lunes, diciembre 28

THIS IS THE WAY

Son tiempos difíciles para la rebelión. Quiero decir, son tiempos difíciles para los fans de Star Wars. Con la nueva trilogía ya  finiquitada podemos hacer balance de lo que supuso la compra de Disney y la explotation que la industria del  raton iba a hacer del universo de George lucas. Y sin querer pasarme de hater creo que es justo decir que J.j. Abrams, Rian Johnson y Kathleen Kennedy no cumplieron las expectativas que habían levantado.

Así que con la ceja escéptica ya en todo lo alto es cuando avanzan el siguiente paso: Disney va a tratar al universo de Star Wars en la televisión. No ya las consabidas series de animación que estaban revitalizando el producto hace décadas, si no con una serie de imagen real que se convertiría en el buque insignia de su nuevo canal de Streaming. Y  podemos ser claros. La maniobra sonaba a puro marketing en muchos aspectos. Pero dos nombres sobresalían en la misma para mantener la esperanza. Por un lado Jon Favreau como director principal de la misma, que se ha ganado su buena fama como un artesano del entretenimiento: de su mano surgen productos tan bien paridos como Iron Man, Cowboys vs Aliens o el libro de la Selva y el rey león (éstas ya trabajando para Disney) Y el segundo nombre a destacar es el de David Filoni, que a la mayoría no nos dirá nada, pero los que le han seguido le tienen como el salvaguardas de las esencias de Star Wars. Siendo el Showrunner de las series de animación donde se ha expandido de manera digna y coherente el universo lucasiano su paso a la dirección en imagen real era lógico y ambicioso.

Así que aunque se podía esperar que el Mandaloriano pudiera ser solo un producto para enganchar adeptos sin más, enseguida va a ser evidente que el amor, trabajo y respeto que se le pone a la serie está fuera de toda duda. Vamos, que en poco tiempo podremos decir que es el producto más Star Wars que nos ha llegado a la pantalla desde hace mucho, mucho tiempo. Basta un primer vistazo para sentirnos en un sitio familiar: Esa cienciaficción de chatarra, donde todo parece viejo, usado, crepuscular, y esos aires fronterizos de Tattoine o Nevarro que conectan directamente a Star Wars con el Western. La primera escena del mismo no puede ser más icónica al respeto. Y el mismo personaje mandaloriano, cazarrecompensas lacónico, que apenas habla, forajido sin sentimientos es un cliché del viejo oeste más clásico.

Si hay un aspecto en que la serie ralla la excelencia es en la factura técnica de la misma. El mejor halago que se puede decir de la misma es que te olvidas que ha sido creada para la televisión. Cualquier imagen, cualquier fotograma no desentonaría en pantalla grande de una gran superproducción. Y eso hablará bien del presupuesto, imagino, mejor de la curiosa manera de rodar la serie (en la que no me extenderé porque no entiendo mucho de apartados técnicos pero viene a replantear el futuro de los rodajes) y extraordinario del diseño de producción. Realmente hay que ponerle un diez en todo. En como revisita el universo postREtorno del jedi y nos lo hace familiar, creible y accesible, pero también como  todo nuevo planeta, nave o criatura están imaginados para ser creación propia pero que no desentonen con todo lo creado hace más de treinta años. Visualmente la  serie no baja del diez.

Y hay que pararse también en el personaje principal, que lleva todo el peso de la serie de manera rotunda, y ya se ha ganado un hueco en el corazoncito del fandom. La verdad es que la elección era complicada, pues tener a un protagonista que no se quita el casco el 99% de su metraje no puede ser más arriegado, pero hay que reconocer que Pedro pascal hace un trabajazo sin mostrar su rostro, con una actuación corporal enorme. Junto al Mandaloriano van a pupular un grupo importante de secundarios, que siendo bastante unidimensionales si consiguen ser atractivos para el espectador. Sin tener demasiado metraje en pantalla ni pararnos en su profundidad personajes como Kuiil o el androide asesino de la primera temporada funcionan en pantalla a la perfección y dotan de un abanico a  la serie que se va a reaprovechar en cuanto tengan oportunidad.

Lo que sí va a llamar la atención es su narrativa seriéfila. Estamos acostumbrados a las series del nuevo siglo en que todas las tramas se cruzan y bifurcan en busca de un plan mayor y más ambicioso, dejando de lado muchas veces la narrativa capitular. Y en esto el Mandaloriano se convierte en un rara avis. Ya lo es en la duración de los mismos. Que una serie tan ambiciosa se conforme con un formato de capítulos cortos, y de narrativa muy simple.  Juega a la vez al largo y corto plazo. Sí tiene un plan final, con la figura del Niño ejerciendo de leit motiv, cuando no de simple mcguffin, pero a la hora de la verdad en muchos casos sirve de excusa para introducir capítulos casi autoconclusivos, donde el protagonista lucha “contra el monstruo de la semana” para luego seguir con su misión. Y ahí depende de la tolerancia de cada uno ante este formato. Yo entiendo y estimo que es agradable una serie sin tanta pretenciosidad, simplemente una serie de aventuras y evasión como hablábamos antes de los productos de Favreau. Pero sí es verdad que hay ocasiones en que la cosa se dispersa demasiado y que parece que no va hacia ningún sitio.

Así en la primera temporada tras un excelente inicio que pone las bases de la mitología Mandaloriana y del niño como objetivo de repente se decide a desviar la atención con capítulos intrascendentes. Que si el personaje ha de ir a ayudar a un poblado sitiado por un AT-ST, que si tiene que ayudar a unos prisioneros en una misión de rescate… pueden ser capítulos trepidantes, divertidos o inocuos, pero sea lo que sea están desviando  mucho la trama principal.  Uno no sabe muy bien a qué carta quedarse.

Lo bueno que tiene Finoli, y que vamos a descubrir como su marca de fábrica es que sabe aprovechar las migas de pan que va dejando por el camino. Así de estos capítulos intrascendentes y evasivos  vamos a rescatar a un grupo de secundarios la mar de interesantes. Nos topamos con una final season (los dos últimos capítulos en verdad) que es todo lo que nos había negado los capítulos anteriores: centrados en la trama principal, con un villano de categoría como Moff Gideon y unas amenazas de entidad más allá de los stormtroopers de siempre, explicando y aumentando la mitología del personaje principal, y con momentos de sacrificio, drama, intensidad  e importancia para todos los personajes que han pululado por la serie.

Desde luego la primera temporada acaba en todo lo alto, y promete aún más para el futuro, así que la segunda temporada va a  reincidir en el sistema pero radicalizando su propuesta. Finoli ya ha convertido el Mandaloriano en su ghetto particular y aprovecha la serie para tirar de la amplia mitología que ha construido en las series de animación. Así elementos pertenecientes al universo expandido, o al canon más alejado de las grandes pantallas van a ser importantes en mayor o menor medida en la serie. Y está suficientemente bien jugado y narrado como para que los ignorantes de tamaño background podamos disfrutar igualmente con las aventuras del personaje, pero sí es cierto que en ocasiones te sientes como el invitado que ha llegado a mitad de una fiesta. La importancia de los personajes de Bo Kathan o Ahsoka Tano es correcta y coherente en la trama interna de la serie, pero lo es más por ser personajes que proceden de otras series. El mismo villano en su final season deja un cliffhanger que solo tiene impacto si has seguido la mitología previa mandaloriana.

Así que por momentos la trama principal no deja de ser accesoria. La primera temporada con el rescate del personaje del niño, y la segunda con la búsqueda de algún Jedi para entregarle es una excusa para meter al personaje en aventuras independientes, o como decimos que retapean historias que Filoni tenía inconclusas en otras series. Si piensas en la trama de Grovu la puedes resumir en apenas una línea. Lo que hace funiconar al 1000% la serie es su impecable atractivo visual y su ritmo narrativo. Ver capítulos en que luchan contra un gusano de arena o estar encerrados en una cueva llena de arácnidos aliens, seamos sinceros , no aportan absolutamente nada a la trama, pero en ellos nunca hay lugar para el aburrimiento. Bien por los buenos directores aportados (Favreau, Filoni, Dallas Howard, Rober Rodriguez, Waitiki…) el buen plantel de secundarios (parece mentira que actores como Nick Nolte, titus Belliver, Timothy Oliphant, Natalia Tena o Rosario Dawson fichen para un solo capitulo) y la pasada visual en que es la serie, que igual te presentan una persecución selvática a lo Indiana Jones, como un duelo de sables en mitad de la niebla que es una pasada. Nuevamente la factura de la serie vuelve a maquillar sus titubeos narrativos.

Y al fin llegamos a la final season tan esperada, donde de nuevo Filoni vuelve a recuperar las miguitas esparcidas durante toda la temporada, para darnos una  misión de rescate espectacular en el último capítulo. Recuperar a varios de los personajes importantes de la serie como Cara Dune o ese Bobba fett redivivo para la ocasión y plantear un clímax por todo lo alto. Tienes que pasar algún peaje para ello como hacer un abordaje tremendamente facilón, reírte una vez más de cuantos stormtroopers aparezcan y sobre todo mancillar a Moff Gideon de villano principal a pelele inútil que es usado para barrer sin miramientos el suelo. Pero se consigue la intensidad y la sensación de amenaza total, un poco artificiosa con esos blacktroopers creados para la ocasión. Y llega la irrupción, cual Deus Ex Machina, más controvertida de la serie. Porque sí, la llegada de Luke Skywalker es coherente con la construcción de toda la temporada, en que se está buscando algún maestro jedi, es espectacular y emotiva como fue el final de Rogue One, e incluso aunque le queramos poner pegas al rejuvenecimiento digital, ver al Luke de 1983 es un subidón.  Pero quizás es un comodín demasiado goloso, que más que ser el colofón de la temporada, es una distracción de la resolución de la trama. Pues al final el desenlace de Grovu, leitmotiv de la serie hasta ahora, parece quedar en segundo plano, contando la enormísima escena de despedida entre el Mandaloriano y el Niño que le ha acompañado todos estos capítulos.

Sé que andan pensando que me he pasado de hater con Filoni y compañía. Y no es verdad. Pero en un análisis severo hay que rebuscar elementos que no están funcionando como debieran. Entiendo que hay gente que no tiene un background suficiente de Star Wars para pillar todos los huevos de pascua que pululan en la serie, y cuya mitología le queda muy lejos. Y no es exagerar si digo que a esta serie le perdonamos  capítulos irrelevantes, por no llamarlos de paja, y valles de intensidad que no haríamos en otras series, quizás porque nos compensa con la imaginería visual y entretenimiento de primer orden, que eso siempre, siempre lo tiene.  He de reconocer aunque no lo haya parecido que a mi la serie me gusta. Y bastante. En esta segunda temporada que ya conozco Como funciona la serie y lo que puedo esperar de ella, que es un espectáculo de primer orden sin piruetas narrativas o densidad dramática, solo queda sentarse y disfrutar de la aventura en mayúscula que plasma el Mandaloriano en la pequeña pantalla. 

domingo, noviembre 1

LA MALDICION DE BLY MANOR

Una de las grandes series que nos ha dejado Netflix en los últimos años fue la Maldición de Hill House. Y que diga yo esto, con los prejuicios subjetivos que traigo sobre los elementos de terror pues ya quiere decir mucho. En Hill House Mike Flanagan nos ofreció una serie en la que actualizaba una obra clásica de la mejor manera dejando un sello personalísimo y  con capítulos que han sido de lo mejor filmado en los últimos años. Así fue tan bueno que como era de esperar la multinacional televisiva le dio manga ancha para repetir la jugada. No con una segunda parte afortunadamente, pues la historia de los hermanos Crain y de la casa Hill quedó más que cerrada, si no con esta La Maldición de Bly Manor que va a repetir varios de los elementos que tan bien le funcionaron en la primera temporada.

El acercamiento de Flanagan al terror sigue siendo coherente con Hill house. Ésta sigue sin ser una serie de susto, de subida de música y tensión, de vísceras, o torture porn. De malrollismo. No. En Bly Manor volvemos a incidir en ese terror clásico, sin golpes de efecto de cara al espectador, si no una sensación de malestar, de que algo no funciona como debe que se va apoderando de ti y que hace que cualquier elemento te mantenga a flor de piel. Estatuas, sombras moviéndose, crujidos de las escaleras, movimientos de cámara para ocultar y luego mostrar. Son los elementos propios de las películas de casa encantadas de la Hammer y es por ahí donde se va a incidir, pero sí es verdad que bien porque ya venimos resabiados de Hill House y ya conocemos a Flanagan, bien porque no está tan bien medido como lo estuvo en la anterior temporada la sensación de miedo va a estar muy mitigada durante toda la serie. Empieza la misma viendo que hay cosas raras en la mansión donde empieza a trabajar la nueva cuidadora, y en especial en esos niños que están brillantes cuando pasan de agradables a perturbadores, pero en el momento en que entiendes la naturaleza de la mitología de la serie puedes ver todos los capítulos sin tener terror ni desasosiego en ningún momento.

Vaya por delante que el propio título de la serie es un autospoiler, pues a pocos que indagues sabes que Bly Manor es la mansión donde da lugar la trama de Una Vuelta de Tuerca, el clásico de Herny James sobre historias fantasmagóricas, así que ya te pone sobre aviso de hacia dónde pueden apuntar Flanagan y su equipo para esta temporada. Sabiendo como sabemos que es la naturaleza fantasmal el principal plottwist con la que nos sorprendía la novela, uno empieza a ver la Maldicion de Bly Manor con esa mentalidad en mente.

Así que Bly Manor tarda lo justo en enseñar sus cartas. Como dije parecen más sugerente los capítulos en que no entiendes los elementos que forman el puzzle. El comportamiento de Flora y Miles, el porqué el chico se esforzó para que le forzasen a volver de su internado ,las visiones que tiene Danny de Peter Quint,  la casa de muñeca, los huellas de barro, la grieta que no para de ver Hannah… las pequeñas pildoritas que te va dejando Flanagan para después construir toda su historia. Pero con una vuelta de tuerca en mente tu no puedes dejar de pensar que estás viendo una historia de fantasmas que no saben que lo son. Evidentemente te están dirigiendo para que tus sospechosos sean los críos, pero en una buena decisión tienden a no plantear este como el giro final, pues hubiese sido previsto por todo el mundo. Así que hacia el cuarto capítulo ya dejan las cartas sobre la mesa para quien quiera tenerlas. Estamos ante una historia de fantasmas.

Claro, una vez quitamos el velo a casi todos los elementos sobrenaturales pues la sensación de miedo e incertidumbre se mitiga drásticamente. En lugar de ser una historia de miedo de fantasmas pasamos a ver un drama con fantasmas. Y no quiero decir que eso sea necesariamente malo. La historia de amor de Peter Quint y Rebecca es dramática a su manera, o enterarnos del destino de Hannah es bastante impactante y desolador. Pero si es cierto que la serie pierde un poco de brillo. Creo que buena parte de esto viene porque no hay capítulos propios que brillen con luz propia. Mientras que en Hill House podemos aislar capítulos que son una verdadera maravilla. El capítulo del entierro de aquélla, grabado en planos secuencias, y yendo atrás y adelante narrativamente es una maravilla total y no tiene parangón en esta temporada. Pero otros como el de la adicción, o el del origen de la mujer del cuello torcido brillaban con luz propia. Aquí se intenta hacer algo parecido explicando el fantasma que acecha a Danny de su propio pasado pero queda bastante diluido.

Porque también hay elementos que se quedan por explicar en la trama fina. Se empeñan mucho en darnos la explicación de qué es un fantama en Bly manor, de la naturaleza del mismo, de cómo están vinculados a ese sitio y como se desvanecen en tanto en cuanto están vinculados a los recuerdos. Pero a la vez nos presenta a otros elementos como el exprometido de Danny que la acecha tras su decisión de dejarlo, o el Doppelganger de Henry… que directamente no tienen sentido en la mitología que nos estas creando. Son “otro tipo de fantasma” de los que te aprovechas para construir elementos perturbadores o misteriosos, pero no deberían tener cabido en Bly Manor.

Aunque hayamos perdido la carta de la serie de miedo no por eso la trama se está construyendo mal. Todo lo contrario. El tema de Peter Quint y Rebecca se nos va mostrando poco a poco, construyendo su historia y como llegaron al punto que llegan, y entendemos sus motivaciones y su relación para con los niños, y lo que pretenden de ellos. Creo que es una historia que está bien hilada y que va hacia buen sitio hasta el capítulo siete. Queda suelto el cabo de la dama del Lago que aparece abruptamente al final del séptimo capítulo para ponerlo todo patas arriba.

Y ahí… la serie se tuerce. No quiero decir que se tuerce en calidad, si no que se desvía de su hoja de ruta. Los dos últimos capítulos podrían pertenecer a una antología de historias de fantasmas, o de terror gótico o cotidiano o lo que quieras. Podrías apartarlos de la trama y no pasaría nada. Y no digo con esto que sean malos. El octavo es una delicia gótica, en blanco y negro, un homenaje a los clásicos góticos de casas encantadas que parecen salidas de la pluma de Edgar Allan Poe. Pero la historia de Viola es totalmente independiente de la historia central que nos están contando. Sí, se lo compro como capítulo explicativo ante un elemento que es tangencial a la trama principal pero que necesitas entender su naturaleza. Y me vale esa calma antes de la tormenta, aunque no deja de ser un poco coitus interruptus de la trama principal.

Pero es que en el último nos hacen la misma jugada y buena parte del mismo es un capítulo autoconclusivo de una historia trágica de amor con fantasma. Que resulta que los protagonistas de la misma son los protagonistas de la serie, pero que está muy remotamente ligada con la historia principal. Y sí, es una historia bonita, con un amor verdadero y que tiene un final impactante (aunque creo que los tempos están mal medidos y no se da el nivel de amenaza que debería dar para tomar decisiones drásticas) Pero es un error de base contar esto en lugar de la historia PRINCIPAL

Resultado: La trama de la que va la serie, la trama de Bly Manor, que es la trama de Peter, Rebecca, Miles y Flora se resuelve en cinco minutos. Diablos, si no estás atento hasta te pierdes el momento en que los fantasmas de la mansión desaparecen.  Es narrativamente frustrante, porque es la trama a la que el espectador ha dedicado su atención durante nueve capítulos para quitártela de en medio de un plumazo.

Así que el resultado es demasiado irregular. Podrán decir que me quejaba de no tener capítulso con entidad propia como si había en Hill House, y estos dos últimos lo son. Y es verdad pero precisamente eso es lo que está mal. No están tan bien intregados dentro de la trama principal de la serie, y sobre todo guardarlos para el final de la serie es una estaca en el corazón para la trama principal de la misma. Puedo comprar que la serie abandone el miedo, porque al final es el sello de Flanagan. A la hora de la verdad, aunque Hill House fuese mucho más perturbadora también se trataba de un drama fraternal con fantasmas, igual que aquí es un drama romántico con fantasmas. Puedo aceptar la mitología de Bly manor, aunque me tenga que tragar algún sapo que otro y el tema de los recuerdos se haga un poco farragoso, pero no te puedo aceptar que a la hora de la verdad abandones tu trama principal en favor de un final que te parece más bonito. En este sentido se da la circunstancia que los dos últimos capítulos de la serie pueden ser los mejores de la misma individualmente, pero desde un punto de vista global le hacen más daño que bien a la misma.

En resumidas cuentas, una serie apreciable. No perdamos la perspectiva, Flanagan sigue siendo un elemento a seguir en el espacio del terror.  Muy suy generis (varias de sus inquietudes ya las demostró igualmente en Doctor Sueño), con un terror muy comedido y sin apoyarse en los jumpscares, pero que construye historias muy sugerentes. Quizás que él no haya estado detrás de la cámara en todos los episodios como sí hizo en Hill House haya mitigado su estilo en demasía. Y que no ha acabado de redondear al 100% todo lo que había construido para darle un final coherente a la serie no elimina las muchas virtudes que sigue teniendo.

 

 

viernes, octubre 9

TEMPORADA 2020/21

Un año extraño. Si lo está siendo en todos lis niveles de la vida este 2020, pues no lo es menos para la Liga que ahora empieza. Ya el final de la anterior, postergada por el confinamiento y reanudada con medidas excepcionales nos enseñó las bases del fútbol en este nueva normalidad que al menos por ahora serán necesarias para seguir con la gallina de los huevos de oro en funcionamiento, por más que nos dejen imágenes de estadios cerrados, o de posibles contagios constantemente. Todo vale con tal de que siga girando la rueda.

Tras el confinamiento el equipo más faprobvorecido resultó ser indiscutiblemente el Real Madrid. No le quitó ningún ápice de mérito a la seriedad y activación que tuvo el equipo con la reanudación de la liga, que resultó invicto esos meses y se erigió como un sólido campeón. Pero no me duelen prendas en volver a aseverar que la liga se posterga precisamente en el peor momento de los blancos, donde malos resultados y peor juego presagiaban descolgarse de la lucha por el título. La cosa funcionó como funcionó y con una base muy sólida con Courtois, Ramos, VAranne o Casemiro convirtieron su equipo en un fortín.

Ésta al final ha resultado ser la hoja de ruta de Zinedine Zidane. Tendemos a menospreciar a Zizou como un entrenador simplón, alineador o del gusto de otra época, cuando creo que ya tiene suficientes triunfos en su haber para tomarse un poco más en serio. Pero creo que ya podemos afirmar sin aspavientos que Zidane es un entrenador muy “italiano”. Prioriza el bloque, la seguridad defensiva y el control a todo lo demás. Nunca deja que el partido se le vaya de las manos y su forma de ganar es controlar todo y esperar que el talento individual, al que le ofrece más bien poco,  se imponga. Entrenador de 1-0 básicamente que encuentra en bastiones como  Casemiro o Courtois sus mejores argumentos competitivos. O Un Toni Kroos que le maneja el partido a su antojo.

Por el contrario el problema lo va a tener en el área contraria. Con centrocampistas demasiado de base de la jugada, extremos sacrificados o con poco gol se depende en demasía de la genialidad de Karim Benzema, celebérrimo la última temporada pero no sé cuan constante puede resultar un nueve que siempre ha tenido más problemas en sus números que en su juego y que ya tiene 33 años. La solución del año pasado fue evidente. El fichaje de Eden HAzard tendría que llenar el vacío de fantasía y genialidad que le falta al ataque. Pero hemos de darle el calificativo de no presentado a la temporada del belga, primero por su propia desidia y luego por el infierno de las lesiones. Un Hazard como el del Chelsea supondría el salto que necesita el Madrid en el último tercio, pero la incógnita de si eso volverá se ciernen sobre eden como si fuese otro Kaka. Si no tocará volverá a los y si… del Madrid de los últimos años. Y si Asensio explota en la banda derecha la cuota goleadora que se le supone, y Si Jovic demuestra valer 60 kilos con sus cifras, y si Vinicius termina de añadir a su desborde imponente una claridad de cara a puerta que hoy se le desconoce. Al menos de los y si podemos sacar ya de una vez la figura de Gareth Bale, que llevaba tres años desaparecido del equipo, y James al que Zidane sigue sin darle oportunidad ninguna. SE da la circunstancia que justo cuando se ha desprendido del colombiano ha empezado a jugar con mediapunta, para hacer hueco a la única novedad del año. Martin Oodegard la rompió muchísimo en la Real Sociedad y el francés lo ha pedido expresamente para este año, y le ha buscado hueco en seguida en el equipo. Un Oodegard a su mejor nivel sería un pepino muy serio para lo que le falta a este Madrid, que es desequilibrio y creación de ocasiones en el último tercio. Pero hay que ver si no le va grande tamaño puesto en la casa blanca. Mientras, la idea de Zidane va a seguir igual. Vimos que con el equipo activado al 100% en la Liga le da bien para pelear hasta el final. Otra cosa será Europa donde lo veo muy cortito. Y la duda final está, claro está, en el nivel de ambición de la plantilla. Que no es la primera vez que el Madrid campeona en agosto y ha tirado la liga siguiente en octubre.

Pero por supuesto el morbo de esta temporada pasa sobre todo por Can Barça. La incertidumbre que se ha instalado en Barcelona después del annus horribilis que se han cascado, y culminado por la mayor humillación del futbol moderno en Champions amenaza con hacer tambalear a toda la institución. Desde una directiva que se mueve entre lo pésimo y lo nauseabundo en su gestión, a un proyecto deportivo que nacía amenazado ya de muerte con la intención, al final en vano, de Messi de abandonar el barco. De verdad que Ronald Koeman no podía empezar peor su travesía. Así que antes que analizar el proyecto deportivo debemos hacer hincapié en el conflicto institucional. Con una moción de censura en la vuelta de la esquina, un Bartomeu desacreditado y un Messi enfadado es justo dudar del nivel de compromiso del equipo. Siempre he defendido que el Barcelona necesita ser una balsa de aceite para que todo le salga redondo, aunque Guardiola llegó en una situación similar y revertió las malas sensaciones a fuerza de juego y goles.

Yo reconozco que no soy demasiado admirador del Ronald Koeman entrenador. Más allá de su leyenda como jugador del club, innegable y que viene siendo la base de los entrenadores que ficha BArtomeu más allá de su idoneidad para el puesto, siempre me ha parecido un entrenador con un marcado carácter conservador. Sí respeta la escuela holandesa, pero sus pasos por Valencia, Everton o la selección dejaba el deje de ser demasiado amarrategui para el banquillo culé. De hecho ya ha creado controversia al decantarse por el sistema del 4231 en los primeros partidos. Aunque hay que entender que es un sistema que puede funcionar muy bien para uno de los que debe ser bastiones del nuevo Barcelona: Frenkie de Jong el año pasado no parecía ni un 30% de jugador de lo que prometía en el Ajax, pues jugaba alejado de la base de la jugada y no tenía la importancia y ascendencia en el equipo para hacerse con el control del mismo. Parece que el héroe de Wembley le quiere dar galones a su compatriota. Otro nombre que inesperadamente parece que se convertirá en importante parece ser el de Coutinho. Sus pasos más con pena que con gloria por el Camp Nou y por el Allianz no le daban el suficiente crédito para volver al equipo pero con un verano tan atípico se ha erigido como la mejor alteranativa en esa mediapunta para activar el ataque culé. Del ataque hay un nombre que llama poderosamente la atención: Ansu fati. El niño prodigio está rompiendo en crack a lo bestia, con una determinación de cara a puerta que da miedo si miras su carnet de identidad. Además entre tanto atacante que piden la pelota al pie pues un tipo que estira y hace diagonales al espacio es capital para dotar de filo al ataque culé.

No por casualidad no he citado a Messi entre los hombres que están llevando el peso del equipo de Koeman. Y es que parece que la intención inicial del mister es cargarse el Messisistema. Trata de que este equipo no sea tan Messidependiente y que el de Rosario no tenga tanta incidencia en el juego. Juega de falso nueve ahora (aunque yo le pronostico el puesto de Coutinho si hay algún fichaje final) pero no viene a recibir los balones de los pies de Busquets, ni construye el juego  con su típico movimiento de comba desde la derecha al centro. Se puede decir que toca menos el balón, que es menos importante para el juego y se reserva para la finalización. Hace poco comenté que era necesario un upgrade en el Barcelona porque el Messissitema está muerto. La salida de Suarez se antojaba necesaria pues era una delantera demasiado viciada. ¿se puede construir un Barcelona sin que Messi sea el alfa y omega del mismo? Yo veo que Koeman quiere hacer un poco como Zidane con Cristiano. Convertir al crack del equipo en la puntilla del mismo, no en el todo. Si allí se construyó un equipo alrededor de la CKM con Ronaldo martilleando el control que ejercía su equipo, Koeman buscará un equipo que construya el equipo bien desde atrás y llegue al campo contrario para tener un Messi  letal en la finalización. ¿Tiene mimbres para eso? Pues es la pregunta del millón. Creo que un equipo en que Messi toque menos balón tiene el techo más bajo que uno en que sea omnipresente, pero una fórmula ya se demostró caduca y la otra puede crecer hacia algún sitio. También hay que ver la predisposición del capitán hacia un sistema que no le otorga plenos poderes y una directiva con la que se ha mostrado públicamente en contra. Creo que mover el avispero era necesario en el Barcelona, pero al final vas a depender, quieras o no quieras, de tu abeja reina.

Por supuesto voy a seguir con el Atlético de Madrid. Y yo este año voy a ser más exigente con el Cholo Simeone que ninguno. Porque todos loamos al Cholo por lo que ha hecho en el Atlético de Madrid. Porque todos nos acordamos lo que era este equipo antes de él. Pero hablamos de casi un década de cholismo, así que dejemos de recordar fantasmas. El Atlético de Madrid lleva una década entre los mejores equipos del mundo. Sus números, sus puestos, sus fichajes así lo deberían marcar. Y siendo así como es ¿Cuántas veces ha disputado la liga? Dos a lo sumo. Si ha subcampeonado varias veces pero nunca ha optado al triunfo. Por eso creo yo que hay que aumentar el nivel de exigencia del equipo. Pase que el año pasado fue un año de transición, pues la salida de buques insignia como Godin, Griezzman, Luis Felipe hacia que tenías que reconvertirte, pero este año tiene que ser el de la consagración del nuevo proyecto, y los baluartes del Atlético de Madrid no son para conformarse con competir medianamente bien. Hablamos que cuenta con el mejor portero del mundo, con dos centrales top, un mediocentro que ansía media premier, un proyecto de balón de oro como no hay cinco en el mundo y el mejor nueve del último lustro. ¿Le vamos a pedir a este equipo que luche con Valencia, Getafe o Betis por una plaza en Europa? Yo digo no. Quiero ver al Atleti en la puja por la liga hasta el final y si no tacharé de decepción su temporada. Ya aviso.

El nuevo proyecto de Simeone debería trazar una línea con el antiguo. Porque si en aquel los nombre de Godin, Griezzman o Diego Costa era capitales venía a indica r que era el equipo idóneo para jugar a la contra. Cuando tenían una defensa en el área como no se recuerda y las animaladas físicas o técnicas de sus hombres lanza le hacían posible vivir a sesenta metros dela portería y estar cerca del gol. Ya el año pasado sin Antoine, sin un Costa dominantes y con un Morata que es un si pero no constante nos dábamos cuenta que este sistema ya no tiene más recorrido. Su defensa del área necesita un Oblak milagroso en cada partido y no tiene piernas para llegar arriba, aunque la aparición en el último tramo de unos poderosos Carrasco y Llorente ayudaron lo suyo. Por eso yo entiendo que este año se tiene que construir un Atleti que juegue en campo contrario. No le pido que pierda sus virtudes defensivas. Pero puedes ser defensivo siendo proactivo. Jugando adelantado y yendo a presionar. De hecho hombres como Gimenez lo agradecerían sobremanera. Y la razón principal está en sus jugadores de ataque. Si se apostó por un talento tan puro como el de Joao Felix no es para que persiga a su lateral y juegue en su campo. Es un jugador que deber crecer en la frontal del área contraria. Así es el jugador que ficharon el Benfica y  que asombra con la selección lusa. Último pase, desborde, llegada a gol. Son las cualidades que se debe de explotar.

El caso más paradigmático se  da para mí con el fichaje que más me gusta de este verano. Luis Suarez para el Atlético de Madrid. Y no nos engañemos el charrúa es puro cholismo. Se va a pegar con todos, a buscar cada balón como si fuera el último y en honor de la verdad le aproxima al gol a los rojiblancos como hacía tiempo no estaban. Suarez es el cazagoles por excelencia y se antoja difícil no verle marcando cifras altas. Pero es innegable que Suarez necesita hoy día un contexto idóneo para él. SI llevamos un par de año quejándonos que un Luís sin velocidad taponaba el juego del Barcelona imaginénselo siendo el islote que siempre ha situado en solitario el Cholo. No. Suarez va a necesitar que el equipo estire para poder llegar él al punto de penalti, y ahí sí será infalible. Por eso me imagino un equipo donde la conducción de Carrasco y la potencia de Llorente sean muy necesarias para ser esas piernas que necesita el nueve uruguayo, y una vez allí la fantasía portuguesa y la contundencia charrúa tienen que ejercer mucho de sacapuntos. Pero su equipo necesita un acto de valentía de Simeone. La pelota está en tejado Cholo.

Ahora debería llegar una amalgama de equipos que luchan por la cuarta plaza, pero creo que el Sevilla se ha ganado con méritos propios el haberse separado de ellos. Es más, creo yo que debería estar por potencial más cerca del tercero que del quinto. El Sevilla es un pedazo de equipo. Sin ir más lejos yo no veo tres equipos en Europa que cuenten con el triángulo defensivo de los de Nervión. Koundé, Diego Carlos y Fernando reinan a nivel top. De hecho salir indemne de este mercado y mantener a todos sus futuras ventas es un mercado muy potente para un equipo vendedor que suele reinventarse, Monchi mediante, cada año. Incluso la obligada baja de Banega ha sido reforzada de la mejor manera con la vuelta de Ivan Rakitic. Sí habría que pedirle algo más para el nueve sevillista, que De Jong se queda cortito en las marcas goleadoras, pero es muy del Sanchez Pizjuan esto de ser muy fuerte en las bandas, y los Ocampos o Navas son a dia de hoy certezas competitivas.

Ahora sí, más allá de los cuatro favoritos se están creando proyectos interesantes. La vuelta de viejos rockeros en los banquillos como Pellegrini y Emery pretenden hacer arrancar a equipos que estaban dormidos las últimas temporadas. Emery parece que no pega demasiado con el espíritu del Villarreal, pero se le supone que aportará competitividad a una plantilla que se ha reforzado para dar el salto. Los descartes del Valencia y una futurible estrella como Kubo tiene que juntarse con un Gerard Moreno que ha demostrado estar para mas. Por la parte bética, sí que Pellegrini parece el entrenador idóneo para dar cabida a la potente línea de mediapuntas con Canales, Fekir o Joaquín y que todo fluya, pero lleva ya un par de años el Betis estrellándose en este proyecto de toque así que no sé cuanta paciencia habrá con este nuevo proyecto. Con continuidad del año pasado aparece la Real Sociedad, que sigue apostando por lo mismo, con las buenas semillas que ha plantado el año pasado (Merino, Oyarzabal, Isak) y aunque ha perdido a su perla dirección Madrid, no ha podido reforzarse mejor que con David Silva. Que tendrá treinta y pico y que habrá que cuidarlo, pero es todo un lujazo tenerlo en la Liga en general y en Donostia en particular. Y otro equipo del que se espera continuidad es ese Getafe del que cada año decimos que ha tocado techo y cada año sigue compitiendo al máximo. Cucurrella, Arrambarri, Maksinovic, Djené… puede que no sean los nombres más nombrados cuando hablas de la liga pero con ello seguro que vas a la guerra.

Y en el resto de la liga hay que plantearse muy seriamente el nivel de calidad que tiene la competición. Creo que está habiendo una diáspora de jugadores en la liga los últimos años que hace que ésta sea una competición con muchos equipos que aportan poco interés. Sí, si son tu equipo los seguirás atentamente, pero al espectador imparcial, más aún al foráneo, las ganas de ver un Eibar, Alavés, Cádiz o Levante son las que son. Otros años todos los equipos tenían algún fetiche interesante  o algún entrenador prometedor, pero hoy por hoy no encuentras donde rascar. Y lo que hay se nos está acabando. Se nos acaba un Aspas en el Celta que ve como en sus últimos años no se consigue un proyecto acorde a su nivel, un Athletic que se ha dedicado a competir bajo mínimos sin plantar para el futuro y se topa con un solar de calidad, un Levante que gusta de sus intenciones ofensivas pero que dura lo que durará el físico de Morales, un Osasuna que sin el CHimy y sin el Sadar es menos Osasuna, o equipos como Valladolid, Alaves, Eibar y los ascendidos en que el déficit de calidad es palmario y que solo pueden aspirar a luchar por la permanencia.

Vale, aquí hemos venido a jugar, así que me lanzo un all-in para los pronósticos. Ojo que la apuesta no puede ser más seria. Campeón el Atlético de Madrid. El salto diferencial que le tienen que dar Joao Felix y Suarez le puede catapultar en cuanto a puntaje respecto a otros años. Y espero un año flojito de los grandes, con un Madrid tendente a relajarse, cuando no a pegarse un tiro en el pie, cuando campeona, y un Barcelona en el que la guerra institucional será suficiente para no aspirar a la Liga, si no peligrar su paso por Europa. El Sevilla es posible que esté en disposición de colarse en el pódium de la liga, en detrimento de uno de los grandes. Para la Uefa, me creo mucho el proyecto del Getafe y de la Real, que son los que están más asentados, aunque alguna sorpresa como el año pasado seguro que acaba entrando. Ojo con el Levante. Y la cantidad de equipos que van a luchar por el descenso va a ser inmensa. La falta de calidad de Cadiz, o Elche los deberían colocar en la pole para ello, pero yo espero alguna sorpresa en que equipos que llevan haciendo las cosas regular los últimos años acaben en el hoyo. Pienso en el Celta, pero ojo con el Athletic como entre en vorágine negativa. Éstas son mis predicciones. En junio, valoramos resultados.

domingo, septiembre 13

TENET

Los que siguen este blog saben de sobra que Cristopher Nolan se ha ganado de sobra el status de preeminente en la industria cinéfila. Son ya 20 años de carrera y  más de una decena de película a sus espaldas para saber si estas in o out con el director inglés, que desata pasiones y detractores por donde pasa. Y yo me posiciono sin aristas con los primeros. Sé, conozco y en ocasiones comparto varias de las debilidades que se le atribuyen al cine de Nolan: que si es demasiado explicativo, que tenemos que aguantar sus nolanadas habituales… pero me da igual. Sus historias complejas, su claridad narrativa, su poderoso ritmo narrativo me hacen un nolanista de pro. Por más que la gente esté esperando que se estrelle desde hace tiempo yo termino comprando toda historia que me cuente, ya sea duelo entre magos, trilogía dcianas, viajes interestelares o retiradas bélicas. Se lo he comprado todo. Hasta Tenet.

Si profundizamos un poco en la carrera de Nolan se puede decir que Tenet bien puede ser el colofón de la misma. ¿Por qué? Porque está bastante claro que una de las marcas de fábrica del director es jugar con el tiempo. Ya sea a nivel narrativo, como la construcción de la narración en el Truco Final, Dunquerke o Batman Begins, o a nivel argumentativo, que se deja caer en elementos importantes de Interstellar, Origen o aquel Memento con el que se dio a conocer y nos explotó la cabeza a más de uno. Y creo que Tenet tiene bastante de Memento en su concepción. Mostrar una narración subjetiva de los viajes en el tiempo y hacer una película desordenada en base a eso es uno de los juguetes preferidos de Nolan. Aunque puede que esta vez se le haya pasado de la raya.

Yo siempre defiendo a Nolan cuando lo acusan de ser un director confuso. Y es mentira. Es un director con ideas complicadas, complejas, pero que luego tiene una enorme claridad a la hora de exponerlas. Recuerdo cuando todo el mundo se quejaba de no entender nada en Origen, cuando yo la defendía precisamente que con un mínimo de atención a las pautas que te ofrecía el propio Nolan era muy sencillo seguir la trama. Se da la paradoja que  los mismos que critican a Nolan de ofrecer argumentos demasiado complejos se quejan de que sobreexplica todo en sus películas para que los espectadores no se pierdan. Y la jugada en Tenet viene a ser la misma: Un entramado complejísimo de entender, incluso de concebir, pero que se toma su tiempo para explicarte la diferencia de entropía de los objetos y cómo actúan si están invertidos o no. Y aunque te puede explotar la cabeza si quieres profundizar en lo que nos cuenta y que la misma película te subraya explícitamente en varias ocasiones el “no intentes comprenderlo” la base para entender qué pasa es cristalina (otra cosa es cuestionarnos el como pasa o las consecuencias del mismo) En definitiva Nolan lo vuelve a hacer, pienso que la sinopsis de la película puede seguirse sin el esfuerzo que parece algunos quieren recalcar, tanto en el ámbito positivo, como negativo.

Pero hete aquí, que si limpiamos toda la parafernalia que acompaña al argumento de Tenet, y que es lo que más está moviendo hilos, el armazón de la misma a lo mejor no es para tanto. Sinceramente la sinopsis de la película no deja de ser una película de viajes en el tiempo la mar de convencional: un malo de opereta que quiere destruir el mundo tiene la posibilidad de viajar atrás en el tiempo una vez que recupera nueve piezas para recomponer el mcguffin con el que acabará con el planeta, y los héroes harán lo mismo para detenerlo a tiempo. De verdad, esto es la película. Fuera de la inmensa paja que tiene la primera hora de la que luego hablaré, fuera de las escenas hipermolonas con los personajes invertidos, eso es lo que pasa en la película. Y lo siento, pero a mí se me queda corto. En la constante comparación con Origen (creo que son las dos pelis de acción de Nolan, tal como el las concibe) la historia que acompaña al personaje de Leonardo di Caprio, lo que debían conseguir en el sueño de Cillian Murphy… era muchísimo más interesante que todo lo que pasa en las dos horas y media de esta cinta.

Otro déficit que tiene la película son los personajes, con los que no mantienes ni un punto de empatía en toda la película. Sí, los acompañas y salvan el mundo y todo bien, pero es que no te pueden importar menos. ¿Qué empatía vas a sentir con el protagonista si ni siquiera le dan nombre en todo el film? Mientras que en Interstellar las motivaciones de los protagonistas sirven como motor de la historia aquí pasa justo lo contrario. Los actores están por estar. EL protagonista apenas tiene que mostrar nada más que palmito para lucir trajes y poco más. Algo más chisposo resulta el personaje de Neil, con el controvertido Robert Pattison, que sí tiene el personaje más carismático de la película. El lado dramático tendría que venir por la parte del villano y su familia, pero la historia de la mujer atrapada en ese matrimonio da poco para lucirse, más allá del lánguido sufrimiento. Y el tema del villano es que no puede ser más simple. Oscila entre ser malo. Ser muy malo, o ser malo hasta cargarse el mundo. Y sí, Kenneth Brannagh lo hace bien y puede llegar a dar miedo cuando se pone intenso, pero que su personaje es tan aburrido que nos da igual.

Pues parece que todo está mal. Y no es eso. Porque vuelve el espectacular pulso narrativo de Nolan para darnos un espectáculo de altísima intensidad. La película es un non stop que te tiene atado a la butaca en todo momento. Y no debería porque una vez piensas en ella y tiene apenas cuatro escenas de acción, pero consigues que estés atento a como avanza la trama aunque esta no tenga mucho sentido o interés. Una vez reflexionas en la película te das cuenta que la escena de la ópera es un opening que no tiene transcendencia en la trama, que vas a pasarte una hora con el protagonista yendo de personaje a personaje hasta llegar a donde te quiere llevar (que si Martin Donovan, que si la científica, que si Robert Pattison, que si la mujer india, que si Michael Caine, que si la mujer de Sator… una hora de película para que se presente delante del malo y le diga que sabe quién es) o se construye toda una trama de un cuadro falsificado y de un pintor español que no sirve para nada. Pero esto también es marca Nolan. Te mete relleno en sus películas a lo bestia (Las tormentas de polvo de Interstellar, los mafiosos chinos de The Dark Knight) pero te lo cuenta de manera tan solemne que centra todo nuestro interés como si fuese la trama principal.

Y lo consigue porque es un director imperial. El inicio del asalto a la opera de Kiev está mostrado con una habilidad pasmosa. Siendo contundente, realista pero sin perder espectacular. Podría pertenecer a cualquier entrega de Mission Imposible, incluso su manera d empezar con una escena de acción ajena a la trama pues nos retrotae a sus películas de Batman. Pero está tan bien montada, enterándote de todo lo que pasa en la misma, siendo adrenalítica sin ser acelerada que es un disfrute para los sentidos. Igual pasa con la escena tan espectacular de la autopista. Podría dar a muchas fantasmadas el asalto al camión, pero la idea es ingeniosa y está rodada de manera que vemos la dificultad y espectacularidad de la misma sin perder la base realista.  Como siempre digo es un prestidigitador que lleva tu mirada hacia donde él quiere. Te mola la escena de acción en el aeropuerto de Oslo (aunque explotar un avión real es una sobrada sin sentido) y no nos paramos a pensar qué sentido tiene que precisamente allí haya un torno temporal, o toda la trama del dibujo de Goya que es un añadido sin interés.

Luego entramos ya en el terreno de las paradojas temporales, y ahí sí te puede explotar la cabeza de verdad (no recomiendo hacer un recorrido mental del viaje de Sator en la película si no quieres acabar con dolor de cabeza), aunque varias están muy subrayadas si estás un poco atento, como la misteriosa mujer que salta del barco, el salvador de la primera escena o la lucha contra su propio doble. La naturaleza de estos viajes en el tiempo, en que el viajero tiene hace el viaje de manera no instantánea, si no real pues te da para darle muchas vueltas a lo que hacen los personajes, aunque a la postre no esté tan explotado como pueda parecer. Realmente hasta pasada hora y pico de película no se hace la primera inversión, con el protagonista salvando a Cat, retrocediendo en la autopista y acabando luchando consigo mismo en el aeropuerto. Y la última  es la escena final, la que debería ser el summun total de la misma, pero donde creo que Nolan derrapa totalmente, quiera abarcar demasiado y termina siendo un guirigay temporal que ya no es que sea difícil de seguir, es que termina por hacerte desconectar de lo que pasa. Y seguro que el sacrificio que hace (¿hará?) Neil en la misma es importante y dramático, pero yo reconozco que había un momento que no podía seguir a los personajes antes amenazas directas, invertidas y todo lo demás. El amigo Cris aquí sí abarcó demasiado.

Y bueno, creo que ya ha quedado claro mi posición. Por supuesto una película pse de Nolan es mejor que una buena de casi cualquier otro director. Como ejemplo de película “a lo James Bond” Tenet le pasa la mano por la cara a casi cualquiera, y tiene varias escenacas por doquier. Y los aspectos técnicos de dirección, de música, de fotografía, pues roza el sobresaliente como suele. Pero dicho todo lo bueno a mí la primera película de Nolan que me ha dejado a deber. Un gran espectáculo visual y mucha parafernalia que le rodea para cubrir una película muy simple en su esencia, con personajes nada memorables y que pretende darle un halo de complejidad cuando lo que más aporta es confusión.

 

domingo, agosto 23

ALGO MAS QUE UNA DERROTA

2-8. Dos a ocho. Esta vez el Barcelona no puede hacer como si no pasara nada. Ha llegado la derrota más humillante de la historia del Barça, y no se puede decir que no sea consecuente con el desarrollo de la temporada, y de la erosion del proyecto culé. Y eso debería hacer más daño. Que más que ser un choque de realidad abrupto es en definitiva la consecuencia de años haciendo las cosas mal y muy mal. El artífice de esta goleada ha sido el Bayern de Munich y hay que reconocerle que no tuvo piedad en el campo. La verdad es que los defectos del equipo culé eran tan transparentes que los bávaros no tuvieron en ningún momento dudas de su plan. Ya que no había opción alguna que el Barcelona escapase. El Barcelona 2020 es un equipo que no tiene ninguna fase de juego que pueda dominar. No tiene la circulación de pelota para instalarse arriba. Si lo intenta sufre lo que no está escrito en transición defensiva, y si el rival no se echa atrás voluntariamente y le regala la frontal está muy lejos del gol, porque no tiene velocidad alguna arriba, con Messi y Suarez con 33 años, por lo que ir a buscar al Barcelona muy arriba, sale gratis. Que jugadores como Piqué, Lenglet, Ter Stegen o Sergi Roberto no puedan sacar la pelota es algo desquiciante para ellos, que se ven abocados a pérdida tras pérdida. Contra un rivales en la Liga el Barça sufría pero termibana ganando. Contra rivales en Champions se sufre pero con las versiones top de Pique, MATS o Messi pueden afrontarse. Pero con rivales top de Europa resistir es inútil. Y hablo de este Bayern que es voraz y acabó humillando. Pero a este barco también se puede subir el Liverpool, la Roma (aunque no fuese top) la Juve, el Psg…. EL problemas del Barcelona ya viene de largo. El análisis del partido es más rápido de lo que se podía intuir. El Barcelona es un equipo muerto en vida. Seguramente está muerto desde la noche de Liverpool. Quizás antes y no nos habíamos dado cuenta, pero seguro que desde que salió de Anfield salió sin vida. Pero inexplicablemente se prefería mirar hacia otro lado, referirse al pasado gloriosos de estos jugadores (“con lo que nos han dado”) que ser consecuente con una realidad que no cesaba de golpear. El Messisistema estaba muerto. Éste no es un artículo sobre Messi, pero hablar de los problemas del club si tocar a Leo es absurdo. Sus etapas se pueden dividir fácilmente en tres. EL Messi preguardiola, que ejercía de extremo a pierna cambiada escalando hacia crack mundial. Luego llegó Guardiola y se inventó al Messi falso nueve: la primera arma de destrucción masiva del futbol mundial. Tras la marcah de Pep Vilanova y Martino siguieron sacando provecho de este sistema hasta los últimos estertores. Fue Luies Enrique quien volvió a mover el avispero, aunque fuese de manera casual, pues no fue su primera idea. Tras una primera vuelta horrible encontró la tecla para que iniciase el Barça de la MSN. Una delantera implacable que contaba con un Messi de nuevo en banda izquierda y una energía y determinación abrumadora, qui´zas trayéndonos al mejor Messi de su carrera. Es posible que aquella MSN nos engañases a todos, y que su energía y ritmo no fuesen del todo sostenibles. Ya en esa misma temporada nacía el Messisistema. Que básicamente es que Leo juegue donde quiera y a lo que quiera. Aunque partiese del lado derecho, ejercía de diez, bajaba hasta el interior, o activaba el resto del equipo desde su omnipotenete pierna izquierda. El resto de jugadores estaban para supeditarse a él. Suarez a estirar a la defensa contraria, Alba y Neymar esperar el indefendible Alley-hoop, Busquets devolverle la pared o Rakitic ocupar los espacios que Dejaba el rosarino. Y no importaba porque Leo compensaba que el eqjuipo no tuviese un sistema logino o sostenido.. Que perdiese la esencia del centro del campo culé de posesión con sentido y juego d eposicion. Que el equipo priorizase la defensa en el área, o que los acompañantes de Leo fuesen cada vez más incompatibles con el. Con la espantada de Neymar eñ agujero se hace más grande. EL brasileño estaba cogiendo transcendencia en el equipo, acercándose a lo que hacía Messi por el otro lado. Pero consciente que no va a tener nunca ese equipo para él decide buscar salir de su sombra. Y el Messisistema se radicaliza más. Porque no se traen alternativa a ello. El centro del campo sigue siendo el mismo, y los fichajes que se buscan no tienen nada que ver con el estilo Barça. Ni andre gomes, ni Coutinho, ni Paulinho van a poder dar algo importante. Pero con los atacantes pasa igual. Se dedican a despilfarrar millones con jugadores que no aportan nada al juego y no aportan nada a Messi. Y los años van pasando. Valverde debió ser el primero que notaba el desgaste del Messisistema, pero no tenía más alternativa. Prefirió ser conservador, buscar ritmos mucho más bajos que intentase disimular lo que era una verdad a gritos: el equipo se envejecía. Lenglet era el único fichaje que había conseguido entrar en la titularidad. El resto llevaba seis u ocho años jugando los mismos, y las alternativas ni aportaban, ni estaban tirando la puerta como para plantear un cambio de rumbo. Las derrotas dolorosas de Europa llegaban y el Barcelona no encontraba más solución que seguir igual. Porque uno iba siendo consciente que se acababa esta generación pero que tenías que esperar su Last Dance. Messi llegaba a los treinta años con la sensación que estamos malgastando sus mejores años. Que debería haber ganado muchas más Champions (que encima las ganó el Madrid) y no hay tiempo de pararse a construir equipos con sentido de aquí a tres o cuatro años, porque hemos de aprovechar a este Leo, aun cuando este Leo con este equipo no está siendo suficiente. Y la bola no deja de crecer. Así que la deriva era ya irreversible. EN 2020 Messi sigue pidiendo el balón como siempre, no digamos que Leo se esconde porque eso no es verdad. Pero sus acompañantes, los de siempre, ya no aportan como antes. La movilidad de Rakitic dejó de existir, Alba con más de treinta años ya no es el lateral que Leo convirtió en el mejor del mundo solo con un pase, Busquets, cuya razón de ser debería ser estar en campo contrario, pero el Barcelona es incapaz de instalarse allá, no es ni siquiera estorbo en transición defensiva. Y Luís Suarez, que es verdad que va a tener gol en el área aunque tenga 60 años, parece una peonza que ni puede ganar en profundidad ni en apoyo ni en gesto técnico a centrales con cara y ojos. La banda derecha del equipo es un solar y nadie hace nada por arreglarlo. Y el propio Messi, que sigue con su determinación inapelable desde la frontal, pues ya no tiene la energía suficiente para lanzar los slaloms de cincuenta metros que le hacen falta si no el equipo no le lleva la pelota arriba. Así que éste el Barcelona 2020. Setién vino después de que Valverde hubiese perdido al vestuario, con promesas estériles y demagógicas que eran imposible llevar a cabo, porque los problemas del equipo son estructurales y de largo recorrido. Como digo visto lo visto la derrota era inevitable, pero si no hubiese sido tan humillante existiría la tentación de volver a taparla con algún fichaje y nuevas ilusiones. Pero tras el paso de Muller y compañía ya no engañan a nadie. Hay que quemarlo todo. Y aquí vamos con el problema capital que se va a encontrar este Barcelona. Que yo soy más de hablar de análisis futbolísticos, pero no podemos obviar la incompetencia que ha tenido esta junta directiva para llegar a donde hemos llegado. Recordamos que esta junta es heredera del rosellismo y entre ambas llevan diez años mancillando al que se convirtió en el mejor club del mundo. Desde el ninguneo que se tuvo con Guardiola, declarado Laportista, que acabó con uno de los activos mas importantes del club fuera del mismo sin mucho sentido, y la nula ineficacia de construir un equipo, reflejada en la cantidad de directores deportivos que ha tenido el club en los últimos ocho años. Sin ninguna idea de club detrás, solo estaban agarrados a la pierna izquierda de Messi. Y claro que es mucho, y les ha ganado ligas por doquier, es evidente. Pero a la hora de construir, a lo mejor tenéis que hacer algo más que fijaros en la pelotita, que mirar el teletexto o que genoflexionarse ante los jugadores que te mantienen en el carro. Porque los contratos que ha estado haciendo esta directiva son un sinsentido para cualquiera que sepa de números y que termina por meter al club en una espiral económica sin precedentes. Se da la paradoja que no hace tres años el Barcelona hizo la venta más cara de la historia, casi doblando la anterior, para encontrarse que ahora es un club sin dinero. Es la mejor manera de exponer el sindiós que ha sido la dirección deportiva de este club. Se encuentra ahora en 2020, con un equipo que pide no que le metan el bisturí, que le metan el hacha directamente, y se van a topar que tienen jugadores con contratos muymillonarios y de larga duración, que si quieres prescindir de ellos te van a costar una pasta, y que tampoco tienes cash para ir al mercado a buscar activos competitivos (más en este año) Así que la idea de quemarlo todo, al final queda en encender una cerilla y que la realidad la sople hasta apagarla. Ya todo lo hablado refleja que Bartomeu y compañía deberían estar en primera fila a la hora de hablar de responsables de la crisis en la que se ha visto abocada el Barcelona. Pero sabemos ya que van a tener la desfachatez de no dimitir ni señalarse como culpables. Porque no pueden básicamente. Volvemos unos años atrás y también poniendo la lupa sobre esta directiva para rememorar uno de los momentos más deleznables de la historia culé. Cuando con todo el odio y el revanchismo posible la Junta de Rosell denunció a Laporta y los suyos de cerrar un ejercicio con pérdidas, por lo que tuvieron que avalar personalmente las mismas. Y ganó Rosell, y la junta de Laporta sufrió lo indecible para aportar ese dinero. Esa victoria personal Rosellista pasa por ser lo peor que le puede haber pasado al Barcelona, porque significa que ningún año puede ser deficitario para el club, so pena de que te pidan ese dinero de la cuenta corriente. Y sabemos que los clubs de fútbol no funcionan así, que en pos de oportunidades que te hagan crecer deportivamente en ocasiones tienes que ahorrar dinero. Pero esta junta, presa de lo que ellos mismos abrieron, se encuentra que cada año tiene que hacer requiebros financieros para no asumir pérdidas. Y en esa estamos ahora. Bartomeu no puede salir y dimitir hasta que tenga las cuentas cuadradas, porque si no le van a pedir cuentas que no puede presentar. Se aprovecha de la connivencia de la prensa antilaportista y de la ausencia de público en los estadios que convertirían cada partido en un plebiscito para lanza su Laissez passer y llegar a fechas en que puede presentar números con cara y ojos. Así que ahora se van a dedicar a vender la moto. La mano dura, las listas negras. Llega Koeman con el aval de su gol de Wembley y la limpieza que hizo en Valencia, pero lo cierto es que están más atados de pies y manos de lo que creen. Así que se empezaran pidiendo limpieza de diez jugadores y terminarán siendo dos o tres, y a ver si alguno de los importantes. Y si, puede que el Madrid se vuelva a pegar un tiro en el pie, que no sería la primera en dinámica ganadora, y empiece el Barcelona a pasearse en la Liga y volver a encontrar tiempo para los meses finales de Champions, pero hay que ver a quien engañarían ahora. La otra opción para que todo explote es Leo Messi. Que se haya hartado de esta directiva, que harto está, y decida que su tiempo acabó. Eso no sería quemarlo todo. Sería lanzar la bomba atómica directamente

lunes, julio 20

ONCE TEMPORADA 2019/20

Con el año tan agitado como estamos teniendo el panorama futbolístico se ha visto igualmente afectado. Así que llega ahora con retraso el once de la liga española y cuando concluya la temporada europea haré lo propio con el once de Champions. Vamos allá.
España
.- Courtois
.- j. navas
.- Varanne
.- Felipe
.- yuri
.- Casemiro
.- Toni Kroos
.- Oodegard
.- Messi
.- Benzema
.- Ocampos

Es más, ha sido tan determinante el paron del confinamiento que me atrevo a hacer un once post y prepandemia
Antes del confinamiento.

.- Oblack
.- Navas
.- Pique
.- Diego Carlos
.- Gayá
.- Casemiro
.- Oodegard
.- Messi
.- Benzema
.- Ocampos

Y postconfinamiento
.- Courtois
.- Navas
.- Koundé
.- Ramos
.- Mendi
.- Casemiro
.- Modric
.- Cazorla
.- Marcos Llórente
.- Benzema
.- Ocampos

Nótese que sólo cuatro hombres repiten en los dos onces y ha otros que no salen en ninguno pero su regularidad les lleva a alzarse con el puesto en el año general. Valga esto para mostrar que la tendencia varió enormemente llegado mayo y la seriedad defensiva del Madrid con baluartes como Courtois, los centrales y Casemiro han terminado siendo claves para el título. Además de un Karin Benzema en un estado superior, líder del apartado defensivo que para mí se alza ci el Mvp de la temporada. Otros hablarán de Leo claro, y es justo y manifiesto que es el mejor jugador del mundo, pero si es verdad que en la recta final ha pasado desapercibido. Que solo aparezca Messi en ambos once como representante del Barcelona habla bien dela temporada mehh que se han marcado los culés. Los de siempre, ter Stegen y Piqué podrían haber tenido hueco pero al final se quedaron fuera bien por la regularidad de Varanne, el momento determinante de Ramos en el final o las sorpresas estimulantes en los físicos centrales del Sevilla o el Godiniano Felipe.
Como sorpresa agradable hemos de contar también a ese Oodegard que está tirando puertas abajo, un Ocampos que es un martillo pilón en cuanto a insistencia o el último servicio a la liga de un imprescindible como Santi Cazorla.
ACTUALIZACION
Con el final de la Champions en pleno agosto ya puedo hacer el esperado once de Europa:

.- Neuer
.- Kimmich
.- Koundé
.- Alaba
.- Davies
.- Thiago
.- De Bruyne
.- Gnabry
.- Muller
.- Neymar
.- Lewandoski

Ni uno. Ni un futbolista de la Liga española marca el declive de la competición ibérica en el continente, que no ha metido ningún protagonista entre las semifinales. En honor de la verdad, tanto Arnold como Van Dick deberían haber entrado en el once por su magnífica premier, pero su pronta caída antes del confinamiento hace que nos olvidemos un poco de su mérito. He tenido que tirar del magnifico sevillista de la final de la europa League porque los centrales de este año no han sido lo que más han brillado. y como dato muy muy sugerente. ni Messi ni Cristiano Ronaldo están en el once. Significativo. 

viernes, junio 26

EL ULTIMO BAILE

Michael Jordan. El nombre resuena y brilla con luces de neón. No sé si la gente que no es de mi generación puede llegar a reconocer lo que significa nombrar a Jordan, ya no en el mundo del baloncesto, si no en el mundo en general. Todos los que conocimos la NBA a partir de los noventa veíamos al 23 como un Dios en la tierra. Si el baloncesto americano nos deslumbraba a todos los del viejo continente con un juego que parecía de otro planeta, con el mayor Showtime del momento Michael Jordan escenificaba ese baloncesto para todo el mundo. La superioridad física, la magia en el tiro, los requiebros en el aire, los mates desde su casa. Ver a Michael Jordan de niño era no salir del asombro. Ver traspasar los límites de un deportista.
Ahora gracias al documental The Last Dance podemos volver a contemplar la carrera de Michael Jordan. Y juntar todos los highlights de la carrera de Jordan en ocho horas pues es un espectáculo para enmarcar. Pónganse el babero y disfruten, desde el famoso concurso de mates del 84, al Dream Team del 92 al robo de Malone en el 97. La carrera de Michael Jordan desde el principio hasta su último anillo, con la oportunidad de tener al mismo Jordan comentando sus mejores años y sus acciones más icónicas. Y bueno, ahí se abre un interrogante sobre la veracidad del documental. Evidentemente no existe el documental objetivo al 100%. Todo se trata con una intención y un mensaje. Y si The last dance ha sido producido y revisado por Michael Jordan pues es lógico pensar que vivimos una visión sesgada de la época, donde Jordan debería ser glorificado por encima del resto.
Por eso lo que más llama la atención sin duda del documental es la poderosa mentalidad ganadora de Jordan. Poderosa hasta niveles psicóticos. Es el ejemplo paradigmático de líder con mano de hierro. Cuyo objetivo único es ganar. Perdón, GANAR. A costa de lo que haga falta, y pasando por encima de quien haga falta. Y eso se plasma en el documental de forma ferviente. SI tenía que enfrentarse a sus compañeros lo hacía, sí tenía que insultarles, humillarles o incluso llegar a las manos con alguno que pensaba que no estaba en su carro lo hacía. Por supuesto como hablamos se pretende blanquear a Michael y el mensaje es que “el fin justifica los medios” y que era una manera de motivar a los compañeros para que se subiesen al carro. No sé si todos los compañeros de Jordan estarán de acuerdo con esto (de hecho ya se dice que algunos con los que no acabó bien están vetados en el documental) pero plasma el carácter del 23 de manera manifiesta. Que ser el mejor jugador de la historia no tiene que ir acompañado con ser buena persona.
De hecho es un punto en el que vale la pena pararse. Porque no es ni el primero ni el último gran campeón que demuestra una mentalidad difícil. Seguramente esa actitud de superación, de querer ganar y ganar por encima de todo, es innata para que los grandes se conviertan en los más grandes. Pero puedes hablar de Rossi de Mohammed Ali, de Pelé, de Cristiano Ronaldo, de Eddy Merx, de Senna, de Armstrong…. los que han conseguido ser los mejores en sus respectivos deportes, a base de tener una mentalidad ganadora por encima de lo normal. Que junto a su talento innato tuvieron una enorme capacidad para trabajar en superarse a sí mismo y a todos los demás para pasar a la historia. Y de ellos Michael Jordan demuestra que es el mas ganador. Porque podría dejarse llevar, después de haber conseguido lo que ha conseguido, pero siempre quería más. Llegó a un equipo loser, y podría haber pasado como uno más. De hecho no fue ni el número uno de su draft, así que por buenas condiciones que tuviese no daba para pensar que estábamos ante el mejor jugadro de la historia. Pero él se rebeló ante eso. Se rebelaba ante sus compañeros que se dejaban llevar por la inercia. Michael dijo NO, dijo que él no estaba aquí para pasar el rato, si no para hacer historia. Y a fe que la hizo

El documental que sigue la vida de Michael tiene varios puntos interesantes. Está estructurado a partir del “ultimo baile”. O sea, la última temporada donde se iba a desmembrar el equipo de los Bulls y pugnaba por su sexto anillo. De hecho es un poco maniqueo como el General Manager aparece como el malo de la película, sin pararse en las razones deportivas o económicas que explicaban un cambio de ciclo. Pero cada capítulo daba para recordar toda la trayectoria de Jordan y los Bulls desde que llega a la élite. Por ejemplo el primer capítulo que prometía ser el menos espectacular y simple introducción al final es el que cuenta con el material más desconocido de la estrella, con sus años en la universidad y sus primeros años de fracasos. Para entender la mentalidad de Jordan estos primeros años en que él era un jugador prometedor pero su equipo no podía aspirar prácticamente a nada han debido ser claves.
El documental también tiene espacio para los gregarios de la estrella, especialmente para Scottie Pippen y Dennis Rodman, a los que se les dedica un capítulo a cada uno, siendo bastante diferente el trato a cada uno. Siendo Pippen el mejor amigo y acompañante de Jordan esos años no se frena a la hora de señalarlo como uno de las claves del equipo, mientras que con el bad boy se paran sobre todo en sus excentricidades y su vida disoluta, lo que es cierto que da para mucho. Steve kerr, Paxon o Toni Kukoc también tendrán sus momentos importantes, pero parece que el resto de equipo se difumina mucho más ante las estrellas y la figura importante de Phil Jackson, que da la clave para convertir al conjunto con la mejor individualidad de la NBA en el mejor equipo.
Los mejores capítulos del documental se cimentan en las grandes rivalidades de los Bulls. Es realmente disfrutable sus enfrentamientos contra los Pistons. Éstos sí que son los malos de la película. Los bad boys aparecen como el peor y más indeseable rival, usando todas las malas artes disponibles para competir, y muy a menudo ganar, a los Bulls. Isaiah Thomas como némesis de Jordan queda realmente expuesto, y su animadversión más de veinte años después sigue vigente. Aunque lo niegue no cuesta mucho creerse la leyenda del veto de Thomas para la selección. El otro gran rival de la época, diametralmente opuesto son los Lakers de Magic. Sí da la sensación que cuando llega el enfrentamiento entre ellos los Lakers del Showtime parece que ya están de capa caída y que podemos pensar que nos ha faltado un enfrentamiento de ambos en su cénit.
Y otro de los aspectos que tiene el documental es incidir en la importancia de Jordan como icono mundial. Creo que esa NBA con los Bird, Johnson, Jordan…era el momento en que estaba en su máxima expresión, y se dinamitó para todo el mundo. El dream Team de Barcelona 92 es el mejor exponente. Pero Michael Jordan había transcendido por encima de su deporte. Era un icono planetario. Una personalidad que definía los años noventa. De ahí que fuese el primer deportista anuncio o que protagonizase le película de Space Jam.
Quizas sí queda un poco más difuso su vida personal, porque apenas se incide en sus matrimonios (recordemos que su divorcio fue el más caro de la historia) y se pasa de soslayo por los que parecen evidentes problemas de adicción al juego y a las apuestas. Como hablamos anteriormente es lo que tiene que el protagonista tenga todo el control creativo del producto. Sí se utiliza acertadamente dos hechos capitales que no se podían pasar por alto: el asesinato de su padre, hecho que yo desconocía, y el abandono del baloncesto para irse a jugar al béisbol. Una excentricidad del 23 en su día, y que realmente le salió bastante rana, aunque aquí ya se encargan de embellecerla con humildad y de nuevo afán de superación.
Si es cierto, es innegable que The last dance va de más a menos. Pero es algo inevitable. Porque tras sus enfrentamientos con los Pistons la hegemonía de los Bulls es incuestionable que no tienen un rival en condiciones al que enfrentarse. No es lo mismo enfrentarse a Magic Johnson y esos Lakers que a Clyde Drexler. Y por mucho que nos quiera pintar de épica, tres cuartos de lo mismo con mi admirado Reggie Miller y los Pacers. Si nos quedan esas últimas finales con Los Jazz de Stockton y Malone, pero creo que sigue pasando lo mismo, que se reviste de épica unas finales que eran bastantes desiguales. Y claro, si encima el bueno de Michael Jordan se marca los dos últimos minutos de la final, donde es protagonista absoluto, pues te da para un clímax bastante oportuno.
En fin, The last dance es todo un disfrute para todos lo que vivimos a Michael Jordan en los noventa. Disfrutar y rememorar, de manera mucho más completa que las escasas imágenes que guardábamos en la memoria. Pero es sobretodo el vistazo a la mentalidad de un deportista superior. Y a lo mejor su mentalidad y sus formas son bastante chocantes e incluso podemos decir que nocivas, pero sin duda algun es parte inherente de lo que ha convertido a Michael Jordan en el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.

domingo, mayo 17

SPIDERMAN: TODA UNA VIDA

Spiderman: A life Stoyr ha dado que hablar en los últimos tiempos. No son pocos los que la defienden como la mejor historia de Spiderman de los últimos tiempos y la reivindican entre el olimpo de las historias arácnidas. Yo no soy tan radical para ello, pero si he disfrutado del deje clásico que tiene la historia, y del repaso a la historia de Peter Parker de una manera diferente.
La historia del impronunciable guionista Chip Zdarsky surge de un planteamiento sugerente: seguir la historia del arácnido como si el tiempo que ha pasado de su publicación hubiese sido el tiempo real que el personaje ha vivido. Así tenemos a un chico adolescente picado por una araña radiactiva en los años 60 y vamos a seguir su trayectoria durante los siguientes cincuenta años, con el personaje envejeciendo de forma natural. Tampoco lo vendamos como una historia revolucionaria, que esta idea ya ha sido utilizada en otras ocasiones en el mundo del cómic. Desde el identidad secreta de BUsiek e Inmonen a aquellos reivindicables Generations (quizás el último gran trabajo de Byrne) donde jugaba con el envejecimiento de Bruce y Clark y la idea del legado de manera magistral.
Lo que plantean de manera natural en Toda una vida es que partiendo de la base histórico de Peter Parker se va desviando de la historia canónica al tomar decisiones diferentes en relación al proceso de madurez del personaje y el contexto diferente con el que se encuentra. No es lo mismo afrontar las Civil War como un adolescente que como una persona casada, con familia y con éxito empresarial. asI, el primer capítulo, centrado en los sesenta tendremos al Peter más reconocible, más Romitiano con su historia típica contra Norman Osborn, y con Flash, Gwen o Harry ejerciendo como tales-. Y sólo las dudas de un Peter sobre el reclutamiento de Flash, sobre la guerra del Vietnam que acaban con un Capitán América disidente se sale algo del canon establecido.
Hay que reconocer que uno de los grandes aciertos de la serie limitada es lo bien escogidos que han sido los momentos emblemáticos de cada década. Repasando: El duende Verde en los sesenta, el Chacal y la saga del clon en los setenta. La última cacería de Kraven en los ochenta, la saga del clon en los noventa, Morlun a principios de siglo y la saga de Superior Spiderman para la última década. La verdad es que todos son momentos claves y recordados en la cronología arácnida. El verdadero reto será conseguir que no queden como historias independientes sino que se ensamblen como una historia única con continuidad. Que tiene su dificultad, porque a fin de cuentas ha pasado una década entre un capítulo y otro. Pero Zdarsky sale airoso del tema, manteniendo algunas líneas vivas a través del paso del tiempo, como los Osborn, o elementos remanentes en la serie hasta que afloren más adelante.
Lo importante de una historia de Spiderman siempre termina siendo Peter Parker, y aquí tenemos la oportunidad de ver a Peter madurar como pocas veces. Hay algo un poco impostado en que la madurez lleva a convertirle en una persona de éxito empresarial. Como si su apuesta por la docencia o por ser fotógrafo solo pudiesen ser pecados de juventud. Pero sí encontramos a un Peter asentado, con su sentido de la responsabilidad intacto y que, mediante el paso del tiempo, ve como las cosas cambian a su alrededor. Flash Thompson o la Tia May terminan su ciclo. También sacamos de la ecuación a Gwen, aunque de manera diferente a como pasa en el universo canónico, pero bastante interesante. Y MJ es un personaje que tiene que evolucionar, y no ser la díscola pelirroja de siempre. Que una terminará siendo madre y sentando la cabeza. es lo que hace interesante a esta miniserie. Ver como los personajes van cambiando con los años, como toman decisiones diferentes, o simplemente se sienten más cansados, más necesitados de cambiar y de romper con lo establecido tantos años.
El capítulo de los ochenta se transforma pronto en mi capítulo preferido. Quizás porque es la época en que las historias del trepamuros que aquí toca me resultan más interesantes. Y también poque es cuando empiezas a entender el juego del guionista de verdad. En los sesenta y los setenta las diferencias con el Peter real no eran demasiado grandes. Ahora ya explotan en todo su contexto, con el resto de superhéroes ya con una edad, (ese Reed Richards avejentado) y como juega con tres aspectos míticos de aquellos años: las secret Wars que evitan que Peter esté en el nacimiento de sus hijos, la saga del traje negro que se entronca perfectamente con la última cacería de Kraven. La mezcla de conceptos es perfecta. Utiliza la guerra fría para darle contexto al cazador ruso, y en un movimiento sensacional al simbionte como el catalizador para la famosa viñeta de Spiderman saliendo de la tumba. Y como anticipa la creación de Veneno uniéndose a Kraven. Es el capítulo perfecto para que todos entendamos el propósito de esta miniserie.
No he hablado hasta ahora del dibujante, y podía haber pocos más idóneos que Mark Bagley. Creo que ya he hablado del bueno de Mark en más ocasiones, pero vuelvo a incidir en lo mismo. Nunca hubiese apostado porque el ya veterano autor terminase siendo un fan favourite, pero si tenía alguna oportunidad de hacerlo era en Spiderman. Sus poses acrobáticas, sus extremidades angulosas y su capacidad dinámica han coincidido de pleno con lo que se debe resaltar del trepamuros, y no en vano ya podemos constatar a Bagley como uno de los cinco dibujantes más importantes y prolíficos de la franquicia arácnida. Así que verle dibujar aquí nos suena a “clásico” a “ya visto” que ayuda a identificar al personaje con el Spiderman de siempre. Además creo que otra baza que juega siempre Bagley es el endiablado ritmo de sus capítulos, lo que hace que sea capaz de condensar mucha información en un capítulo. Lo que es idóneo para el formato de esta miniserie, donde en 24 páginas te tienen que presentar el contexto del momento, la amenaza y resolverla. Afortunadamente aquí van a saco y no queda espacio para el alargamiento artificial.
Llegan los noventa y Zdarsky mejora la infame saga del clon. No era difícil por la sencilla razón que esto es un otros mundos y no debe cuentas a un continuidad y un status quo del personaje. Pero se vale de semillas que ha dejado plantadas con inteligencia en capítulos anteriores. Así que aquí es plausible perfectamente la duda de la autenticidad de Peter (cosa que en la continuidad original era un WTF inaudito) Lo mejor es como el guionista se maneja para ser a la vez diferente y fiel a las historias clásicas. Vemos a un Octopus enloquecido y rabioso, pero nos explican que se debe a su caída tras la muerte de su amada May, a un Harry Osborn que termina empalado otra vez, y un Norman Osborn que sigue moviendo los hilos, pero que lo debe hacer desde una posición más recogida y menos poderosa que en sus buenos años.
EN los 2000, al igual que en los ochenta se van a acoplar a la perfección la historia contada en la miniserie con la historia más recordada de los números de Strazcinsky y con la historia que cambió el Universo Marvel. Efectivamente hace su aparición la Civil War, y de nuevo el guionista demuestra que es un experto en recoger semillitas. Si ya desde el primer capítulo había dejado claro divergencias en cuanto a la guerra del Vietnam entre Tony Stark y Steve Rogers, pues ya hemos visto en varios capítulos a Peter tomar partido, enfrentándose a Stark en el apartado financiero si era necesario. Es bastante estimable la capacidad de síntesis que tienen para contextualizar todo el universo Marvel en apenas una frase. Con Un Peter Parker retirado de la vidas superheroica en favor de Ben Reilly nada mejor que utilizar la poderosa figura de Morlun para quitarse al clon de manera efectiva y devolver a Peter a su posición. Aunque no deja de ser algo anticlimático que nos nieguen el épico enfrentamiento entre Morlun y Peter, por más que el sacrificio que debe hacer la familia Parker está a la altura de la amenaza.
Como no puede pasar de otra manera el paso del tiempo se hace mella en los personajes. Y no es que Bagley sea un experto en hacer personajes mayores, más allá de cortes de pelo o de canas. Pero sí se nota mucho en como los personajes aparecen más cansados, más al límite. Peter no para de reconocerse como viejo, más lento, más fatigado. Que ya no está a la altura. Al fin y al cabo lo estos acompaños en seis décadas de su vida.
Finalmente el último número vuelve a ser una demostración ejemplar de lo bien construido que está este cómic. De nuevo recoge elementos anteriores de la miniserie, en este caso este Kravenom que había quedado colgado décadas anteriores, y homenajea elementos inherentes para esta época. La llegada de Miles Morales, que ha sido trascendental en la familia arácnida y que abre la oportunidad del legado en una historia con un Peter ya muy envejecido que funcionaría a la perfección. Pero el giro espectacular en que nos sacamos la historia más recordada de Dan Slott y vemos que en verdad Morales era el Superior Spiderman es un requiebro magnífico. Como último capítulo tenemos hueco para momentos de tocar la fibra como la última alianza con el traje negro, la emotiva despedida con Mj y la rúbrica en ese sueño del tío Ben, que al fin acaba bien.
Resumiendo para acabar, no voy a subir a los altares la historia de Toda una Vida como la mejor historia de Spiderman, porque no la considero como tal. Pero sí me parece que aprovecha una idea muy potable, la utiliza para acompañarnos por la senda vital de Peter Parker y aún así le da para lanzarnos elementos bastantes sugerente de este universo, homenajear algunos de sus momentos más recordados y darnos seis grapas con una evidente aroma a cómic clásico de los de toda la vida. Poco más le puedo pedir a un cómic arácnido hoy día.

lunes, abril 13

LA MEDIDA DEL VILLANO

Llega la cuarta temporada de la Casa de Papel con la serie consolidada como lo que es: un titán absoluto dentro de la ficción televisiva. Los números vuelven a demostrar que el plan del Profesor sigue siendo ganador, convirtiendo la serie española en lo más visto a nivel mundial de una plataforma como Netflix. No creo que haga falta subrayar mucho más el pepinazo en el que se ha convertido La casa de Papel y ante tal circunstancia era previsible que la serie iba a mantenerse por los mismos derroteros que las temporadas anteriores. La cuarta temporada de la casa de Papel da todo lo que podemos esperar de ella, con sus aciertos y sus errores.
Por supuesto la Casa de Papel no es perfecta. Pero es que no aspira a serlo. Tampoco lo era en las dos primeras temporadas en que enamoró a su audiencia. Los fallos que ahora se le achacan ya estaban allí. Los giros de guion con poco sentido, las situaciones forzadas al máximo, la molonidad por encima del realismo y los deus ex machina del profesor ya eran moneda común desde el principio d de la serie. Pero la audiencia asumía un pacto con la serie desde el principio: nos tragamos lo que sea con tal que nos tengas enganchados. La Casa de Papel nunca ha aspirado a ser una serie sesuda de la HBO. Ha preferido siempre ser más 24 que The Wire. Y se ha convertido en lo que se ha convertido: Un espectáculo de acción de primer nivel.
Sí, podemos echarle en cara el evidente estiramiento de la serie. Uno, acaba esta cuarta temporada y se da cuenta que en realidad todo ha sido dar una vuelta para no moverse, que a la postre el atraco está en el mismo sitio y que si hubiesen optado por acabar la serie en esta temporada podrían haber suprimido casi cualquier cosa que pasa y seguro que no le echaríamos de menos. Y todo es verdad, pero qué diablos. Mientras a mí me estiren la cosa con el nivel de adrenalina, enganche y entusiasmo que se hace aquí yo seguiré saboreando el chicle. ¿Qué más da si la trama de Gandía es un añadido a la trama central de la serie si la hemos disfrutado mucho más que la trama central? Estos son los añadidos que yo quiero.
Bueno, vamos a pormenorizar un poco la temporada, que por más que yo la apruebo y con nota ya verán que hay algunos sapos que me cuesta más tragar que otros. Igual que pasó con la segunda temporada, la manera de introducir conflictos internos en la serie se antoja demasiado artificial. Nos centramos en el personaje de Palermo. El argentino que se esforzó en ser un nuevo Berlín y conseguirlo solo a medias en la tercera temporada se topa como de repente es apartado del equipo. ¿Por qué?¿Que ha hecho mal? Le han pegado un tiro a Nairobi sí, pero creo que de difícil manera le van a acusar a Palermo de ello. Sin comerlo ni beberlo deciden que es primero un estorbo, y luego un peligro para el plan. Ponen a Tokio (¡Tokio!) al mando y al hacedor del plan fuera de juego y como consecuencia de ello, acaba como otro prisionero. Les ha podido las ganas de tener a Palermo como una bomba de relojería que acabará por explotar la mecha de lo que será Gandía, más allá de actuar con un mínimo de coherencia. Está visto que en cuanto no tienen al profesor detrás el atraco se convierte en un recreo de colegio.
Para más incongruencia luego el argentino vuelve al redil como si no hubiese sido él culpable de nada. Es un salto de tiburón excesivo que el resto de personajes (que ya han demostrado en varias ocasiones que son de gatillo fácil) no le pidan responsabilidades. Aunque se haga un esfuerzo por justificarle en relación por su fidelidad al plan y al personaje de Berlín. Un Berlín por cierto, que sigue pululando por la serie en forma de flashbacks, pero que hay que reconocer que se han trabajado más que en la tercera temporada y nos deja muy buenas escenas en el banco de España o la manera resolutiva en que encara a alguien que se reía de él. Berlín sube el listón cada vez que sale en pantalla.
Una de las claves de como acabó la tercera temporada es que por fin alguien le había ganado una partida al profesor. Para mí aquí estriba en que la serie funcione mejor esta cuarta temporada que en la tercera y en momentos anteriores: los antagonistas de la serie. Siempre hemos echado en cara que el Profesor es un personaje demasiado perfecto. Que tiene calculado cualquier variable hasta el último milímetro y que va no uno, si no cinco o seis movimientos por delante de las fuerzas del orden. Por eso agradecíamos la presencia de Sierra. El personaje de Nawja Nimri se alzaba como la gran contrincante del personaje de Álvaro Morte y prometía una partida mucho más encarnizada, ganándole la mano con el abatimiento de Nairobi y la jugada con Lisboa. Por fin el Profesor está contra las cuerdas y en estos primeros capítulos se le nota poco resolutivo, dudoso y escapando a duras penas (con la ayuda de un Marsella que hasta ahora no parecía contar nada pero que se ha ganado su sueldo esta temporada), mientras que Sierra parece tener la situación controlada y se dedica a jugar con Murillo en su poder. Podría ser mejor, si de nuevo el CNI no figurase como los tontos de la sesión y atasen las manos a Sierra en el momento en que tienen todas las manos de la baraja. Es una pena que no dejen explayarse a este personaje todo lo que merece porque me parece un personajazo: extravagante, una embarazada supersádica, que disfruta por igual de chucherías que de torturar a sus enemigos y donde la actriz da su mejor versión: el momento que confiesa la muerte de su pareja me parece extraordinario.
Y si hablamos de villanos por fin vemos al grupo enfrentarse a alguien que supone un verdadero problema. No, sé que estás pensando en Arturito, pero no es él. Lejos de lo que podía parecer algún buen giro para el personaje (cuando provoca a Denver para que le pegue una paliza delante del resto) la temporada de este personaje ha sido una pala de tierra definitiva. Porque ha pasado de ser un tipo patético, a ser un tipo despreciable. Sus intentos de ser héroe de pacotilla eran irritantes, estúpidos y bochornosos. Aún tenía el servicio de alivio cómico, aunque no funcionase. Pero ahora le han convertido en un villano, convirtiéndolo en un depravado que en pleno secuestro se dedica a drogar y abusar de otras rehenes. Un giro demasiado estúpido, demasiado forzado para que el personaje nos caiga aún más mal, a costa de forzar las cosas en demasía.
Pero a lo que iba era al personaje de Gandia. El Guardia de seguridad que ya asomó la cabecita en la tercera temporada y que ya mostraba buen empaque entonces va a ser la gran sorpresa de esta temporada. Como digo al fin los atracadores tienen un némesis que les pone las cosas difíciles y de qué manera. Gandía la verdad es que en seguida deja huella. Por sus maneras de soldado profesional, por su acento andaluz, por su hijoputismo… Se da la circunstancia a explorar que él, el villano, está en clara inferioridad numérica contra los buenos, y consigue dejarlos en evidencia en no pocas ocasiones. ¡Es el jodido John McClane desde el punto de vista de Hans Gruber! En serio, es maravilloso. Los capítulos de Gandía, el nudo de la serie, se desatan como lo que decíamos. Un espectáculo de acción como pocos hay en la televisión. Y puedo hablar de televisión mundial, que no hay serie que haya vivido de manera más adrenalítica y con más ganas de pasar al siguiente capítulo que el asalto de Gandía en el ascensor, el aprisionamiento de Tokio o el capítulo que tiene de rehén a Nairobi. Que le puedes poner pegas, que sí, que parece Call of Duty con ocho personas disparándole y sin acertar, pero eso me vale para cualquier película de Bruce Willis o Vin Diesel. Estamos hablando de molar.
Por supuesto el golpe de gracia que convierte a Gandía en el mejor personaje de la temporada lo da al corazoncito de los espectadores. La muerte de Nairobi. Los guionistas han sido valientes e inteligentes a la vez. Valientes porque se han atrevido a cargarse a Nairobi, que me atrevo a decir que era ya el personaje favorito de casi todos en la banda, después que Berlín desapareciera. La tercera temporada se esforzó en convertir a Alba Flores en el rol más carismático y más querido de la serie, adelantando a otros. Así que sacrificarla en esta cuarta temporada tiene un impacto emocional intensísimo. Y digo que han sido además muy inteligentes, porque han jugado perfectamente con las expectativas. Tras el cliffhanger de la tercera temporada y la duda sobre si viviría o moriría, una operación a corazón abierto de tokio (¡!) salvaba la vida al personaje, para respiro de muchos. Así que lo que menos podía llegar a imaginar es que la salvasen en el primer capítulo para que cayese cinco después. Parecía que sería el personaje que más a salvo iba a estar, hasta que el andaluz le mete un tiro entre ceja y ceja.
Y aquí, con la temporada en todo lo alto, con los fans consternados, entusiastas, enganchados a más no poder….la serie da un paso en falso. Para preparar la final season vuelve a caer en vicios anteriores. Al menos los que no me gustan a mí. El más evidente: el profesor vuelve a ser todopoderoso. De nuevo le vuelven a dar el control de la situación por encima de sus posibilidades y vuelve a sacarse de la manga un plan que lo tiene todo atado hasta niveles inconcebibles. Y lo siento, pero a mí se me cae aquí la serie. Acepto que el profesor aproveche la pata coja que tiene el CNI respecto a las torturas y el trato antidemocrático con el que ha actuado la policía en general y Sierra en particular. Me hubiese gustado que se hubiese explorado la pérdida del favor de la masa social de los atracadores, que se había apuntado en algún momento en la serie, pero que va a quedar como un camino sin recorrer. Pero claro, para esto ya tenemos al Profesor que tiene acceso a todo. Que puede encontrar una base secretísima en pleno desierto, acceder a emails secretísimos de las más altas instancias gubernamentales, y hacerlo público en las pantallas de Callao a toda la población. Volvemos a tener a un personaje que está demasiado por encima del resto. No en vano es capaz de idear la fuga de la criminal más importante del país con la ayuda de cinco mineros. Si como mantenemos la medida del villano es lo que da nivel a tu grupo, no hace falta hacer a la policía tan inútil para que todo te salga bien. Al final tú no tienes que ser tan bueno cuando parece que cualquiera puede ejecutar tu plan.
Esto ya me echa para atrás, pero más me duele como deshonran al personajazo de Gandía. Para que su truquito de encantador de serpientes tenga efecto, necesita la colaboración del guardia de seguridad… al que convencen/amenazan con insulsa facilidad. Y no. Ya nos habían dibujado a este personaje arrogante, echado para adelante, que preferiría que le pegasen un tiro a acceder a esto. Así lo hizo en la tercera temporada. Diablos si hasta Berlín, había advertido en flashbacks anteriores que o se cargaban a ese tipo o el plan fallaba porque éste no es de los que se amedrentan. Y ahora, con la que ha liado el pollito, solo con hablarle de su hijo y su familia accede a jugar al juego del profesor. Insisto demasiado fácil, todo demasiado bien colocado, para que el Plan tenga éxito. A mí me gusta más la Casa de Papel cuando se acerca más a La Jungla de Cristal que a Ocean’s Eleven. Afortunadamente se guardan el as de Alicia Sierra para el final, que en su nuevo rol de fugitiva de la justicia, sigue siendo la piedra en el zapato del profesor dejando un cliffhanger a la altura de la serie.
Esos pequeños (o grandes) borrones terminan por manchar una temporada que cuando ha sido lo que le pedimos ha sido impoluta, trepidante y todo lo vibrante que podríamos pedir. En esto, la Casa de Papel siguen siendo los mejores. Admitimos que se puede acusar de obvio estiramiento de la serie, pero insisto, cuando está bien ejecutado son ganas de ponerle peros a una serie que sabe perfectamente lo que quiere ser: un blockbuster seriéfilo de primer nivel. Y pese a quien le pese siguen en la cima.

domingo, abril 5

DOOMSDAY CLOCK. MANCILLANDO A MOORE

Y llegó el día que DC, cuan amante despechado, empezó a olvidarse de todas la promesas que le había hecho a Alan Moore. Supongo que harto que el guionista de Northampton no se cansase nunca de ningunearlos y de ponerlos a la altura del betún siempre que había oportunidad la compañía entendió que ya no le debían ningún tipo de fidelidad y respeto que según ellos se había tenido hacia Watchmen. Primero fue de manera velada, como quien no quiere hacer daño. Aquel Before Watchmen se traía al dream team de la compañía por entonces pero buscaba solo tocar tangencialmente los personajes y dejar inmaculado el material original. Ahora, definitivamente terminan por culminar su infidelidad y sacan el bombazo: Doomsday Clock, que no sólo mancilla el Watchmen de Moore y Gibbons, planteando una secuela a aquel, si no que lo hace uniéndolos al Universo DC, exactamente como Moore pregonaba que se haría hace más de tres décadas si él no tenía el control absoluto. No, a Alan Moore no le va a gustar esto.
Para Doomsday Clock se va a contar con la figura de Geoff Johns, que es el arquitecto principal que ha tenido DC este siglo. Y no voy a negar las aptitudes como guionista del bueno de Geoff, que a buen seguro que son prodigiosas, pero no me gustaría a mí estar en su pellejo. Porque de por sí la premisa de toda la serie es terriblemente equivocada. El concepto de Watchmen es claro: en la ucronia de Moore no hay superhéroes. Tan solo Manhanttan, que es un semidios, y que marca una diferencia total en ese mundo. El resto son enmascarados, justicieros sin más habilidades que éstas. Así que la búsqueda del paradero de Manhattan por parte de Ozymandias le va a traer a otro universo. Con lo que de la manera más burda (un botón en Archie cambiadimensiones. ¿en serio?) te has cargado todo el realismo de la serie original. Son conceptos que están claramente fuera de sitio para estos personajes, y como digo, incluso mancillan la obra original. Si Ozymandias tenía acceso a esta tecnología o cosas parecidas, bien podía haber elegido otras maneras de cambiar su mundo que un genocidio.
Bueno, que se ha optado por un tira pa adelante en cuanto a mezclar ambos mundos y que la gente no se plantee demasiado las cosas. Que no tienen bastante con esto, si no que en el siguiente capítulo aparece el comediante revivido en, seguramente, la aportación más gratuita de la historia. Y sí, luego es divertido jugar a los espejos, con Ozymandias-Lex Luthor o Batman-Rorscharch como los más detacados, y que funcionan bien, a que negarlo. Un Rorshcharch nuevo para la ocasión, por cierto, que podíamos plantear la historia dejándonos a varios protagonistas en casa, pero no a su figura más ejemplar. Que esté muerto tampoco debería ser razón suficiente para no contar con él.
Enseguida Johns nos va a contar de donde viene este tal Rorscharch en un capítulo dedicado enteramente a él, que aunque está muy bien escrito no tiene demasiado sentido que este personaje idolatre al que dejó lisiado anímicamente a su padre (como la misma miniserie rectificará capítulos después) Mejor funcionan los nuevos personajes que acompañan a Veidt de manera algo gratuita. Mimo y Marionette son divertidos, son salvajes y tienen mucho carisma. Era inevitable que se topasen con el Joker, y el capítulo centrado en ellos está muy bien narrado. Porque Johns va a hacer el esfuerzo de intentar imitar a Moore. Mucha narrativa paralela, acabar con frases pedantes cada capítulo y dedicar capítulos enteros a determinados personajes.
Tres cuartos de lo mismo hace Gary Frank en el dibujo respecto a Dave Gibbons. Se autoimpone el panel de viñetas tres x tres y hay que reconocerle que sus aires de dibujante clásico no se ven encorsetados por ello y les saca bastante partido. Con Frank yo siempre he tenido más el problema de dinamismo y de ubicación espacial de sus personajes (algo en lo que ha ganado con los años, justo es decirlo) pero está claro que su punto fuerte es la expresividad que consigue. Pero confía tanto en esto, que en ocasiones se le va la mano y termina dibujando a personajes que parecen estar sobreactuando en muchas ocasiones. Siempre parezco un poco crítico con Gary, pero es que para mí le falta un puntito para ser la estrella que se le supone. Aunque admito que el acabado de Doomsday Clock puede ser el mejor de su carrera.
Con Johns “ejerciendo” de Moore busca encauzar el marco del conflicto. Igual que en el 86 la guerra fría era parte inherente de la historia construida, aquí se busca algo similar. Una guerra fría superheroica. En este caso el conflicto de la teoría de los superhombres, que viene a tirar a la cara que la mayoría de superhumanos son americanos porque son creación del gobierno. Y bueno, plantear este debate en un Universo con décadas de historia es un poco tonto, al menos tomárselo en serio. Y hacerlo para llevarlo a un enfrentamiento entre los dos bloques, con la aparición de superhéroes rusos y del mismo Vladimir Putin… en fin. Ya digo, puede salir alguna historia decente, pero que a mitad de serie centremos el foco en Rusia, en el personaje de Firestorm o en Black Adam parece una pérdida de tiempo. Más cuando, como suele pasar en las grandes macrosagas toda la parte de Batman va a quedar minimizada cuando salgan los pesos pesados, y no hemos tenido casi noticias de Superman ni del ansiado y buscado Doctor Manhattan.
Y si, me vas a contar que todo es un plan orquestado por Adrian Veidt. Pero el tema es que no funciona. Porque para que la teoría de los superhombres termine explotando se ha debido de plantar esa semilla mucho antes y que germinase poco a poco. Es inaudito que en el tiempo que lleva Ozymandias en el universo DC haya causado el suficiente revuelo para cambiar la opinión pública sobre los superhéroes radicalmente. Y sobre todo Ozymandias hace plantes definitivos. No se queda en medias tintas. SI quieres usar a Veidt como el maquinador, deber ser el maquinador perfecto, el tipo que mueve todos los hilos. Mientras aquí los hilos que se supone mueve no sirven para nada significativo. Porque la historia que se quiere contar no es la suya, es la del Doctor Manhattan. Se supone que todo lo que ha buscado Adrian poniendo el mundo DC patas arriba es que Manhattan salga de su madriguera. Y lo consigue, vale. Pero es poco premio para tan buen mago.
Al fin, ocho números después, y con los retrasos de la serie casi dos años tenemos al verdadero protagonista de la misma. A Jon Osterman que cuando dijo en el número doce de Watchmen que se iría a un lugar más tranquilo se refería al universo DC, fíjate. Y nuevamente hay que reconocerle el buen hacer a Johns, pues escribe un doctor Manhattan bastante bien, donde su simultaneidad temporal luce de manera sobresaliente. Tiene el típico número centrado en el personaje donde las paradojas temporales van arriba y abajo que está bien escrito, pero se centra en su relación con un personaje secundaria que es un poco raro. Y por aquí vendrá el gran pero que le veo yo a este Manhattan. En la obra de Moore Jon Osterman iba perdiendo paulatinamente su humanidad, convirtiéndose en más frío y aséptico a cada paso, hasta llegar al punto que entiende el plan de Ozymandias y la necesidad de ocultarlo, y que directamente abandona a la humanidad en busca de “galaxias más tranquilas” (como debe ser la de DC, por lo visto) Pero aquí recupera un afecto por ciertas personas que no comulga con el desarrollo del personaje, si no más bien con épocas pasadas del mismo. Es poco reconocible su historia de amistar con el actor en blanco y negro, y sobre todo la relación que va a entablar con Superman.
El desenlace final, no podía ser de otra manera, es entre el hijo de Kripton y el hijo del átomo. Se agradece por una parte que en este universo no hayan minimizado a Manhattan como un superhéroe más. El sigue siendo un Dios entre hormigas y el barrido de suelo marciano que hace con la JLA es digno de ver. El tema es que durante toda la serie han dejado entrever que nos avecinaba un enfrentamiento entre los dos seres más poderosos y que sería definitivo para hacernos un regate al final. Porque lo que plantea Johns en definitiva es que la llegada de Superman a la tierra, es el símbolo de esperanza que sirve como motor de este Universo. Cada Universo Dc necesita un Superman. Y no un Superman cualquiera. Uno que represente lo que representa este Superman. Una propuesta algo naif, muy de superhéroe blanco, pero que cala perfectamente en el personaje. En lo que no cala es en este Manhattan, en que la humanidad, la bondad del universo personificada en Clark Kent , pues se le debería traer al pairo, siendo consecuente con Moore. No solo eso, le emociona, le conmueve lo suficiente primero para sacrificarse si hace falta, y después para cambiar las reglas.
Y ahí llegamos a donde quería llegar Johns desde el principio. Ya definíamos al guionista como el arquitecto de DC. Y si algo tiene DC son unos cimientos inestables con tanta Crisis, relanzamientos, renacimientos y lo que sea. Pues resulta que el propósito final de Doomsday Clock era una vez más volver a reordenar el origen (los orígenes) dcnianos. Así que traerse a los personajes de Moore, mancillar el final de la obra magna del cómic, sirve para justificar otro puñetero Rebirth, Crisis, New52 o la madre que los parió a todos. Que para un fan de DC será la bomba vincular cada uno de los orígenes a partir del nacimiento de Superman como nexo común y que todos y cada uno de los relanzamientos tengan sentido. Y seguro que nadie te lo va a hacer mejor que Johns, pero lo que hemos llegado aquí siguiendo a Ozy y compañía nos sentimos como invitados de piedra en una fiesta que no es la nuestra, y que solo nos querían para jugar con nuestros juguetes más lustrosos. Así que el enfado es importante.
Asi que ya puedo decir que esto no era para mí. Duele hablar mal cuando tanto Gary Frank como Geoff Johns se han esforzado sobremanera. El primero con uno de las obras más trabajadas de su carrera y aportando un toque clásico que homenajea a Gibbons. El segundo partiendo de una muy mala premisa ha dado buena voz a los personajes de Moore, los ha hecho reconocibles e incluso ha aportado nuevos personajes interesantes. Pero es frustrante que un buen trabajo sea utilizado para que no debería existir desde el principio. Que sirve para sacar una secuela que no debería existir, con decisiones cuestionables, y cuyo propósito ni siquiera es homenajear o ampliar su concepto, si no una excusa para arreglar los desaguisados que tiene DC en su casa. No, a Moore no le va a gustar esto. A nosotros tampoco.