inspiración para su nuevo mundo se pone el traje y se olvida de lo que quería pa Kent para él.
La irrupción de la nave alienígena del Antártico trae malas noticias para la película. El uso de Jorel primero. Está bien que haga su función motivadora para inspirar a su hijo, pero en lugar de quedarse ahí se buscan una manera de interactuar después de muerto con el resto del reparto y se convierte en un recurso de guión excesivamente facilón: pulula por ahí como un fantasma diciendo a los personajes qué es lo que tienen que hacer. Especialmente a Lois Lane, que también se hace partícipe de la película, y bueno, es el peor personaje de la película. Yo no pido que hagan un clon de Margott Kidder y su divertida vena cómica y pasada de vuelta, pero vamos, darle un poco de personalidad a la chica tampoco le vendría mal. Porque cumple uno por uno los requisitos de “chica de peli de acción”. Como es intrascendente en el apartado físico se le otorgan momentos previos a ellos, dándole un protagonismo que la lógica le hubiese negado. Descubre la identidad de Superman en cinco minutos solo haciendo preguntas, se cuela en una nave ultrasecreta protegida por el gobierno, sin dificultad, siguiendo al muchachote de Kansas solo por intuición. Gracias a Jorel descubre el códice y el uso que tiene que hacer de él, lo que termina por hacer “necesaria” de manera forzosa su presencia en el clímax de la cinta. SI añadimos el colofón del incoherente y cuasi sexista beso de película del final del film ya hemos pasado por todos los clichés para conseguir un personaje insípido y sobrante.
Bueno, llevamos hora y pico de película y no ha habido prácticamente escenas de acción (sí vimos momentos espectaculares como el aprendizaje de vuelo de Superman o escenas para mostrar musculitos de Cavill, pero ninguna amenaza real para el Hombre de Acero) así que ahí llegan los kriptonianos. El general Zod y su séquito (que habían sido convenientemente exilidados de un mundo que perecía) llegan a la Tierra siguiendo la estela de Kalel y su códice, con la intención primero de encontrar al hijo de su enemigo y segundo de convertir la Tierra en un nuevo Kripton. Que como premisa para un malo pues no está mal, pero entre el planísimo discurso protofascista de Zod, que le deja sin ningún tipo de ambigüedad moral, y los esperpénticos planes para conseguirlo (la plataforma planetaria, la nave fantasma, la terraformación de la Tierra (¡!)) que es imposible atender mínimamente con interés lo que pretenden . En definitiva, que es la hora de las tortas.
Y aquí es donde va a suspender por completo la película en general y Snyder en particular. Si hasta ahora ya la dirección “parkinson” estaba siendo relativamente mala, en las escenas de acción se va a convertir en algo insoportable. Escenas con zooms imprevistos, con la cámara demasiado cerca de la acción, y con extraños giros a toda velocidad, que suponene vendrían a darnos cuenta de lo frenético e impetuoso que está siendo el enfrentamiento, cuando solo queda caótico y desordenado. Saco a colación Los Vengadores, con la que el planteamiento del final tiene no pocas similitudes y en aquella Joss Whedon hizo un trabajo inmejorable. Escenas para lucimiento de todos los personajes, fotografía nítida (no este filtro amarillo sucio en todo el film) y distancia para conseguir narrar con total nítidez todo lo que pasó en la película. Snyder se coloca en el extremo opuesto y acaba por conseguir la desconexión total que los motivos de los personajes ya anunciaban. A partir de aquí no te interesa NADA de lo que estás viendo.
¿Y es espectacular? Pues sí, claro que es espectacular. El nivel de poder mostrado por los kriptonianos es apoteósico, como pocas veces se ha visto en el cine, y si lo acompañamos con un nivel de destrucción desmedido pues en ese apartado poco se puede añadir. Pero a Superman no le basta con ser espectacular, épico o grandilocuente. Superman no es eso (que también) Superman es Grandioso, un Dios en la Tierra. Y un Dios en la Tierra debe hacer algo más que darse piños. El burdo y obvio símil religioso-mesiánico que adorna toda la película le da a Kalel una relevancia que luego no se ve en la misma. Rescatemos las frases de Jorel en Kripton (y en el tráiler) “Le adorarán como un Dios, les hará caer pero les servirá de inspiración para alcanzar cotas inimaginables” ¿qué inspiración representa aquí Superman para la humanidad? Aparte de que la única vez que le ven es derribando rascacielos uno tras otro. Pero para ilustra ese “más grande que la vida” necesitas enseñarnos la capacidad de asombrar. Es más identificativo de lo que es Superman la cara de un niño al que Superman le acaba de rescatar su gato que el duodécimo edificio que cae al suelo por el poder desmedido. ¿si quitas eso? ¿Si el enfrentamiento entre un fuerza imparable y una fuerza inamovible no lo consiguen vender como algo extraordinario para lo que los rodea ¿Qué queda? Pues queda Matrix Revolution que es lo que parece el enfrentamiento final (encima con un CGI que canta sobre manera donde ya no ves a los actores, si no a muñequitos creado por ordenador) sin un ápice de interés en el desenlace por muy grandilocuente que lo quieran hacer.
Henry Cavill tenía un papelón, como todos aquellos que se pongan en la piel de Cristopher Reeves. Cavill tiene una presencia física imponente, bestial incluso, y el traje le queda perfecto… pero ya está. Quizás su poco parecido con Reeves (cosa que Brandon Routh tenía) me descolocaba demasiado, pero en ningún momento consigue transmitir toda la grandeza y épica del personaje. Cortito de carisma lo veo yo. Michael Sannon intepreta a Zod y en verdad el actor me encanta… pero no había manera de defender a un personaje tan plano. Dado que no tiene otra función más que de hacer de malo, pues básicamente se limita a tener cara de loco (y ya sabemos lo bien que se le da poner cara de loco) y hablar a gritos y con los ojos abiertos. Otro malo histriónico más para la galería. De los padres ya hemos hablado y quizás son los mejores de la película. Kevin Costner ejerce igual de bien siendo paternal y autoritario, y Crowe dibuja un Kalel mucho más enérgico que antaño, y la verdad es que el actor tiene una presencia imponente en pantalla, aunque me sobra mucho su papel fantasma. Amy Adams es sosa, y convierte en más soso a su personaje soso.
Así que cuando hablábamos de ¿qué podía salir mal? La respuesta parece ser “casi todo” Aunque se partió de buenas ideas para hacer un reboot diferenciado de la película del 78 (garrafal error que tuvo Singer en 2006) en seguida se ha demostrado que la dirección torpe, las ideas malas, la indefinición del mensaje del personaje y el espectáculo vacuo no son las mejores herramientas para que volvamos a creer, como antaño, que “un hombre puede volar”
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